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15 mayo 2011

Todos putos.

Enterarnos de esta noticia nos puede poner a todos un poco en perspectiva.

Soy de los que, estimo pocos, no tienen un gay reconocido en la familia. Hablo de "gay" (u otros términos que usaré) porque me parece que en temas de género es casi imposible no usar términos erróneos o que puedan ofender a alguien y hacerlo con demasiado cuidado, como he visto por ahí que ahora se usan eufemismos más políticamente correctos, me resulta estúpido. Un puto, un negro, un gordo. El problema no es putonegrogordo sino "un". Otro. Uno que no soy yo ni es como yo. Como nosotros. Así que no jodamos con los calificativos, que la cosa no va por ahí, por lo menos conmigo.
Decía, no tuve familiares de una gaydad evidente. Sin embargo, estuve en contacto con muchos amigos, conocidos, compañeros y un largo etcétera que terminaron, ya de grandes, siendo grandes putos y que, en su despertar sexual (e incluso antes) estaban lejos de ser considerados normales, es decir, que de chicos ya se les veía una putez incipiente. O no, pero a eso vamos, paciencia.
Ser débil, para el machito criado en una casa occidental y cristiana, es sinónimo de ser femenino. Ser el más débil de un grupo de varones llenos de hormonas es una caída en espiral hasta el último escalafón: no podés devolver los abusos por una cuestión fáctica y no hay nadie (o interés) de quien abusarse. Al final, el abusado se cansa y saca fuerzas y deja de lado pruritos y pone resistencia, mucha o poca, y la emprende contra el abusón, o se retira del grupo o, llegado un extremo de desesperación, se cuelga de un árbol. Estoy hablando de chicos absolutamente heterosexuales que caen en esa mofeta prepúber sin signos exteriores evidentes de homosexualidad (uff, ahora vamos a discutir lo de "niños homosexuales"); con ellos, los pequeños gays, pasa otra cosa más triste, además de esto. Rápidamente se genera una burbuja protectora cuando un niño afeminado es detectado, que sirve para evitar que los demás niños se contagien. Y acá llego al meollo del asunto. Evítenme el uso, por favor, de comillas cada dos términos, la mayoría de lo que digo acá es despectivo y no hagamos una cuestión sobre eso. Ni siquiera estoy hablando de una homosexualidad probada o incipiente, demasiado me he peleado con Freud por sus suposiciones psicológicas sobre la analidad, Edipo y todo lo demás como para andar diciendo que un niño es puto o lo será. Estoy hablando de pelotudeces de adultos, nada más: a un niño de, digamos, doce años, que mueve un poco las caderas al caminar, habla con voz finita, cruza las piernas de determinada manera y tiene cierta tendencia a la pulcritud se lo tilda, por una vecina observadora o una tía chismosa, de mariquita. Los niños tienen el puto y el maricón a flor de labios, pero los adultos somos los que usamos esos términos adentro de casa, tanto hombres como mujeres (oh, sí: las mujeres también crían tanto putos como misóginos) : "dale, dejá de tenerle miedo a dormir solo y en la oscuridad, no seas maricón". Amariconado o no, ese niño sufre el desprecio, la promesa de consecuencias terribles por defraudar lo que se espera de él (ser machito) y que no es capaz de demostrar o de satisfacer.
Somos los adultos, quiénes otros, los responsables de la muerte de Carlos, en Chepes. No importa si Carlos era gay o no, no importa si lo sería o no. Importa que somos nosotros los que fallamos, los que no educamos para la diversidad. Lo digo asumiendo mi carga de negligencia, comodidad y desidia por el tema en algunas ocasiones, y cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato. Yo sé dónde lo hacen los míos.

24 marzo 2011

Un día más.

Por ahí se carga demasiado de significado esta fecha, por esa manía que tenemos los humanos y que nos viene de celebrar los solsticios, los plenilunios y todas esas cosas tan primitivas. No importa que hoy se cumpla un número redondo de años con respecto al 24 de marzo de 1976.
Las consecuencias de la Dictadura aún se sienten, porque la Dictadura no terminó mientras no encuentren a Julio López y sus captores.

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Update: como siempre Unservidor lo dice mejor que yo (llegué recién a su post, pero léanlo por favor).

Pequeño (e incompleto) Diccionario Político Argentino del Diablo.

Argentina: Ver Palermo.
Izquierda: Sector sociopolítico que teme a los que tienen todo por perder. Véase Derecha.
Derecha: Sector sociopolítico que teme a los que no tienen nada que perder. Véase Izquierda.
Necesidad: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a sensatez que sirve para justificar insensateces.
Urgencia: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a proactividad que sirve para postergar necesidades que sin su concurso serían inapelables.
Palermo: Ver Argentina.
Puerto Madero: País dentro de la Argentina que queda en Palermo.
PRO: Sigla política que identifica a un grupo de hijos de empresarios que juegan a la política mientras sus padres hacen dinero más o menos deshonrosamente. Partido político que puso mucho dinero para que en este diccionario la Argentina y Palermo fueran considerado una sola cosa.
FpV: Sigla política que identifica a peronistas que no se asumen como tales porque otros peronistas sí.
Jauretche, Arturo: escritor y politólogo argentino, al que se puede hacer decir cualquier cosa porque casi nadie lo ha leído y los que lo hicieron lo olvidaron hace mucho.
Kirchner, Néstor: político argentino, inspirador de un personaje de ficción llamado Lupín (véase).
Lupin: Personaje de ficción que ganó una elección presidencial con el 31.2% de los votos y que, muerto, vuelve con escafandra y los puños llenos de verdades tardías.
Moyano, Hugo: sindicalista (véase) peronista ortodoxo (eufemismo por facho -véase-) que garantiza el Proyecto Nacional y Popular (véase) desde la derecha más acérrima mientras el Proyecto lo deje vivir y medrar en paz.
Oposición, La: agrupación lineal en la que se encuentra el resto de la política argentina que no es gobierno y que forma una cadena discontinuada por éste último, de manera que unos están a punto de entrar en él y otros ya saliendo. Dícese de un conglomerado de lumbreras políticas que están encabezadas por Julio Cobos (véase) o Ricardo Alfonsín (véase) según cuál esté midiendo mejor en las encuestas.
Carrió, Elisa: señora con una enorme entereza espiritual que encontró una fe inquebrantable en que la carrera presidencial depende de la acumulación de denuncias en las cuales la imaginación desbocada debe ser no sólo el componente más importante, sino que únicamente puede estar diluido en misticismo crístiano. RRPP de Fuerza Bruta.
Perón, Juan Domingo: político, ex Presidente y militar (véase) argentino que creó su propio partido para integrar en él a la clase trabajadora, a la clase media, la clase baja, media alta, media baja, los descamisados devenidos villeros, los piqueteros, los empresarios con conciencia social, los sin conciencia social corruptos y garcas, los políticos conservadores y progresistas (véase Progresismo), la juventud militante, los hijos de los ricachones, a los ricachones, fachos (véase facho) desorientados y/o convencidos, ciudadanos perseguidos por las dictaduras militares (véase militar), militares (véase militar) moderados argentinos, militares (véase militar) torturadores argentinos, militares (véase militar) nazis, financistas judíos comunistas, mujeres rubias, pelirrojas, morochas, hombres negros, negritos, blancos, cogotudos, verdes, azules, colorados, Patti, Hebe de Bonafini, Moyano, Méndez, Grosso, los Rodríguez Saá, toda la familia Saadi (que tiene una coherencia de hierro, son todos peronistas), Madonna, Mick Jagger, Maradona a veces, López Rega y la Triple A, Montoneros, Guardia de Hierro, las Fuerzas Armadas Peronistas, Tacuara, Cafiero, Matera, Duhalde, Cavallieri, Moyano, Camperita Ubaldini, el Grupo de los 8, parte de la Ucedé, parte de la Unión Cívica Radical, parte del Trotkismo (véase trosko) Milagro Sala, Guido Insfrán, José Luis Gioia, José Luis Gioja, y unos abogados llamados Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
sindicalista: dícese del cargo antiguamente electivo del que alguna vez fuera un trabajador común y que actualmente es vitalicio, sobre todo si el susodicho aprendió temprano a vender a los compañeros que dice representar.
Proyecto Nacional y Popular (también conocido como "El Proyecto"): ámbito político en el que todo es posible: los fachos soportan que se hable de los derechos humanos durante los años setentas mientras no se haga nada con los de hoy en día, mientras los zurdos soportan que los ricos sean más ricos con tal de que el Estado cuide que los votantes no se hagan todos piqueteros troskos.
Fernández, Cristina: política y Presidente argentina, notablemente parecida a la periodista Mónica Gutiérrez (la cual cambia periódicamente de peluquero para parecerse menos) y que logró varios récords mundiales: inaugurar 62 veces la misma obra, no estar más de cuarenta horas sin anunciar algo y no preparar ni un discurso en tres años. Gusta de las carteras Vuitton, los atriles y los espectáculos de Fuerza Bruta.
Unión Cívica Radical: antiguo partido político en pujante decadencia que hoy comparte con el peronismo la máxima del manicomio: no se sabe si son todos los que están ni si están todos los que son. Sus dirigentes son especialmente hábiles para administrar la cosa pública, pero es una incógnita cuántos gobiernos deberán pasar en el poder para que lo demuestren.
Cobos, Julio César Cleto: político radical que después fue kirchnerista y después fue radical de nuevo, pero menos. Vicepresidente de la Nación, cargo que ocupa sin vergüenza alguna. Ahora reporta al Multimedios Clarín y aspira a ser Presidente para poder brindar discursos titubeantes usando el doble negativo.
Alfonsín, Ricardo: político radical, hijo del fallecido ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, que se parece bastante al cómico Mario Sapag, imitador de Alfonsín padre. Fue protagonista del cómic de Miguel Rep "Los Alfonsín".
Progresismo: corriente política de centro izquierda que desconfía con sentido común del peronismo y busca cualquier excusa para votar por Mauricio Macri (véase) pero nunca por la Unión Cívica Radical (véase). Espacio indefinido donde habita el porteño que no es taxista.
Álvarez, Chacho: Político frepasista (actualmente en el FpV -véase-), altamente reputado como renunciador y que tiene como mérito haber enseñado al ex Presidente Fernando de la Rúa a hacerse humo cuando las papas queman.
Macri, Mauricio: político prosista, famoso por tragarse bigotes, farfullar un poco menos que Marcelo Bonelli (véase) y querer demostrar que no sólo es una cara bonita sino que es perfectamente capaz de ser peor que su padre. Actual embajador plenipotenciario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las principales capitales de Europa. Casado con una millonaria que da trabajo a numerosas familias de origen extranjero.
trosko: adjetivo que sustantivizado denota al ser 'ezpezial' que no tiene coyunda de carácter sexual (se discute si es por votos o por falta de ellos) y que está en contra de todo, sobre todo otros troskos. Suele usar barba y pelo largo, incluso la mujer. A veces se lo utiliza peyorativamente, al trosko. Otras veces como signo de apertura mental: "Yo tengo un amigo trosko". Los politólogos no logran discernir aún si su oposición a todo es ideológica o sólo falta de sexo.
facho: cualquiera que apoye el derecho de las empresas privadas a ganar lo que quieran a instancias de sus clientes, y que apruebe que el Estado use cualquier método para suministrárselos dóciles y, si no alegres, al menos silenciosos. Gustador de reventar cabezas de opositores, para quien todo aquel no facho es monto (véase). Su frase de cabecera es "hay que matarlos a todos". Taxista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
monto(nero): llámase así al militante de la lucha armada de los años setenta cuya raíz estaba en un predicamento católicoperonistamarxistasocialista pero no trosko (véase). Por extensión, todos aquellos que en los años posteriores a la dictadura militar (véase), adhieren a los ideales montoneros y/o los reivindican pidiendo cosas tan increíbles como la filiación y/o paradero de aproximadamente treinta mil personas que fueron desaparecidas inexplicablemente e inexplicadamente. También por extensión, el gobierno de los (presidentes) Kirchner.
militar: dícese del cargo antiguamente honorífico y que devino derecho de clase, sobre todo si se aprendió temprano a hacer lo que los fachos (véase "facho") necesiten. Especialista en conmoción interior, exterminar amenazas internas, en técnicas de tortura inflingibles a ciudadanos desarmados, en cambiar la identidad de los hijos de éstos y en desaparecer treinta mil personas sin dar explicaciones ni asumir responsabilidades. Es indispensable para un militar de ley ser león con los corderos y un subordinado con los poderosos. No tienen vinculación alguna ni responsabilidad con la defensa del territorio nacional, para eso están los soldados (también llamados colimbas), que no son militares.
Clarín, Multimedios: multimedios publicitario y pseudo periodístico que posee varios partidos políticos. Sus lectores, espectadores y suscriptores suelen ser señalados como militantes políticos de la oposición (véase). Entre sus esfuerzos principales está el servir de campana de silencio de toda información pública y judicial sobre los datos filiatorios de los hijos adoptivos de su directora como así también la adquisición de la única planta de papel para diarios de la Argentina (véase) y darle trabajo a Marcelo Bonelli (véase), además de indicarle al Gobierno qué debe hacer para no aparecer en su portada.
Kirchnerismo: partido político que integra el Partido Justicialista (creado por Juan Perón -véase-) y el FpV según le convenga y que posee varios medios publicitarios y pseudo periodísticos. Sus adherentes son los principales consumidores de esos medios, por lo que más que militantes políticos suelen ser confundidos con suscriptores. Son los apóstoles del "Proyecto Nacional y Popular" (véase). Sus esfuerzos más importantes son decir que está todo bien, encontrarle facetas izquierdistas a Hugo Moyano (véase), decir  que existe "dispersión de precios" o "sensación de inseguridad" y en evitar darse cuenta que Juan Pablo Feinmann está más loco que un plumero.
Moreno, Guillermo: fiel guardían cuyo celo casi religioso mantiene absolutamente incólumes las estadísticas oficiales sobre la economía, las cuales obedecen rigurosos parámetros de subordinación a las necesidades oficiales. "Si la economía va bien, ¿para qué saber cuánto de bien?", es su frase de cabecera.
Bonelli, Marcelo: pediodista político agentino, conocido por sus incisisívas elucrubaciones acerca de los recuevecos del proder medriático e político. Su tarea en Clarín (véase) es pordigiosa, llegando a estar siempre en algún medio del holdring en cualquier momento de las 26 horas del día y de la noche. Por las mañanas suele utilizar una tarductoda que intenta acercar sus agudas intrevenciones al respectable pucblico.
Bierce, Ambrose Gwinett: escritor estadounidense nacido en 1842, autor del famoso librito "Diccionario del Diablo", cuya muerte no ha sido registrada aún y que si hubiera vivido en la Argentina hubiese escrito sesenta tomos con actualización anual.

25 febrero 2011

¡Mirá mamá, tengo un troll!

Algo que intenté desde el principio de este blog es evitar al anónimo firmador compulsivo en disidencia, típico merodeador de cuanto tema controversial haya en Internet, que no sólo está en franca oposición con lo que se dice (lo cual me parece perfecto) sino que se indigna porque alguien osa emitir su juicio. Dejé de participar en foros o canales de chat o similares por esto mismo.
No me molesta el debate, saben quiénes me conocen que con cuatro botellas de vino te doy la lata hasta que salga el sol (acá mismo tengo unos cuantos que no pueden desmentirme); me encanta conocer otros puntos de vista que no tengo, aunque no los comparta. No se trata de respeto real por la opinión del otro, se trata de curiosidad. Es muy difícil no debatir más que puntos de vista, y por mi natural curioso no puedo evitar tratar de conocer desde dónde ven las cosas los demás. Suelo entrar en debates abstrusos sólo por el placer de ponerme un ratito del lado del otro y ver cómo se ven las cosas. A medida que me hago mayor es una de las pocas herramientas que quedan para ir despegando de los prejuicios de mi juventud o descartando malas experiencias; para aprender o probar mi propio punto de vista.
Del troll lo que no soporto es la impaciencia, los malos modales y el desdén. Podríamos hacer una estadística y demostrar que casi el noventa por ciento del troll de un blog como éste es un snob que rechaza, por definición, toda posibilidad de experimentar por su propios medios los beneficios de forjarse una opinión a fuerza de dilucidarla por sí mismo. El snob es ante todo un wannabe, que asume una postura ajena pero que forma parte de la imagen que tiene de sí y que pretende que vean los demás. Un troll que no es snob es un hoygan, apenas se diferencia del snob en la insistencia y en que no lee mucho pero igual sabe de todo, pero no suele ser el troll que uno espera por acá; esos Hoygans tan pintorescos. Muchos snobs cargan con una dosis importante de desdén, su fina ironía (esa que creen que aprendieron de leer a Dorothy Parker) les hace creer que están por encima de todo y ni se molestan en contestar). Un troll snob sólo reconoce como par a dioses indiscutibles (por lo menos, dentro de su panteón, está claro), que por lo general huirían desaforados de cualquier debate con estos especímenes. El troll snob típico le explicará a Flaubert quién es Madame Bovary.

Hace unos días me apareció un troll justo acá (muy snob, para colmo): se queja de casi todo, se indigna, se da la razón en una firma y se contradice dos posts después. Es notable, hasta intuyo sus suspiros y revoleo de ojos. En el post del Arquero Tehuelche entró en erupción, se brotó y finalmente amenazó con desaparecer, como si existiera realmente para el resto de los escasos lectores de este blog. Es por eso que me permito hablar de él acá, porque sé que ya no me lee y que no volverá. Quiero escribir a sus espaldas (que es algo que venía haciendo incluso cuando no existía Internet) y aprovecharme de su ausencia -y de la paciencia de los que me leen.
Como con todo buen snob, el prejuicio del troll va adelante. Asumirse snob iría en contra de su materia, que es opinar pretendiendo que la suya no es una cosmogonía falible. Por ejemplo, el tipo (asumo mentalmente que es mujer, no sé por qué, pero sigo en masculino porque me es menos ridículo que hacer la salvedad porque no conozco fehacientemente su género) me manda a leer, sin conocerme claro, sobre todo "en mi vida adulta". En fin, no me dice nada que no sepa: tendré que leer más, es algo que siempre me digo.

Dejando claro que él lee (aplausos), no parece entender que su anonimidad me impide saber quién es, verificar si es creíble -tantas cosas-, pero él dice que lee y basta.
Lo hará mucho, pero no se lee propiamente: parece no importarle perorar sobre mis gerundios -en un comentario que escribo entre dos tareas que me dejan un respiro- sin poner un acento y sin comprender cómo se anidan correctamente las oraciones subordinadas, por sólo mencionar rápidamente sus problemas más evidentes. En la lógica no le va mejor (supongo que es parte del snobismo; le impide hacer el esfuerzo -porque no lo valgo- de ordenar su escritura para ordenar su pensamiento).
Con esfuerzo y siendo bastante benévolo, entiendo -algunas veces mejor que otras- qué quiere decir. Como dije, me interesa ver desde su punto de vista, no el mío, Lamentablemente, suele ser una opinión calenturienta de una persona "que lo sabe todo" de oídas (o leídas) y que está llena de lugares comunes y con ninguna opinión formada de propio.
La discusión derivó en que no hay que matar a Europa porque Europa es Chesterton (y otros muy elogiables) y América es Vargas Llosa (y otros menos elogiables, entre otros Pito Fáez, Mercedes Sosa, Charly García, etc.).
¿Chesterton versus Vargas Llosa?. Tomemos el punto de vista de este muchacho, me dije. Resulta que me acusa de que lo tildo de snob por "preferir la ironia y el talento de Chesterton sobre la mediocridad dolorosa de Vargas Llosa". Es por mucho más, poco estimado troll, pero también debo decir que si bien la obra de Vargas Llosa me resulta bastante aburrida, tiene sus puntos altos, como todos. Por otro lado, acepto que no me guste y que a otros sí, hasta el punto de llenarlo de premios. Por lo general, opino que soy bastante particular y que no me guste Vargas Llosa cuando todo el mundo lo premia, habla más de esas peculiaridades mías que del escritor peruano devenido español. A Vargas Llosa no seré yo quien lo defienda, no es santo de mi devoción, como casi ninguno de los que nombra como oposición a sus luces europeas. Lejos de mí.
No tengo que confundirme, me dice, lo comparable entre ambos escritores es ¿la calidad de católico de Chesterton versus lo "laureado" de Vargas Llosa?. Por supuesto, haciendo el esfuerzo de entender su pensamiento, que de tan lateral es oblicuo: imagino que se refiere a que Chesterton fue poco reconocido y que Vargos Llosa es una especie de impostor imperdonable. Ni lo uno ni lo otro, en términos reales.
Sigamos viendo el mundo desde la perspectiva de este tipo: sobre Chesterton en general puedo decir que su calidad de católico en particular (para seguirle la corriente) me irrita: terminó convirtiéndose como una vieja miedosa por oposición a lo malo no ya del mundo real, sino de una creencia patológica en un submundo terrible y como salvoconducto. No se convirtió al cristianismo como a una búsqueda de lo positivo per se. Un cagón, bah.
A otro escritor le pasó algo similar: Anne Rice dejó los vampiros y otros yuyos para volverse acérrima cristiana, por lo que queda demostrado que el talento para escribir no tiene nada que ver con la revelación divina ni la salvación del alma. Sólo se necesita, en estos dos casos, ser un timorato, creer en los demonios como condición previa y escandalizarse porque los demás no creen en eso que para ellos es evidente. Con fino humor inglés, claro, en el caso de Chesterton.
Primera coincidencia, tanto Vargas Llosa como Chesterton son dos apóstatas que, como buenos conversos, se hicieron fanáticos hasta la exasperación. Mi exasperación.

En mi acotada lectura de Chesterton: me resultó algo aburrido su afamado Padre Brown, como así también cierto antirracionalismo, patente en sus obras breves (no puedo hablar de su poesía ni sus ensayos, porque no los leí) que también encontré en algunos latinoamericanistas que -oh, paradoja- menciona en oposición. No le quito mérito a su escritura pero me aburre su misticismo cagón; para eso hubiese escrito como Poe (es americano, perdón) o como Lovecraft (otro americano).
Dicho esto, que le guste Chesterton o no, es cosa suya; yo no lo usaría como el epítome de todo lo bueno europeo. Hasta Conan Doyle me cae mejor. Es más, debe haber más de diez escritores de detectives que son peores que Chesterton cuyas historias me resultan más interesantes.
Fuera de concurso y porque me viene a la mente: por el lado de los místicos: G. K. Chesterton, C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien, aparte de tener iniciales por nombres como marca de fábrica, me caen insoportablemente mal precisamente por esa necesidad de trascenderse de lo real (otra vez, pontificando las más de las veces) y maravillados de la existencia de la Divina Providencia; boludez que no está muy lejos del realismo mágico de Vargas Llosa o García Márquez.
Otro problema del troll: si reconoce un error (en este caso, mencionar a Páez) ¿no debería reconocer que toda la discusión posterior que nace de ahí está viciada de ese mismo error?.
En algún momento malentendí (todo no puedo) su mención a Borges, que es tan de snob que me excuso de analizarla. Sólo agrego que mencionar a Borges en una discusión es casi lo mismo que mencionar a Hitler, algo que hice antes esperando que terminara la estúpida discusión obedeciendo a Godwin, sin caer en la cuenta que Hitler-Borges anulan su efecto. Es una nuevo corolario de Godwin que tengo que desarrollar (y publicar en Wikipedia, que es a lo máximo que puedo aspirar).

Hacemos un trato: yo asumo mi palurdez y los trolls de este blog  se asumen snobs.
¿Dónde firmo?

09 febrero 2011

Hagamos un ejército de esclavos liberados y matemos a Europa (*).

No sé qué me molesta más, si la ofendida indignación de los consumidores citadinos que se escandalizan porque empresas como Nidera o Cargill o Agropecuaria Pablito esclavizan a sus trabajadores -mientras siguen comprando sus productos- o que los políticos de turno (en este caso, Ricardo Etchegaray y sus jefes) de repente actúen ante este delito como si recién se desayunaran.
Por cuestiones laborales estuve vinculado al trabajo agrícola desde bastante chico. Vivir en el interior, en un pueblito, implica estar en contacto con diversos aspectos del rubro; de una manera u otra siempre se termina cobrando en "sojadólares" por más que este Gobierno se golpee el pecho (con la misma mano que llena sus alforjas con las retenciones y otros impuestos). Inevitable es, entonces, para un curioso como yo, meter la nariz en la parte que nadie quiere mirar.
En mis años mozos me tocó visitar un campo en las afueras de una ciudad conocida por el cultivo de la papa, campo recientemente ganado al monte y volcado rápidamente al cultivo del tubérculo. Estaban presentes las máximas autoridades de dos provincias, admirando cómo la energía eléctrica llevaba progreso (en realidad, permitía sacar agua por bombeo de un acuífero subterráneo, del que algún día hablaré, para regar) a esos campos olvidados por peridesérticos. Mientras ellos se aplaudían las espaldas, satisfechos, descubrí de cerca a la gente que trabajaba en la cosecha, detrás de la cosechadora que, implacable, trabajaba dieciocho horas diarias. Hombres, mujeres y niños, familias enteras, agachadas escarbando del suelo y levantando lo que la máquina apenas aflojaba y dejaba desparramado por todos lados. Negros de tierra de pies a cabeza, corriendo y con la vista fija en el rastro del tractor. En aquel lugar no había obradores porque era gente de la zona, cuadrillas fijas de pobladores cercanos, con algún familiar que venía de lejos aprovechando la temporada, y quienes vivían en sus propias casuchas, ranchos para más datos. Esos ranchos que conocemos todos -incluso que también conoce el Gobierno y por los cuales calla vergonzosamente.
Años después, otro vaivén laboral me llevó de visita a una finca en pleno proceso de desmonte, en cierta provincia norteña conocida por sus montañas, los ponchos, la muerte de una adolescente y la permanencia en el poder de sus gobernantes. Eran dos campos dedicados a los olivares, uno listo para ser cosechado, el otro -mucho más grande- todavía monte cerrado con apenas una picada para entrarle a las entrañas, en el que un claro servía de recuadro irregular a un conjunto de casuchas miserables de nylon, cartón y madera de cajones de fruta. Albergaba el "campamento" a dos familias (los "caseros", les llamaban), quienes vivían como indios, a menos de 30 km. de una capital provincial. Como el "encargado" no llegaba y debíamos esperarlo, me puse a conversar con estos caseros: habían ido allí en busca de una oportunidad, una familia era de Santa Fe, la otra de Tucumán. Les habían prometido vivienda, sueldo, transporte para la escuela de los chicos y otros beneficios. Se habían encontrado con que dichas condiciones serían dadas (algunas) en una "etapa más avanzada del proyecto". Mientras, la miseria. A hacer la Argentina.
Cuando llegó el encargado, sacó una caja llena de "mercadería" (perdón el uso de las comillas, pero todo es eufemístico en estas condiciones infrahumanas) de la caja de la 4x4 y en un formulario hizo firmar a ambas madres ("en nombre del titular" les hacían consignar). Ambas eran notablemente analfabetas, así que dicha enmienda era más simbólica que otra cosa. Después de algunas tibias protestas por lo incompleto del avituallamiento, pues le habían dado una lista detallada entre la que había carne además de otras cosas ausentes que habían sido omitidas porque el señor "encargado" (quien en realidad les estaba vendiendo a cuenta de futuros sueldos) decidía qué era indispensable y qué no. Por supuesto, los "precios" del señor encargado y la calidad de la mercadería también estaban a su arbitrio.
Algo después, malhumorado por los planteos vehementes y maldiciendo a "estos que se creen que viven en Miami", nos mostró el "emprendimiento" o "el proyecto", como indistintamente nombraba a ambos campos linderos, repitiendo con algún sarcasmo la verba de sus empleadores. Nos explicó someros pormenores de la explotación -que no debíamos repetir. Los olivares llevan mucha inversión inicial y los primeros años no tienen retorno económico alguno, por lo que traen gente para que haga tareas varias como alambrar, apilar leña, limpiar surcos, poner boyeros, etc.. Para cuando todo está amortizado y se hicieron hasta los chalecitos para los agrónomos que gerenciarán esos campos (empleados también, por supuesto), los "caseros" ya cambiaron cinco veces, hartos de promesas que no se cumplen o quienes, simplemente, se ha despedido porque ya no son necesarios.
Cuando me fui, espantado, resolví no entrar en tratos con esa gente. Macanudos sus ejecutivos, mis posibles contratantes -lo juro, piolísimos sentados en un bar del centro, risueños con su ropa de El Cardón y Kevingston- pero eso no era para mí.
Por último, una excepción: hace pocos años me contactó un amigo que trabajaba para una agroindustria. A medida que fui conociendo la empresa vi cómo funcionan las cosas cuando realmente hay empresarios buena leche (la RSE de las empresas es un verso: están para ganar dinero, nada más; los que tienen conciencia social son las personas que deciden cómo ganarlo). No había "puestos" ni "campamentos", como se les llama a los ranchos, se invitaba a los trabajadores rurales a especializarse, a radicarse en la zona y se les proveía de todo lo que una empresa puede facilitar para que construyeran sus viviendas, sin gitaneadas, mexicaneadas ni, sobre todo, argentinadas. Un punto que me pareció polémico era que los terrenos seguían siendo de la empresa hasta acumulada determinada antigüedad, pero me explicaron que habían tenido que hacerlo por malas experiencias mutuas anteriores. A expensas de este trabajo, que a la empresa no le significaba costos excesivos y que, a lo sumo, ocasionaba no más de uno o dos dolores de cabeza por lustro -nada que un empresario dinámico y pujante no pueda resolver- se estaba forjando un poblado de casitas de material.
Trabajando con ellos, pude ver cómo era el trabajo en otras empresas colegas, confirmando mi impresión anterior. Ahí constaté que los organismos de control, estatales o sindicales, por lo menos en las ciudades y pueblos del interior que visité, conocían esta situación y era totalmente aceptada. Encontrar estos campos es fácil, muy fácil, aún para un funcionario flojo de Capital Federal que sólo tenga que hacer su trabajo a reglamento detrás de un escritorio: Google Earth, acceso a la base de datos del RENAPER, un listado por región fiscal de empresas agropecuarias, un listado de trabajadores rurales registrados, un teléfono y una impresora para imprimir e ir marcando las empresas que no tienen a sus trabajadores registrados, o las que los tienen registrados con domicilio en otras jurisdicciones (por lo tanto, no moran en la región y están en peligro de ser esclavizados). Después, sí: oficios e instrucciones para todos los que sean necesario apersonar en cada establecimiento, con fiscales, agentes de justicia, agentes impositivos, sindicales, y hasta los que llame Pekerman.
Por ejemplo, agarran la ruta 33 o la 38, en el Valle Central de Catamarca, y van tranquera por tranquera, según el mapa del Earth marcado con fibrón grueso.
Después me cuentan.

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* En el próximo post, la razón de este título.

03 enero 2011

El fin del periodismo es el fin de la política.

Porque ambos fenómenos van de la mano:
  • los políticos hacen editoriales y los medios dictan agenda;
  • los periodistas abandonan el rigor periodístico en bien del operativo de prensa de turno y los políticos negocian sus principios o promesas por medir mejor ante la opinión pública;
  • para ambos "lagente" es una masa que vota o lee o escucha o mira o va a actos o se consuela o teme o consume o padece al periodismo o a los políticos, según corresponda y convenga;
  • anunciar dos o tres veces la misma obra en cinco años o pronosticar cada seis meses que todo está mal y se va a poner peor es un recurso paralelo que tiene la misma pregunta origen: "¿Cuánto hace que no mencionamos XXXX?";
  • para uno 350.000 netbooks son "tres millones" y para el otro publicar ciento quince veces por semana el mismo caso de inseguridad es una "tendencia firme";
  • los dos utilizan palabras significantes, enfáticas y vehementes, llenas de "derecho", "respeto", "legalidad", "democracia", "libertad", para esconder lo más oscuro de sus recónditos negocios;
  • los políticos sueñan con prensa dócil cuando no adicta y la prensa con políticos permeables a las noticias de tapa o a las llamadas al orden;
  • los políticos describen la realidad como si no tuvieran nada que ver con su evolución y el periodismo intenta torcerla a su gusto;
  • el Gobierno germina medios como geranios y la prensa tiene almácigos llenos de políticos mide/no mide;
  • sostienen impresentables del otro bando con la condición de que digan lo que les mandan decir como Carrió y Barone;
  • el Gobierno apadrina a una cantidad enorme de periodistas deportivos para que, entre otras cosas, hablen bien del Gobierno; y los medios cooptan a la mayoría de los periodistas políticos para criticar cosas como "el fútbol para todos" o la AFA;
  • si un juez se dejara llevar por las acusaciones, Morales Solá y Moreno compartirían celda;
  • los dos saben qué tiene que hacer el otro, con un grado de certeza tal que invita a que intercambien roles de una vez;
  • nos toman por estúpidos, ambos;
  • nos tienen los huevos al plato, ambos.
Y el 2011 va a ser peor. 

09 septiembre 2010

Movimiento, pragmatismo y fusilamientos.

Son tiempos preelectorales y los políticos andan calculadora en mano, índice negativo en el bolsillo y panfleteando con el positivo todos los rincones. Es decir, el hormiguero está convulsionado y los osos están a la vera relamiéndose, esperando que las estúpidas hormigas -nosotros- vayan a sus pegajosas bocas. Se ubican en los lugares que creen más prudentes -estas hormigas se manducaron a más de un oso hormiguero demasiado confiado- y se salivan con deleite; pero cuando se tiene hambre la espera desespera y muchos ya están haciendo la digestión a cuenta y con los jugos gástricos sin usar.
Es difícil incluso para el hormigón que esto escribe: yo mismo no sé dónde estoy. En realidad, no es que yo no sepa en qué lugar de la política me ubico, porque es donde siempre estuve. Pero el marco de referencia se mueve de continuo y, por ese mismo movimiento, ya no sirve como referencia, apenas como marco, de donde se deduce que el mojón soy yo, no los demás. Soy el metro patrón de la política; por lo menos, de la política que me concierne. Y no está mal, ahí quiero estar, pero no es fácil.
La dificultad radica en que todavía nos abruman, a los argentinos, tres situaciones contrapuestas:

  1. El movimientismo cada vez más difuso que llena los discursos de los políticos y sus rémoras: los K. "nac&pop"; los "peronismos" varios, la "oposición" a la que aluden, desconcertados pero disimulando, los medios o su otro clásico, lagente; "el campo" que está lejos y se menciona con un pequeño productor rural en mente pero que significa realmente un terrateniente urbano ávido de divisas; y un largo etcétera a gusto de quien le convenga. 
  2. El pragmatismo traidor que heredamos de Méndez y que nos obliga a hacer fintas con las definiciones, a ejercitar la dialéctica contradictoria o el doblepensar orwelliano; que permite borrar con el codo lo que escribimos con la mano, a hacer lo que haya que hacer con tal de (ponga aquí un fin inconfesable pero que tiene algún eufemismo políticamente correcto).
  3. El fusilamiento habitual de los testarudos cuando los cambios de rumbo desconciertan al ganado. Entre el zurdaje vernáculo la aplicación de este principio estalinista trata al compañero que piensa más o menos radicalmente que uno peor que al enemigo porque le hace el juego, como si mermar las propias filas no sea el peor juego que se le pueda hacer.

Es decir: los líderes definen ciertas ideas, alianzas o convenios, luego los traicionan pragmáticamente y por último nos acusan a nosotros de traidores o de quedarnos en el '45.
No nos extrañe, históricamente casi siempre fue así: la Revolución Francesa terminó con Napoleón de Emperador y los jacobinos que habían guillotinado al Rey y su corte, guillotinados también, por ejemplo. La diferencia, y esto es fundamental, es que acá no hubo ninguna revolución, apenas cíclicamente un montón de burócratas defienden su posición de otro montón de ambiciosos que consideran advenedizos.
Ellos permanecen redibujándose todo el tiempo, siempre, y los confundidos somos nosotros que les prestamos atención, la carne de cañón, el relleno de sus "movimientos": "lagente", "el pueblo", "Doña Rosa". Por eso, lo mejor es no moverse, hacer nuestro propio metro cuadrado político y ver que tarde o temprano Macri, Pando, Solanas, Sabatella o Kirchner van a llamarte correligionario o compañero sin que te muevas de ahí. Mientras, los otros cuatro te tratarán de veleta. Qué le vas a hacer, todo sea por tu salud mental y política. Un día un amigo me dijo: "yo nunca me alejé de la izquierda, ella se alejó de mí".
Darás algunas explicaciones, eso es inevitable, pero te vas a mirar al espejo tranquilo. Y quizá un día los quietos seamos mayoría y hagamos que los charlatanes de feria vayan a bailar a lo de Tinelli, donde deberían estar.

24 agosto 2010

Círculo de confianza.

A los amigos.
Hace un par de semanas, a raíz de cierto post, algunas personas me preguntaron personalmente qué había pasado y qué alcances tenía mi hartazgo. Analizando hoy, al calor de lo sucedido estos últimos días, puedo hacer una evaluación de daños y controlarlos. Barajar y dar de nuevo.
Pero no voy a abrumarlo, estimado y sufrido lector, con un inventario de dolores y ayes, por lo menos no en este post. Voy a dejar constancia de algo que descubrí recientemente y que usted dirá "chocolate por la noticia".
Bueno, parte de lo que me pasa me pasa porque quiero mucho a mis amigos, los estimo, los admiro... y los extraño. Tengo un grupo de amigos enormemente heterogéneo, pues soy una persona amigable, aunque no parezca. No soy un snob elitista, muchas veces me caen simpáticas personas totalmente opuestas a mi concepción de la vida, y puedo ser de lo más tolerante con los defectos de los demás con la única condición de que no me obliguen a ignorarlos. Para mí el amigo perfecto no es el amigo sin defectos, sino el amigo que los asume con franqueza, por lo menos conmigo, y es capaz de tener cierta intimidad -la que permiten las formas, que para las que no se permiten ya tengo con quien entretenerme. Y una vez logrado el clima, normalmente ellos o yo tenemos que atender nuestras respectivas vidas y perdemos una oportunidad tras otra de encontrarnos, de confesarnos y de aconsejarnos. Y no me vengan con mails, facebook o MSN. Hablo de ponerle la mano en el hombro, de mirar a los ojos, de reír con la risa del otro, esas cosas pavas que pasan cuando dos personas convergentes se encuentran, valga la redundancia que no lo es.
Sin embargo, no todas las personas que me cuentan sus cuitas son mis amigos, ni todas las que no me las cuentan son rechazados. Hay matices, sobre todo siendo yo una persona que tiene el don de provocar ciertas confesiones, don que heredé de mi viejo, ambos inexplicables poseedores.
Hay gente que aprendí a estimar, a tenerle respeto, a mirarla con admiración, sólo por cómo hace las cosas tan diferentes a como yo las haría. Con esta capacidad he podido entender y trabar amistad con gente de otras edades, otras culturas, otras creencias religiosas. Una amistad a veces pobre, a veces rica, todo dependiendo de nosotros, los quiénes.
Un amigo es.
Si tengo que admitir que la primera herramienta de la amistad es el lenguaje, también debo decir que es la más peligrosa. Está lleno de imprecisiones, de enunciados incompletos, de párrafos interminables asumidos en un solo segundo de silencio, tan escueto e insuficiente como verborrágico y pletórico de equívocos.
Nuestros próximos hablan y nos escuchan, y es notable que con esos galimatías se construyan puentes de confianza. Más probablemente quien hable sea nuestro lado oscuro; miedos, vilezas y egoísmos, convenientemente edulcorados con un simpático pudor y acorazados en una bonita gragea de urbanidad.
Hablamos más allá de lo que decimos, cuando criticamos a uno que no está, cuando envidiamos al otro, cuando odiamos en secreto, cuando atormentamos al débil, cuando nos aprovechamos simplemente porque podemos, cuando somos injustos midiendo la paja en el ojo ajeno. Hablamos hasta cuando callamos, por ejemplo, una injusticia. Hablamos siempre, incluso cuando decimos otra cosa, cuando nos declaramos buenos, limpios y gentiles.
No somos más que víctimas de esas primeras impresiones. Una vez que decidimos que podemos convivir con ese guiñapo de defectos que se nos presenta con su balbuceo titubeante o su perorata pagada de sí misma, caemos rendidos, subyugados. Después de construir el puente, sólo nos queda cruzarlo, de ida y vuelta, ambos. Y después poco importa: los buenos amigos lo son en las buenas y en las malas.
Por eso es tan importante para mí que la gente que aprecio sepa por qué la aprecio, y que también sepa qué cosas he soslayado o estoy dispuesto a tolerar para tenerla en valor. La neurosis para los demás, para los amigos, lo que nosotros somos: dos basuritas intentando que los defectos no sobrepasen nuestras pocas virtudes.
No quiero ser más tu amigo.
Por otro lado, una gran parte de este mundo no busca amigos, busca aliados o cómplices, tener el consuelo de no ser él único que se queda afuera, encontrar posibles cabezas de turco para negociar o simples plebeyos o ciegos sobre los que reinar o soberanos que les brinden protección y fortuna. Es decir, más que amigos son conspiradores. Suelen necesitar antagonistas para formar una relación, como la Alianza contra Méndez. Librados a sí mismos y sin un catalítico serían totalmente indiferentes entre sí, a veces porque son tan iguales que se verían como competencia. No me interesan esas amistades y suelo espantarme cuando encuentro seres que intentan coagular una hermandad de cagados a palos.
Me pasa a menudo, también, porque soy jetón, mal encarado y suelo decir exactamente lo que pienso, que algunos crean que tengo por oficio ser portavoz de sus conveniencias. Es más, hay quienes creen que por eso debo enarbolar alguna bandera inclaudicable, por supuesto, mientras ellos se acomodan lo más a la retaguardia que pueden (esto no es más que la democracia, una tracalada de cobardes imponiendo sus anhelos a un jetón que, más tarde o más temprano, se aviva o se harta y los rodea de bayonetas y/o les pone bozal y/o los droga para que dejen de pedir lo que no están dispuestos a pagar con esfuerzo; pero es otro tema).
La única conspiración que me atrevo a sostener, por lo menos mientras mi inocencia me lo permita, es la de los hombres buenos -nunca la de los perfectos.

04 agosto 2010

El Enemigo Público Número Uno.

Como cumplo años el 19 de julio me regalaron Todo o Nada, el libro sobre Mario Roberto "Robi" Santucho que escribiera María Seoane (Santucho murió ese día). Quedé muy impresionado, y no porque no conociera al personaje, sino por la confirmación del escenario trágico, que lo envolvía como un plató portátil. Porque Santucho fue muchas cosas pero, sobre todo, trágico. Muchas otras cosas fue "el Robi", en su posición de líder ideológico y militar, y que pueden considerarse verdaderos defectos: voluntarista, idealista romántico, políticamente estrecho y, también quizá, militarista exagerado; pero eso depende bastante del diario del lunes y de la constancia que tenemos de su fracaso.
Según lo percibo, su tragedia no lo fue tanto por las desgracias ocurridas en su entorno, incluso el personal (varios familiares, incluyendo hermanos, su esposa y otros seres queridos fueron asesinados o, en muchos casos, previamente torturados y desaparecidos) sino porque Santucho, a diferencia de Videla, a quien los imbéciles de los dos demonios intentan contraponer, sí se hizo cargo -a su manera, dentro de los parámetros de un hombre convencido de la lucha revolucionaria- de sus errores aunque imagino que jamás se arrepintió de ellos. Santucho era parco e inescrutable, se había conferido una especie de distancia emocional de todo, pero quienes lo conocieron sabían muy bien qué nubes negras pasaban por su cabeza cuando, por ejemplo, le comunicaron la muerte de la "Sayo", su mujer; o cuando se enteró por los medios el resultado final del ataque al Arsenal Domingo Viejo Bueno.
Conforme se iba haciendo más grande -hay que recordar que apenas tenía veintipico de años cuando empezó su verdadera militancia revolucionaria en Tucumán y que murió sin cumplir cuarenta- tuvo que negociar con sus errores y los de sus lugartenientes, algo que se entiende mejor si uno repara en que esas negociaciones fueron esfuerzos colosales de neurosis que intentaban conjurar una realidad que había analizado y que le era insoportable: la sumisión de la clase trabajadora, la complicidad sindical y del peronismo ortodoxo, los defectos de la democracia formal, el capitalismo cipayo, la traición a la Patria arraigada de los que eran responsables de sus armas, la inmovilidad de las masas y un largo etcétera.
Hay que tener en cuenta que la única salida para Santucho era la "fuga hacia adelante", la profundización en el camino elegido, el pisar las pocas baldosas que todavía parecían firmes. Dicen que sus últimos años, sobre todo desde el fracaso en el monte tucumano, se volvió cada vez más taciturno, sobre todo cuando sus compañeros le prohibieron que arriesgara su vida, lo que le era casi intolerable. Santucho hubiese querido morir por cada compañero o civil muerto por una decisión suya (fue notable la fiereza con que se enfrentó a Irurzún y Gostanián Merlo por la desmedida violencia de ambos, llegando a separar al segundo definitivamente del cuadro de mando del ERP). A diferencia del infame Videla y la gran mayoría de sus subordinados*, Santucho quería poner entre sus ideas y las balas su propio pecho, no era ni cobarde ni pusilánime. No olvidar que tanto él como sus lugartenientes han sido muertos casi todos, mientras que los otros actores, por ejemplo, se salvaron para otra guerra que nunca llegó ni va a llegar.
Leyendo sus escritos uno tiene claro que Santucho era un meditador, uno de esos mujiks, al decir de Dostoievsky, que luego de una profunda ensoñación despiertan e incendian su aldea o parten en peregrinación (se puede decir que hizo las dos cosas). Es notable, cuando se lo lee, su concienzuda y categórica definición de cada detalle (muchas de esas definiciones son muletillas hoy en día de todas las organizaciones de izquierda, incluso parte de esa mecánica definitoria fue robada por la impresentable Elisa Carrió, aunque más oralmente y con casi nula reflexión).
Quizá haya que afinar mucho el tamiz para encontrar las maneras en que Santucho era Santucho. Dice Luis Mattini que era el que era "porque era el único que podía actuar pese a todo". Y ese "pese a todo", eran también sus errores.
Con todo esto, y que quede claro, mi imagen de Santucho sigue siendo incompleta y bastante crítica, sobre todo porque no soy ni marxista ni trotkista ni mucho menos, pero como obsesivo de las cosas que nos pasaron, advierto que Santucho todavía sigue siendo mala palabra para casi todos. Una amiga dice que el culto al Che Guevara es una maniobra colonialista para distraernos de otros héroes, como Fidel que, vivito y coleando, es mucho más peligroso como líder icónico de la juventud. De Guevara la mayoría tiene una imagen romántica e incompleta, a fuer de que "murió por sus ideas" lo cual es una amenaza por sostener ideas peligrosas y una acusación de defección para Castro al mismo tiempo.
El Che es argentino, sí, pero el Che que quiso hacer lo mismo en Argentina fue Mario Roberto Santucho. No me imagino un tatuaje suyo en el hombro de un futbolista famoso, pero les aseguro que sentiría mucho más respeto por él. Siento menos respeto todavía por otros tatuajes y homenajes fatuos**.

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(*) Los milicos argentinos son hijos de una larga tradición de quitarle el cuerpo a las situaciones en las que no hay una clara ventaja a su favor, con Lavalle como primer general y cuyo epítome fue Caseros, Para algunos, es digno del Sun Tzu. Para mí es que siempre fueron cagones y eso explica la saña con la que trataron el cadáver de Santucho cuando lo mataron. El coronel que comandaba la partida que lo encontró no sabía que estaba ahí, de lo contrario hubiesen ido 100 efectivos por cada guerrillero detectado (para algunos eso excusa a Montoneros de la acusación de entregar a Santucho, aunque no despeja las dudas de por qué no levantaron las citas previas al acuerdo del OLA, cuando sabían que en la otra punta de ese cabo suelto estaba nada más ni nada menos que Santucho).

(**) Si se ponen a pensar, los medios se parecen mucho: tienen en pantalla, todo el tiempo, entidades controvertidas, con mucho poder económico, que tienen su público cautivo, caen permanentemente en la frivolidad o en la chicana y sus actos mediáticos son más para los detractores que para los fieles. Fort, el Gobierno y Ernestina de Noble tienen en común muchas cosas. Por ejemplo, sus exégetas deberían sentir la misma vergüenza por el daño que se hacen y le hacen al país. Digo esto porque levantar la vista del libro y reparar en la televisión y su contenido fue bastante complicado.


07 julio 2010

Duerme, torturador.

Si hay algo que reconocerle a la locura es que exige una dedicación exclusiva y una concentración de energías que la denuncian. No se puede ser loco a tiempo parcial, generalmente los famosos "locos" de la historia no lo estaban ni un poquito -podríamos reconocerles alguna bipolaridad a varios, pero está tan de moda la acusación que mejor sería si la obviáramos- y es fácil reconocer la nolocura porque no se va por las ramas, sino que es un acting calculado, a fuer de patético cuando es un truco evidente. Un loco es un loco aún en contra de sí mismo y, aunque sea putativamente, en contra de los demás. Por eso los encerramos.
Bueno, el torturador dictador genocida Jorge Rafael Videla no está loco. Su caso es de estudio: permaneció en silencio casi siempre, y cuando habló lo hizo en los mismo términos, respondiendo a una estrategia trazada en los últimos días del gobierno de Isabel, en el que su psique retorcida debió pergeñar una excusa -válida sólo para un psicópata como él- para que su corazón religioso no sintiera entonces mismo el calorcito de las llamas del Infierno (el cual, de existir, tendría una definición íntimamente ligada a su vida criminal: el Infierno existe para recibir, precisamente, a monstruos como Jorge Rafael Videla) y le permitiera conducir la matanza indiscriminada de personas que, aquella temporada primavera-verano 75-76, diseñaron él y sus cómplices. Retocó un poco la estrategia cuando vio que no había gloria y le esperaba la cárcel, pero sólo incluyó la petición de ser juzgado por iguales.
Lo que sí le cabe a Videla, como unas generales de la ley humanas, es la neurosis. La neurosis puede fingirse y también exige energía. Una energía que se regula, pero que no está a veces en nuestro arbitrio su total control. Podemos parecer circunspectos ante las cámaras, podemos decidir empastillarnos para asistir a nuestro propio juicio, pero lo que no podemos es contar siempre con la fuerza para sostener nuestras neurosis.
Algo hay que reconocerle a la estrategia de Videla, retirado de las cámaras todo lo que pudo, los esfuerzos a los que se ha visto sometido para sostener sus mentiras han sido bastante intensos pero muy salteados. La "firme convicción" de la que siempre habla, y que es un lugar común del lenguaje castrense, estuvo sustentada por largos períodos en la oscuridad, dentro de la ratonera en la que lo imagino, incluso cuando Méndez nos metió presos a todos y soltó a los criminales. Sin embargo, la vejez hace que los esfuerzos, incluso los modestos, se vuelvan cada vez más difíciles y se plantee alguna tregua, ahora que él y sus cómplices tienen que responder a la justicia ordinaria por crímenes ordinarios casi de continuo.
Dormirse en los juicios, sí, pero también rogar por reivindicaciones y treguas entre babas, tubos de oxígeno y llantos seniles son la realidad y el futuro que más inquietan a un tipo como Videla, y justo delante de las cámaras. Él, que cedió el cargo de Presidente a Viola para preparar su entrada en el panteón histórico y liderar la vuelta del país al Hemisferio Occidental y Cristiano, regido por la ley y el orden, revalidado por la serena sabiduría popular en las urnas; en su carácter de santo mártir, digno sucesor de San Martín, y que supiera sacrificar sus convicciones religiosas en aras de pacificar a la Nación, exterminar al enemigo intestino y traidor a la Patria, coadyuvar a la consolidación de los sectores sanos y alertas de la misma, hacia una paz sostenida y próspera bajo la advocación de María Santísima,¡y terminar entre pañales para adultos, sondas gástricas, escupidas y huevazos!.
Jorge Rafael, yo te conozco: el otro acto reflejo al que te impulsa tu fuerte convicción es a repetir como loro que si tuvieras que hacer todo de nuevo, no dudarías un segundo. Pero yo sé, hociquito de ratón, que no, que hubieras preferido quedarte en los Institutos Militares y solicitar el retiro cuando todo se hubiera ido al carajo, o a lo sumo hubieras aceptado un papel mucho más secundario. Te dejaste convencer por Viola y por Massera, otro que como vos sufre por la falta de mármol, que te doraron la píldora hasta que te tragaste la necesidad de combatir al enemigo tanto en una guerra directa y honorable (que nunca existió) como por las tácticas de la Escuela de las Américas; te dejaste convencer por los patricios hijos de puta de la SRA y de la UIA, que dijeron que tenían todo cocinado para retornar al occidente económico; te dejaste convencer por los políticos y sindicalistas que venían rosqueando desde hacía bastante con ustedes y con la Patria Contratista para encontrarle una "salida digna" al desastre que había hecho Lanusse al obligar al León Herbívoro a asumir después de El Tío y hacer comprender a la izquierda que por las urnas y en paz, después del desastre de El Brujo y la Corista, era posible llegar al poder porque el Sistema se había quedado sin opciones. ¿Quién iba a gobernar, Santucho?, te preguntaron. Te dijeron que tenían un mentor filosófico más que digno en Jaime Peirraux y que una parte importante de la sociedad creía en su visión de unión militar-civil y esperaba por un hombre digno y honrado que la condujera. Hasta te dijeron que les parecía que ese hombre debía llevar un bigote tan viril como el tuyo.
Por eso renunciaste a tu vida casi monacal, pletórica de bailes a colimbas y prácticas de orden cerrado; por eso tu alma reglamentarista y apegada a los recios esquemas militares te hizo el Administrador de la Muerte, el Hombre en el Castillo. Pediste secreto, una Omertá entre iguales, que los iba a proteger. Pediste un 33% por ciento que disolviera tu responsabilidad: todos iban a meter las manos en la mierda. Te dijeron que no debían quedar testigos, que no hubiera presos por indultar en el futuro, que tenía que ser un renacimiento, tabula rasa lista para inscribir los nombres de quienes habían salvado a la Nación. También te dijeron, o te diste cuenta solito, de que lo hacían ustedes, los sagrados oficiales de Caballería, o lo hacía el loquito de Massera, envalentonado al fin por los que suplicaban acabar con Isabel, y tuvieron miedo de que le fuera bien y quedaran mirando el desfile, como quién dice.
Te dijeron que había que contener a los desaforados: Camps, Saint Jean, Bussi y tantos otros, que veían a la Triple A hacer su trabajo, por el que estaban que se salían de la vaina luego de probar la sangre negra que se vertió en las prisiones clandestinas de Tucumán y por el que tanto se habían preparado, listos para eliminar "a los subversivos; después a sus cómplices; luego a sus simpatizantes; por último, a los indiferentes y a los tibios". A los tibios como vos, Jorge Rafael, que prefieren concebir un instrumento de matanza tan remoto que les dé la impresión de no haber sostenido nunca una picana. ¿Tuviste realmente miedo entonces o simplemente lo tuyo fue fría decisión?. Me parece que sopesaste el problema, lo diseccionaste, trazaste un mapa de situación, revisaste tus ansias de trascender esa imagen de pacato ratón de despacho que sabías te endilgaban los hombres de acción que estaban en Tucumán, estudiaste los beneficios de ir de la mano de los patricios que te aceptaban tibiamente pero que no te tenían por un igual, ganaste confianza cuando viste que los políticos te saludaban con deferencia y por sobre todas las cosas, bloqueaste todos y cada uno de los remordimientos que por adelantado se asomaban al verte las manos teñidas de rojo.
Te dijeron que Estados Unidos te apoyaba, porque incluso ellos pensaban, ilusos, que eras un moderado. Que Ford haría vista ciega y oídos sordos. No te dijeron que habría un Carter en tu futuro, no te dijeron que no tenías carisma y que eras un cadáver nonato para la política, que tu verba conceptuosa era una colección rancia de lugares comunes y sin significado real, no te dijeron que Massera iba a conspirar en el extranjero para hacerte quedar como un dictadorucho bananero, cruel, tosco y servil a los intereses del patrón colonial; no te dijeron que todos estaban haciendo un gran negocio personal, desde Martínez de Hoz hasta un joven abogaducho de provincias que iba a cimentar su fortunita con la 1050 y que, después, con el celo de los convertidos, iba a ser tu peor pesadilla.
No, ex dictador soñoliento, no quisiste esto. No planeaste clavarte un somnífero en las futuras audiencias de estos juicios tardíos, ni soportar la vergüenza ajena por los babeos de Bussi ni tener que mirar de soslayo a tus compañeros de oprobio con temor, porque un día quizá la fuerza para sostener la mentira les falte y a uno u otro se le ocurra soltar todo y acabar con tres décadas de mentiras, en un ataque de cobarde dignidad senil.
No, maldito neurótico, no era éste el fin que esperabas. Empezás a impacientarte. Quién te dice si no sos vos el que un día se quiebre.
Ése es tu miedo más grande.
Antaño te deseé la muerte, una muerte fea. Ahora te deseo el terror a la cobardía senil.

07 junio 2010

Chandler y Soriano

"Pero no te preocupes, querida, porque yo solo me siento mal, no tú, duerme, serena y hermosa y no recuerdes y no te mancharé con mi suciedad ni nada se acercará a ti que sea hosco y gris y feo.
Eres una mugre, Wade. Un escritor mugriento que mete tres adjetivos seguidos. Carajo, ni siquiera puedes dar rienda suelta a tu inconsciente sin meter tres adjetivos seguidos."
Este fragmento corresponde a la carta de un escritor alcohólico, afamado especialista en novelitas populares que desahoga su alma durante una borrachera épica en "El largo adiós", una de las novelas más aclamadas de Raymond Chandler.
Bastante más tarde en la misma novela, Marlowe se despide del elusivo Terry Lennox:
“No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final”
Hoy, cierto diario* se hace eco de la reedición de la obra de este autor (que recomiendo sin dudar) y tiene un pequeño aparte para la diferencia en las traducciones de la frase de la que se hizo eco Osvaldo Soriano con su "Triste, solitario y final".
Tiene un poco de razón el autor de la nota; que un traductor de Chandler, a esta altura, no tenga noticias de la obra de Soriano habla bastante mal de su profundidad en la cultura alrededor de P. Marlowe. Y que esa traducción -esto lo digo yo- diga "canas" en vez de "polis" -esos términos a los que nos tenía acostumbrado Bruguera- pretendiendo dar un color argentino a la misma, habla todavía peor del traductor, porque no puede ignorar a Soriano salvo que sea un iconoclasta amigo de Beatriz Sarlo.
Sin embargo, puede pasar que se vea la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio al hablar de esta cita sin adivinar que está especialmente elegida por Soriano porque es una autocrítica de Chandler a su propia escritura, que comete el mismo "error" que Wade doscientas páginas después y con la que el argentino se solidariza.
No soy especialista en Chandler, apenas un aficionado a las novelas policiales bastante reciente pero no pude dejar de emocionarme con este libro, precisamente porque la intertextualidad de Soriano es tal que comienza con la elección del título y un significado mucho más profundo que un "homenaje" a tres adjetivos que no faltarán en cualquier otro libro del maestro.

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* Ya no linkeo a cierto diario que no linkea a nadie, incluso cuando afana abiertamente. Sabrán ustedes disculpar.

04 mayo 2010

Media pila.

Tengo una amiga abogada que es una verdadera garantía a la hora de ganar pleitos. En su provincia natal, donde ejerce, es una especie de Titán de Tribunales al que el más retorcido leguleyo teme enfrentarse. Y se ha conseguido una fama notable en el fuero federal de la región, ganando juicios que parecían imposibles a grandes empresas o al Estado (casi siempre a la AFIP o alguna órgano descentralizado que maneja mucho dinero y tiene un plantel sobredimensionado de abogados que tienen un sistema automático de generación de causas legales).
Su secreto es una técnica infalible que no se aprende en cursos especializados ni que los más experimentados rosqueros ave negra entienden: hace las cosas bien. Va a las audiencias a horario, presenta escritos en término, obedece puntualmente los ritos y procedimientos. Después de algunos años y en un foro algo reducido, se convirtió en una especie de boya legal en la que se apoyan los mismos jueces y secretarios, sabedores de que su "reloj" es el reloj de la letra. Otros atributos la acompañan: sentido de oportunidad, ambición y alta confianza en sí mismo, como cualquier otro abogado más o menos exitoso.
Según ella me explicó más de una vez, en la Argentina en particular, una cantidad importante de juicios se pierden porque una de las partes se duerme, y ella mejora su promedio natural de casos ganados con esta cuestión. Parece fácil, pero no es.
Lo que viene pasando en la Legislatura no es diferente, toda vez que la gran mayoría del colectivo legislativo está impregnado por abogados que han convertido la excepción en regla, la displicencia en norma y la laxitud en una potestad de la mayoría parlamentaria sin importar partidos ni ideologías.
Mientras la política esté dominada por los abogados, estaremos en problemas.

23 marzo 2010

Cuestión de números

30.001 - 1
Este 24 de Marzo no voy a dedicar la memoria a los 30.000 detenidos desaparecidos durante la última Dictadura. Desde la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, los reclamos por los desaparecidos no tienen sentido pleno porque es evidente que lo dejan afuera; las organizaciones de DD.HH. más afines al gobierno (y más presentes en los medios) se cuidan muy bien de nombrarlo y en otras menos cercanas hay una sensación de que 'no es tan grave' y no lo reclaman con privilegio.
Decíamos, antes de López, que la desaparición metódica y organizada de personas que se dio en la Dictadura sólo pudo ser posible con un Estado criminal que alineó sus ejes en función de una aberración psicópata, que hizo falta una fuerza militar cobarde que ambicionara una gloria que en el combate cuerpo a cuerpo se le hacía demasiado peligrosa y una sociedad civil, dividida entre el "partido militar" y la otra -religiosa y laica- cómplice por abúlica y temerosa, que prefirió pensar en que "algo habrán hecho" cuando familiares, amigos y conocidos desaparecieran de la faz de la tierra.
Reivindicar a los 30.000 sin sumarle a López es una vuelta a la convivencia con el "algo habrán hecho" tranquilizador.
Aparición con vida.
¿Cómo podemos sostener la "aparición con vida" de chupados hace treinta años en promedio y no hacerlo con uno que se esfumó en nuestras narices, con todas las instituciones y poderes vigentes? ¿Quién más que López es una incógnita a resolver con prioridad, para desbaratar la grave afrenta?.
Sin embargo, esta desaparición -vinculada a los juicios por aquellos hechos, por lo que en esta fecha específicamente la separamos de la de Luciano Arruga- demuestra que el aparato montado entonces sigue vigente y que aún en democracia la desaparición de personas es posible. El Estado que fue actor no es el actual, claro. Es aquél montado especialmente, el que sigue vivo en el juramento de secreto que le dio nacimiento en los últimos días de Isabel y que es su misma esencia.
Encontrar a López, develar su paradero, es una puñalada al corazón de la Dictadura. Es demostrar fehacientemente que los asesinos mienten cuando dicen que no recuerdan, que no estaban al tanto, que sus funciones no estaban en el nivel en el que se cometieron los hechos que se les imputan y sus otras mil excusas. Es decirles que pueden intentar todo, pero que no se saldrán con la suya.
Ni olvido ni perdón: Justicia.
Esta consigna, sin saber donde está uno de los testigos de cargo contra Etchecolatz, es un contrasentido. No hay justicia sin testigos, y esa es precisamente la causa del pacto de secreto entre los culpables, en el que se incluye la desaparición definitiva de posibles testigos, antes y ahora. Por eso es fundamental dar con López, olvidarlo es perdonar su ausencia.
Dos demonios.
No importa cómo ni quién esté detrás del hecho, importa dar con Julio López. Por eso, debería ser una demanda de toda la democracia. En vez de especular sobre quiénes lo desaparecieron, jugando con cargar pesos en un sector y descargarlos de otro, habría que estar sumamente interesado en el caso de Julio López. Así Lopez fuera la peor lacra -peor aún que los criminales a los que acusa- es tremendamente importante saber dónde está. Si fueron los K. quienes están detrás de su desaparición, como dicen algunos, ¿qué mejor que desenmascararlos?, de paso a los asesinos (y sus amigos) les viene al pelo que un testigo desaparezca en manos de los K., sobre todo en una causa paradigmática. Hasta sirve como ejemplo.; si fueron los "amigos" de Etchecolatz, ¿qué mejor que demostrar que el revisionismo y la defensa de los DD.HH. no son para la tribuna?. No importa la versión que nos cierre más, todos deberíamos querer dar con López. Pero parece que no.
No hacerle el juego al enemigo.
En estos días de raros pactos entre opositores, ex opositores, neo oficialistas, y un largo etcétera, el tema vuelve a provocar extrañas convivencias: para el Gobierno y las asociaciones que lo defienden por su reivindicación de los antiguos 30.000, López es una vergüenza que es mejor no mencionar. Tendrán como cómplices, primero, a Clarín y sus periodistas, porque desde que el tema de los hijos de Ernestina Herrera de Noble está en el tapete, es como nombrar la soga en la casa del ahorcado. También serán sus cómplices, en segundo lugar, el garcaje en general (tan nebuloso él) que piensa que la reapertura de los juicios es revisarles los roperos y que López es un buen ejemplo de por qué es mejor echar todo al olvido.
Como en aquellos tiempos hermosos del romance Clarín/K. (los tiempos de la fusión Cablevisión-Multicanal), la Cámpora, Clarín, Página, la UIA y la SRA estarán juntos, omitiendo a López.
El resto, solos, seguiremos predicando en el desierto.

04 febrero 2010

Lets tok de politik

La cuestión de los 2M es una cuestión judicial, no me queda la menor duda. La oposición puede asumir la función de fiscal penal económico; pero siempre será desde una posición política. Sin embargo, eso no es hacer política. Por lo menos, política importante. Cualquier partido con el 1% del padrón electoral junta a doce abogados en un par de días para llevar adelante los juicios que una eventual necesidad política demande. Podemos poner a cuatro o cinco activadores de prensa a sacarle rédito en los medios y molestar a dos o tres figuras partidarias para la foto en la puerta de Tribunales. Y ya. Se acabó la política hasta la próxima.
Sin embargo, agarren a cualquier partido político (incluso oficialista) y pídanle que junte a doce especialistas para discutir de política. Hablemos claro: política es analizar la actualidad desde la experiencia más o menos reciente y proponer soluciones viables a mediano y largo plazo coherentes con las ideas que, previamente, convocaron a esas personas al partido que los cohesiona. Mirá qué fácil.
No digo que elaboren un plan de gobierno desde arafue, no. Pero para cada tema importante del país, un partido político debiera tener una posición previa delineada desde su ideología (con perdón) o sus intereses políticos, como quieran llamarle. Es más, dicho comité podría ir fluctuando de acuerdo al tiempo, mutando participantes acompañando la coyuntura, enriquecerse. Al final de un período X de tiempo, el corpus con las decisiones de este cuerpo podría ponerse a debate plenario dentro del partido y, llegado el momento, convertirse en la plataforma política del mismo. Mirá qué fácil.
Luego se haría jurar a los precandidatos lealtad a la plataforma (de hecho hay propuestas como el "voto contrato" que obligarían a los candidatos a cumplir lo prometido, por lo que dichas plataformas debieran ser, también, realistas); se vota internamente de acuerdo a la posición de cada precandidato con esa plataforma, con sus compromisos con la misma y se consigue un tipo más o menos fiable para las elecciones generales. Ahí sí, equipos de campaña mediante, posicionamos tanto al candidato como lo que propone, apalancando a uno con lo otro. Para los frívolos, le hacemos besar criaturas al hombre. Para los desconfiados, les mostramos la propuesta electoral colectiva del partido, elaborada no por el carismático candidato sino por un trabajo colectivo de meses, años tal vez y que éste ha jurado cumplir so pena de perder el cargo elegido. Mirá qué facil.
Así se acaban Cobos, el Tren Bala, Carrió haciendo política leyendo los diarios, Morales indignándose por todo, los gobernadores cambiando el voto de sus representantes y éstos volviéndolo a cambiar en negociaciones secretas y, sobre todo, el golpe de timón y el maradonismo. Mirá qué fácil.

Eso es hacer política. Ya fue inventada hace mucho, así que no puedo darme corte. Claro, hay cosas complicadas, como que de repente los políticos importantes no serían quienes ganan las elecciones, ya que para hacerlo apenas tienen que prometer cumplir con lo que la mayoría ha decidido que es lo mejor; con ser buenos administradores y honestos estaría bien. Los importantes pasarían a ser esos doce, quince, cien, que discuten realmente de política: qué hacer con el tipo de cambio, cómo endeudarse o desendeudarse, cómo apechugar una crisis repentina, qué recaudar, dónde y a quién, qué obras públicas necesita el país, en definitiva, qué proyecto de país queremos. Y el Congreso tendría la mitad del camino hecho, con políticos afilados en estos temas y con mucho tiempo libre para pensar lo que no se puede desde los partidos políticos. Hasta dejaría de ser necesario usar de aglutinante símbolos tan difusos y poco claros como el uso de una figura o un hecho político históricos para diferenciarse.

Y la función de fiscal político económico sería una cuestión menor. Un repentino hotelero que anda dando explicaciones por dos millones de dólares comprados la víspera de una corrida hace rato las hubiera dado a sus propios compañeros.
Mirá qué fácil.

20 enero 2010

La amiga fiel

Un fenómeno particular que se da en ciertas mujeres que conocí es que, aparte de celular, PC, tarjeta de crédito y servicio de psicología profesional, tienen una amiga contrapeso.
La amiga contrapeso es ésa que siempre tira para el lado contrario para el que va su querida amiga, aliterando las funciones de abogada y fiscal según ésta pendule para acá o para allá. Es fácil detectarla: es esa amiga de su pareja de la que usted escucha hablar más de lo que la ve en persona, porque suele buscar recovecos en la agenda para no coincidir con usted. Suele tomar distancia física, también, para sentar algún tipo de prurito moral. Usted escucha "fulanita esto", "fulanita lo otro", sobre su vida ya no tan privada. Una especie de fantasma inasible que vive lejos pero siempre está al tanto de todo. Y opina.
No confundir con los amigos celosos, porque eso es algo que existe en los dos sexos y puede tener las mismas consecuencias, pero no los mismos motivos. Los amigos celosos nos quieren, nos extrañan. Extrañan, también, el tiempo pasado que siempre fue mejor. La amiga contrapeso odia la felicidad de su amiga, poca o mucha, porque se forja por afuera de su poder. Hay variantes: la amiga casada que no aprueba que su amiga salga con un divorciado. La amiga intelectual que no soporta ver a su amiga enamorada de un paleto. La amiga psicobolche que no soporta que su amiga este perdidamente enamorada de un jugador de rugby con doble apellido. Hay miles.
Cuando, querido lector, usted no sepa qué pasó con la que hasta ayer era su tierna y fiel amante, sospeche. Tanta felicidad, tanto amor no puede ser realidad. Como Patty y Selma sabe que usted, Homero putativo, no la merece. Y convengamos, no la merece.
Que parezca un accidente.

05 enero 2010

Que lloren los cocodrilos

Dolerse por la muerte de Sandro sin tener en el DNI la opción como donante de órganos debería ser una notable contradicción, sobre todo si hoy usted es uno de los miles que aparecerán públicamente haciendo público tal dolor. Sin embargo, aún no escuché a nadie decir: "Yo a Sandro lo quería, pero no le hubiese dado mis órganos ni en pedo", que es lo que realmente dice su DNI si tuvo la oportunidad de optar como donante y no lo hizo. La enorme, enorme, enorme mayoría de las personas que hoy estarán al sol horas esperando que los dejen entrar a la capilla ardiente optaron en contra de dicha posibilidad. En contra de salvar a Sandro.
Sandro murió por una enfermedad evitable, autoinfligida, es cierto. Dicha enfermedad se llama tabaquismo y se lleva a miles al año, cuyo jugo monetario va a parar a los bolsillos de las tabacaleras. Si a Sandro lo hubieran secuestrado durante 45 días para luego asesinarlo entre agonías, hoy saldrían todos a pedir la pena de muerte sumaria, otra vez. Sin embargo, ninguno de los que en ese caso "sacarían pechito" tienen la lucidez suficiente como para pontificar un par de minutos públicamente sobre los riesgos de fumar. Y mire, querido lector, que hoy hablará Dios y María Santísima sobre la muerte de Sandro. Amigos, colegas, haran mutis por el foro sobre la causa real de su muerte: su autodestructivo vicio y la ignorancia, el prejuicio y la cobardía.
No, no crea que yo me duelo de la muerte de Sandro. Tuvo sus opciones, como la gente que se duele hoy sin estar de acuerdo con la ablación de sus órganos, durante mucho tiempo durante muchos años y lo que le pasó, en gran medida, fue su responsabilidad. No fue una enfermedad azarosa.
Pienso en los miles que mueren, sandros anónimos, que no llegan a la mesa de transplantes.

24 diciembre 2009

¡Feliz Navidad, so bárbaro!

Para que vea que soy bueno, estimadísimo lector, le deseo unas fiestas en las que la enorme cantidad de comida que va a ingerir no le caiga para el culo (o que si es frugal, esté en buen estado), que este año su cuñado no se empede en la mesa de nochevieja y empiece a insultar a su suegra (que viene a ser su madre de usted) o que si va a herir a alguien con esa montaña de pirotecnia que compró por lo menos el damnificado no pueda identificarlo en ronda de sospechosos por la curda. Trate de no apuntar a niños, so torpe, con esos tres tiros. Y recuerde Cromañón si se le ocurre hacerle una broma pesada con bengalas a la tía solterona cuando vaya al baño, so estúpido.
Recuerde que si maneja borracho hay altas probabilidades de que mate a alguien por lo que mejor quédese en casa hasta el domingo; si usted cumple y no bebió ni maneja, algún idiota hará las dos cosas. En fin, lo que aquí le deseo, lisa y llanamente, es que no se convierta en otra estadística probatoria de que la gente es más imbécil, si es posible, en estas fiestas. Quédese en el molde, so culo inquieto.
Que las discusiones por pasarlo acá o allá, con éste o aquél, no hagan llegar la sangre al río. Que los regalos que haga o reciba pasen rápidamente al olvido y no signifiquen el final de una relación que, en realidad, debería valorarse por otras cosas más profundas, so miserable.
Recuerde que en las Fiestas lo que importa es el amor: al prójimo, no al consumismo, la gula, el desborde, la fisura y el quiebre moral de nuestros otros significantes y que la Navidad, sobre todo, invita a la reconciliación y al perdón, no a convertirse en el hijo imbécil que, con la excusa de estar borracho, se la agarra también con su madre porque sospecha que lo dejó afuera del testamento, so cretino.
¿No vendrá por acá esperando "espíritu navideño", no?

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Dibujo robado impunemente de KAP digital, excelente blog sobre historietas.

30 septiembre 2009

Mentís.

La escalada patronal en Terrabusi era la oportunidad. Yo me decía que en cualquier momento:
  • Aparece la Cámpora y levanta una carpa frente a la embajada de Estados Unidos.
  • Hebe de Bonafini se trenza con todos: con Kraft, con los ex dueños de Terrabusi por cagones (por venderla), con Moyano y la UIA por fachos y con los delegados por no ser más jugados todavía.
  • D'Elía corta todas las calles, toma todas las comisarías mientras pelea con el fantasma de Fernando Peña al grito de "Odio tu galletita" (también pide algunos batallones de soldados "desplegados" por Chávez e Irán, pero igual es rápidamente desmentido por él mismo en conferencia de prensa después de embocar a un industrial que lo increpa por copar una vacía Plaza de Mayo).
  • Verbitsky sale en todos los medios que maneja a defender las justas luchas de los trabajadores y descubre la trama secreta de la operación "Manón"; un intento por desencadenar una nueva tanda de despidos en todo el país.
  • Felipe Pigna, hagiógrafo oficial (oficialista, más bien) se despacha con una comparación con Tosco y los muertos del campo popular en la masacre de Avellaneda de los líderes de la revuelta sindical de Pacheco. Compara a Scioli con Falcón.
  • Los dos millones cuatrocientos mil blogueros K. (más o menos pagos -no hay que olvidar que hay gente boluda ad honorem también- y que se dedican desde la crisis del campo para acá a pegarle a Clarín y a Cleto) inundan la blogósfera con mordaces libelos contra los "que le hacen el juego a la derecha" y les piden que renuncien a todos los implicados que no supieron, no quisieron o les importó tres carajos solucionar el problema imponiendo a Kraft la reincorporación lisa y llana, mucha guita de multa y la advertencia de la misma nacionalización que merecieron AA, el fóbal y las AFJP.
  • También pensé que nuestro supino par de revolucionarios de opereta iban a aprovechar la oportunidad de mostrarse de una buena vez por todas con los gobelinos donde hay que tenerlos y también con quién hay que tenerlos (sin un negocio grosso de por medio o meramente por hacer leña del árbol caído y llevarla a su puerto). Hasta C.F.K. estaba en EE.UU., lista para darle un mentís al capitalismo salvaje en los foros internacionales, denunciando la maniobra.
Pero no, para nada. Es una muestra más de que somos un país de mierda, servil al poder real, que este gobierno sigue siendo tremendamente injusto con los pobres que están fuera del plato (de ése también) y que como pueblo somos soberanos de un catzo. No descubrí nada. Hace rato que nos quieren vender otra, pero somos lo que somos.

Ya sabemos que hay garcas, gente que siempre hizo lo mismo. Que los habituales sicarios en los medios se cojan a los que habían sido injustamente despedidos mientras evitan cualquier análisis sobre la responsabilidad patronal en el conflicto; que, los más tímidos de éstos, dijeran "qué barbaridad" por los cortes; que los vendidos que tenían que defenderlos revolearan el "algo habrán hecho" en total sintonía con el titular de la UIA (en teoría, el "enemigo" de sus mansos sindicalizados) y que -después de cagar bien a palos a los rebeldes- el principal responsable político de todo este quilombo se raje a Miami a gastarse unos dólares para no ser menos que Cristina, no me extraña. Pero que los que podían demostrar que les quedaba algo de dignidad y que no eran una caterva de militantes a control remoto rentados al tres por cuarto, le hicieran el famoso "juego a la derecha" y se hicieran también olímpicamente los pelotudos no tiene perdón (tampoco los otros, por las dudas dejémoslo claro).

Qué iluso, Fen.

18 septiembre 2009

La Agenda de Macri

Acabo de contestar una encuesta del gobierno de la ciudad de Buenos Aires (aka Capital Federal) sobre ciertos temas que, según Macri y sus colaboradores, son importantísimos para enfocar la gestión de gobierno. Psé, esto parece Suecia, Canadá o Bélgica.
No, no me preguntaron si me parecía que hacía falta más educación, si había que fomentar el cooperativismo con créditos blandos, si me parecía bien que subsidiaran a estudiantes de primera, segunda y tercera enseñanza de familias con problemas económicos, si veía con beneplácito que la política de vivienda (1) de Macri tuviera como prioridad las familias con chicos y en situación de calle, y tantas otras medidas que a mí se me pueden ocurrir en dos minutos mientras me siento y escribo esto pero que a las lumbreras bien pagas que asesoran a estos tipos les llevaría -por lo complicado, vamos- quizá un par de meses de los dos años que ya llevan medrando en el supuestamente escaso presupuesto del gobierno de la ciudad (2).
No, repito, no me preguntaron sobre esas cosas o equivalentes. Me preguntaron qué me parecía la "zona roja" en Palermo y si había que mudarla, los cartoneros y la suciedad, los homeless (3), los baches, "la extensión de las líneas de subtes que realizó este gobierno" (4) y muchas cosas como ésas, en una armado de preguntas totalmente capcioso del tipo "¿desea usted que el gobierno de la ciudad siga con su excelente (5) política de Educación (presione 1), que priorice la seguridad con la creación de la nueva policía (presione 2), resuelva la usurpación de los espacios públicos (presione 3)...", y así con todo. También las respuestas estaban puestas de manera que si había ocho opciones, la séptima fuera la más progre y la última "No sabe" (6).
Después, claro: el contexto. Si le digo que "resuelva la usurpación de los espacios públicos" o "el problema de la mendicidad de niños y ancianos" a un gobierno más o menos progresista y/o humanista, puedo confiar más o menos (7) en que la solución no va a venir con palos, gases, balas de goma, razzias y cárceles por doquier. Macri jamás supondría que lo que pasa con la pobreza indigente que nos rodea es consecuencia de todas las políticas aplicadas a la fecha, de las que él es el extremo de una línea nefasta y criminal que comienza por Lavalle, pasa por Sarmiento, Roca, Uriburu (y también por Yrigoyen, peludo hijo de puta asesino de campesinos) , la Revolución Fusiladora, el Onganiato, el Proceso criminal, y todos los que les hicieron de comparsa desde entonces: Prebisches, Alsogaraíses, Cavallos, Mendeces, y Neustadtes infaltables para la masa crítica necesaria.

A los pocos que lean esto y los llamen: no la contesten. Me la tuve que comer para saber qué era. Ahora lo sé.

Uff. Andá a preguntarle a Magoya, la próxima vez, Macri.

Todos putos.


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(1) Creo que eso no existe en Capital Federal. Alguien que me confirme.

(2) Con minúscula, la capitulación no es necesaria. Tampoco la capitalización de Buenos Aires, pero bueh (cuak).

(3) Últimamente son los mismos porque desde que no hay tren blanco no se pueden venir para acá, pagar fletes, volver y encima darse el lujo de vivir. Macri dice en la encuesta que ahora están mucho mejor porque tienen uniforme y tienen cooperativas. Sin embargo yo veo a los que andan temprano sin nada. Como siempre, bah. Cuando llegan los uniformados, no quedó nada. Me preguntaron si estaba contento con eso. Les dije que no.

(4) Obvio que sólo los inauguró, sucio tramposillo.

(5) Realmente hicieron algo así como una enumeración de logros que no me constan, pero más o menos era ése el espíritu y queda mejor para el sarcasmo.

(6) La única respuesta que me atreví a dar fue la de los puestos de diarios y revistas, obvia fuente de caja de algunos funcionarios de éste y todos los gobiernos hasta ahora.

(7) Perdón por tantos más o menos, pero desde que Solanas terminó votando la ley de Medios de N. K., confirmando lo que dijera el gobierno nacional cuando recontó los votos después de las elecciones (¡y el protestó públicamente por eso!), cada día estoy menos seguro de nadie. Fuiste Pino, lo siento.

24 agosto 2009

País-Cárcel.

Mientras contestaba los comentarios del post anterior me acordé de algo que pensé cuando decidí que el "rock futbolizado" no era para mí, harto por la cantidad de humo que tuve que tragar una noche en que prendieron apenas unas pocas bengalas en un recital de Las Pelotas, y en el que el mismo humo, las banderas y los fisura saltando y cantando sus propias consignas hicieron que no supiera qué estaba pasando exactamente en el escenario y que me preguntara qué carajos hacía yo ahí.
En la treintena recién estrenada, un pendejo hermoso todavía, dejé de ir a recitales porque no los disfrutaba. Para mí el espectáculo estuvo y está en el escenario, me van a disculpar, y los artistas se suben a él para dejar todo, para sufrir si es necesario. Nada de "devoluciones" amistosas del público, el cual debe mantener un escepticismo prudente. "A ver qué hacen estos" debe decirse el buen espectador, nada de ir predispuesto. Y no digo que lo sepa el mismo público, el cual -aplicando la máxima podetiana: "la gente es boluda"- es un boludo bárbaro. El primero que tiene que asumirlo es el artista mismo. El que se sube a un escenario a que lo aplaudan por cualquier boludez es un cararrota.

Recuerdo que un par de meses antes de la fatídica medianoche del 30 de diciembre del 2004, un viaje me trajo a Capital Federal y un amigo me propuso hacer una escapada a un recital del que tenía entradas, que le había comprado a una minitah rolinga: Ca$hejeros.
Por ese tiempo, un tema suyo sonaba insistentemente en las radios (con una especie de refrito del refrito del "Himno a la alegría" que tocaba Stuka en "Ultraviolento"), una ñoñez que intentaba ser tan rockera como las canciones con "ritmo rock" de los programas para chicos y que desde la letra (una realidad de todas las bandas rolingas) apenas si era una bobada autorreferencial típica que más o menos podría resumirse en:

somos los copados,
incomprendidos somos,
nos cabe el rocanrol,
la birra y el faso,
no puedo explicarlo,
es un sentimiento
La monada disfruta esas pavadas en los recitales, con las minitahs rolingas subidas a hombros, cantando y haciendo hincapié en "incomprendidos somos" con cara de llorar, para después sonreír con "nos cabe el rocanrol, la birra y el faso" y terminar con revoleo de trapos y suelta de bengalas en el último verso (brazos alzados hacia el Cielo Razzo).

Dije "no, gracias; antes de encerrarme en un baño con cientos de descerebrados piromaníacos prefiero sentarme en un banco de la plaza a ver cómo crece el pasto". Lo del "baño" viene a que días antes habíamos estado hablando de que Cemento, el Cemento del mismo Chabán condenado recientemente, era un baño comparado con lo que se decía que iba a ser su nuevo mega emprendimiento -República Cromañón- su nuevo esfuerzo por caretizar aún más al rock.
Cemento tenia tanta mala fama que los nuevos fans (pibes apenas en el secundario) no obtenían el permiso paterno para ir a dejar sus billetes ahí, los punks y heavies que copaban el lugar eran todos secos y eran profesionales del bardo. Los vecinos habían jodido tanto llamando a los noticieros que ya era públicamente mala palabra. Quienes lo conocimos en sus días dorados (y a Halley, la "Escuela" y tantos otros antros peores) jamás temimos incendiarnos, sólo terminar con algunos dientes menos en un pogo, sin la billetera en una cheteada o en un camión celular cuando los ratis estaban aburridos e iban para Montserrat a "cazar". No es que fuéramos chicos sanos, reviente hubo siempre.
Notable, cuando más careta se puso el reviente, cuando menos importaba lo que pasaba arriba del escenario, empezó el temita de la pirotecnia, los trapos, las "familias", la misa y toda la poronga que terminó en Cromañón. Algunos lo sabíamos; incluso Chabán lo sabía, él mismo paró un par de veces algunos recitales porque la cosa se estaba pasando de marrón oscuro. Su culpa, más allá de si el lugar debía ser o no ignífugo, es que su codicia era tanta que nunca le dijo que no a nada. Chabán siempre se pensó como una especie de mago que hacía dinero manejando descerebrados. Porque, repito, más allá de Chabán y todo lo necesario para la tragedia, la primer cosa que NUNCA TUVO QUE HABER OCURRIDO fue que los descerebrados creyeran que la fiesta tenía que estar debajo del escenario y que la medida del éxito de una banda fuera la fiesta que provocaban los descerebrados que no tenían los huevos ni el talento para subirse a un escenario (aunque visto la real porquería que son muchas de estas banditas, algunos tuvieron sólo los huevos).
La mierda sigue, claro que sigue. Así como Argentina es un país-cárcel desde que los militares están afuera, lo mismo pasa con todos los que zafaron con este juicio y merecen hacerse cargo de sus responsabilidades. Ni olvido ni perdón.

Y vos que te hacés el pelotudo, que disfrutabas de las bengalas, las candelas, los tres tiros y la concha de tu hermana tirándose pedos, dejá de hacerte el gil. Vos.

Sí, vos.