23 julio 2008

Oficio mudo

Imaginemos un escenario tenebroso: un niño de apenas tres años sentado frente a un televisor gigante. Su atención -todavía no ha sido ganado por la pulsión de fijar hipnóticamente los ojos en el aparato- fluctúa entre éste, unos juguetes Trade Mark, una maceta que tiene prohibido tocar y los anteojos de sol de mamá, carísimos.
Su madre se percata de los riesgos -es una madre responsable y devota- y mientras habla por teléfono animadamente (una retahíla de "Ah", "Ajam..." y "¡No me digás!" salpica abundantemente la charla) retira los lentes, pone la maceta lejos del alcance del pequeño energúmeno, sube un poco el volumen de la televisión -distraídamente disminuído al comienzo de la charla-, dirije el cuerpo entero de la criatura (torcerle la cabeza es un poco brusco) para que apunte al rectángulo luminoso y se concentre en el cartoon espasmódico (ad hoc para colaborar con la comodidad paternal) mientras le selecciona del montón de chiches el muñequito Trade Mark correspondiente. Después, la Play, el ciber con los flogs, el MSN y los mensajes de texto lo volverán un adulto semi alfabeto carente de las palabras necesarias para poner por escrito.

A medida que pasan las generaciones, la humanidad va dejando atrás el mensaje específico para concentrarse en el meta mensaje, más por omisión que por sustitución. Los puntos suspensivos de las conversaciones que sobreentienden partes enteras de una frase son lugares comunes en el habla cotidiano ("Ví a la mina, la encaré y... eso").
Un apartado especial es un vicio desesperante, importado de España, que pulula en la boca del conchetaje vernáculo (y su variante artística alla chica almodóvar): ante la imposibilidad de hilar dos frases con sentido superpuesto o que desarrollen una idea compleja suplementariamente, se dice "nada" y se empieza de nuevo. Acá es notable la diferencia que hay entre quienes apenas abandonan el lenguaje neandertaliano con los que tienen un vocabulario más extendido, digamos que digno de un niño de ocho que lee y ve poca televisión: mientras el primero es incapaz de dejar de repetir el mismo concepto después de cada "nada" ("Vi a la mina, la encaré y... nada, la encaré."), el otro es capaz de usar un sinónimo o aportar un poco más datos ("Vi a la mina, la encaré y... nada, le dije que era muy linda. Y bueno, nada; eso... estaba buena").

Otro gran vicio del habla es usar palabras que si bien están remotamente dentro de la acepción, pecan de absolutas. Fruto de la hipérbole y el eufemismo que se usa cotidianamente en los medios de comunicación, terminamos usamos la palabra más gastada porque es la que todos entienden; la que, aparte de explicar poco, tiene por el sobreuso una carga significativa difusa (una persona que se equivoca es "un tarado total", cualquier hecho conveniente es "magnífico" o "bárbaro", un momento de clímax es "álgido" y un "terriblemente" largo etc.).
Por más que quieran usar a la globalización como sempiterna excusa para todo es hora de insistir que el problema no es la "cultura global", sino de "incultura local", sobre todo en la oferta mediática.
Los presentadores televisivos son una muestra (si no una de las causas) acabada de la decadencia del lenguaje, su especificidad y la abolición de la claridad de conceptos como vehículo de una mayor comprensión del mensaje. No estoy hablando de que traigamos a un gongorista para presentar el baile del caño, pero tampoco podemos seguir dándole fama y loor como comunicadores a tipos como Mateyko, el finado Simons o el ídolo actual de los bailes, cantos y patinajes.

La principal espada del mayor multimedios, Marcelo Bonelli, da su penoso espectáculo matinal, pletórico de vicios orales (cambia en cada frase de género, modifica los tiempos verbales y alterna singulares con plurales, entre muchos otros dislates) que hacen que escucharlo sea un camino seguro al dolor de cabeza. Sufre de un problema muy de estos tiempos, sólo puede elaborar mentalmente oraciones muy cortas y simples:
La presidenta ha sido derrotada en la votacion... los senadores... ehhh... el senado votó en contra la resolución 125... el "campo" está de fiesta aunque... no descartó seguir con algunos puntos... del reclamo... el presidente... ehhhh... el ex presidente Néstor Kirchner se retiraba anoche a la Residencia de Olivos sin visitar la carpa donde... donde se había preparado la espera el resultado de la votación... fruto de una indisposición... según se informó.
Si, esta recreación no es verídica, pero los invito a escuchar la monocorde entonación del sufrido escriba todas las mañanas en "Arriba Argentinos", por Canal 13.
Igual, si hablara bien tampoco hay que esperar ninguna genialidad, lo suyo no es la noticia sino la versión que de ésta hace Clarín.

Seguiremos informando.