Mostrando las entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cine. Mostrar todas las entradas

14 octubre 2010

Con perdón de Felipe Kindredo Pito.

Leyendo a Pablo Capanna en su ensayo sobre Philip K. Dick, volví a tener la apreciación que tuve la primera vez que vi "Blade Runner": ¿Cómo fue posible que Hollywood, el epítome de lo políticamente correcto, se haya fijado en semejante historia?. Después de "Total Recall" (echada a perder por la mera presencia de Schwarzeneegger y la necesidad de hacerlo participar en interminables escenas de acción), los nombres famosos se esforzaron por sumar a sus currículos una historia de este chiflado en particular, desdeñando a todos los otros. Hubo intentos, sí, con Heinlein, Asimov, Aldiss y Clarke, por nombrar algunos, pero ninguno tan repetido como Dick. Quizá el otro "mimado" sea Ballard pero, salvo el "Imperio del Sol", no hay tanto entusiasmo como para poner decenas de millones y recrear sus visiones post apocalípticas de productos de consumo abandonados, ciudades tomadas, planeadores, aviones y luces fluorescentes.
No voy a hacer un análisis que tenga que ver con Hollywood, válgame. Nunca creeré en los análisis sobre un género superior (como yo considero la literatura) haciendo la exégesis de uno inferior que lo refleja más o menos imperfectamente -lo siento por los cinéfilos, pero el cine es un arte específicamente técnico (lo dijo Woody Allen, no yo) y, como obra creativa, es apenas lo que vota un comité o lo que un tipo que tiene el control logra traducir con el trabajo de otros. Me gusta el cine, pero más me gusta leer. Lo siento si no está de acuerdo, lector. O cinéfilo, debiera decir.
La única explicación posible es que Dick fue asimilado, de alguna manera, por su tiempo. Lo que hoy vemos en Dick quienes todavía lo leemos, es una obra universal, bastante coherente en su esencia, pero que ha sido fagocitada por la realidad. Los demonios de Dick estaban ahí detrás, embozados apenas, y cada día que ha pasado desde que fueron descritos en papel han ido materializándose, tal vez sin hacerlo del todo, de manera que el hombre común hoy acepta su existencia y acepta que es apenas un personaje secundario a la espera de su Deus ex machina, que lo sacará de una vida monótona o que, revelándose, le explique el porqué de la misma.
Esto último quizá sea lo más recurrente en ciertas intrigas que abundan actualmente: el asesino, el malvado, ya no es un individuo que impone (o intenta imponer) un sistema, sino que el sistema es el perverso, que tiene a ese personaje en lo alto (o en lo bajo) independiente de su individualidad, y es intercambiable con otro u otros. Es una concepción muy acorde al gnosticismo, nos dice Capanna, de Dick, pero también lo es para la persona común que hoy se cree (y puede que lo sea, no es mi objeto desmentirlo) víctima de poderes ocultos, prosaicos, terrenales, o no. Por otro lado, psicológicamente, Dick sintonizó (he aquí la gran duda, porque fue el primero en sentirlas en carne propia, hasta el punto de enfermarlo) ciertas patologías masivas que encontraron en la trama de la caída de Nixon una justificación histórica evidente. Desde el asesinato de Kennedy hasta la caída de Nixon, la sociedad occidental en general y Estados Unidos en particular vivieron una especie de sospecha creciente de manipulación de la realidad, soliviantada por Vietnam y el aumento del petróleo y adormecida con bienes de consumo baratos y en cuotas, crédito y american way of life, al que nadie quería renunciar. La Guerra Fría, la carrera armamentística y Fidel Castro, jugaron el papel del demonio ahí afuera, y se utilizaron para hacer tomar partido a los tibios. La exudación catártica fueron los platos voladores, la generación Pulp y escritores como Dick, para cerrar el ouroboros.
El hombre común, el que paga una entrada para un tanque hollywoodense, no lee a Dick. Pero es posible desarmar una historia de Dick hasta que los demonios al uso del día se hagan evidentes. Y, convengamos, en Hollywood una película se hace o no porque alguien fue capaz de reducirla a una sola frase que puedan entender los productores. Dick, sin menoscabo de su talla como escritor, quien esto escribe es un lector compulsivo de su obra, encarna la subjetividad de la realidad, la individualidad que la explica casi sin necesidad de presentar pruebas, el prurito final de la larga comezón que comenzó con el Pulp y que termina con los actuales abducidos y sectas místico alienígenas.
Quienes realizan estas películas cumplen la misma función que los sacerdotes explicando la Biblia a las almas sencillas hasta hacerla decir lo que desean que diga o lo que la masa quiera escuchar, según se necesite. Hay quienes cumplen este rol mejor que otros, pero en el fondo todos cumplen.
Mi lectura y comprensión de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" distan mucho de la visión de Scott, con todo mi respeto hacia él pues hizo uno de los trabajos más honestos, pues dejó escapar buena parte del carozo ético místico con el que pudieran atragantarse sus espectadores y que es, realmente, uno de los pilares de la historia. Ir al fondo hubiera sido peligroso para todos: abortistas, antiabortistas, geneticistas, médicos, en fin, una larga lista de posibles "objetores de conciencia".
Quizá "A scanner darkly" sea la historia más afín a la original pero, también, ha sido la menos vendedora en la taquilla, con lo que no debe haber muchos entusiastas con hacer otra adaptación tan literal de Dick.
Diferente, muy diferente, son los mundos de otros escritores de ciencia ficción, en los que la ciencia pura y dura (o la fantasía) es la excusa para liberar una especulación sobre nuestro presente o pasado, matar a Dios (Dick lo hizo a menudo, pero sólo para remontar otros dioses), manipular el pasado, el futuro o ambos, negar el alma o probar su existencia, correrse un poco más al Oeste del Universo, y un largo etcétera, todas empresas imposibles o bastante complicadas que no tienen demasiado que ver con el hombre común. Por supuesto, se filman historias de ciencia ficción, pero peligrosamente cercanas, todavía, al western, al misterio del cuarto cerrado. En el cine, estoy de acuerdo con Capanna, la ciencia ficción ha muerto.
Bester, Sturgeon, Cordwainer Smith, Le Guin, Del Rey, permanecen lejos de los cines. Asimov, Heinlein y Clarke no han sido ni siquiera atisbados. Quizá tenga que ver, volviendo a Capanna (ver la nota), con que el género en sí está muerto. Yo no quiero y no lo querré nunca. La ciencia ficción fue mi descubrimiento de la lectura; y también, de la escritura.
Dicho esto, vuelvo a "The Computer Connection", a ver qué pasa con Chca-5, Guignol y Sequoia.

--------------------------------------
Para quién no esté muy familiarizado con el "verdadero" Philip K. Dick, les recomiendo la lectura de "La fe de nuestros padres". Para quienes sí lo están, no les privaré el placer de su relectura.
Para quien haya tenido alguna duda, adquirí una deuda impagable con Pablo Capanna, a quien leo desde aquellas "Péndulo" y que me condujo por los caminos sinuosos de la imaginería S&F.

30 julio 2010

¡Corran, corran!

Sí, ir al cine en vacaciones de invierno puede ser una experiencia inolvidable: colas interminables, gente correteando por todos lados volcando baldes de pochoclo a rebosar, padres a los gritos, niños a los gritos, abuelos a los gritos, tíos a los gritos, y todo el mundo a los gritos, pero aquí vengo yo a decirles que no importa, que se arriesguen a ello sólo por una cosa: Inception (El Orígen, como la llamaron acá).
No les voy a decir nada sobre ella, sólo voy a dejarles mi impresión como fan de la ciencia ficción y el cine en general: no tiene desperdicio.
Nolan, su director, tiene una mano cada vez más notable y no me asusta decir que hizo una película que estará entre las mejores que vi en mi vida. De a ratos parece Hitchcock, de a ratos no -y se le agradece.
Mucho boludo snob que no sabe nada de nada anda descalificándola (¡encima diciendo que The Dark Knight es mejor!): no le hagan caso. El Amante no sabe nada de cine en sí, sino de lo que hablan los que dicen saber de cine, y sus "amantes" viven en un mundo cerrado, pobre en referencias (porque leen poco, créanme) y extremadamente trendy.
O sea, salvo que tengan como Biblia a los snobs de costumbre (y ustedes también lo sean), vayan a ver Inception. Es larga, complicada, no es 3D (¡no lo necesita!) y no la hizo Lynch, pero es una joya.

15 febrero 2010

¿A quién le ganaste?

Mientras el mundo del espectáculo de habla hispana seguía los premios Goya, mi pequeña fracción del cerebro alla Sheldon Cooper renovó una cuestión que tengo con las categorías de estos premios en general y que me ha llevado a la conclusión de que quienes se dedican afanosa y seriamente a estas pavadas no son muy despiertos. Salvo yo, claro.
A ver, en los Oscar, con la categoría "Mejor Película Extranjera": ¿premian una película cualquiera, con la condición de que se produzca y filme en el extranjero, sin tener en cuenta si es mejor que las que ellos premian localmente? Slumdog Millionaire era indo-británica y ganó un montón de categorías en 2009, hasta la codiciada "Mejor Film", excepto "Mejor Película Extranjera", que ganó "Departures". Alguien alguna vez me aclaró que la categoría es en realidad "Mejor Película en Habla No Inglesa", pero eso no explica por qué "El Cartero", "La Vida es Bella", "Cartas desde Iwo Jima" o "El Tigre y el Dragón" fueron candidatas a mejor película, aún cuando estaban habladas en italiano las dos primeras, en japonés y chino mandarín las siguientes. Un problema de definición de teoría de conjuntos gracias a las conveniencias comerciales.
El caso de los Goya es aún más vidrioso: la categoría "Mejor Película Extranjera de Habla Hispana", excluye a España y despeja toda duda: la mejor película del conjunto hispanohablante que excluye a España es "El secreto de sus ojos" que ganó la categoría. Sin embargo, para sumar confusión, "El Secreto..." participó de la categoría "Mejor Película Española" -ergo, es española- e incluso en otras siete categorías. Entonces, ¿es extranjera o no?
Le dejo las conclusiones al respetable. Me voy a dormir.

12 febrero 2010

¡Los snobs atacan de nuevo!

Cuando repaso las cosas escritas y dichas a raíz del éxito temprano de público y de la posterior nominación al Oscar de "El secreto de sus ojos" recuerdo por qué me cuido mucho de volverme un snob sin remedio. Quienes frecuentamos algunos arrabales corremos el riesgo de perdernos en calles que no conocemos pero que podemos fingir conocer. En algunos círculos, el carnet de iconoclasta de la boca de ganso parece requisito infranqueable y uno entra pagando o mira de afuera, como el chiquilín.
Separemos un poco las críticas y veamos dónde le pegan fuerte los críticos:


Ataques ad hominem:
A los hijos de El Amante les molestan los directores como Campanella. A medio camino de todos lados, el director no es ciento por ciento algo. No les gusta que dirija series en Estados Unidos, no les gusta que elija historias que la gente quiera ver, no les gusta que no sufra para hacer películas, no les gusta que lo apoyen ciertos sectores (como Telefé) de la pequeñita industria local. No les gusta él, en definitiva.
La película, como todas, tiene momentos buenos, excelentes y malos. Es algo universal a las artes dramáticas: por ejemplo, soy un fanático incansable de Casablanca, pero cada vez que llegan a la parte "bonita" de la historia, adelanto o hago zapping. No me la puedo fumar, me resulta chocante el cambio del Rick sombrío al pavote al que plantan en la Ciudad Luz. Me molesta esa parte de la película, el cambio en el tono de los actores (porque no tenían ni pálida idea de cómo terminaba la película, cosa muy festejada por los snobs) y pienso que si alguna vez hacen una remake, sólo deberían rehacer esa parte (Ah, si ciertas personas me leyeran qué quilombo se armaría acá, pero estoy a salvo). Pero Casablanca sigue siendo la mejor película para ver un día cualquiera.
El balance de "El secreto...", entonces: pésima la parte del tren, algunos planos demasiado largos, cierto exceso a lo Hollywood (lo filmo porque puedo filmarlo, algo que los de El Amante le festejan a Avatar, que costó cientos de veces más). Sin embargo, todos ripios culpa del director o quien fuera que se salvan con

La Historia
Según un concienzudo relevamiento que obra en mi poder -hecho por mis especialistas- un 75% de las críticas jamás hablaron de la verdadera historia contada ahí; no, no de la historia que Chaparro (Darín en el papel de Espósito en el filme) quiere contar al principio para expiar su alma de décadas de ser un gris; sino de la historia que tentó a Eduardo Sacheri a escribirla.
-¿Sacheri? ¿Quién es ése? Es una película de Campanella, man.
-Psé, pero fue una novela antes, "La pregunta de sus ojos" muy bien escrita y excelentemente contada por Sacheri.
-¿Vos decís el libro?
-Sí, el libro. Es de un escritor no muy difundido, más conocido por unos cuentos futboleros que leía Apo en la radio.
-¿Apo? ¿Futboleros? ¡Puaj! No, no lo leí, jaja. Si fuera Arlt o Cortázar quizá le daría una oportunidad. Pero no hace falta, ya vi la película y, encima, vos decís que escribía cuentos de fútbol. Vamos.
-Yo pensaba que para comprender una película era bueno leer el libro, cuando era previo, como documentación y sobre todo para ver qué es obra del director, qué de la historia original y, sobre todo, qué valores se ganan o se pierden en la reconstrucción fílmica.
-En la facu son muy claros con eso. Nosotros juzgamos la obra fílmica, su relevancia como hecho único...
-¿No leían los libros?
-Claro que sí, ¡pero libros con cierto renombre y de películas indiscutibles! Al final, tanto te mencionan a "Las Babas del Diablo" de Cortázar como inspirador de Blow Up que lo terminás leyendo sólo para no quedar como un idiota, porque todos lo leyeron. Pero Cortázar es otra cosa. Y era un cuento, no una novela.
-¿Pero no te interesa leer el libro de Sacheri? Quizá la historia...
-¿Para qué? Te digo que ya vi ese bodrio sobrevalorado de Campanella...
-¿Quién lo sobrevalora?
-La Academia, que la nominó. Y los giles, que llenaron los cines.
-A mi me parece que la Academia la apreció justamente. Es una película hecha para ese mercado y para que se llenen los cines... 
-¡Pero por favor! ¡Esa película es apenas una más de los cientos de películas que la industria yanqui estrena al año sobre esos temas, encima mejor hechas!
-Sí, es cierto, la película tiene algunas cosas de dudoso criterio, pero en el libro...
-¿Qué libro?
Y así, con variantes, en un loop infinito y multiplicado.

Parece que la historia de la película no existe, sólo existen Campanella y en menor medida Darín y Villamil por el temita del romance y Francella por la novedad de verlo hacer de Francella con cuatro cambios menos. Casi nadie se acuerda de Pablo Rago que está impecable* y quien es el protagonista de la historia de Sacheri y de Chaparro/Espósito a pesar de que no parezca.
La historia, volvemos a ella, trata de la redención. También, trata de la Justicia. En un país que se debate por la pena de muerte, la justicia por mano propia, por la inseguridad, no debieran ser temas que pasaren desapercibidos. Sin embargo, es así, por lo menos para estos críticos. Morales (Pablo Rago, en la película) es la encarnación de la paciencia, el sumiso hombre gris que un día pierde el paraíso al que su mediocridad no lo hubiera podido llevar jamás. Morales pierde no sólo a su mujer, pierde un mundo que ya no podrá recrear de ninguna manera. Hombre gris, se encontrará con otros hombrecitos grises (Darín, Francella, Gioia) quienes obedeciendo al mandato del policial negro, se esfuerzan por seguir siendo buenos tipos en la propia mierda a la que están condenados. Uno de ellos, Darín, descubre dos berretines: que se puede aspirar a un amor que le ponga colores a las tristes cosas y que, perdida la oportunidad, el contar la historia quizá lo redima.
Todo lo demás que pasa en la película, pasa más o menos bien contado. Incluso las subtramas -que no están en el libro (la historia de Francella, el romance Darín/Villamil, Racing)- son tan poco importantes que enredarse ahí, como hicieron la gran mayoría de los que le bajaron el pulgar, es una muestra de que muchas veces el crítico no es mejor en su profesión que aquél a quien critica.
Lean un poco más, putos.

-------------------------------------------------------------------------
* José Luis Gioia, uno de los pocos tipos que no son cordobeses que me hacen reír, fue también una revelación como el Inspector Báez. Merece una serie de televisión con ese personaje, ambientada en esos años. Tiembla Rodolfo Ranni.

04 febrero 2010

Informe de vistos y leídos/XIX*

Repasemos un poco lo visto y leído en los últimos meses, de acuerdo a mi memoria (seguro hay bastante más, pero mucho no tendré que decir porque no me acuerdo):
Vistos:
  • Avatar: estas películas megamillonarias no pueden ser otra cosa que refritos de historias que ya hemos visto o leído, probadas otrora y regurgitadas al calor de nuevas tecnologías (y el cine de comité). Me molesta con Avatar lo mismo que con las del Imperio de Lucas: me tratan de estúpido. Creen que no conozco la historia de Pocahontas, que no vi ninguna película de Miyazaki, o que la verosimilitud tradicional debe rendirse a la del "existe porque puede verse", cuando muchas veces he verificado cosas que ni siquiera imaginé poder ver (y no entremos en metafísica, sólo hablemos de ciencia ficción). Entretenida en 3D; en 2D imagino que es una película grandilocuente que se queda corta. ¿Alguien me puede explicar la obsesión de los directores de Hollywood por los helicópteros?
  • La Trilogía LOTR. Revista, aprovechando el nuevo monitor de 20' y que podía entredormirme cada tanto porque las había visto.
  • "500 days of summer", la tan mentada nocomediaromántica del invierno boreal que se estrenó hace unas semanas por acá es otro refrito de historias y personajes ya vistos. Zooey Deschanel hace otra vez a Trillian ("The Hitchhiker's Guide to the Galaxy") pero como Andy MacDowell en "Four Weddings and a Funeral", dentro de una estética Pushing Daisies que incluye voz en off y amago de musical. Igual, la película es bastante honesta en todo lo demás, aunque le faltó poco para Great Expectations.
  • True Romance, la de Tarantino que hizo Tony Scott. Tan buena como cualquiera de las mejores de Tarantino, incluso mejor que algunas tan festejadas (sobre todo las últimas). Una chica rubia, un chico pobre y una valija llena de droga. Tiros, Kung Fú, mafia, diálogos actorales para alquilar balcones (el reparto es de lujo), noche, estrellas, Teté. Casi ni yo me acordaba de que era tan buena.
  • Luna Nueva: no sé si merece que pierda más tiempo que el que perdí viéndola. La primera fue insoportable y no la terminé, por lo que algo mejor ésta es. Igual es una bobada.
  • Meteoro, de los hermanos Wachowski. Me esperaba algo peor, después de las malas críticas, pero zafó. Una versión de Meteoro Micro Machines.
  • Astroboy, de David Bowers. Otra que me asustó pero no fue para tanto. Me hubiese gustado por Tim Burton.
  • Sólo estoy viendo House, The Big Bang Theory y Scrubs. Tengo para seguir con Pushing Daysies 
Leídos:
  • La bicicleta de Leonardo, Paco Ignacio Taibo II. Quizá una de las perlas de la temporada. Tengo otro libro del mismo escritor en la pila y no veo la hora de llegar.
  • La costa más lejana del mundo, Patrick O'Brian. Otra historia de Aubrey y Maturin en el mar. Qué decir, puro gozo para el nerd de los barcos.
  • Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll. Tenía que releerlo, después de tantos años. Me encantó de nuevo. Y temo por la película.
  • Viaje al fin de la noche, Louis-Ferdinand Celine. Otra relectura que me permito cada tanto. La necesito y aprovecho el paso del tiempo para volver a pecar.
  • Últimas noticias de Perón, de Rogelio García Lupo. Una especie de colección de historias poco conocidas de los primeros gobiernos de Perón a la luz de nuevos documentos que han visto la luz pública.
  • Isabel Perón, de María Sáenz Quesada. Una biografía bastante completa, centrada sobre todo en los años más públicos de la última esposa de Juan Domingo Perón y sus "socios" de la época. Queda mucho en la sombra, quizá faltó un poco más de investigación. Por ejemplo, no se dice mucho de su relación post golpe con Massera.
  • Monte Chingolo, Gustavo Plis-Steremberg. Una excelente reconstrucción de los antecedentes, los hechos y consecuencias de la batalla más grande que librara la guerrilla en Argentina. Una historia bastante poco conocida. Muy buen trabajo del autor.
  • El burgués maldito, de María Seoane. Biografía muy completa sobre José Ber Gelbard. Me impresionó bastante, sobre todo porque conozco personalmente a alguna gente mencionada en el libro.
  • El Dictador, de Vicente Muleiro y María Seoane. Imprescindible biografía del criminal que hace de Andrei Chikatilo un bebé de pecho. Paródico, patético, retentivo anal. Y sanguinario.
  • Timmerman, de Graciela Mochkofsky, esfuerzo notable para reconstruir la vida de uno de los hombres más polémicos del país. Complementaria a la de Gelbard, Videla e Isabel.
  • Estamos en el aire, Silvia Itkin, Pablo Sirvén y Carlos Ulanovsky. Historias y anécdotas sobre la televisión ordenadas cronológicamente y divididas en tres partes, una para cada autor.
  • JFK, William Reymond y Billie Sol Estes. Otro libro sobre otra de mis obsesiones, Kennedy y su muerte. Después de leer el Oswald de Norman Mailer pensé que nada más me iba a asombrar. Bueno, no. Después de leer este libro todas las teorías que se han manejado empiezan a clarificarse. Navaja de Occam mediante, la cuenta sale bien.
  • La casa de los conejos, Laura Alcoba. Una historia tan real que no lo parece. Una parte de la historia de la famosa imprenta revolucionaria de Montoneros, contada por una nena.
  • Quién mató a Aramburu, Juan Alonso. Otra vez mezcla las cartas y da de nuevo con nuestro Kennedy nacional.
  • Malvinas, Federico Lorenz. Una lectura que no agrega mucho a lo ya escrito sobre el tema, por lo menos usa otro enfoque.
Bueno, se ve que ando más por el ensayo y la no ficción que por la ficción. Incluso vi pocas películas. Ya volveremos.

* No me acuerdo por dónde iba.

28 noviembre 2009

La presión de ser machos

"¿Qué es la masculinidad? ¿Qué es ser masculino?", me preguntaba días atrás mientras caminaba al atardecer por Talcahuano y Sarmiento, en medio de cien tipos diferentes de varones.
Había cartoneros para quienes "ser macho" es el desprecio por el asco de revolver la basura de otros; había oficinistas para quienes ser macho es que no les tiemble el pulso cuando deban cortarle la cabeza al compañero por un ascenso o para cerrar una venta difícil; también había músicos en diferentes etapas de wannabismo (estaba yo entre ellos, aunque saliendo también de mi "9 a 5" de oficinista, porque nunca seré mi trabajo, lo siento) para quienes ser masculinos va desde tomar de la misma del Pity a quemar el Marshall por clavarlo a todo volumen en una "fecha" en un bar delante de catorce personas, que tomaron la del Pity; había cincuentones para quienes ser machos es usar el pelo corto, vestirse "como hombre", no usar aritos y tomar blue pills para cumplir con las muchas putas de mi barrio. En general para todos, "ser macho" es no "ser puto".
"Ser puto" no es fácil o para cobardes, así que como definición de masculinidad es bastante pobre, y convengamos que para ser valiente tampoco hace falta ser varón. Bien se puede ser varón, masculino como pocos y bastante cagón -si se es lo suficientemente discreto como para que nadie descubra que se le tiene miedo a los sapos o a los homosexuales mismos. Tener miedo o no, tampoco define a un "hombre".
Se ha dicho mucho que el machismo es inculcado por los padres, ambos dos. Se puede ser machista y mujer, por ejemplo, así que tampoco.
Mirando un poco de cine y TV, uno se confunde peor. ¿Qué es un macho?
  • ¿Un musculoso narcisista inflado a esteroides depilado (Stallone, Vin Diesel, etc.)?
  • ¿Aragorn perdonándole la vida a Éowin, esperando por Arwën y evitando andar de lupanar elfo a cabarute orko, por más que le hable a los caballos, no se bañe nunca y destripe como si nada a los Uruk-hai? (Por no hablar de las miraditas con Legolas)
  • ¿Jason Statam, Hugh Jackman y Will Smith mostrando el lomito cada vez que pueden (el culito en el caso de Smith)?
  • ¿El Atticus Finch de Gregory Peck visto por un WASP de South Caroline?
  • ¿"The" Todd, de Scrubs?
  • ¿Francella, haciendo del macho argento pelito largo, bigote y falsete canchero que nunca envejece ni acepta que "la nena" ya no es para él? (Tal vez nunca lo fue)
  • ¿Olmedo y Porcel, haciendo de cándidos enfermeros sátiros, más naivës que la Coca Sarli, si es posible?
  • ¿Los periodistas deportivos televisivos, empezando por los de Telefé Pavlovsky y Queijeiro?
  • ¿El nuevo macho es Mike Amigorena, robándose a Carla Petersen, de polleras y después de pasar dos horas en la peluquería?
Podeti y Lacanna hablan bastante de estos temas. Por ejemplo, ambos tienen un temita con las máquinas herramientas: las abocardadoras en el caso del primero (y la mecánica) y Lacanna con cualquier máquina herramienta que nunca usará.
Hoy, más que nunca, nadie sabe qué es ser un hombre: ¿recio, gritón, desprolijo, sucio, guarango? Conozco más de una mujer que pasa por una gentil señorita de lejos con algunos o varios de esos adjetivos.
¿Me ayudan?

09 mayo 2009

Informe de vistos y leídos.

A ver, qué estuve haciendo estos días aparte de laburar para otros:

Leído:
  1. Los Hombres que no amaban a las mujeres, de Stieg Larsson: me costó entrarle porque al principio es algo morosa, casi que no arranca, pero en cuanto la familia Vanger entra a escena, todo se pone bastante entretenido. Aunque después va palo y palo, nunca quise terminar tan rápido un libro para conocer por fin el desenlace -encima es larguito. Muy buen uso del suspenso. Muy recomendable.
  2. Realidad, de Sergio Bizzio: Hmmmmnnnn... hasta ahora no sé. Últimamente hay un problema con los personajes de la literatura argentina. Demasiado estereotipo, supongo que con la intención de hacer más creíbles las historias. Encima, algunos clisés son importados, pero terminan siendo sospechosamente criollos a la hora de reaccionar. Como si un agente secreto fuera igual a Bond, pero tomara mate, anduviera de alpargatas y fuera hincha de Nueva Chicago. Pepe Sánchez hay uno solo, y precisamente el incongruente era parte de la gracia. Tan mal como Fena Della Maggiora en el esperpento de Pito Fáez.
    La irrealidad convertida en un paquete pretendidamente real por los reality shows se vuelve de repente hiperrealista al chocar contra un grupo islámico y su MacGuffin (que es otro fallo del estereotipo, realmente). Nada más. Igual, está bien escrita, es sumamente corta (es un cuento largo) y se lee fácil.
  3. Santería, de Leo Oyola. Casi que cae en los tópicos de la previa, pero tiene más salero. Cortita, sin embargo por ahí divaga un poco de más Oyola, tratando de hacernos saber que conoce muy bien el submundo villero de los noventa. Si la anterior hacía hincapié en la realidad de cartón pintado que se hace real, acá es al revés: la dura realidad villera se evapora en nubes de metafísica criolla y matones mágicamente inmortales, con After Chabón y La Ventanita de fondo. Buena, sobre todo las primeras dos terceras partes.
  4. La condición poshumana, de Santiago Koval: un paseo por los robots del cine, intentando dibujar alguna tesis sobre la imaginería y lo que representa como atisbo de la condición poshumana. Estaría bien si Hollywood fuera la única fuente de imaginación sobre robots, pero como pasa con la televisión, es la peor fuente posible. Soslaya todos los "poshumanos" que existen desde el Golem para acá en la literatura y otras fuentes tales como religiones, mitos y tradiciones, (sin olvidarnos del cómic). Para quienes creen que el cine es todo puede resultar entretenida. Para el resto, es totalmente incompleta (y aburrida).
  5. Amores, pasiones y vicios de la Gran Catalina, de Denzil Romero, controvertida crónica sobre la gran puta austriaca que termino de zarina rusa, y que creara las bases de la cultura que hizo posibles, por un lado, a los grandes escritores rusos del siglo IXX pero que por el otro redujo a la servidumbre más abyecta a los campesinos (y que fue el fermento de la Revolución Rusa del siglo XX). Cansa un poco tanto eufemismo en francés, pero es entretenida como la vida de Catalina.
  6. Dejé de lado varios libros que no consignaré, porque no me convencieron, me aburrieron, eran demasiado estúpidos o todas las anteriores.
Visto:
  1. The Reader: Excelente Winslet, Oscar merecido. La historia es lo más políticamente correcta que puede ser una historia (más) sobre el holocausto. Merece mención especial Bruno Ganz, que siempre sobresale. Recomendada, sobre todo porque está Winslet (mucho en bolas) y Ganz (gracias a Eru, vestido).
  2. Freaks: nos la regaló Gé, entre otras buenas películas en VHS. Tod Browning, el genial realizador del Drácula de Lugosi. Ya la había visto, hace mucho, pero creo que fue como si la hubiera visto por primera vez. Qué puedo decir que no se haya dicho, una obra maestra.
  3. Porco Rosso: me la debía. Aunque me dijeron que era una de las "menos mejores" de Miyazaki me encantó. Es otra de las películas donde el realizador muestra que su filmografía no refiere a absolutos, sino a la percepción que sus personajes tienen del bien y el mal, grados de gris entre el negro y blanco absolutos, tonos plenos que sólo son representados por fuerzas que trascienden las fuerzas del individuo. En este caso, el fascismo vs. "el cielo de los pilotos". La maldición que aqueja a Porco jamás es revelada, y como pasa con Sofi en Howl, la percepción que se tiene de él cambia sin dar tampoco demasiadas explicaciones. Porco Rosso es tan profunda como quiera uno sumergirse.
  4. Paris: intenta ser una película coral sobre la vida cotidiana de una grupo de personas más o menos conectadas entre sí que viven en la capital francesa. A veces cae en el folletismo turístico, otras veces es demasiado playita. Un intento a la francesa de Love Actually, pero con menos ñoñez. Se deja ver.
  5. Wolverine: buenos efectos, bien conectada como precuela, pero pésima trama. Falla porque es evidente y pretenden que no, pero en cuanto ves cierta escena casi al principio te imaginás todo lo que va a pasar. El problema es que el director supone que no nos dimos cuenta y en vez de hacernos participes de la trama (como hubiera hecho Hitchcock, mostrándonos el engaño) nos cree perdidos en la misma bruma que el protagonista. Si hubieran salvado ese problema, ligaba unos puntos más. La están matando , ojo, y no es para tanto.
  6. Star Trek: impresionante espectáculo cinematográfico. Por fin, Hollywood deja contentos a todos, fans antiguos, modernos, no fanáticos, pochocleros, cinéfilos, comiqueros, y toda la runfla que tengan a bien mencionar. Excelente giro en la trama para una precuela (dudo pueda seguir totalmente conectada a la línea temporal de la primitiva serie Star Trek) y entretenida a más no poder. Terminados los títulos -a las 0:45 del viernes- uno gritó "ponela de vuelta". No me equivoco si digo que estábamos todos de acuerdo.
  7. House, temporada 5: quizá la mejor temporada desde la primera, sobre todo por el final: no quiero contar nada, porque sé que muchos no están viéndola al mismo tiempo que yo. Falta el último capítulo, no emitido en USA aún. Lo único que puedo decirles del E23 es ¡POR FIN LA PUTA QUE LOS PARIÓ!
Prometemos más cuando lo haya.

13 febrero 2009

Otro post rápido.

En estos días estoy con poco tiempo para algunas cosas (como tocar la guitarra), pero sigo tratando de no dejarme absorber por la molicie afásica y la desazón propias del burgués atrapado por sus obligaciones. Pero el día tiene apenas 28 horas y hay que tratar de aprovecharlas; así que acá vamos a resumir lo visto, leído y escuchado en estos días:

Vi en estos días (ando a la carrera por los Oscars): 
  • Valkyrie, de Bryan Singer. Teniendo la impresión previa que en los foros de cine y en los sitios de reviews se encargaron de adelantar, no fue tan mala. Cruise será siempre incapaz de empatizar con el resto de los actores de una película, pero tiene buenos actores que sí. En un momento, Singer trata de dirigir Ocean Eleven Tercer Reich Edition, tratando de hacer que el espectador medio (medio de Estados Unidos) logre interesarse por una historia que sólo tiene una (1)  explosión más o menos importante, nada de piñas y escenas románticas que no estimularían ni a un marinero con veinte años continuos en alta mar y sin ver una mujer. Encima, Von Stauffenberg era alto, y Cruise parece un capitán prusiano de juguete.  Se puede ver pero hay que ser condescendiente por ratos, 6/10.
  • Slumdog Millionaire, de Danny Boyle. Venía con el buen handicap de su director, a quien todavía no le vi una película mala y sí muchas buenas. Impresionante construcción del relato mediante flashbacks y, como siempre, demuestra ser el director que mejor filma lo realmente difícil de filmar (por ejemplo, las corridas a pie). El guión no tiene sorpresas en la trama, pero es perfecta. Quedarse hasta los títulos, por favor. 10/10 (sí, una joyita).
  • Revolutionary Road, la película de Sam Mendes fue una sorpresa. Bien actuada, bien dirigida, buenos diálogos. Con Di Caprio me pasaba como con Cruise, pero el rubio aprendió a actuar hace tiempo. Mendes, a la altura de American Beauty, demostrando su obsesión por la clase media americana y sus conflictos. Excelente la ambientación. 8/10.
  • Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen. Quizá la película que fui a ver con más aprensiones de los últimos tiempos. El director se asombra de que la consideren una comedia (la gente se reía mucho en el cine, a veces no pude identificar por qué), pero supongo que si la hubiese hecho hace veinte años aún estaríamos hablando de ella. Woody está viejo y sus controversias otrora transgresoras hoy apenas si le resultan algo chuscas a las ñoñas cuarentonas: el público de "Sex and the City" puede pretender que de repente le gusta el cine intelectual de Allen. No opinarían lo mismo de "Annie Hall". Bardem hace de Antonio Banderas y Scarlett Johansson de Victoria Abril. Penélope Cruz hace demasiado bien de ella misma. Ojo, no es mala pero es Allen, viejo. 6/10
  • Me quedan Frost/Nixon, Happy-go-lucky (que no sé si está para el Oscar, pero sí estuvo en los Golden Globes), Milk, Gran Torino, The Changeling, The Reader y no recuerdo qué más (tal vez Marley and Me, pero no soporto a Aniston).
  • Leído poco y nada (a tono con el primer párrafo del post), estoy releyendo unos cuentos de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción antologados por Asimov y una crónica sobre Watergate que está magníficamente escrita y que justo viene al caso con la película Nixon/Frost que veré el próximo martes.
  • Voy casi terminando la segunda temporada de House, MD (el motivo de tan poca lectura, en realidad) y es notable las coincidencias que han ocurrido entre los capítulos y algunas cuestiones de mi vida personal durante la semana. De hecho, el post de mañana surgió, entre otras cosas, de tales coincidencias. House se estaba poniendo demasiado querible y le pusieron un poco más de vinagre a la mezcla. Seguiremos informando.
  • Casi no vengo escuchando nada nuevo, y eso se nota en Esquizofónicos, en manos de mis compañeros. Tengo ganas de subir la discografía de Gillan, ya veremos.
  • Sigo sin escribir mucho, pero lo que escribo viene bien.
Otra cosas pasaron: fui abuelo, por segunda vez en quince días. Parece que tendría que estar acostumbrándome, pero no.


02 diciembre 2008

Hablando de inverosimilitudes...

... ayer vi "El niño con el pijama a rayas", que se estrena este jueves.

Excelente película, una de las que más me impactó en el año. Algo similar me provocó el año pasado "Desapareció una noche" -la de Affleck sobre una novela de Dennis Lehane- y en el 2006 "El laberinto del fauno", de Guillermo del Toro. No es de extrañar, las tres tienen muchos puntos de contacto: qué pasa con los niños cuando están metidos en el medio de la locura de los adultos. Todavía no pude ver "El corazón es engañoso por sobre todas las cosas", de Asia Argento, que parece tener también algo que ver y viene bastante bien de críticas (bah, las que me importan a mí).

"El niño..." es una fábula (aquí irá la crítica de Cine&Medios, cuando se publique). No hay ninguna veracidad histórica en los personajes ni en la trama. Es un relato construido solamente para arribar a un final, para probar la infinita crueldad del ser humano y cuánta neurosis es necesaria para ignorarla. Claro, la Alemania Nazi existió y su legado de justificación del horror sigue vivo en cada niño que paga con su sufrimiento la locura de los grandes. También es una mirada sobre los que se mienten, los que eligen no ver.
Creo que jamás escuché un silencio semejante en una sala de cine al terminar una película.

Para los ñoños, mejor ver SAW 14.

--------------------------

Con este post -sin querer- cierro los últimos dos, totalmente desconectados en apariencia.


18 julio 2008

Why so sad?

Empezó la película con alguna broma chusca, en la primera toma, como para sacarnos los nervios a todos (en relación a cómo se veía el IMAX, el grito fue "¡Aguante el cine argentino!").
Un par de escenas y aparece él, de espaldas, esperando. En ese momento, supe que iba a ver una película que iba a tener muchísimos significados, muchos de los cuales quizá no comparto: el morbo es uno de los que nunca se me dió bien. Los homenajes, tampoco.
Podía ser bien otro bodrio alla Schumacher (bah, ya sabíamos que no, pero siempre existe la posibilidad de arruinar una saga que viene bien, como le pasó a Raimi) y entonces él hubiese podido ser el núcleo duro de un film mediocre (quizá, como pasó con la primera de Burton, en la que Nicholson se comió la película de principio a fin).
Digo, verlo parado de espaldas, encorvado; el pelo sucio, largo y despeinado; haciendo nada, ya te decía mucho más de lo que te hubiera dicho otro (ojo, no digo "otro, vivo" sino simplemente otro excelente actor, un Jake G., ponele). El corazón te da un vuelco y pocas veces en la vida el cine fue más cine.
En cuanto avanza la proyección, uno cae en la cuenta de que lo que estás viendo es histórico: los espíritus de Buster Keaton (porque a pesar de su nombre, jamás hace una broma -sólo provocó risas nerviosas-), Chaplin (por su conciencia del ridículo, propio y ajeno), Marlon Brando (porque sus ojos, su postura corporal y su psiquis entera están dominadas por el personaje), por el mentado Jack Nicholson (porque cada línea del texto es deconstruida hasta en las pausas y puestas al servicio de la escena) se fusionen, todos juntos, en un solo hombre, un actor, un fantasma, al mismo tiempo con tal sentido de la oportunidad.
Heath Ledger y The Joker, sin embargo, son una parte de la excelente The Dark Knight de Christopher Nolan. Falta todo lo demás, que sin Ledger hubiese sido una montaña de buenas cosas y una de las mejores películas del murciélago. Pero en conjunto está entre mi top five de mejores films que vi en mi vida. Sí, uno de superhéroes.
Si la ven, los desafío a que cuando llegue la escena en la que Batman interroga a The Joker en la Central, no lloren como lloré yo. No, no hay spoiler acá. Lo que hay es el alma de un hombre, pintada de coloretes ridículos y que te mira a los ojos con mirada de espejo. El que te mira, ése que está ahí, es un hombre muerto: lleno de vida, de arte, de una sensibilidad que apenas estaba saliendo del caparazón, está muerto.
La decepción se hace insoportable. La muerte de un payaso es siempre triste.



14 mayo 2008

La trampa de los años.

En algún post anterior dije que tuve alguna precocidad en ciertos temas. La verdad es que siempre viví a contramano de la edad. Todo se debe -que duda cabe- a que una vez que se desacomoda el trencito de acontecimientos cuesta mucho trabajo ponerse en sincronía con la generación a la que se pertenece. Y encima, si se cambia el paso cada muy poco, las posibilidades de encajar con los coetáneos se vuelve demasiado difícil.
El sacudón inicial lo dio, sin duda, la aparición del primer vacío existencialista de mi vida a los 14 años, cuando miré hacia arriba y ya no sentí los ojos de nadie. Le daría la razón a los fundamentalistas, pero el Dios de mi crianza se ahogó en el vacío de los ojos de un niño muriéndose de hambre, dando la excusa estúpida de que lo hacía para darnos una oportunidad de ayudarlo.
Para desgracia ajena -preocupación de mi familia, entonces y ahora- esos vacíos (y también otros) fueron llenados con conductas autodestructivas varias: alcohol, amores perros, comida, drogas, amigos "barcos incendiados", tabaco, rebeldía sin causa, causas perdidas, odios, rencores, y un largo etcétera. Salí de cada uno de esos estados, como en Trainspotting, yéndome al otro extremo por un rato. Casándome, aprendiendo a ser formal y cortés, dejando los vicios, buscando trabajo y comiendo sano. Como dice Litto Nebbia, "hasta la próxima vez". Quemando las naves por regla.
Así como fui el primero de mis amigos en debutar sexualmente, ir a las discotecas; tomar poco, mucho o como sea; también fui el primero en casarme. Y, más o menos obvio, el primero en divorciarme. Fui el bala perdida, el putañero, el indeseable de las paulatinas esposas de mis amigos.
Como, aparte de todo esto, siempre fui un extranjero nunca extrañé especialmente estar fuera de mi generación, muchas veces estaba afuera de cualquier otro grupo sin saberlo. No me podía dar cuenta.
Mucho han intentado, víctimas y victimarios, hacerme recapacitar sobre la memoria que guardo sobre aquellos años. No puedo pensar en las cosas que hice y que pasaron sin pensar en los antecedentes que me llevaron hasta ahí, siendo el principal mi propia sed de vivir.
Los que viven arrepentidos por el pasado o por el presente, están muertos en vida. Y yo aprendí a querer morirme por voluntad ajena.


06 mayo 2008

Tapar el sol con la mano

Desde hace unos meses, diferentes medios hablan de los blogs y dan sus impresiones, generalmente malas. Por ejemplo, en la Feria del Libro Claudio Zeiger, de Radar, opinó que el ambiente era un infierno, una porquería. Tom Wolfe también hizo su diatriba. Al final, todo se reduce a lo mismo: cualquiera tiene un blog, cualquiera opina, cualquiera dice lo que quiere sin poner la cara, desde un anonimato en el que todos somos gauchos maulas.
Lo real es que el blog es un ámbito en el que se puede practicar -si se quiere- la crítica constante, no siempre útil, pero crítica al fin. Supongamos que a usted le editan un libro. Cinco mil copias, de las que con suerte vende tres mil. El universo de lectores putativos que han optado por otras cosas es inmenso. Más reducido (pero aún más temible) el de los que lo han leído y han sido defraudados. Mantener en silencio esos dos grupos es importante para la autoestima del escritor, lo entiendo. Para mí es hasta peligroso que los que gustaron de la obra vayan en masa a palmearle la espalda, vía blog, también. No es más que el eterno problema del ego, algo que los escritores necesitan tanto como los bloggers.
Ahora: poner la cara no siempre asegura nada. Así uno tenga un nombre tan neto como Ladislao Segovia, no es más que un anónimo lector. Descalificarlo es fácil. Un encogimiento de hombros y algún ninguneo aprendido a los mayores cuando se habitaba el llano (la constante porteña "¿Y éste a quién le ganó?") basta para acabar con el quisquilloso comentarista. Los argumentos contra el hombre y las apelaciones a la autoridad son el recurso.
Tengo pruebas, y pongo aquí una de ejemplo: días atrás José Pablo Feinmann se encabronó por las respuestas que había provocado su nota sobre la muerte de Bergman y Antonioni en un foro en el que participo -aunque no lo había hecho en aquel post específico-. De hecho hasta el domingo estuve en ayunas pero justo me encontré con quien se encargó de copiarle al filósofo el hilo por mail -en un arrebato de decencia- comentándome de la existencia de un video en Youtube con el escritor despotricando contra el foro y los "blocs".
Esto era lo que decía Feinmann, hace unos días, en la Feria del Libro:



La verdad es que Feinmann no es veraz: el muchacho nunca dijo "qué grande... me contestó", y el debate, acostumbrado como está uno a tanto boludeo es bastante pasable. Notablemente, Feinmann confunde con "bloc" lo que en realidad es un foro, entidad virtual que existe mucho antes de Internet. Alegar ignorancia no es algo de lo que uno debiera sentirse orgulloso siendo filósofo (o jetón, que en este caso es lo mismo).
Lo que Feinmann no se banca es la crítica. Pero no es eso lo que dice en la Feria. Le molesta que se lo ponga en duda, se opine, se discuta, se lo dé vuelta como un guante. Pretende estar por encima de las generales de la ley. Su respuesta es una constante apelación a la autoridad:
XXXX:

Lamentablemente casi todo es descartable. Internet es el último refugio de los mediocres y los rencorosos. Se nota en los insultos. En el desconocimiento casi total de mi obra. (Tengo más de 25 libros editados.) Conozco el cine desde adentro y desde hace décadas. Si no dirigí es porque no quise. Escribí cuarenta guiones y se filmaron quince. Mi mujer es una gran escenógrafa y diseñadora de vestuario y a su lado aprendí un montón, la "cocina del cine".
El cine es un arte interdisciplinario: hay que tener una gran cultura para meterse con él. La nota de Bergman -como bien dice alguno de los opinantes- es una exageración, o juega a ella para lograr sus efectos, que a la vista están: todos hablan de la nota. Me resulta hilarante que un fulano diga que no domino el español. Aunque no leyó mis novelas. Y bueno, total: en Internet se puede decir cualquier cosa.
Te agradezco la intención de "ilustrame", si ésa fue. Yo jamás habría buscado ese foro. Es patético: al final se pelean entre ellos. Y uno dice una verdad -al menos- ingeniosa: "La culpa de todo la tiene Bergman".
Saludos.

JPF
Bueno, no habría que decir todo esto si JPF no hubiera dicho, en la nota de Página/12 que provocó el intercambio:
"Un crítico de cine, una vez, me dijo: “Vos te atrevés a detestar a Bergman porque sos licenciado en filosofía, pero yo soy una rata, viejo, ¿qué querés que haga?”. No hay que tener ningún título para decir lo que a uno realmente le parece un icono cultural. A mí me aburrió Bergman antes de tener ningún título, pero el mandato, el imperativo del Das Man es tan poderoso que uno tiene miedo de confesarlo."


------------------------------------------

APDEIT (Diría Bater): ahora se suma Osvaldo Bazán a la diatriba. Patea el hormiguero con un excelente artículo pero después se queja de las hormigas: "el comment de internet es anónimo, instantáneo y, como tal, tiene más que ver con la descarga inmediata de la emoción –sin intermediarios– que con una razonada intervención con argumentos de peso". A veces me pregunto cómo hacen para trabajar en los medios. Después recuerdo que ellos SON los medios, así como nosotros SOMOS los blogs. En fin...



30 abril 2008

Servicio de pago de Cuentas Atrasadas; su nombre, por favor...

No sé que les pasa a los que hacen películas estos últimos meses pero están bastante obsesivos con el temita ése de la muerte, el reparar errores juveniles, hacer cosas que estaban pendientes y la vejez en general. Y esto solamente en las que ví, así que imagino que habrá más y no me vendría mal la ayuda del lector (dentro de todas las que le pido: paciencia, indulgencia, y hasta simpatía).
Empezó con El amor en los tiempos del cólera (Love in the Time of Cholera), luego Expiación, Deseo y Pecado (Atonement) y Antes de Partir (The bucket list). Siguieron Lejos de ella (Away from her; de Sarah Polley, que ya había hecho con Coixet Mi vida sin mí), Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Ltd.) -en lo tocante al rol de Anjelica Huston-, El rey de California (King of California), Pasión al Atardecer (Evening), y ahora El Jardinero (Dialogue avec moi jardinier) y La familia Savage (The Savages). Hasta No hay lugar para los débiles (No country for old men, donde también está Bardem, igual que en "El amor en los tiempos...") anda rondándole al tema en el personaje que encarna Tommy Lee Jones (que también hizo con Eastwood -que se animó a la vejez por primera vez en Los Imperdonables [Unforgiven]- la de los viejos astronautas, Space Cowboys y los Puentes de Madison [The Bridges of Madison County], -en la que actúa Meryl Streep-, que tiene un notable parecido con Pasión al atardecer -donde también actúa Streep-).
Notable, de verdad. Pero me están poniendo en la obligación de hacer una lista de las películas -viejas y nuevas- que le andan cerca a la temática, con algunas etiquetas (¡se viene una lista, se viene!):
  1. Mi vida sin mí: Lista de cosas para hacer, muerte anunciada.
  2. Viaje a Darjeeling: reparación, vejez.
  3. Los Imperdonables: vejez, jubilación (a mano armada), muertos en el ropero.
  4. Los Puentes de Madison: madurez, muertos en el ropero.
  5. Expiación, Deseo y Pecado: reparación, vejez, muertos en el ropero.
  6. El Jardinero: muerte anunciada, reparación, muertos en el ropero, jubilación.
  7. Lejos de ella: vejez, muertos en el ropero, reparación.
  8. La familia Savage: vejez, muertos en el ropero, reparación.
  9. No hay lugar para los débiles: vejez, jubilación.
  10. Space Cowboys: vejez, reparación, muertos en el ropero, muerte anunciada.
  11. Antes de partir: vejez, muerte anunciada, lista de cosas para hacer, muertos en el ropero, reparación.
  12. Pasión al atardecer: muerte anunciada, vejez, muertos en el ropero.
  13. El amor en los tiempos del cólera: vejez, muertos en el ropero, reparación.
Sirva esta lista como caprichosa valoración personal (A El rey de California todavía no la ví, por lo que queda afuera).
Muchas no vi, muchas debo haber olvidado. Si me ayudan... (no vale "Shine a Light", de Scorsese, eh!).

---------------------------------------------------------------------------
Gracias a CineyMedios por las críticas (sitio amigo). Este es su feed, para los vagos como yo.

25 abril 2008

Olvidarse es también callar.

Fue un día complicado, el jueves. Feria del Libro, caminando mucho y llegando cansado a casa. Me olvidé que iba a postear algo muy importante, algo que no había sido dicho por muchos y que no tenía la relevancia que se merecía. Muchos de los que hablan permanentemente de la memoria -como yo- parecían haberla perdido con el tema.
Al final, me olvidé yo también y no tengo demasiada excusa con lo de la Feria. Me olvidé, y punto.

---------------------------------

El jueves fue 24 de Abril. Es el día en que se conmemora la masacre del Pueblo Armenio a manos de los turcos. La noche de ese día de 1915, 235 intelectuales armenios fueron deportados y posteriormente asesinados. Luego sufrirían el mismo destino un número indeterminado (se estima que entre medio y dos millones) de armenios. La historia es tan desgarradora y cruel, que la humanidad toda ha elegido olvidarla. En resumidas cuentas, algo similar a lo que cuenta Marjane Satrapi en su Persépolis: los "Jóvenes Turcos" (partido minoritario que tenía como objetivo el respeto por el "otomanismo" multicultural y multiétnico) llegó al poder con el apoyo de los revolucionarios armenios en 1908. En 1915, durante la I Guerra Mundial, acusaron a los armenios de ser "quintacolumna" rusa y comenzaron las purgas. De hecho, todavía sostienen que fueron ellos los agredidos.
Se afirma que inspiró a Hitler (sobre todo, su escasa repercusión internacional) el sueño de aniquilar a los judíos, quienes más de noventa años después todavía lo niegan oficialmente. Estados Unidos (país en la que vive la mayor comunidad judía del mundo fuera de Israel y una de las armenias más importantes) tampoco reconoce el status. Siento que cada pueblo que ha sufrido un holocausto similar recela de los otros, temiendo que su propia tragedia pierda relevancia y, tal vez, recompensa.
Mientras, otros genocidios están ocurriendo justo ahora, envalentonados por estos olvidos y otros posteriores (Serbia, Kurdistán, y un lastimosamente grande etcétera).
Ahora caigo en la cuenta. Olvidarse de estas cosas es hasta peligroso para uno mismo.

--------------------

INGE:
"Antes del Holocausto, Adolf Hitler reunió a sus lugartenientes y, para convencerlos de que su plan funcionaría, les dijo: '¿Quién se acuerda del exterminio armenio?'. Eso les dijo. Treinta años después, nadie se acordaba de que un millón de armenios había sido exterminado de la manera más cruel posible.
"Han pasado diez años, y ¿quién se acuerda de lo que pasó en los Balcanes? Los sobrevivientes. Los que, por alguna argucia del destino, han vivido para contarlo. Los que se avergüenzan de haber sobrevivido. Como Hannah. Esa es la ironía, si puede llamarse así, la vergüenza que sienten los que consiguen sobrevivir. Y esa vergïenza, que es más grande que el dolor, que es más grande que cualquier cosa, puede durar para siempre."

(Isabel Coixet, "La vida secreta de las palabras")

Ciencia ficción sin futuro

Ayer fui a la inauguración de la Feria del Libro. Como siempre, el evento es contradictorio para mí (ojo, prefiero esa contradicción a la que no tengo con el Bafici y que sí tiene tanto quejoso despotricador: malgastar dinero público en hacer un festival mediocre es mejor que dejarlo que vaya a parar derecho a los bolsillos de algún funcionario o de algún privado acomodado por ese mismo funcionario) y las ganas iniciales siempre terminan con gusto a poco. No importa, me paso varias horas a la semana en las librerías de Corrientes, así que lo único que cambia es que en la Feria están todas juntas y a veces encuentro algo bueno. No le suelo dar bola a los eventos, salvo alguno demasiado importante.
Esta vez confirmé algo que vengo viendo desde hace bastante: la ciencia ficción como género prácticamente ha desaparecido de las librerías. Lo poco que hay es carísimo: Los propios dioses, da Asimov, es una bicoca de cincuenta y cinco mangos. El arcoiris de gravedad, de Thomas Pinchon, otra ganga de noventa y ocho. Se acabó la ciencia ficción, parece.
Mientras tanto, la fantasía (esa hermana más antigua y algo remanida de la CF) está viviendo su mejor época. Miles de libros abundan en las mesas. Los autores de estos géneros sólo tienen que esperar su cuarto de hora para volverse millonarios. De la mano de Tolkien se han hecho cientos de libros que abrevan en su saga de los Anillos, a veces hasta intentando reinventar la rueda vilmente o colgándose de las tetas del pobre profesor. Malos vientos para quien no soporta mucho los calabozos y dragones, como yo.
Según una nota de la prestigiosa Wired, también el cine serio de CF está en decadencia. Afirma que ya no se pueden hacer films de este género con presupuestos modestos. Hoy en día, películas como Terminator o Blade Runner no tentarían a ningún estudio, y nadie financiaría un 2001: A Space Odyssey. Según el artículo, The Fountain, de Darren Aronofsky, es la última película real de ciencia ficción. Acepto el diagnóstico, pero voy a disentir con buena parte del análisis.
La CF es un género complicado. Para empezar, el género en sí es difícil. Para generar historias originales después de tantos años hay que haber consumido mucha -pero mucha- CF. No sirve con ser un trekker regular, o absorberla por dosis osmóticas -muchas veces sin querer- desde el cine y la televisión. La mayoría de la que ha superado la etapa del libro y llegó al medio audiovisual aún es un western espacial, o la versión pre Campbell de algún científico loco queriendo hacerse dueño del mundo, o que es víctima de un malvado super criminal que tiene como rehén a su hija -que encima es ciega- y que quiere dominar y/o destruir el mundo. O zombies post apocalípticos, o vampiros super tecnológicos, o...
A medida que el mundo dejaba la apatía por los cambios sociales -gracias a la revolución francesa en lo político, pero en lo socioeconómico con la llegada de la máquina- estos dejaron de ser anhelados por las utopías filosóficas y fueron llegando a la conciencia de las masas, sobre todo a la literatura popular. Dependiendo la época, el balance entre mejora o castigo detrás de cada cambio dieron carácter al género y un rol que, una vez abandonada la novedad de las pistolas de rayos o los viajes espaciales, enfrentó antes que nadie las fuerzas que actuarían alrededor de cualquier futuro cambio. Sin embargo, el fantasma de Fausto siempre estuvo allí.
La CF contemporánea es un juego de what-if basado en el cambio de paradigmas humanos. A medida que el género fue evolucionando se pasó desde resaltar los riesgos de la técnica o el uso peligroso de las ciencias (insuflar vida con Mary Shelley; viajar a la luna con Julio Verne o construir robots autoconscientes con Asimov) hasta considerar cuestiones casi intangibles como la superpoblación o la construcción de mundos no terráqueos, pasando por hacerle frente a crisis pre y post nucleares o a visitas indeseables del espacio exterior.
Sostengo la hipótesis de Asimov, que dice que la ciencia ficción escondió su némesis en su propio éxito. Las preguntas que una cantidad reducida de nerds se hacía en los primeros cuartos del siglo veinte hoy son malas noticias en las tapas de los diarios. Quizá ya no haya quién haga esas preguntas y occidente viva el comienzo de una lenta decadencia, como la que Oswald Spengler previó hace tanto. ¿Será porque la complejidad técnica equivale a la intangibilidad de la magia de Harry Potter? Antes íbamos al infinito y más allá. Ahora somos esos primitivos asombrados con la teletransportación del Capitán Kirk. Necesitamos escapar a la Tierra Media, urgente.
La oveja Dolly, las células madre, el calentamiento global, Internet y el iPod están matando a la ciencia ficción.

10 abril 2008

La recomendación cinéfila

No sé que tiene esta publicidad, no es la peor que he visto, pero sí debe ser la más pelotuda. Hace que me ría tanto antes de cada película (suelen darla antes de los trailers) que a veces hasta hace más llevaderas las cosas (sobre todo si se les ocurre ir a ver bodrios como Pasión al Atardecer).


28 marzo 2008

Update

Estoy leyendo (y releyendo, todo al mismo tiempo) los cuarenta y nueve cuentos de Hem, La soledad de las parejas de Dorothy Parker (la vieja de mierda de Gé.), La Familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela y Viaje al fin de la noche (¡otra vez!) de Louis-Ferdinand Céline. Más salpicado aún: los Cuentos Completos de Haroldo Conti, una antología de cuentos de Robert Silveberg y otra de Brian Aldiss. Terminé La mujer del vientre de oro, de Dalmiro Sáenz.

Estoy escuchando Cocteau Twins (anoche fui a ver/escuchar a Robin Guthrie que estuvo en Palermo Soja, chocho entre sus pertrechos electrónicos pero sin el alma de Liz), los primeros discos de Pink Floyd (tengo la teoría que casi toda la música puede explicarse con tres bandas inglesas: The Beatles, Pink Floyd y Deep Purple -otros tendrán las suyas-) porque los que se creen modernos por hacer ambient y esas cosas sufren de serias faltas de información (ojo, hablo de los "que se creen modernos". Los que no, todo soja).

Y he visto The Darjeeling Ltd. de Wes Anderson (lo mejor que vi en el año), 2 days in Paris de Julie Delpy (muy buena, divertida visión del momento en que una pareja descubre los defectos del otro y debe negociar si vale la pena soportarlos/abandonarlos o no), The Da Vinci Code de ¡qué se yo quien! (no la había visto, ni leído, así que estaba al dope y la vi. Ni tan mala ni tan hereje ni tan aportadora de teorías nuevas), Little Miss Sunshine de Jonathan Dayton (me la había perdido porque cuando vivía en el interior no la dieron en el cine de mi ciudad, puta que lo parió! Excelente), The Life Aquatic de Wes Anderson (lo mismo, no la dieron en su momento), y tengo lista para ver Rushmore. The Fountain de Darren Aronofsky (patina un poco en la parte de la supuesta novela histórica, pero es solidaria al relato. Buena).

That's all, folks!



27 marzo 2008

Michelle Pfeiffer y la literatura

Viendo por enésima vez "Frankie and Johnny" llegué a la conclusión de que la literatura es como Michelle Pfeiffer. Se disfruta más cuanto más torturada luce. Usar su belleza en una comedia de enredos es casi una falta de respeto. Algo que no termina de entender Nicole Kidman. Y que nunca entendió Meg Ryan.


(Si, es una estupidez. Pero con algo tenía que descomprimir.)



05 enero 2008

Nadie vio Matrix

Esta mañana tuve miedo de que alguien me apuntara con una automática en la cabeza.

¿Se acuerda ud. del personaje de Matrix (sin revoluciones ni recargas, la primera) al que acusan de chulo digital (digital pimp), Mouse?
A las ocho de la mañana las veredas de las calles adyacentes a las grandes avenidas del macrocentro porteño (esas veredas-vereditas tan típicas de toda vieja ciudad colonial) se vuelven territorio indiscutido de los porteros de edificio, que se afanan en que los vecinos vean -a esa hora que casi todos salen a trabajar, llevar a los chicos a la escuela, o hacer las compras- su esforzado esfuerzo. Baldean, lustran, transparentan, plumerean, y todos los menesteres del oficio.
Se adivinan los códigos que, cada mañana, los encargados intercambian casi en silencio, de puerta a puerta. Nada de lo que pasa en sus dominios -veredas, zaguanes, halls- les es indiferente (aunque pueden ignorar activamente al del 4º A por una vieja pasada de cuentas al administrador y cerrarle la puerta sin querer cuando viene con doce bolsas de supermercado a cuestas).
Saliendo a los piques -como siempre- para el trabajo, iba yo haciendo fintas entre esos porteros afanosos (manguereaban veredas, se hacían bromas de edificio a edificio, o estorbaban indolentemente, participando de las bromas de los otros encargados con la misma indiferencia activa que usan para el del cuarto ¿Se reirían de él los otros dos?, no sé), cuando noté que se quedaban serios mirando hacia el mismo lugar, con una torva mirada lasciva: una mujer rubia vestida de rojo caminaba apenas a veinte pasos delante mío. Vi como, también, los fleteros, taxistas, kioskeros, verduleros, todo macho suelto, ponía la misma cara de imbécil.
Sólo eso: rubia -el pelo suelto-, pálida, zapatos de tacón mediano como mediana era la edad, la contextura y la belleza; con un llamativo vestido rojo carmesí. Vestida de beige no hubiese merecido ni un reojo.
Ahí mismo recordé Matrix.

03 diciembre 2007

Nueve párrafos para olvidar un amor.

La universidad prometía ser pesada. Había caído allí con alguna demora, y ya estaban bastante avanzados en el año lectivo. Mis compañeras, gentiles, se ofrecieron a repasar las dudas, sobre todo en Matemáticas Especiales. Dos de ellas, notables bellezas, intentaban llevarme por los callejones tortuosos de las ecuaciones como quien conduce a un convaleciente, aunque no se esperaba que guiaran a un torpe ciego: con zozobra comprobé que sólo se proponían repasar conmigo los capítulos XXI y XXII ¡Yo no sabía nada desde el primero! La angustia me alcanzó y casi me impide ver mejor cómo una de las "tutoras" se abría la bragueta del ajustado jean, dejando ver la ropa interior, mientras se encorvaba en su asiento. Desde mi lugar en el círculo en el que nos hallábamos sentados, como en un ensayo de teatro, no podía entender a qué venía mostrar el ombligo de esa manera; comprendí el gesto, el placer que le provocaba arquearse, desentumecer los músculos y tensar las vértebras (tal vez, hasta del gozo de saberse observada), pero no me provocaba placer visual alguno. Podía ser ella, más no yo viéndola a ella.
Luego caminábamos varias personas en grupo por una calle nocturna. La nieve abundante se sentía en los pies y blanqueaba un modesto círculo de refulgencia alrededor de las potentes luces a baja altura que nos encandilaban. Diríase que un estúpido ingeniero había puesto las luces de vapor de sodio a la altura de nuestras cabezas (bastante escasas para peor), obligándonos a andar buenos trechos en la oscuridad total, pateando montañas de nieve y las traicioneras piedras las fundaban.
Salpicaba con desprolijidad la cadena continua de luz-oscuridad las claridades de algunos comercios que, a esa inopinada hora de la madrugada, aún permanecían abiertos al requerimiento de los numerosos paseantes como trenes de pie, humeantes sus alientos, siguiendo raíles oscuros entre blancos prados...
Una de mis acompañantes le recomendó a otra la cura para su depresión post amorosa: en uno de esos negocios María, la de las trenzas, vendía un secreto papel en el que se inscribían nueve párrafos que limpiaban de amables futuros posibles (y pasados modificables) al angustiado lector, permitiendo cerrar para siempre rupturas unilaterales.

No, si mis sueños no tienen nada que envidiarle a las pelìculas de David Lynch.