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16 abril 2013
Están tramando algo, pícaros.
"La moraleja de Fariña funciona a tantos niveles que a esta altura perdió todo sentido político mencionarlo, tanto si sos K como si no. Es tema para Infama."
Lo dije hace un rato en Facebook.
Que un tipo diga abiertamente que afanó para la Corona y no se pueda comprobar nada es casi un "vamolón", seas K o no.
Un rato antes, en Twitter.
29 junio 2012
Luces peligrosas.
Me ilusiono cuando alguien me tiene que dejar por algo mejor. No es que me sienta poca cosa o que mi estándares sean pequeños; todo lo contrario. Entonces, siempre supongo que es algo tan bueno, superior, superlativo, que hasta siento admiración por quien tiene la oportunidad de trascenderme. Coartarle el acceso a sus sueños sería el más mezquino acto del mal llamado amor, que no es más que egoísmo y desprecio por el otro.
Sin embargo, aprendí que a veces es una mera excusa para ocultar un descenso a los infiernos. Se abandonan a sus flaquezas en una derrota que venden por victoria augusta. Es difícil verlos, me pasó con ex parejas, amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos. Me pasó a mí, tantas veces.
A veces es mala suerte (si la suerte existiera), también.
El premio, como toda consecuencia de nuestros actos, es también castigo; y no faltan velas para las mariposas de la noche.
Siempre, el peor y más habitual de los enemigos es uno mismo.
07 julio 2010
Duerme, torturador.
Si hay algo que reconocerle a la locura es que exige una dedicación exclusiva y una concentración de energías que la denuncian. No se puede ser loco a tiempo parcial, generalmente los famosos "locos" de la historia no lo estaban ni un poquito -podríamos reconocerles alguna bipolaridad a varios, pero está tan de moda la acusación que mejor sería si la obviáramos- y es fácil reconocer la nolocura porque no se va por las ramas, sino que es un acting calculado, a fuer de patético cuando es un truco evidente. Un loco es un loco aún en contra de sí mismo y, aunque sea putativamente, en contra de los demás. Por eso los encerramos.
Bueno, el torturador dictador genocida Jorge Rafael Videla no está loco. Su caso es de estudio: permaneció en silencio casi siempre, y cuando habló lo hizo en los mismo términos, respondiendo a una estrategia trazada en los últimos días del gobierno de Isabel, en el que su psique retorcida debió pergeñar una excusa -válida sólo para un psicópata como él- para que su corazón religioso no sintiera entonces mismo el calorcito de las llamas del Infierno (el cual, de existir, tendría una definición íntimamente ligada a su vida criminal: el Infierno existe para recibir, precisamente, a monstruos como Jorge Rafael Videla) y le permitiera conducir la matanza indiscriminada de personas que, aquella temporada primavera-verano 75-76, diseñaron él y sus cómplices. Retocó un poco la estrategia cuando vio que no había gloria y le esperaba la cárcel, pero sólo incluyó la petición de ser juzgado por iguales.
Lo que sí le cabe a Videla, como unas generales de la ley humanas, es la neurosis. La neurosis puede fingirse y también exige energía. Una energía que se regula, pero que no está a veces en nuestro arbitrio su total control. Podemos parecer circunspectos ante las cámaras, podemos decidir empastillarnos para asistir a nuestro propio juicio, pero lo que no podemos es contar siempre con la fuerza para sostener nuestras neurosis.
Algo hay que reconocerle a la estrategia de Videla, retirado de las cámaras todo lo que pudo, los esfuerzos a los que se ha visto sometido para sostener sus mentiras han sido bastante intensos pero muy salteados. La "firme convicción" de la que siempre habla, y que es un lugar común del lenguaje castrense, estuvo sustentada por largos períodos en la oscuridad, dentro de la ratonera en la que lo imagino, incluso cuando Méndez nos metió presos a todos y soltó a los criminales. Sin embargo, la vejez hace que los esfuerzos, incluso los modestos, se vuelvan cada vez más difíciles y se plantee alguna tregua, ahora que él y sus cómplices tienen que responder a la justicia ordinaria por crímenes ordinarios casi de continuo.
Dormirse en los juicios, sí, pero también rogar por reivindicaciones y treguas entre babas, tubos de oxígeno y llantos seniles son la realidad y el futuro que más inquietan a un tipo como Videla, y justo delante de las cámaras. Él, que cedió el cargo de Presidente a Viola para preparar su entrada en el panteón histórico y liderar la vuelta del país al Hemisferio Occidental y Cristiano, regido por la ley y el orden, revalidado por la serena sabiduría popular en las urnas; en su carácter de santo mártir, digno sucesor de San Martín, y que supiera sacrificar sus convicciones religiosas en aras de pacificar a la Nación, exterminar al enemigo intestino y traidor a la Patria, coadyuvar a la consolidación de los sectores sanos y alertas de la misma, hacia una paz sostenida y próspera bajo la advocación de María Santísima,¡y terminar entre pañales para adultos, sondas gástricas, escupidas y huevazos!.
Jorge Rafael, yo te conozco: el otro acto reflejo al que te impulsa tu fuerte convicción es a repetir como loro que si tuvieras que hacer todo de nuevo, no dudarías un segundo. Pero yo sé, hociquito de ratón, que no, que hubieras preferido quedarte en los Institutos Militares y solicitar el retiro cuando todo se hubiera ido al carajo, o a lo sumo hubieras aceptado un papel mucho más secundario. Te dejaste convencer por Viola y por Massera, otro que como vos sufre por la falta de mármol, que te doraron la píldora hasta que te tragaste la necesidad de combatir al enemigo tanto en una guerra directa y honorable (que nunca existió) como por las tácticas de la Escuela de las Américas; te dejaste convencer por los patricios hijos de puta de la SRA y de la UIA, que dijeron que tenían todo cocinado para retornar al occidente económico; te dejaste convencer por los políticos y sindicalistas que venían rosqueando desde hacía bastante con ustedes y con la Patria Contratista para encontrarle una "salida digna" al desastre que había hecho Lanusse al obligar al León Herbívoro a asumir después de El Tío y hacer comprender a la izquierda que por las urnas y en paz, después del desastre de El Brujo y la Corista, era posible llegar al poder porque el Sistema se había quedado sin opciones. ¿Quién iba a gobernar, Santucho?, te preguntaron. Te dijeron que tenían un mentor filosófico más que digno en Jaime Peirraux y que una parte importante de la sociedad creía en su visión de unión militar-civil y esperaba por un hombre digno y honrado que la condujera. Hasta te dijeron que les parecía que ese hombre debía llevar un bigote tan viril como el tuyo.
Por eso renunciaste a tu vida casi monacal, pletórica de bailes a colimbas y prácticas de orden cerrado; por eso tu alma reglamentarista y apegada a los recios esquemas militares te hizo el Administrador de la Muerte, el Hombre en el Castillo. Pediste secreto, una Omertá entre iguales, que los iba a proteger. Pediste un 33% por ciento que disolviera tu responsabilidad: todos iban a meter las manos en la mierda. Te dijeron que no debían quedar testigos, que no hubiera presos por indultar en el futuro, que tenía que ser un renacimiento, tabula rasa lista para inscribir los nombres de quienes habían salvado a la Nación. También te dijeron, o te diste cuenta solito, de que lo hacían ustedes, los sagrados oficiales de Caballería, o lo hacía el loquito de Massera, envalentonado al fin por los que suplicaban acabar con Isabel, y tuvieron miedo de que le fuera bien y quedaran mirando el desfile, como quién dice.
Te dijeron que había que contener a los desaforados: Camps, Saint Jean, Bussi y tantos otros, que veían a la Triple A hacer su trabajo, por el que estaban que se salían de la vaina luego de probar la sangre negra que se vertió en las prisiones clandestinas de Tucumán y por el que tanto se habían preparado, listos para eliminar "a los subversivos; después a sus cómplices; luego a sus simpatizantes; por último, a los indiferentes y a los tibios". A los tibios como vos, Jorge Rafael, que prefieren concebir un instrumento de matanza tan remoto que les dé la impresión de no haber sostenido nunca una picana. ¿Tuviste realmente miedo entonces o simplemente lo tuyo fue fría decisión?. Me parece que sopesaste el problema, lo diseccionaste, trazaste un mapa de situación, revisaste tus ansias de trascender esa imagen de pacato ratón de despacho que sabías te endilgaban los hombres de acción que estaban en Tucumán, estudiaste los beneficios de ir de la mano de los patricios que te aceptaban tibiamente pero que no te tenían por un igual, ganaste confianza cuando viste que los políticos te saludaban con deferencia y por sobre todas las cosas, bloqueaste todos y cada uno de los remordimientos que por adelantado se asomaban al verte las manos teñidas de rojo.
Te dijeron que Estados Unidos te apoyaba, porque incluso ellos pensaban, ilusos, que eras un moderado. Que Ford haría vista ciega y oídos sordos. No te dijeron que habría un Carter en tu futuro, no te dijeron que no tenías carisma y que eras un cadáver nonato para la política, que tu verba conceptuosa era una colección rancia de lugares comunes y sin significado real, no te dijeron que Massera iba a conspirar en el extranjero para hacerte quedar como un dictadorucho bananero, cruel, tosco y servil a los intereses del patrón colonial; no te dijeron que todos estaban haciendo un gran negocio personal, desde Martínez de Hoz hasta un joven abogaducho de provincias que iba a cimentar su fortunita con la 1050 y que, después, con el celo de los convertidos, iba a ser tu peor pesadilla.
No, ex dictador soñoliento, no quisiste esto. No planeaste clavarte un somnífero en las futuras audiencias de estos juicios tardíos, ni soportar la vergüenza ajena por los babeos de Bussi ni tener que mirar de soslayo a tus compañeros de oprobio con temor, porque un día quizá la fuerza para sostener la mentira les falte y a uno u otro se le ocurra soltar todo y acabar con tres décadas de mentiras, en un ataque de cobarde dignidad senil.
No, maldito neurótico, no era éste el fin que esperabas. Empezás a impacientarte. Quién te dice si no sos vos el que un día se quiebre.
Ése es tu miedo más grande.
Antaño te deseé la muerte, una muerte fea. Ahora te deseo el terror a la cobardía senil.
Bueno, el torturador dictador genocida Jorge Rafael Videla no está loco. Su caso es de estudio: permaneció en silencio casi siempre, y cuando habló lo hizo en los mismo términos, respondiendo a una estrategia trazada en los últimos días del gobierno de Isabel, en el que su psique retorcida debió pergeñar una excusa -válida sólo para un psicópata como él- para que su corazón religioso no sintiera entonces mismo el calorcito de las llamas del Infierno (el cual, de existir, tendría una definición íntimamente ligada a su vida criminal: el Infierno existe para recibir, precisamente, a monstruos como Jorge Rafael Videla) y le permitiera conducir la matanza indiscriminada de personas que, aquella temporada primavera-verano 75-76, diseñaron él y sus cómplices. Retocó un poco la estrategia cuando vio que no había gloria y le esperaba la cárcel, pero sólo incluyó la petición de ser juzgado por iguales.
Lo que sí le cabe a Videla, como unas generales de la ley humanas, es la neurosis. La neurosis puede fingirse y también exige energía. Una energía que se regula, pero que no está a veces en nuestro arbitrio su total control. Podemos parecer circunspectos ante las cámaras, podemos decidir empastillarnos para asistir a nuestro propio juicio, pero lo que no podemos es contar siempre con la fuerza para sostener nuestras neurosis.
Algo hay que reconocerle a la estrategia de Videla, retirado de las cámaras todo lo que pudo, los esfuerzos a los que se ha visto sometido para sostener sus mentiras han sido bastante intensos pero muy salteados. La "firme convicción" de la que siempre habla, y que es un lugar común del lenguaje castrense, estuvo sustentada por largos períodos en la oscuridad, dentro de la ratonera en la que lo imagino, incluso cuando Méndez nos metió presos a todos y soltó a los criminales. Sin embargo, la vejez hace que los esfuerzos, incluso los modestos, se vuelvan cada vez más difíciles y se plantee alguna tregua, ahora que él y sus cómplices tienen que responder a la justicia ordinaria por crímenes ordinarios casi de continuo.
Dormirse en los juicios, sí, pero también rogar por reivindicaciones y treguas entre babas, tubos de oxígeno y llantos seniles son la realidad y el futuro que más inquietan a un tipo como Videla, y justo delante de las cámaras. Él, que cedió el cargo de Presidente a Viola para preparar su entrada en el panteón histórico y liderar la vuelta del país al Hemisferio Occidental y Cristiano, regido por la ley y el orden, revalidado por la serena sabiduría popular en las urnas; en su carácter de santo mártir, digno sucesor de San Martín, y que supiera sacrificar sus convicciones religiosas en aras de pacificar a la Nación, exterminar al enemigo intestino y traidor a la Patria, coadyuvar a la consolidación de los sectores sanos y alertas de la misma, hacia una paz sostenida y próspera bajo la advocación de María Santísima,¡y terminar entre pañales para adultos, sondas gástricas, escupidas y huevazos!.
Jorge Rafael, yo te conozco: el otro acto reflejo al que te impulsa tu fuerte convicción es a repetir como loro que si tuvieras que hacer todo de nuevo, no dudarías un segundo. Pero yo sé, hociquito de ratón, que no, que hubieras preferido quedarte en los Institutos Militares y solicitar el retiro cuando todo se hubiera ido al carajo, o a lo sumo hubieras aceptado un papel mucho más secundario. Te dejaste convencer por Viola y por Massera, otro que como vos sufre por la falta de mármol, que te doraron la píldora hasta que te tragaste la necesidad de combatir al enemigo tanto en una guerra directa y honorable (que nunca existió) como por las tácticas de la Escuela de las Américas; te dejaste convencer por los patricios hijos de puta de la SRA y de la UIA, que dijeron que tenían todo cocinado para retornar al occidente económico; te dejaste convencer por los políticos y sindicalistas que venían rosqueando desde hacía bastante con ustedes y con la Patria Contratista para encontrarle una "salida digna" al desastre que había hecho Lanusse al obligar al León Herbívoro a asumir después de El Tío y hacer comprender a la izquierda que por las urnas y en paz, después del desastre de El Brujo y la Corista, era posible llegar al poder porque el Sistema se había quedado sin opciones. ¿Quién iba a gobernar, Santucho?, te preguntaron. Te dijeron que tenían un mentor filosófico más que digno en Jaime Peirraux y que una parte importante de la sociedad creía en su visión de unión militar-civil y esperaba por un hombre digno y honrado que la condujera. Hasta te dijeron que les parecía que ese hombre debía llevar un bigote tan viril como el tuyo.
Por eso renunciaste a tu vida casi monacal, pletórica de bailes a colimbas y prácticas de orden cerrado; por eso tu alma reglamentarista y apegada a los recios esquemas militares te hizo el Administrador de la Muerte, el Hombre en el Castillo. Pediste secreto, una Omertá entre iguales, que los iba a proteger. Pediste un 33% por ciento que disolviera tu responsabilidad: todos iban a meter las manos en la mierda. Te dijeron que no debían quedar testigos, que no hubiera presos por indultar en el futuro, que tenía que ser un renacimiento, tabula rasa lista para inscribir los nombres de quienes habían salvado a la Nación. También te dijeron, o te diste cuenta solito, de que lo hacían ustedes, los sagrados oficiales de Caballería, o lo hacía el loquito de Massera, envalentonado al fin por los que suplicaban acabar con Isabel, y tuvieron miedo de que le fuera bien y quedaran mirando el desfile, como quién dice.
Te dijeron que había que contener a los desaforados: Camps, Saint Jean, Bussi y tantos otros, que veían a la Triple A hacer su trabajo, por el que estaban que se salían de la vaina luego de probar la sangre negra que se vertió en las prisiones clandestinas de Tucumán y por el que tanto se habían preparado, listos para eliminar "a los subversivos; después a sus cómplices; luego a sus simpatizantes; por último, a los indiferentes y a los tibios". A los tibios como vos, Jorge Rafael, que prefieren concebir un instrumento de matanza tan remoto que les dé la impresión de no haber sostenido nunca una picana. ¿Tuviste realmente miedo entonces o simplemente lo tuyo fue fría decisión?. Me parece que sopesaste el problema, lo diseccionaste, trazaste un mapa de situación, revisaste tus ansias de trascender esa imagen de pacato ratón de despacho que sabías te endilgaban los hombres de acción que estaban en Tucumán, estudiaste los beneficios de ir de la mano de los patricios que te aceptaban tibiamente pero que no te tenían por un igual, ganaste confianza cuando viste que los políticos te saludaban con deferencia y por sobre todas las cosas, bloqueaste todos y cada uno de los remordimientos que por adelantado se asomaban al verte las manos teñidas de rojo.
Te dijeron que Estados Unidos te apoyaba, porque incluso ellos pensaban, ilusos, que eras un moderado. Que Ford haría vista ciega y oídos sordos. No te dijeron que habría un Carter en tu futuro, no te dijeron que no tenías carisma y que eras un cadáver nonato para la política, que tu verba conceptuosa era una colección rancia de lugares comunes y sin significado real, no te dijeron que Massera iba a conspirar en el extranjero para hacerte quedar como un dictadorucho bananero, cruel, tosco y servil a los intereses del patrón colonial; no te dijeron que todos estaban haciendo un gran negocio personal, desde Martínez de Hoz hasta un joven abogaducho de provincias que iba a cimentar su fortunita con la 1050 y que, después, con el celo de los convertidos, iba a ser tu peor pesadilla.
No, ex dictador soñoliento, no quisiste esto. No planeaste clavarte un somnífero en las futuras audiencias de estos juicios tardíos, ni soportar la vergüenza ajena por los babeos de Bussi ni tener que mirar de soslayo a tus compañeros de oprobio con temor, porque un día quizá la fuerza para sostener la mentira les falte y a uno u otro se le ocurra soltar todo y acabar con tres décadas de mentiras, en un ataque de cobarde dignidad senil.
No, maldito neurótico, no era éste el fin que esperabas. Empezás a impacientarte. Quién te dice si no sos vos el que un día se quiebre.
Ése es tu miedo más grande.
Antaño te deseé la muerte, una muerte fea. Ahora te deseo el terror a la cobardía senil.
23 marzo 2010
Cuestión de números
30.001 - 1
Este 24 de Marzo no voy a dedicar la memoria a los 30.000 detenidos desaparecidos durante la última Dictadura. Desde la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, los reclamos por los desaparecidos no tienen sentido pleno porque es evidente que lo dejan afuera; las organizaciones de DD.HH. más afines al gobierno (y más presentes en los medios) se cuidan muy bien de nombrarlo y en otras menos cercanas hay una sensación de que 'no es tan grave' y no lo reclaman con privilegio.
Decíamos, antes de López, que la desaparición metódica y organizada de personas que se dio en la Dictadura sólo pudo ser posible con un Estado criminal que alineó sus ejes en función de una aberración psicópata, que hizo falta una fuerza militar cobarde que ambicionara una gloria que en el combate cuerpo a cuerpo se le hacía demasiado peligrosa y una sociedad civil, dividida entre el "partido militar" y la otra -religiosa y laica- cómplice por abúlica y temerosa, que prefirió pensar en que "algo habrán hecho" cuando familiares, amigos y conocidos desaparecieran de la faz de la tierra.
Reivindicar a los 30.000 sin sumarle a López es una vuelta a la convivencia con el "algo habrán hecho" tranquilizador.
Aparición con vida.
¿Cómo podemos sostener la "aparición con vida" de chupados hace treinta años en promedio y no hacerlo con uno que se esfumó en nuestras narices, con todas las instituciones y poderes vigentes? ¿Quién más que López es una incógnita a resolver con prioridad, para desbaratar la grave afrenta?.
Sin embargo, esta desaparición -vinculada a los juicios por aquellos hechos, por lo que en esta fecha específicamente la separamos de la de Luciano Arruga- demuestra que el aparato montado entonces sigue vigente y que aún en democracia la desaparición de personas es posible. El Estado que fue actor no es el actual, claro. Es aquél montado especialmente, el que sigue vivo en el juramento de secreto que le dio nacimiento en los últimos días de Isabel y que es su misma esencia.
Encontrar a López, develar su paradero, es una puñalada al corazón de la Dictadura. Es demostrar fehacientemente que los asesinos mienten cuando dicen que no recuerdan, que no estaban al tanto, que sus funciones no estaban en el nivel en el que se cometieron los hechos que se les imputan y sus otras mil excusas. Es decirles que pueden intentar todo, pero que no se saldrán con la suya.
Ni olvido ni perdón: Justicia.
Esta consigna, sin saber donde está uno de los testigos de cargo contra Etchecolatz, es un contrasentido. No hay justicia sin testigos, y esa es precisamente la causa del pacto de secreto entre los culpables, en el que se incluye la desaparición definitiva de posibles testigos, antes y ahora. Por eso es fundamental dar con López, olvidarlo es perdonar su ausencia.
Dos demonios.
No importa cómo ni quién esté detrás del hecho, importa dar con Julio López. Por eso, debería ser una demanda de toda la democracia. En vez de especular sobre quiénes lo desaparecieron, jugando con cargar pesos en un sector y descargarlos de otro, habría que estar sumamente interesado en el caso de Julio López. Así Lopez fuera la peor lacra -peor aún que los criminales a los que acusa- es tremendamente importante saber dónde está. Si fueron los K. quienes están detrás de su desaparición, como dicen algunos, ¿qué mejor que desenmascararlos?, de paso a los asesinos (y sus amigos) les viene al pelo que un testigo desaparezca en manos de los K., sobre todo en una causa paradigmática. Hasta sirve como ejemplo.; si fueron los "amigos" de Etchecolatz, ¿qué mejor que demostrar que el revisionismo y la defensa de los DD.HH. no son para la tribuna?. No importa la versión que nos cierre más, todos deberíamos querer dar con López. Pero parece que no.
No hacerle el juego al enemigo.
En estos días de raros pactos entre opositores, ex opositores, neo oficialistas, y un largo etcétera, el tema vuelve a provocar extrañas convivencias: para el Gobierno y las asociaciones que lo defienden por su reivindicación de los antiguos 30.000, López es una vergüenza que es mejor no mencionar. Tendrán como cómplices, primero, a Clarín y sus periodistas, porque desde que el tema de los hijos de Ernestina Herrera de Noble está en el tapete, es como nombrar la soga en la casa del ahorcado. También serán sus cómplices, en segundo lugar, el garcaje en general (tan nebuloso él) que piensa que la reapertura de los juicios es revisarles los roperos y que López es un buen ejemplo de por qué es mejor echar todo al olvido.
Como en aquellos tiempos hermosos del romance Clarín/K. (los tiempos de la fusión Cablevisión-Multicanal), la Cámpora, Clarín, Página, la UIA y la SRA estarán juntos, omitiendo a López.
El resto, solos, seguiremos predicando en el desierto.
Este 24 de Marzo no voy a dedicar la memoria a los 30.000 detenidos desaparecidos durante la última Dictadura. Desde la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, los reclamos por los desaparecidos no tienen sentido pleno porque es evidente que lo dejan afuera; las organizaciones de DD.HH. más afines al gobierno (y más presentes en los medios) se cuidan muy bien de nombrarlo y en otras menos cercanas hay una sensación de que 'no es tan grave' y no lo reclaman con privilegio.
Decíamos, antes de López, que la desaparición metódica y organizada de personas que se dio en la Dictadura sólo pudo ser posible con un Estado criminal que alineó sus ejes en función de una aberración psicópata, que hizo falta una fuerza militar cobarde que ambicionara una gloria que en el combate cuerpo a cuerpo se le hacía demasiado peligrosa y una sociedad civil, dividida entre el "partido militar" y la otra -religiosa y laica- cómplice por abúlica y temerosa, que prefirió pensar en que "algo habrán hecho" cuando familiares, amigos y conocidos desaparecieran de la faz de la tierra.
Reivindicar a los 30.000 sin sumarle a López es una vuelta a la convivencia con el "algo habrán hecho" tranquilizador.
Aparición con vida.
¿Cómo podemos sostener la "aparición con vida" de chupados hace treinta años en promedio y no hacerlo con uno que se esfumó en nuestras narices, con todas las instituciones y poderes vigentes? ¿Quién más que López es una incógnita a resolver con prioridad, para desbaratar la grave afrenta?.
Sin embargo, esta desaparición -vinculada a los juicios por aquellos hechos, por lo que en esta fecha específicamente la separamos de la de Luciano Arruga- demuestra que el aparato montado entonces sigue vigente y que aún en democracia la desaparición de personas es posible. El Estado que fue actor no es el actual, claro. Es aquél montado especialmente, el que sigue vivo en el juramento de secreto que le dio nacimiento en los últimos días de Isabel y que es su misma esencia.
Encontrar a López, develar su paradero, es una puñalada al corazón de la Dictadura. Es demostrar fehacientemente que los asesinos mienten cuando dicen que no recuerdan, que no estaban al tanto, que sus funciones no estaban en el nivel en el que se cometieron los hechos que se les imputan y sus otras mil excusas. Es decirles que pueden intentar todo, pero que no se saldrán con la suya.
Ni olvido ni perdón: Justicia.
Esta consigna, sin saber donde está uno de los testigos de cargo contra Etchecolatz, es un contrasentido. No hay justicia sin testigos, y esa es precisamente la causa del pacto de secreto entre los culpables, en el que se incluye la desaparición definitiva de posibles testigos, antes y ahora. Por eso es fundamental dar con López, olvidarlo es perdonar su ausencia.
Dos demonios.
No importa cómo ni quién esté detrás del hecho, importa dar con Julio López. Por eso, debería ser una demanda de toda la democracia. En vez de especular sobre quiénes lo desaparecieron, jugando con cargar pesos en un sector y descargarlos de otro, habría que estar sumamente interesado en el caso de Julio López. Así Lopez fuera la peor lacra -peor aún que los criminales a los que acusa- es tremendamente importante saber dónde está. Si fueron los K. quienes están detrás de su desaparición, como dicen algunos, ¿qué mejor que desenmascararlos?, de paso a los asesinos (y sus amigos) les viene al pelo que un testigo desaparezca en manos de los K., sobre todo en una causa paradigmática. Hasta sirve como ejemplo.; si fueron los "amigos" de Etchecolatz, ¿qué mejor que demostrar que el revisionismo y la defensa de los DD.HH. no son para la tribuna?. No importa la versión que nos cierre más, todos deberíamos querer dar con López. Pero parece que no.
No hacerle el juego al enemigo.
En estos días de raros pactos entre opositores, ex opositores, neo oficialistas, y un largo etcétera, el tema vuelve a provocar extrañas convivencias: para el Gobierno y las asociaciones que lo defienden por su reivindicación de los antiguos 30.000, López es una vergüenza que es mejor no mencionar. Tendrán como cómplices, primero, a Clarín y sus periodistas, porque desde que el tema de los hijos de Ernestina Herrera de Noble está en el tapete, es como nombrar la soga en la casa del ahorcado. También serán sus cómplices, en segundo lugar, el garcaje en general (tan nebuloso él) que piensa que la reapertura de los juicios es revisarles los roperos y que López es un buen ejemplo de por qué es mejor echar todo al olvido.
Como en aquellos tiempos hermosos del romance Clarín/K. (los tiempos de la fusión Cablevisión-Multicanal), la Cámpora, Clarín, Página, la UIA y la SRA estarán juntos, omitiendo a López.
El resto, solos, seguiremos predicando en el desierto.
28 enero 2010
Los Yacansan Tecnológicos.
Ayer y hoy fueron días para borrarse de Internet, por lo menos de los lugares masivos que uno suele frecuentar. Gracias a Readability leer algunas cosas es más cómodo -sobre todo desde que sacaron una extensión para Chrome- y me pude evadir, pero cuando aún no había caído en la cuenta de que la caterva de groupies maqueros iba a saturar todo espacio disponible con semejante nadería en cadena empecé a recalentarme como sólo suelo hacerlo cuando me atropellan por la calle.
¿Qué tienen los bloggers, twitters y otros ers que entran en el refrito a sabiendas, fuera de tiempo, con posts vomitados y re engullidos una media docena de veces, replicados hasta el infinito, calcados, fotocopiados una y otra vez, hasta que el tema se vuelve la nada misma (que es lo que ocurre cuando algo lo ocupa todo)? Google, eso ocurre. Y Trending Topics, también. Y la carrera de ratas para que te regalen uno (merecido a costa de tus lectores, genio) cuando llegue el momento. Y mucho, pero mucho, pero créame que mucho wannabismo.
Primero fue el anuncio de que iba a ser anunciado. Después el recordatorio previo (hoy lo anuncia). Después, el anuncio mismo, en Twitter en tiempo real y en los blogs y sitios varios un poco más tarde. Luego los reviews, de acuerdo a la información que se liberó. Por supuesto, estaban los que se hacían pis porque la marca diseñó otro fifidubio para que suelten sus babas y con el que seguirlos desplumando. Los detractores pronto tomaban distancia, por supuesto, pero colgándose de las pobres gónadas de Esteban Trabajos. No faltaron los visionarios que intentarán evaluar el peso histórico del gadget proyectando similitudes con el famoso iTeléfono. Fue un virus, el peor hoax que existe. Y todos contentos; los que te dan consejos en sus blogs sobre cómo posicionarte y te dicen "contenido original e interesante", los que te alertan para que no caigas en las trampas de Internet y los que borran con el codo analógico lo que escribieron con la mano digital.
Menos los que, como yo, hubiéramos apagado Internet por un par de días.
¿Qué tienen los bloggers, twitters y otros ers que entran en el refrito a sabiendas, fuera de tiempo, con posts vomitados y re engullidos una media docena de veces, replicados hasta el infinito, calcados, fotocopiados una y otra vez, hasta que el tema se vuelve la nada misma (que es lo que ocurre cuando algo lo ocupa todo)? Google, eso ocurre. Y Trending Topics, también. Y la carrera de ratas para que te regalen uno (merecido a costa de tus lectores, genio) cuando llegue el momento. Y mucho, pero mucho, pero créame que mucho wannabismo.
Primero fue el anuncio de que iba a ser anunciado. Después el recordatorio previo (hoy lo anuncia). Después, el anuncio mismo, en Twitter en tiempo real y en los blogs y sitios varios un poco más tarde. Luego los reviews, de acuerdo a la información que se liberó. Por supuesto, estaban los que se hacían pis porque la marca diseñó otro fifidubio para que suelten sus babas y con el que seguirlos desplumando. Los detractores pronto tomaban distancia, por supuesto, pero colgándose de las pobres gónadas de Esteban Trabajos. No faltaron los visionarios que intentarán evaluar el peso histórico del gadget proyectando similitudes con el famoso iTeléfono. Fue un virus, el peor hoax que existe. Y todos contentos; los que te dan consejos en sus blogs sobre cómo posicionarte y te dicen "contenido original e interesante", los que te alertan para que no caigas en las trampas de Internet y los que borran con el codo analógico lo que escribieron con la mano digital.
Menos los que, como yo, hubiéramos apagado Internet por un par de días.
02 enero 2010
Sacos de tripas tibias, pudriéndose lentamente
Soy un convencido de que la alegría. el éxito o la felicidad ajenas son el ácido frío que corroe a la humanidad. Sí, la alegría, el éxito y la felicidad, dije, y no la envidia. Dado que no todos podemos ser felices, amados, exitosos, alegres en fin, propongo que invirtamos la ecuación y asumamos que el problema es ése. Ya sabemos que todos, en mayor o menor medida, hemos sido o seremos envidiosos, mas no todos hemos sido exitosos alguna vez.
La alegría ajena es la expresión visible de un montón de cosas de las que no podemos tener constancia, pero que sospechamos. Nuestra envidia por esa alegría es también el rasero que marca el nivel de nuestros sueños: no envidiamos la alegría del pobre idiota no, ésa es alegría vana, alegría por un kilo de asado y dos chorizos a cambio de seis días de hambre; alegría por un subsidio del Estado que llega como premio a una pobreza indigna; alegrías vanas -como dije- de personas que no están en nuestro camino. No las envidiamos hasta que se ponen en él, literalmente, para apurar dicho subsidio mientras asan unos pedazos de falda y achuras a la vera de la ruta, humildes rezagos que imaginamos, de lejos y desde el ventilete del aire acondicionado del auto, robados de nuestra misma mesa del domingo. Ahí les caemos con todo, porque nos rebajan, nos rebajan a su miseria, nos obligan a malgastar nuestra envidia en esos malvestidos con celular y zapatillas de La Salada, henchidos de cumbia, paco y vino barato, mientras quisiéramos envidiar sanamente a nuestro cuñado, el muy turro, que acaba de cambiar la 4x4 dos veces en tres años, desde que está en la política. Estar en las manos de la chusma ha sido el miedo tardío de toda la burguesía desde siempre, no tanto por perder lo propio, sino por verlos adquirir lo mismo que nosotros. Si no son una chusma inculta son advenedizos, que es peor porque se le suma el cargo de traidores a su clase, algo que equivale a dejar de envidiar lo correcto.
No podemos envidiar la alegría permanente del cretino. Ni del ingenuo o del sobreviviente, felices de estar vivos. La felicidad eterna es signo de idiotez, de imbecilidad. El anticuerpo no es la infelicidad per se, sino la que provoca la envidia, el verdadero antídoto a "dormirse en los laureles", a relajar, a mirar con suficiencia al mundo. Dejar de envidiar es una afrenta que la humanidad no puede permitirle a nadie. San Francisco de Asís era notable no tanto por hablar con los pájaros, sino por no envidiar y ser feliz. Más terrena, por lo menos Teresa de Calcuta se dolía, lo que la acercaba más al ideal del que festeja el éxito de su fracaso. Como Cristo, que no envidiaba pero que no podía terminar menos que en una cruz, vaya moraleja. Como el drogadicto, el alcohólico o el artista pobre.
Para que podamos envidiar sanamente, la sociedad se organizó inteligentemente alrededor de los exitosos. Por eso dejamos de envidiar un poco si nos convidan la felicidad ajena; mejor en metálico, pero si es en especies también sirve para que aquel cuñado nos envidie un poco a nosotros. Ése es el éxito, ser envidiados.
Por supuesto, uno se la puede pasar hablando de éxito y exitosos, pero la verdad habla de felicidad. "Tenés toda la guita del mundo, pero no te sirvió de nada para salvarte del cáncer fulminante, hijo de puta", "sí, serás un gran empresario, pero estás más solo que un perro", "sí, tenés una mujer hermosa, pero porque sos el cornudo más grande de la historia después de Napoleón" y otras delicias al uso.
Por eso, amigo lector, cuando su cuñado lo saludó en el fin del 2009 con un "¡Feliz año!", lo que en realidad le dijo es "sí, ya sé que tu año fue una mierda, que te la pasaste pensando que soy un suertudo hijo de mil putas, así que reventá, perdedor, sólo dependés de la suerte y ya sabés que la suerte no es tu fuerte". Y sonreía, el hijo de puta.
Usted, claro, cuando le dijo "¡Feliz año!", lo que quiso decir es "Esta vez vas a necesitar toda la suerte del mundo, reverendo hijo de mil putas, para cambiar por tercera vez la 4x4: ojalá los próximos piqueteros que te encuentres te la quemen con vos adentro, mientras yo me indigno por afuera pero pienso, satisfecho, que al final hay justicia divina".
¡Feliz 2010!
La alegría ajena es la expresión visible de un montón de cosas de las que no podemos tener constancia, pero que sospechamos. Nuestra envidia por esa alegría es también el rasero que marca el nivel de nuestros sueños: no envidiamos la alegría del pobre idiota no, ésa es alegría vana, alegría por un kilo de asado y dos chorizos a cambio de seis días de hambre; alegría por un subsidio del Estado que llega como premio a una pobreza indigna; alegrías vanas -como dije- de personas que no están en nuestro camino. No las envidiamos hasta que se ponen en él, literalmente, para apurar dicho subsidio mientras asan unos pedazos de falda y achuras a la vera de la ruta, humildes rezagos que imaginamos, de lejos y desde el ventilete del aire acondicionado del auto, robados de nuestra misma mesa del domingo. Ahí les caemos con todo, porque nos rebajan, nos rebajan a su miseria, nos obligan a malgastar nuestra envidia en esos malvestidos con celular y zapatillas de La Salada, henchidos de cumbia, paco y vino barato, mientras quisiéramos envidiar sanamente a nuestro cuñado, el muy turro, que acaba de cambiar la 4x4 dos veces en tres años, desde que está en la política. Estar en las manos de la chusma ha sido el miedo tardío de toda la burguesía desde siempre, no tanto por perder lo propio, sino por verlos adquirir lo mismo que nosotros. Si no son una chusma inculta son advenedizos, que es peor porque se le suma el cargo de traidores a su clase, algo que equivale a dejar de envidiar lo correcto.
No podemos envidiar la alegría permanente del cretino. Ni del ingenuo o del sobreviviente, felices de estar vivos. La felicidad eterna es signo de idiotez, de imbecilidad. El anticuerpo no es la infelicidad per se, sino la que provoca la envidia, el verdadero antídoto a "dormirse en los laureles", a relajar, a mirar con suficiencia al mundo. Dejar de envidiar es una afrenta que la humanidad no puede permitirle a nadie. San Francisco de Asís era notable no tanto por hablar con los pájaros, sino por no envidiar y ser feliz. Más terrena, por lo menos Teresa de Calcuta se dolía, lo que la acercaba más al ideal del que festeja el éxito de su fracaso. Como Cristo, que no envidiaba pero que no podía terminar menos que en una cruz, vaya moraleja. Como el drogadicto, el alcohólico o el artista pobre.
Para que podamos envidiar sanamente, la sociedad se organizó inteligentemente alrededor de los exitosos. Por eso dejamos de envidiar un poco si nos convidan la felicidad ajena; mejor en metálico, pero si es en especies también sirve para que aquel cuñado nos envidie un poco a nosotros. Ése es el éxito, ser envidiados.
Por supuesto, uno se la puede pasar hablando de éxito y exitosos, pero la verdad habla de felicidad. "Tenés toda la guita del mundo, pero no te sirvió de nada para salvarte del cáncer fulminante, hijo de puta", "sí, serás un gran empresario, pero estás más solo que un perro", "sí, tenés una mujer hermosa, pero porque sos el cornudo más grande de la historia después de Napoleón" y otras delicias al uso.
Por eso, amigo lector, cuando su cuñado lo saludó en el fin del 2009 con un "¡Feliz año!", lo que en realidad le dijo es "sí, ya sé que tu año fue una mierda, que te la pasaste pensando que soy un suertudo hijo de mil putas, así que reventá, perdedor, sólo dependés de la suerte y ya sabés que la suerte no es tu fuerte". Y sonreía, el hijo de puta.
Usted, claro, cuando le dijo "¡Feliz año!", lo que quiso decir es "Esta vez vas a necesitar toda la suerte del mundo, reverendo hijo de mil putas, para cambiar por tercera vez la 4x4: ojalá los próximos piqueteros que te encuentres te la quemen con vos adentro, mientras yo me indigno por afuera pero pienso, satisfecho, que al final hay justicia divina".
¡Feliz 2010!
31 diciembre 2009
KAOS en la ciudad*
Al macrismo el fin del 2009 lo agarra con su tanque de eminentes intelectuales trabajando a full: primero al intentar imponer al panegirista del totalitarismo Abel Posse** y ahora con el secretario de Relaciones Exteriores del PRO, el ex montonero Diego Guelar, pidiendo "amnistía para saldar el pasado trágico".
No, señor Guelar, nada de eso. Mientras la Dictadura siga activa, mientras no aparezca Julio López, mientras el pacto mafioso de hacer silencio siga vigente, mientras haya jueces entongados, mientras los núcleos de poder sigan usando las mismas herramientas cuando les tocan las generales de la ley, nada de amnistía.
Le explico por qué, Sr. Guelar: los sucesivos gobiernos totalitarios fueron sentando las bases de su inimputabilidad gracias a que sus alternancias con gobiernos democráticos no tenían consecuencias importantes. Algo que nunca ocurrió al revés: todos los gobiernos golpistas fueron revisionistas en grado sumo, empezando por prohibir al partido político más importante de la argentina por casi treinta años hasta terminar con la vida de decenas de miles de personas (casualmente, por las que no quieren rendir cuentas). O sea, a mayores perdones, mayores crímenes. Como los chicos que se envalentonan cuando no tienen límite, con perdón del ejemplo.
No sólo es peligrosa la amnistía porque suspende las consecuencias legales, sino porque daría un resquicio para que estos descastados acariciaran la posibilidad del restablecimiento del honor perdido en las salas de tortura, en las nurseries clandestinas, en los grupos de tareas, en el diseño de una política planificada hasta el último detalle para esquivar el juicio de los hombres, de la historia y hasta el de Dios***.
No, Guelar, no. Ni olvido ni perdón****.
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** (Amigo y ex embajador de Eduardo Duhalde)
*** (Gracias a los curas que los comulgan desde siempre parece que lo están logrando: Videla es como un Flanders católico y psicópata al que absolvieron de todos sus pecadirijillos, toda vez que comulga cuando se le antoja).
**** (Guelar sabe bastante de esto: todavía anda por la vida olvidándose de los 100 millones que bicicleteó su hermano, el voluntariamente "desaparecido" Guido Guelar, con el Banco del Oeste y que pagamos "socialistamente" entre todos. La derecha desmemoriada, que le dicen).
16 diciembre 2009
Complotcracia
Parece nomás que se rompió la armonía por un rato -en la ruptura la razón de su existencia previa no se evidencia- y, otra vez para zafar, nos cambian la ficha.
Anteayer los policías eran estúpidos, ahora tienen un objetivo político: tumbar a Scioli. Qué casualidad, igual que Biolcati y cuando se denunciaron interferencias en las comunicaciones del helicóptero presidencial en las que se buscaba amedrentar a la Presidente. Todo puede ser cierto o todo puede ser mentira, lo que no queda claro es por qué hace un mes teníamos una policía re obediente a Scioli, gordo, y ahora todomal.
Argentina es una sociedad conspiranoica desde la Logia Lautaro para acá. Como todo mundo rosquea, todo mundo sospecha de las roscas que lo dejan afuera. Eso para empezar.
También enunciamos (o inventamos) ad hoc complots con alguna cadencia rimbombante para justificar ciertos extremismos, como pasó en los setentas: la subversión apátrida, roja y extranjerizante; la oligarquía terrateniente vendepatria, la burocracia sindical, la sinarquía capitalista internacional, dentro de un etcétera larguísimo e insoportable que se pueden resumir en el eufemismo: un grupo que persigue objetivos inconfesables.
Refuerza esta impresión que en este país pueden no funcionar o hacerlo mal la Seguridad, la Salud, la Educación o la Previsión Social, no importa quién nos gobierne; solamente una cosa funciona bien: lo que no se ve, el entramado más o menos institucional suscrito con alegría cuando es a favor y denunciado con resentimiento cuando no.
Ineptos, corruptos y conspiradores. Dudo mucho que alguien que tenga tal vocación de poder como los peronistas no incluyan el poder de dominar a estos tres grupos antes de ir por Clarín, ponele. Eso o están poniendo el carro adelante del caballo.
Así nos va.
12 diciembre 2009
No me vengan a cambiar la ficha.
La estupidez está infravalorada en ciertos ámbitos. Estúpido, inepto, gil, imbécil (pronúnciese imBÉcil, diría Gé) y cientos de otros calificativos más o menos sinónimos son los insultos más ofensivos que se pueden decir conservando cierta dignidad al proferirlos; las puteadas, ya fue demostrado, salvo cuando son dichas con gracia y salero, hablan más del insultador que del insultado. Un "¡tarado!" deja al ensambenitado con una sensación ambigua: le colgaron el mote, hay que reconocerlo, pero podría haber sido peor -por ejemplo, si le acabás de volcar el café en la ropa a tu jefe.
De ahí se deriva un corolario (entre muchos) muy utilizado en la función pública: es mejor pasar por estúpido que por corrupto, sobre todo si el horno no está para bollos. Un funcionario que deja pasar, que hace la vista gorda, es el perfecto candidato para zafar con este ardid. En caso de apremios, si se muestra farfullante cuando la prensa ("la opinión pública") le pide explicaciones, se encoge de hombros, da una excusa pueril que podría refutar hasta un infante de cuatro años que apenas conoce 200 palabras, listo; el periodismo, víctima de su sempiterna vagancia -ya volveremos sobre esto- muerde el cebo y zafa. Quizá al dicho funcionario le cueste el puesto, pero ¿quién se quiere jubilar?, mejor ser un estúpido desempleado libre que preso.
Y en el párrafo anterior, a los más avezados no se les escapó seguro eso de "sempiterna vagancia", otra vez lo mismo. No es vagancia, no. Es algo más profundo, dañino e inconfesable. Con los "estúpidos" la prensa suele jugar un juego de complicidad, en el que comparten algunos frutos y toda la gloria, buena o mala (pero menos de la última, porque si no no se explicarían las longevidades de ciertas carreras periodísticas, muchas veces sobrevivientes por décadas a antiguos socios "estúpidos"): cualquier aprendiz sabe que una "operación de prensa" fallida ayer mismo se cubre con los diarios de hoy (que traen en primera plana un nuevo operativo) y que el pase a "tarambana" del infeliz que dio la cara cuando "se decía" tal o cual cosa es bastante benévola. Chequear lo que dice una fuente tanto en calidad como en intención es imprescindible para no ser el equivalente a un funcionario público corrupto.
Todo el tema de la familia que murió trágicamente de unas de las causas más frecuentes de muerte violenta en la Argentina distaba mucho de ser un problema policial, pero se convirtió en tal cuando los responsables de la búsqueda descartaron la posibilidad de encontrar el vehículo cuando a los pocos días nadie reportó un accidente.
La ausencia de dicho reporte dio por seguro el robo del vehículo, con desguace casi inmediato. Algún "loquito" había ido más allá de la "repentización" del asesinato en ocasión de robo y se había "pasado de rosca" para conseguir la increíblemente bien cotizada Fiat Weekend. Quien encontrara los cuerpos no lo iba a hacer en una ruta, eso seguro. Y quien los encontrara, también, corría el riesgo de que la sensibilidad provocada por las hijas del matrimonio destapara todo el circo. Encima, que aparecieran los cuerpos en determinado lugar no quería decir nada. Podrían haber sido asaltados a cientos de kilómetros y convenientemente sepultados en un paraje apartado y lejos de responsabilidades amigas.
¿Qué premio iba a conseguir el afortunado que hallara en su jurisdicción a la familia oportunamente sepultada? Una prueba irrefutable de que el robo de vehículos se estaba desmadrando y que, decisión política mediante, se podía acabar el negocio. El divergir el foco del asunto rindió sus frutos y por veintidós días la cosa iba bien, hasta que la ingenuidad hizo su aparición: los Pomar habían muerto de lo que deberían haber muerto y, sobre todo, aparecían cual "Carta robada" a la vista de cualquier salame que mirara como buscando y no esquivando: un montecito en el medio de la nada.
No se dejen engañar, no hay inepsia. Tal vez la fiscal, a quién por vicio y deformación profesional -es abogada- no se le ocurrió acompañar a los policías mientras buscaban -para eso tiene unos cuantos recursos, generalmente ocupados en redactarle los escritos- y verificar que los "efectivos" realmente buscaban lo que debían dónde debían, sea algo inepta para manejar casos de este tipo. Pero es muy humano lo suyo, nadie nace sabiendo. La próxima vez tendrá más cuidado, supongo, al leer los partes que le mandan con los resultados de las pesquisas.
Por supuesto, también en todo esto hay estúpidos; por lo menos tomados por tales.
Nosotros.
12 noviembre 2009
Cinismo Ingenuo.
A los K., entre otros epítetos más fuertes, se los puede definir como "cínicos ingenuos", porque sabemos muy bien que un pingüino no olvida, aún menos que un elefante. Ingenuos porque nos creen boludos.
Así que la declaración de que les están cascoteando el rancho con una "campaña de crispación social destituyente" sin traer a colación la que sufrieron Alfonsín y la Alianza habla más bien de hacerse los boludos que de olvidarse de cómo llegaron al poder.
El mencionar a Duhalde como artífice casi los pone en evidencia, porque vaya a saber Dios dónde está Rucucu ahora. Duhalde, el señor que eligió a K. cuando todos los demás le fallaron. El que le cedió el primer equipo de gobierno y el aparato para hacerle frente al ganador, Carlos Saúl Primero de la Rioja, sin los cuales no hubiese llegado más lejos que otros patagónicos con plata (o ex gobernadores cuyanos de provincias que no producen vino, también ricos -por sumar otros eternos candidatos a la Presidencia-), forzando un todos contra Carlos (como la Alianza y la Unión Democrática pero contra Perón).
Lo notable es que mientras De la Rúa es motivo de burla cuando balbucea que fue víctima de la misma jugarreta (entre otras cosas de las que sí es responsable directo, como la "Banelco", el trece por ciento, las muertes por la represión y un largo etcétera), al ministro Fernández no le tiembla el bigote diciendo lo mismo.
Les quedan dos años largos en los que ya no tienen chequera suficiente. Siguiendo con el post anterior, ahora todos quieren su chequecito. Los supuestos "líderes sociales" asociados al gobierno ya no tienen bases salvo que bajen al mercado de seguidores rentados, donde ya está Duhalde subiendo la cotización. Menos mal que no existe la leva (es sarcasmo, no soy tan ingenuo).
Duhalde vs. K.: nada les importa, todo lo demás es tierra arrasada.
Es esa tierra en la que vivimos nosotros.
Ay de nosotros.
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Update: Mirá quién habló (y también se hace el dolobu).
10 noviembre 2009
La mala hierba.
Jamás leí a Marx (a Groucho sí). He leído sobre Karl Marx -que no es lo mismo- e intuyo que mucho de lo que diga a continuación quizá ya haya sido dicho por el alemán, así que si no digo que inventé la rueda, usted no me endilgue el esfuerzo tampoco por querer crearla de nuevo:
Evitémonos la reconstrucción histórica de la lucha de clases -si quiere lo damos por sabido. Todavía nos queda la presión social devenida de la desigualdad económica, educativa y social, algo que parece evidente pero que, en este país donde lo obvio es invisible (ejemplo: la creciente cantidad de gente viviendo en la calle), no es conveniente asumir las cosas a la ligera.
Cuando los ricos se quejan de no poder vivir tranquilos, de pasear en sus bien ganados autos, o disfrutar de la paz y la tranquilidad de sus bien ganadas casas, es decir (si vamos a decirlo, lo digamos bien): cuando los que se llevan la parte del león no disfrutan del cuarto trasero de Bambi, tendrían que mirarse un poco adentro y decir "¡Qué cagada nos mandamos!".
Todo esto que pasa no es culpa más que de ustedes. De nosotros, los que tenemos con mayor o menor esfuerzo un plato diario de comida, los que comprendemos que el valor de la solidaridad es el primero en una sociedad con problemas de hambre, alienación y despojo y, sobre todo, los que menos necesitamos de ella.
Es difícil trazar la línea que une los "deme dos", los viajes a Orlando, la soja RR, la patria dirigente, la que engorda en cuotas del 158 por ciento, la que se hace rica a fuer de estar cerca del poder; pero alguna línea los une con los pibes chorros, el paco y la miseria. Es difícil sentirse culpable de la miseria de Villa Soldati en Puerto Madero, Las Cañitas o Palermo Bobo.
Deben comprender -debemos comprender, me cuesta asumir que yo, que apenas tengo un trabajo mal pago, estoy mejor que muchos- que si no se puede pasear por Placita Serrano un apacible domingo o si una madrugada te encontrás con cuatro mal vivientes con una media en la cabeza adentro de tu casa es porque existe un enorme desbalance entrópico y ahora todos quieren su parte, justa o injusta, merecida o apenas hija de la ambición. La misma parte que ya se llevaron el negrero, el evasor consuetudinario, el tránsfuga, el tratante, el transa, el juez, los abogados, los policías, casi todos los funcionarios, los políticos y los sindicalistas; es decir, todos los que pueden y quieren su parte y que dan cátedra a los que, en los entresijos de ese poder son apenas entrepreneurs que buscan más artesanalmente y a lo bruto lo que aquellos consiguen firmando un papel.
Como Lot, sospecho que hay hombres justos, gente que gana su dinero con el sudor de la frente propia y, con suerte, buen dinero. Lo que no puedo entender es que esa gente crea que lo suyo está separado de ciertas condiciones que lo han favorecido y que, como mínimo, deberían ser más universales y democráticas. No digo que sean nuevos Guevaras, digo que cuando les toque, elijan volver esta sociedad más justa, incluso cuando eso implique pagar más impuestos, abrir nuevas fuentes de trabajo o pagar mejores sueldos.
Lamentablemente, ser rico en la Argentina, con todos los que han medrado libres y siendo vecinos del country de esos justos, es sospechoso. Y pagan justos por pecadores, y los primeros son tan pocos ya que apenas son un daño colateral.
La mala hierba siempre crece, en todos lados, pero sobre todo entre las piedras del egoísmo, la avaricia y la usura.
30 septiembre 2009
Mentís.
La escalada patronal en Terrabusi era la oportunidad. Yo me decía que en cualquier momento:
- Aparece la Cámpora y levanta una carpa frente a la embajada de Estados Unidos.
- Hebe de Bonafini se trenza con todos: con Kraft, con los ex dueños de Terrabusi por cagones (por venderla), con Moyano y la UIA por fachos y con los delegados por no ser más jugados todavía.
- D'Elía corta todas las calles, toma todas las comisarías mientras pelea con el fantasma de Fernando Peña al grito de "Odio tu galletita" (también pide algunos batallones de soldados "desplegados" por Chávez e Irán, pero igual es rápidamente desmentido por él mismo en conferencia de prensa después de embocar a un industrial que lo increpa por copar una vacía Plaza de Mayo).
- Verbitsky sale en todos los medios que maneja a defender las justas luchas de los trabajadores y descubre la trama secreta de la operación "Manón"; un intento por desencadenar una nueva tanda de despidos en todo el país.
- Felipe Pigna, hagiógrafo oficial (oficialista, más bien) se despacha con una comparación con Tosco y los muertos del campo popular en la masacre de Avellaneda de los líderes de la revuelta sindical de Pacheco. Compara a Scioli con Falcón.
- Los dos millones cuatrocientos mil blogueros K. (más o menos pagos -no hay que olvidar que hay gente boluda ad honorem también- y que se dedican desde la crisis del campo para acá a pegarle a Clarín y a Cleto) inundan la blogósfera con mordaces libelos contra los "que le hacen el juego a la derecha" y les piden que renuncien a todos los implicados que no supieron, no quisieron o les importó tres carajos solucionar el problema imponiendo a Kraft la reincorporación lisa y llana, mucha guita de multa y la advertencia de la misma nacionalización que merecieron AA, el fóbal y las AFJP.
- También pensé que nuestro supino par de revolucionarios de opereta iban a aprovechar la oportunidad de mostrarse de una buena vez por todas con los gobelinos donde hay que tenerlos y también con quién hay que tenerlos (sin un negocio grosso de por medio o meramente por hacer leña del árbol caído y llevarla a su puerto). Hasta C.F.K. estaba en EE.UU., lista para darle un mentís al capitalismo salvaje en los foros internacionales, denunciando la maniobra.
Pero no, para nada. Es una muestra más de que somos un país de mierda, servil al poder real, que este gobierno sigue siendo tremendamente injusto con los pobres que están fuera del plato (de ése también) y que como pueblo somos soberanos de un catzo. No descubrí nada. Hace rato que nos quieren vender otra, pero somos lo que somos.
Ya sabemos que hay garcas, gente que siempre hizo lo mismo. Que los habituales sicarios en los medios se cojan a los que habían sido injustamente despedidos mientras evitan cualquier análisis sobre la responsabilidad patronal en el conflicto; que, los más tímidos de éstos, dijeran "qué barbaridad" por los cortes; que los vendidos que tenían que defenderlos revolearan el "algo habrán hecho" en total sintonía con el titular de la UIA (en teoría, el "enemigo" de sus mansos sindicalizados) y que -después de cagar bien a palos a los rebeldes- el principal responsable político de todo este quilombo se raje a Miami a gastarse unos dólares para no ser menos que Cristina, no me extraña. Pero que los que podían demostrar que les quedaba algo de dignidad y que no eran una caterva de militantes a control remoto rentados al tres por cuarto, le hicieran el famoso "juego a la derecha" y se hicieran también olímpicamente los pelotudos no tiene perdón (tampoco los otros, por las dudas dejémoslo claro).
Qué iluso, Fen.
18 septiembre 2009
Aniversario de la Hipocresía
Dicen que somos, a lo largo de la vida, más o menos los mismos. Será generalizar, pero habrá quienes justifican el dicho siendo más o menos así a lo largo de toda su vida.
Por ejemplo ciertos dos pájaros de cuenta que, cuando la cosa estaba jodida, andaban en lo que andaban casi todos los argentinos que hicieron del "no te metás" el gran santo y seña de sus miedos. Sin embargo, caraduras, ahora dicen que no, que estuvieron. Y como prueba se ponen firmes con los asesinos, octogenarios la mayoría y totalmente inofensivos en lo que respecta a las consecuencias de perseguirlos con la Constitución.
No fue así para Julio López, desaparecido como si nada hubiese cambiado en veinte años. Lo peor es que creyó en ellos, en Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, quienes juraron que había llegado el tiempo de la Justicia, que estábamos seguros, que aquello había terminado.
Y no, no terminó: los K., con todo el poder a su disposición, hacen lo mismo que hicieron siempre.
La de ellos.
20 agosto 2009
Otro post que termina mal.
Desde que inventamos nuestras primeras herramientas -como palancas rudimentarias y cuchillos de sílex- la tecnología pasó a ser más interesante por cómo cambió la relación entre nosotros los seres humanos que por cómo mejoró nuestras vidas (Ver Revolución Industrial). Claro, los antibióticos son importantes, pero no veo a nadie haciéndose collares con tapitas de Bactrim. Así que ya sabe, fatigado lector: la cosa va para el lado de los tomates, como no puede ser de otra manera en este blog.
Recuerdo que Dolina dijo que tal vez lo que asombraría más a un hombre del siglo XVIII no es tanto la transportación de imágenes a distancia cuando se le mostrara cierto tipo de reportaje por televisión sino la simulación intermitente de que nadie más está viendo esa conversación.
El hombre y el objeto-herramienta (y su uso) generan una relación que va más allá de la utilidad del segundo o de la necesidad del primero. Una relación de poder que no está muy lejos del salvaje que se colgaba los dientes del tigre que pretendía cazar (en este caso, me parece más justificable, pero dejémoslo así), los símbolos masones o, yendo al extremo, la inscripción de pertenencia a ciertas universidades estadounidenses (la versión indie) o en los buzos de algunos pusilánimes que no se animan a vestirse sin convertirse en un aviso con patas.
Por ejemplo, tanto Lacanna como Podeti consideran ciertas herramientas como prueba irrefutable del carácter masculino del que parecen adolecer a primera vista, pero eso es porque ellos son gente que piensa y que trabaja detrás de escritorios haciendo montañas de dinero con la masa gris de sus cerebros privilegiados (que tengan las manitas como de princesita no tiene nada que ver, muchachos).
En similar sentido, el hombre moderno (ninguno de los antes mentados son "hombres modernos" en el estricto sentido de la palabra, porque son públicas sus protestas ante la tilinguería geek) no sólo usa su teléfono para comunicar algo importante que no puede esperar a hacer en persona, sino que muchísimo más a menudo usa dicho artefacto para comunicar las pavadas más vacuas e irrelevantes y de la forma más imbécil posible; por no hablar de elegir los momentos más peligrosos e incómodos para hacerlo. Estoy seguro que si Alexander Bell, Thomas Edison, Marconi y Hertz fueran testigos de las idioteces que se hacen y se dicen solamente porque existe un aparato como el celular no dudarían un segundo en enterrar sus descubrimientos bajo una montaña y suicidarse sin dar mayores explicaciones.
Pasa lo mismo con los autos, las carteras, los zapatos, la ropa y todo lo demás. No, si los seres humanos somos unos idiotas sin remedio. Sí, incluso vos que la vas de despojada hippie por el Abasto con tu pollera reciclada, tu saquito retro y la boina del abuelo. Tus objetos intentan comunicar algo que desesperadamente necesitás que los demás sepan y que, obviamente, no sería tan elocuente si te vistieras de trajecito oficinesco. O vos, rebelde adolescente que no salís a verte con tus amigos sin ponerte la remera de los descerebrados de turno u otros descerebrados fuera de línea.
Y ya que llegamos acá -a los objetos, los descerebrados y el uso que éstos les dan a las cosas- aprovecho para darle (a usted, lector) un baño de prepo de realidad y para ganar (todavía más) amigos: sí hay algo que no es lo que parece, eso es el Rock.
Entonces, puestos los precedentes, vuelvo a decir algo que dije hace mucho y que sigo sosteniendo: agarrá a un grupo humano cualquiera de descerebrados (no hace falta que sean muy barderos, sólo que les guste un poquito el descontrol), encerralos en un lugar relativamente seguro del que no puedan salir por un tiempo, y ponele adentro las cosas que les gustan a montones: un equipo de música con los cds de su gusto, alcohol, drogas -todo lo que te pidan- y dales rienda suelta. Andá llamando las ambulancias, que tal vez algo pase y hagan falta.
Ahora, imaginate todo eso con supuestos artistas enfermos de codicia y egocéntricos, jueces sospechosamente injustos, empresarios avaros, funcionarios públicos corruptos por todo y por todos -y descerebrados particularmente enfermitos del bardo.
¿Te extraña lo que pasó en Cromañón? ¿Vos creés que era imposible que este grupo de pendejos, que hacían del fervor incendiario una muestra de fanatismo, necesitaban de un Chabán y de un Ibarra para inmolarse en una pira que si no ardió antes fue por pura suerte? ¿Vos, padre que ayer te indignabas, no sabías que tu hijo disfrutaba del bardo activa o pasivamente? Claro, vos creías que Chabán, experimentado en el rubro, iba a hacerles un pelotero ignífugo o que Ibarra "el Progre" se iba a preocupar porque todo estuviera en orden. Supongamos que estos dos hijos de puta hubiesen hecho su trabajo a conciencia. Supongamos que no se morían 194 pibes, ¿quién quiere ser el padre de una única víctima asfixiada? Nadie habla de eso. Es fácil ponerse en víctima con un micrófono delante. Miralo a Chabán.
¿Te extraña que todos la hayan sacado relativamente barata, excepto unos cuantos chivos expiatorios que de todas maneras se tenían que comer eso y mucho más?
Para los padres que no les fue suficiente el fallo de ayer, una condena dura y pareja para todos los que participaron en la masacre los deja con la idea de que su propia responsabilidad no es tan grande. Y, Dios lo quiera (porque a la hora de esperar castigos uno se pone místico) todos los culpables reciban, en instancias superiores, el merecido castigo. Sin embargo, aún si esto ocurriera, seguiré pensando que algunos padres de las víctimas de Cromañón sabrán que sus propias culpas (ellos sabrán cuáles son, pero no son difíciles de intuir) que no pueden ser llevadas ante un tribunal y tampoco exculpadas, también quedan impunes.
Para terminar y dirigido a los fanáticos de Cashejeros: no fue El Rock lo que convocó ayer a los descerebrados que festejaban el fallo del tribunal que dejaba sin culpa por el "beneficio de la duda" a los Cashejeros, fue otra cosa que tiene que ver con la estupidez que los une a imbéciles como Fontanet como limaduras de hierro a un imán. La misma que tuvieron siempre y que tiene tanto que ver con el reviente careta que existió hasta Cromañón. Que Cashejeros salieran sin culpa los exculpa a ellos también, tanto al forzoso anónimo culpable (porque nadie lo busca y nadie lo va a delatar) que inició el incendio, como a los cretinos de la banda que pasaban la pirotecnia como agradecimiento a la hora de pegar afiches, vender entradas o similares favores, como a los descerebrados que deliraban (y pagaban su entrada) cuando un galpón atestado como Cromañón se volvía una invitación a la asfixia y al incendio. Que Cashejeros tocaran "ritmo de rock" sólo les servía para diferenciarlos de los villeros cabeza que escuchan cumbia y toman tetra. El rock de Cashejeros no es Rock, es el menosprecio a los "negros de mierda" de cierto lumpenaje que mira con el mismo desprecio con el que son mirados. No es rebeldía con los poderosos, es un símbolo de pertenencia.
Porque, gracias a Cashejeros y mientras estén libres para seguir tocando, El Rock es una mierda y ustedes, los que se llaman a si mismos "sobrevivientes de Cromañón" y visten todavía una remera de Cashejeros son la peor mierda de todas. Ojalá les salgan hijos como ustedes.
14 agosto 2009
Hay cosas que uno no sabe cómo procesarlas, cómo asimilarlas. El dolor es tan fuerte que parece que nunca fuera a dejar de doler y su motivo tan justo que el pedir que duela menos suena a traición. Así que uno se queda con el dolor, doliéndose y sin querer tampoco consuelo ni ninguna otra cosa que no sea tal dolor de lleno en las tripas. Pero los seres humanos tenemos límites y en días como hoy estoy seguro de que dicho límite se queda corto, pues el dolor no se contenta con sólo dolerse.
Pongo en ejercicio la esperanza; en la fibra humana, capaz de resistir con las trémulas células lo que no resiste el acero; y en eso que los creyentes llaman alma, capaz de soportar fuerzas disolutivas que no soportan ni las montañas.
Como ratas por tirante.
Excelente nota de Martín Caparrós en Crítica. Razonamiento impecable, como siempre. Sí, sí, ya sé que Caparrós no me lee -para un pusilánime eso supone un aliciente, nunca una contrariedad- pero tengo que darme corte y decir que vengo diciendo más o menos lo mismo desde hace rato.
Casi cambiando de tema: gente, se viene la desbandada. Ya está ocurriendo, algo sordamente todavía, pero en los blogs se empieza a hacer evidente. Ahora vienen los lamentos y, lo peor de todo, insistir con el error diciendo que los que se equivocaron fueron los K., y no el dejar de exigirles ser realmente lo que aparentaban. "No queremos ser quintacolumna" dijeron cuando servía de algo la crítica y ponerles condiciones firmes al apoyo. Ahora, sépanlo, apenas son ratas huyendo del barco.
Casi cambiando de tema: gente, se viene la desbandada. Ya está ocurriendo, algo sordamente todavía, pero en los blogs se empieza a hacer evidente. Ahora vienen los lamentos y, lo peor de todo, insistir con el error diciendo que los que se equivocaron fueron los K., y no el dejar de exigirles ser realmente lo que aparentaban. "No queremos ser quintacolumna" dijeron cuando servía de algo la crítica y ponerles condiciones firmes al apoyo. Ahora, sépanlo, apenas son ratas huyendo del barco.
Revisando los años en los que los K. y sus fieles pingüinos vienen estando en el poder (cuento aquí los de Santa Cruz también) queda claro que nunca quisieron convertirse en un gobierno progresista (ni hablar de izquierda). Por supuesto, para la gilada cada tanto hicieron gala de progres, sobre todo cuando hacerlo no significaba nunca un sacrificio de su parte. Pero sin la galería, sin la cohorte de sicarlistas, hubiesen estado más solos que De la Rúa cuando se desembarazó de la Alianza y quedó a solas con los inútiles Sushi Boys. Como Alfonsín cuando creyó que Coordinadora era un inagotable tanque de ideas y no de negocios personales. Como Méndez cuando abdicó en nombre de Bunge & Born, los Alsogaray y Terence Todman.
Los K. están entrando en la historia de la mano de La Cámpora, Moreno, De Vido, Báez, Ulloa, López, D'Elia, Jaime, Moyano y otros muchos boludos menores que dijeron que sí a todo (y que se llevaron su parte). Los Otros, los que dicen que no pero que renegaron de nuestros muertos por unas rupias, les garanto que vamos a escupir sobre sus tumbas. Te digo a vos, vos (y sobre todo a vos).
Sin embargo, como dice Caparrós, ahora viene lo peor: desde el Gobierno venían jodiendo con Clarín porque que no se les daban negocios mutuos y se les ocurrió de repente el temita del fútbol, con mucho dinero de por medio. Ahora es cuando se verán los pingos, saber hasta qué punto somos críticos pero reales (y leales) demócratas y quién es quién a la hora de gorilear o no. Clarín irá por todo (Lilita dixit), de eso no quepa duda. A ver cuántos de los que "no le hacían el juego a la derecha" ahora hacen mutis por el foro.
Ya lo aprendimos con las cacerolas que rajaron al pedo al viejo durmiente De la Rúa. El problema no son los gobernantes, somos nosotros. Ahora a bancarse hasta que este gobierno termine su mandato y, mientras tanto, desoír los cantos de sirenas, aunque este Gobierno siga haciendo cagadas y lo sigamos enfrentando.
No te digo, justo ahora me hago kirchnerista.
10 julio 2009
Todo llega.
Siempre atesoré la esperanza de encontrármelo: un día mi némesis iba a aparecerse frente a mí para rendir cuentas por todos los días en que su cháchara me despertaba de culo, haciéndome odiar la profesión que lo cobija como a un talibán en Massachussetts, sin más pretexto para ese odio que su sola verba enredada y caradura. Imaginaba las posibles ocasiones no presentadas todavía que eran revividas una y otra vez en mi memoria, como un refucilo del pasado que podía ser rehecho y reconstruido a placer, según su último furcio, su más reciente frase inconexa o llena de verbos que ni Manolito se animaría a conjugar juntos.
Imaginaba escenarios con público, sin público. Enfrente de una cámara de televisión. Hasta he sido lo suficientemente humilde en mi insignificancia mediática para sostener la posibilidad de un cruce vía email.
Pero no. Hoy me crucé con Marcelo Bonelli en la calle y no le dije nada.
18 junio 2009
Después vemos.
En este país, mientras los electores no sepamos qué carajo votamos porque los políticos sienten TERROR a decir qué van a hacer si ganan las elecciones, estamos condenados al gataflorismo, a la decepción, al farfullar de funcionarios, a la esgrima semántica, a las dosis de Rivotril, al silencio ante la pregunta correcta y al silencio cargado de significaciones ante la repregunta, a los spots que postulan un lacónico "todavía falta mucho", "somos distintos" o "somos mejores" como único motivo para votar; o lo que es peor, qué dijo un cómico que imita un poco al político de verdad (si por lo menos estos fueran los tiempos de Tato, Landrú, de Kanal K, de Humor, pero no).
Mientras, la política se trasviste y se convierte en otra cosa: se tinelliza, se agulliza, se borocotiza, se clariniza, se oficializa, se oposicioniza, se sushiniza, se apocalipsa, se bosteriza, se achica, se achica, se achica...
Los atributos para votar a un tipo (o tipa) terminan siendo una silla de ruedas, que le fue bien en Boca, que no hay que hacerle el juego a la derecha, que se afanan todo pero hacen, que siempre voté al Partido, que a mi abuela le dieron la pensión, que se parece a Evita, que es la mujer de, que es el hermano de, que será un asesino pero acá hace falta mano dura, que no le probaron nada todavía, que con Perón estábamos mejor, que con Alfonsín estábamos mejor, que con Méndez estabamos peor, que los radicales no pueden manejar el conurbano, que los peronistas son unos negros de mierda, que como soy socialista voto cualquier cosa menos a otro socialista, que son todos putos, todos putos.
Eso, todos putos. Usted y yo incluidos que nunca sabemos por qué mierda votamos a quien votamos.
20 mayo 2009
El pez por la boca.
Hace unos días, en un rejuntado televisivo de los sábados, tuve el privilegio de ver a ese pensador incansable que es J. P. Feinmann ¿Lo tiene? Haciendo gala del mismo tono coloquial que otrora usara cierto gordito mediático con ínfulas de pensador (y quien fuera encontrado con las masas en las manos, alimentando su prosa ávida con suculentos contenidos ajenos), el filósofo del pelo batido graficó con un chiste qué significa Marcelo Tinelli para él.
Mientras lo decía, parecía que las palabras me iban sonando más y más conocidas. "Vaya", me dije, "este chiste lo conozco". Hice un esfuerzo por recordar pero la memoria a pedido no es algo que se me dé instantáneamente (eufemismo por decir que es pésima).
Sin embargo, después de olvidarme por completo del asunto, caí: el Señor Filósofo que dice que "no hay pelotudo que no tenga un bloc" (lo pongo en negrita porque así lo pide) usó un chiste que inventó un Señor Pelotudo que tiene un blog (bueno, más o menos, porque está desaparecido oficialmente dicho Señor Pelotudo).
La verdad, después de pensarlo un poco y sin ser filósofo, no sé quién es el pelotudo ahora.
Tinelli, Feinmann y tantos otros. No hay pelotudo que no esté en la televisión.
02 marzo 2009
Estúpida pero maliciosa.
El bueno de Subjuntivo (una de las personalidades múltiples de Gerund, según cuenta la leyenda urbano-bloguera) se mandó un post algo enfático (convengamos que en el blog Malas Ondas lo que suele abundar son declaraciones vehementes) sobre la estupidez disfrazada de maldad o la maldad disfrazada de lógica idiota (eso es lo que me parece a mí).
Ayer veía a una artista del equívoco (no es periodista, no es cantante, no es actriz, nunca fue linda, y un largo etcétera) -y que hace gala de bobez vacuna cuando le conviene- desparramar su hinchazón de gordita culposa en varios canales, en conferencia de prensa. En casa el televisor suele prendérselo para ignorarlo y las más de las veces está con el volumen en cero, mientras le damos la espalda alegremente. Como sabía que si subía el audio me iba a arrepentir, preferí deducir del contexto lo que pasaba. Imaginé -prejuicioso- que el operativo de prensa obedecía a una eventual muerte más o menos accidental de su perrito de aguas por aplastamiento, pero no conseguí descubrir nada porque la señora no lloraba, sólo parecía estar indignada, así que no tuve más remedio que levantar el volumen. ¡Pardiez! ¡Quién me manda!.
"Yo soy católica, no quiero la pena de muerte, pero tampoco quiero que un sádico tenga un mes de cana porque tiene 18, 15 ó 16 años. Eso no es normal. Para mí, el que mata tiene que morir, pero eso no es la pena de muerte."
La mina estaba mal por la muerte violenta de alguien a quien (parece) quería. Lo suficiente para hacer lo que hizo siempre: abusar de su posición para decir cualquier boludez, total, es -como lo ha demostrado desde los autos para discapacitados hasta el choreo en pro de la caridad- inimputable.
Ella no quiere la muerte, pero la quiere. Uno termina de analizar la frase, contradictoria por donde se la mire, y le dan ganas de ir a darle un diploma de algo a esta mujer.
Pero no es estúpida, eh; como no lo es la gente que sostiene que los desaparecidos de la dictadura "algo habrán hecho", asumiendo en una sola frase que ese "algo" se castiga con la muerte -lo de desaparición es apenas un eufemismo- y que quienes aplicaron dicho castigo tenían la potestad de hacerlo.
Cuando dos términos son intercambiables, por lógica no son excluyentes. La argumentación estúpida siempre esconde maldad, pues es sesgada con conocimiento de causa. La honradez intelectual nos obliga a recorrer todos los caminos posibles, incluso los que no nos gustan o no nos dan la razón. El malvado lo sabe y corta camino: el que mata debe morir. Todo lo que pueda deducirse de una sociedad como esta, en la que el único castigo posible a la maldad es otra maldad, forma parte de, entre otras cosas, esas estupideces como los derechos humanos.
Que la señora esté un poco sacadita y algo más indignada (es bueno recordar que la indignación moral parece ser de derechas, y la queja lastimera de izquierdas) dice que lo que ella quiere, en realidad, es venganza. La vieja Ley del Talión.
Repetir una argumentación estúpida es una de las grandes armas de la diplomacia y la política. No hace falta que dé ejemplos, supongo.
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