06 febrero 2009

La próxima víctima de la modernidad.

En un foro del que participo regularmente y que suele aportar visitantes a esta página se desató una linda polémica a raíz de un chiste en inglés que posteó uno de los foreros. Primero, obvio es, hubo algunas quejas de los que no entienden inglés, pidiendo algo más de respeto por el idioma general de los participantes en primer término, en segundo no discriminar al que no entiende el inglés y en tercero terminamos todos a los bollos por el temita de la ortografía.

Ayer vi Vicky Cristina Barcelona (un buen film de Allen, mejorando mediocres perfomances anteriores y que, sin deslumbrar, promete éxito relativo de taquilla) en el que se toca un par de veces estos temas, pero a la inversa: la negativa del estadounidense típico a aprender otro idioma que no sea el suyo, y a creer que el inglés es una especie de latín del tercer milenio.
De hecho, el padre de Juan Antonio (Javier Bardem, en el papel más flojo de los últimos años, haciendo de Antonio Banderas) es un poeta díscolo que se rehúsa al inglés. Vicky (Rebecca Hall, bastante bien) -sin cuestionarse por qué ella misma, visitante en un país extranjero, no intenta aprender- se permite extrañarse, como si negarse al inglés fuera un insulto o una afrenta. Hace unos días, en un locutorio asistí a un angloparlante que se fastidiaba ostensiblemente porque un dependiente no entendía sus requerimientos. Se me ocurrió decirle "Estás muy lejos de casa, muñeco" a lo Moe, pero la cara de desesperación del pobre empleado me pudo más y ayudé.

La discriminación se siente: en las búsquedas de empleo hablar inglés pasó de ser una ventaja a requisito excluyente, no importa si sos un mozo de bar o un Gerente Regional, tenés que saber agachar la cabeza en la lengua de Shakespeare. Los duros de oreja casi ni son tomados en cuenta, salvo para puestos de bajísima calificación, aunque sean físicos nucleares. En otro locutorio -ando mucho locutoriando, últimamente- en el que hay ciber, venta de pasajes, fotocopias, Western Union, Pago Fácil y no sé cuántas cosas más (en una zona infestada de hostels), hay un encargado que habla inglés, pero es tartamudo y algo disléxico (no sé si es el mismo problema, pero es notable como cambia de lugar las palabras). Ése tipo tiene futuro de RR.PP..

Esto me lleva a la tercera cuestión; el uso del lenguaje.

Hoy es más fácil encontrar un políglota que una persona capaz de expresar ideas medianamente complejas en cualquier idioma. Lo veo cotidianamente, en cada persona que intenta justificar por qué no sabe las reglas ortográficas y/o gramaticales: no tiene tiempo porque está haciendo mucho dinero, o se lo quitó (el tiempo) el arduo estudio de la ciencia que domina, es un vago redomado y los verbos le dan dolor de cabeza, y múltiples excusas similares. No falta el "¿para qué?", por supuesto. Pero preguntales si quisieran saber hablar en inglés y casi siete de cada diez te dirán que sí. Es un valor, es innegable.

Igual, estando como estoy a favor de la buena escritura del idioma, cualquiera sea el que se use, dejo en claro que lo único que deploro es la sustitución que se hace, crónicamente, de gente atildada y preparada por bárbaros del lenguaje en los medios de comunicación. Cualquiera puede decir lo que quiera, incluso en idioma flogger. El uso del lenguaje (como dice un cartel que está en este blog) dice mucho del mensaje y de quién lo dice, pero no vamos a condenar a los que quedaron afuera de la educación formal del derecho a publicar, claro que no. Todas las verdades deben ser dichas, no importa cómo. 

El inefable Marcelo Bonelli dijo esta mañana que no hay 'resquicios' de que la mancha encontrada frente a Botnia fuera producto de un derrame químico. Debe ser un capo importante en algo, Bonelli -como el tarta del locutorio- para justificar su media lengua. Yo todavía no lo descubro.