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21 noviembre 2009

Ted, mi héroe.

Cuando me recomendaron ver House, recuerdo haber dicho: "no me gustan los médicos; ergo, no me va a gustar House". Sin embargo usaron argumentos muy persuasorios, como que el tipo odiaba a la humanidad, decía que todos mentían, que estaba ligeramente basado en Sherlock Holmes y terminaron convenciéndome. Hoy espero todos los martes para ver si está listo para comprar en Amazon el capítulo que el día anterior se transmitió en USA. By the way, los últimos dos capítulos recuperaron bastante el espíritu de la serie, aunque se nos hayan roto ciertas expectativas.
Volviendo al tema de las series con médicos, algunas veces en Sony agarraba Scrubs, una serie divertida, cortita y que vista al azar prometía mucho.
Conseguí en Amazon siete temporadas (no sé si está completa, no pienso mirar para spoilearme) y ya voy por la quinta. Capítulos de 22 minutos (Scrubs tiene la presentación más corta que recuerdo, quince segundos) y un humor ácido que se mete con todo (de hecho es la única serie no animada que lo hace).
Ayer los astros y Scrubs se alinearon: mientras operaban a Sandro y cada buen hijo de vecino cruzaba los dedos para que todo saliera bien, veía el capítulo séptimo de la temporada cinco, que tocó el techo de la temporada (y creo que de toda la serie, por lo menos hasta acá) incluyendo la temática de la donación de órganos, mezclada con El Mago de Oz y The Blanks (en la serie "The Worthless Peons"), la banda vocal de uno de los mejores personajes de la serie, el abogado depresivo del hospital que siempre está a punto de suicidarse y suele ser quien pone en perspectiva -por el absurdo- la exageración con que alguna temática es abordada. Es una suerte de Cosmo Kramer, aunque a mí me hace reír más porque está mucho más cerca mío que el delirante vecino de Seinfeld.
También me hace pensar que la hermosa voz de Sam Lloyd (sobrino de Christopher Lloyd) contrastada con su reluctante personaje hace un poco de justicia poética para todos los que no somos Adonis Post Adolescentes Eternos.
Siempre yo, siempre yo.




Desde 2:50 (casi la mitad del vídeo) está toda la participación de The Blanks en el capítulo que comento. Igual, es para verlo todo.
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No se pierdan en Esquizofónico el disco de The Blanks (doble post, estoy hecho una fiera).

26 septiembre 2009

Miss you/V

Es difícil saber cuánto me gustaría Syd Barret sin su leyenda, pero para probarme que podría ser que no influyera tanto pongo la canción que más me gusta, que está también en el top 3 de las que más me gustan de Floyd.

Miss you/IV

Cuando todos iban para allá, él iba para acá. Así nos lo encontramos una madrugada en La Falda, vagando por las carpas buscando monedas para un tetra; un amigo músico me dijo al día siguiente que "era el de la Rubia Tarada". Parecía un busca y estaba bastante poco interesado en nuestras boludeces de hippies wannabe.
Esas noches dicen que se bardeó con los de la puerta de un boliche y terminó rompiendo una vidriera.
La tenía más clara que ninguno, aunque no soportaba a Spinetta.


Miss you/III

Quizá lo que me une a él no sea otra cosa que la conciencia. No el talento, por supuesto.
El saber que el día a día nos impone cosas que no querremos después, que nos rondarán como fantasmas rápidamente conjurados y los cuales, llegado el momento, tendremos que enfrentar como cualquier Iván Karamazov, aunque nos esperen las amadas tumbas de Europa.
Para muestra, presten atención al final.

Miss you/II

Mi más admirado guitarrista, lo amé incluso cuando no sabía quién era y lo escuchaba con Bowie. Un nerd total de su instrumento, con una idea precisa de qué era lo que quería. No me atrevo a pensar qué sería hoy de él si no hubiese subido a ese helicóptero.

Miss you/I

Siempre me pareció una persona triste, incluso arriba del escenario. El humor de sus letras era ése que se dice mirando a los ojos, desafiando a reírse más del autor que del chiste mismo.
Nada de lo que le pasó en la vida (incluso lo bueno) fue sin dolor. Me hubiese gustado ser su amigo y por eso adopté a varios Joeys en mi vida.

09 junio 2009

Quién escribe sobre quién.

Cinco y cuarto de la tarde. Dentro de menos de una hora se iniciará la loca carrera hacia el hogar de miles de porteños, el pie gigante de las seis de la tarde que espanta a las ratas en una carrera radial hacia la tibia madriguera.
Subo al 26, casi un transporte público del primer mundo a esta hora: unidad nueva, limpia, colectivero uniformado y aparentemente tranquilo. Como es un viaje corto viajo en el centro, en el lugar para discapacitados que se ha convertido en el verdadero éxito de estas unidades cuando llega la hora de mutarnos en ganado vacuno. Yo voy escuchando el MP3 y absorto en mis inútiles cavilaciones.

Atento a mi entorno lo justo y necesario, paso rápida revista. A mi izquierda, en los asientos que miran hacia la parte de atrás del vehículo (justo arriba de las ruedas delanteras) se encuentran sentadas casi en corro cinco mujeres bastante entradas en años, muy arregladas y cada una de ellas enfundada en un abrigo de piel (que huelen como huelen las pieles: espantoso). Su actitud es expentante, y miran hacia la parte trasera como si algo les hubiese llamado la atención. Un director de orquesta o un tipo mostrando el pito, podría decirse.

Algo del entorno auditivo del colectivo me hizo fruncir el ceño: soy un buzo que emerge de prepo en el medio de un temporal, abandonando la calma de las honduras (por lo tercas y extáticas, no por su peso intelectual, digámoslo ya mismo) para dar de frente contra un mamotreto auditivo que destaca sobre el confortable rumor del oleaje sordo que suele inundar los transportes públicos: una voz en off trepida, alborota, acapara mi atención aunque parece estar totalmente fuera de mi campo visual. Ya me acomodé mirando hacia la puerta del medio y mi sociopatía dice que no debo obsequiar facilmente con una atención demasiado evidente a los desconocidos que la atraen. Sin embargo, visión periférica mediante, capté que la persona que grazna es una mujer levemente madura y bastante rubia (no la miré directamente en ningún momento) que a mi derecha -en la primer línea de asientos que miran hacia adelande después de la puerta del medio- les venía hablando a las veteranas de mi izquierda:

-No, si yo cuando las vi me di cuenta. ¡Qué lindas son! -dijo la graznadora, voz en cuello -Tan arregladas...
-Sí, es que vamos a festejarle los 85 años a ella -comunicó una de las arropadas viejales, señalando con el mentón a una de las ellas, aunque yo no pude descubrir cuál porque ninguna parecía de tan vieja.
-¡Pero qué pitucas, me encantan!
Era como si se dispararan un niño con un revólver de cebitas en una montaña y el Cañón Gustav en otra.
-Gracias -dijo otra abuela.
-No, ¡de verdad! Son hermosas, ojalá yo tenga la voluntad... -dejó inacabada la frase, en el borde mismo del elogio-insulto: "...la voluntad al llegar a esa edad".
-Nos arreglamos porque así debe hacerse -dijo una vejestorio rubia tamaño ultra small, los ojos intentando traspasar al energúmeno con pinta de mal venido que le obstruía la visión, paradigma inverso de lo que trajo a colación la charla.
El energúmeno era yo.
- Ay, sí, querida. Yo lo sé muy bien porque soy "asesora de imagen". Soy Asesora de Imagen -repitió con un cambio en la modulación, como quien presenta una credencial a todos los que estabamos ahí. Por lo menos bajó varios decibeles al hacerlo, dándonos un respiro.

Acá debo decir algo: estamos en el "bright side" de los viajes por el microcentro, debido a la hora y, también, a lo coqueto del ómnibus. Después de las seis, en una línea más tercermundista como la 140, te quiero ver desplegando glamour geronte entre sacudones, apretujadas, frenadas y empujones. Y con boludos que simulan dormir para no cederles el asiento a las viejas pitucas pero que al igual que todas tienen las piernas cansadas.

- ¡Mire usted! -dijo la pequeña anciana coqueta, mientras algunas de sus compañeras sueltan agudas risitas de vanidad.
- ¡Me encantan, me encantan, les juro que me encantan! -nos vuelve a tronar la asesora de imagen, cada vez más vehementemente. Saqué el Mp3 para ver si no tenía algún plus por ahí de volumen que empardara por lo menos a la cacatúa. No hubo suerte, estaba al palo.

A esta altura, la borrosa imagen rubia de mi derech cabeceaba en derredor buscando algunos gestos solidarios a su entusiasmo entre el resto del escaso pasaje. Gracias a Eru, nadie hizo más que mirarse con disimulada desesperación y vergüenza ajena.

Por unos cien metros a toda velocidad por Córdoba (perdón por usar una imagen dinámica para representar otra temporal) la propaladora pareció entrar en un arresto de timidez debido a la falta de corresponsales. Suspiré mientras Human Sexual Response volvía a recuperar mi atención en los auriculares justo cuando se terminaba una canción, así que por desgracia alcancé a escuchar que la veterana small hacía un comentario:

- ¡Seguro que ahora va escribir sobre esto!
-¡Y seguramente! ¿Cómo sabe? -dijo el parlante humano, recuperando la confianza -Tiene razón ¿sabe?. Yo escribo, soy escritora -empezó a hacer un gesto de asentimiento como si fuese un pequeño secreto admitido y temiendo pecar de vanidad. Luego bajó el tono de voz (la octava, más bien) y dijo como quien asume un destino -Soy Escritora. Sí, yo escribo, me declaro culpable. Seguramente voy a escribir sobre esto, es muy probable. ¡Sí, la verdad, quién sabe! ¡Tal vez lo escriba!

La cosa seguía pero por suerte me tocó bajarme. En la calle, me vuelve a ganar Human Sexual Response y Cool Jerk, qué casualidad:

We know a cat who can really do the cool jerk
This cat they're talking about
I wonder who could it be
'Cause I know I'm the heaviest cat
The heaviest cat you ever did see




30 mayo 2009

Pendejo, andá a tomar la sopa!

Ocho años, una Fender requinto con un Marshall, Buddy Guy y la puta que lo pario ¡Ocho años!



Otro freak de ocho años, japonés, que debería estar jugando con sus muñequitos de Dragon Ball o algo así. Camine a dormir, pendejo.



No sé cuántos tiene esta mocosa del infierno, pero si por lo menos fuera más J-Pop me daría menos bronca! ("She's better than me" dice una airada comentarista en la entrada de Youtube, supongo que con la misma indignación que yo ¿Estos pibes no tienen otra cosa en la que desperdiciar sus vidas, como la Wii?)



Y para terminar, ¡uno que ni siquiera dejó los pañales! ¿Qué hacen sus padres? ¿No tienen otro proyecto mejor que enseñar esas cosas a sus hijos? ¡Pónganse una galería de arte, cómprense una Wii, tengan un amante, no sé!

28 febrero 2009

Lazy on the sunday afternoon/III

Varias coincidencias me fueron llevando a este post. Por un lado, la defensa que se hizo en Espíritu Rock del disco The Spaghetti Incident?, de Guns N'Roses. De dicho disco, pocas cosas me gustaron, pero Ain't it fun me encantó, porque juntaba dos grupos que me gustaban mucho, como Dead Boys y Hanoi Rocks. Por el otro, una conversación con un amigo, de esos que siempre te tiran una posta de algo que se te pasó por alto o algo nuevo que vale la pena, en la que me mencionaba a Cheetah Chrome, nombre perdido en mi memoria tan frágil. No era otro que el guitarrista de Dead Boys. Así que ahora deberán aguantarse otro post (des)memorioso del nono rockero.

A las raíces: Dead Boys es otra banda emblemática de fines de los setenta salida del CBGB (semejante porquería, ¿quién lo diría?), un punk más pulido que el de The Ramones y que era capaz de bajar un poco la velocidad, llegando a tocar temas de tres minutos, una vida para Johnny Ramone.

Con sólo dos discos oficiales, su legado punk es más importante por los músicos influenciados posteriormente (al menos, Gunses y Pearl James lo han reconocido públicamente) y las bandas que derivaron de su temprana separación, sobre todo la de Stiv Bators (uno de los primeros darkitos), The Lords of the New Church (Russian Roulette es uno de esos temas que uno escucha en determinados momentos y es como un bálsamo). Cheetah Chrome anda por ahí, colaborando y sacando discos todavía sin demasiada repercusión.

En 1979, cuenta la leyenda, Stiv y Johnny Thunders (de New York Dolls) vivieron juntos, con la ocasional visita de Michael Monroe, futuro cantante de Hanoi Rocks. No quieran saber, no le pregunten a nadie, qué pasaba ahí. Moore es quien canta Ain't it fun en la versión de The Spaghetti Incident?.

Hanoi Rocks es todo lo contrario, en sus orígenes, a Dead Boys. Nacieron en Helsinki, se desarrollaron tempranamente en Estocolmo y salieron a la luz en Londres.

Un punk más refinado -realmente, el punk es "hazlo tu mismo, como salga", por lo que cuando las cosas se refinan mucho en realidad se salen de la definición y del punk, digan lo que digan los que creen que Green Day es punk- por lo que está mucho más cerca del rock que de otra cosa, coquetearon con el glam, con el hard rock, con casi todo lo que andaba dando vueltas entonces.

Michael Monroe, aparte de cantar muy bien, eventualmente toca la armónica y el saxo en algunos temas. Tragedy es el tema que más me gusta de estos post punkers, pero también Taxi Driver. Un tema especial tiene el sonido de las guitarras en Hanoi Rocks, quizá lo que más me impresionó en su momento (lo menos, el saxo de Moore, que a pesar de usarse poco no tiene mucho que ver con algunas atmósferas). La influencia de Johnny Thunders y sus Dolls es sobre todo escénica.

Yo llegué a conocerlos tardíamente, en 1991, cuando Axl Rose bregó personalmente para que se republicase toda la discografía de Hanoi.


Ya que hablamos de bandas favoritas cruzadas, acá tenemos a The Lords of the New Church haciendo You really got me de los amados Kinks: