21 enero 2010

Nociones a los golpes

La Gran Ciudad es una fuente inagotable de aprendizaje. Existen -por supuesto- escuelas, museos, academias, ateneos y -centros de enseñanza por excelencia- universidades. Incluso, para el que no tiene oportunidad más que la de salir de su casa, hay una más democrática y menos onerosa: la de la calle.
Uno recuerda su paso por los diferentes niveles de enseñanza y con cariño rememora a aquellos adoquines cuya inteligencia estaba más allá de los denodados esfuerzos del docente de turno, fortalezas inexpugnables para cualquier conocimiento ordenado y sistematizado. Lo increíble es que estos paletos no hayan aprendido nada afuera de las sufridas instituciones del saber, siendo -como dije- la Gran Ciudad una fuente pletórica de conocimientos. No, no hablo de procedimientos para espulgar incautos en las esquinas o en los amontonamientos. Hablo de los mismos conocimientos que en la escuela no consiguieron vulnerar la brutez extrema de estos gañanes.
Repasemos algunos conceptos básicos, nociones, que en la calle son cosas de todos los días y que están muy ligadas entre sí:
  • Continuidad de la materia. Es una noción que se aprende en la cuna, llevándose cosas a la boca. No pretendemos aquí que se ande baboseando cosas (y menos personas) por la calle, no sea asqueroso. Las cosas tienen un principio y un fin espacial, lo que define sus límites (ver Identidad). Así como el bebé asume una continuidad con su madre, las personas ya adultas comprenden que, si bien la mochila y/o cartera y/o paraguas no son una parte permanente de sí mismas, momentáneamente deben considerarse parte integrante de la unidad "persona con mochila y/o cartera y/o paraguas". Notablemente, hay gente que ignora estos apéndices y le prodiga al prójimo (incluso al que domina a la perfección estas nociones) gratuitas enseñanzas sobre la Impenetrabilidad de la materia (Véase).
  • Identidad de la materia. Cuando vamos por la calle tenemos que estar atentos, nos lo dijo nuestra madre mil veces. Que cambiemos la dirección de la mirada no implica que los objetos que dejemos de ver desaparecen. Siguen ahí. El camión sigue su marcha rauda por la avenida, tan lleno de impenetrabilidad de la materia (Véase) como nunca, por más que usted se distraiga mirando un culo bonito (o varios). En supermercados, shoppings y aceras del microcentro porteño, lugares en los que un grupo importante de gente se mueve al azar como moléculas de gas en una caja, pasa lo mismo con las personas que deciden suspender de golpe su contribución a la entropía y fijar obstinadamente su posición en el espacio y en el tiempo sin tener en cuenta que todo mundo a su alrededor, antes objeto de su atención, no desapareció por el mero hecho de mirar para otro lado. Su vacuna pasividad estorba al resto de los peatones aunque eviten el contacto visual. La noción en estos casos particulares y complementaria con otras desarrolladas aquí debería ser una clase magistral de física para bebés. Pero no.
  • Consecutividad de la materia. Como venimos viendo, está todo relacionado: hay una noción existente entre la Continuidad y la Identidad (Véase) que es el opuesto a ambas: lo otro. Uno aprende que otra cosa está antes o después cuando decide que cambió su Identidad y Consecutividad (Véase). Las cosas suceden simultáneamente (comparten el tiempo pero no la materia -una hora en un telito de la zona, por ejemplo-) o consecutivamente (pueden o no compartir la materia, pero no el tiempo -cuando uno de la pareja anterior decide cambiar la materia de su partenaire un par de horas más tarde en el mismo telito u otro). Las personas con problemas cognitivos con esta noción suelen pensar que todo debe suceder simultáneamente (Véase el ejemplo del subte en Impenetrabilidad de la materia) o no consiguen vislumbrar soluciones consecutivas a ciertos problemas básicos de la vida diaria: ir uno al lado del otro y de la mano con la noviecita por angostos pasos, compañeros de trabajo que salen del ídem comentando las últimas novedades en la novelita del supervisor con la rubia de Contaduría, incapaces todos de deducir que en lugares estrechos hay que hacer como los indios, es decir, ir uno detrás del otro. Claro, después los indios eran unos atrasados.
  • Impenetrabilidad de la materia. Se aprende en los transportes masivos, en horas pico sobre todo, pero su aprendizaje puede encontrar alguna resistencia porque siempre hay quien pretende entrar a un trasporte atestado hasta la saturación y lo logra, vulnerando la noción. Mejor dejar los eventos masivos aunque no los transportes: en el subte hay gente que tiende a querer entrar en el exacto momento en el que se apean personas que ellos consideran inmateriales. No comprender que dos cuerpos no pueden ocupar tiempo y espacio simultáneamente fuera del telito de marras puede llamar la atención de la autoridad o infligir serias contusiones es notable.  
Existen otras nociones básicas aprendibles: acción y reacción, inercia, momento y una largo etcétera. Más que la puta calle, es un laboratorio de física, mire. Y si no le gusta la física, puede aprender una palabra mágica que es una especie de salvoconducto para las situaciones más complicadas, sobre todo para el estudiante de física neonatal que todavía no puede manejar los conceptos y, mucho menos, los reflejos, aunque sea un bodoque de casi dos metros de altura. La palabra mágica, el santo y seña, la contraseña no es otra que "permiso". Sin embargo, parece ser que la gente con estos problemas de aprendizaje tiene también una deficiencia auditiva con dicha palabra. No la escuchan o al hacerlo no mueve ningún músculo y/o nervio.
Quizá sea congénito, al final. Yo, en mi incomprensión, he llegado a pensar que son simples estúpidos.