Mostrando las entradas con la etiqueta Arbitrariedades. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Arbitrariedades. Mostrar todas las entradas
16 abril 2013
Están tramando algo, pícaros.
"La moraleja de Fariña funciona a tantos niveles que a esta altura perdió todo sentido político mencionarlo, tanto si sos K como si no. Es tema para Infama."
Lo dije hace un rato en Facebook.
Que un tipo diga abiertamente que afanó para la Corona y no se pueda comprobar nada es casi un "vamolón", seas K o no.
Un rato antes, en Twitter.
28 junio 2012
Conmigo no, Moyano.
No puedo entender a la izquierda argentina -y mirá que intento. Hace aproximadamente dos décadas que me confunde su tontería infantil, su análisis torcido, la interpretación neurótica de sus actos y los ajenos, que, como ejemplo reciente, la lleva a pretender soplarle el movimiento obrero al justicialismo (tentación que viene de hace mucho más que veinte años) en sus propias barbas, aún a costa de perder a sus propios compañeros en el camino.
En la cabeza de los dirigentes y de cada dirigido que fue hoy a la plaza, se instaló esa tonta ilusión: se puede agujerear la bolsa de la burocracia sindical, no mientras duerme su pachorra entreguista, sino cuando está en plena actividad, cosechando eso que no cosecha la izquierda: más compañeros, más voluntades.
Los argumentos usados, sin que quieran darse cuenta -o sí, qué se yo cuánto cinismo puedan tener- eran de doble vía y bastante cacofónicos: "vamos a usar a la burocracia para disputarle a la burocracia un acto de la burocracia con las mismas consignas de la burocracia". Yo no las entendí en particular, pero en general no comparto nada que signifique seguir el programa de Moyano, que no es obrero y a quien le niego, por eso mismo, su representatividad. Esta estrategia -o excusa- delirante se mezcla con una especie de ética obrera (como si los obreros que permanecen en los gremios que adhieren al kirchnerismo o a ninguno de los dos no fueran obreros) y una esperanza casi religiosa en tener esperanza, fe en que un día la tarea de socavar la credibilidad de la burocracia dará frutos.
Lo peor es que esta cuestión tendrá a la izquierda entretenida y enfrentada por décadas: mientras iban por los peronistas insultaron al compañero que encontró reluctante sumarse a semejante comparsa llamándolo carnero. Linda forma de construir una izquierda a la que se acerquen los desilusionados ex peronistas. Ojalá esta nueva desconfianza no sea larga, ojalá sepamos los que no fuimos a la Plaza perdonar. Dudo que los que fueron tengan la valentía de ver el error.
El espectro completo está enfermo, y es terminal. Lo más grave es la tolerancia a una agenda que no es socialista, sea opositor o no, poniéndose a su servicio en un intento torpe y fabulador por ganar poder y poner en funcionamiento un supuesto reflujo de masas desde el peronismo hacia el socialismo desde adentro. La historia demuestra que al peronismo en general y al sindicalismo peronista en particular no se lo puede abordar desde la efusión de su liturgia. Para qué abundar, el que no lo sabe no entiende al peronismo. Y yo, es evidente, no entiendo a la izquierda.
Hoy parte de esa izquierda que no había transado con el kirchnerismo y en quién yo había depositado mis esperanzas, le perdonó tácitamente a Moyano su reciente asociación con los responsables del despojo a los trabajadores, su función como desmovilizador de reclamos y cientos de otras cuestiones imperdonables y fundamentales, muchas denunciadas en cientos de los propios panfletos como los que entregaba Mariano Ferreya. Su muerte a manos de la burocracia sindical aliada a las patronales es la más reciente y la más imperdonable afrenta.
Seguirán, en el futuro, entregando panfletos a los indiferentes laburantes que corren a Once, panfletos en los que tratarán de explicar que fueron a la Plaza por esto, que la lucha de clases aquello, que la izquierda que no marcha es carnera, que Moyano es un instrumento, que blablabla. Palabras.
Hoy, en la Plaza, una parte de la izquierda independiente dejó los pantalones cortos, se puso el conchero y se sumó a la comparsa.
Nos vemos cuando despierten, como les digo a los zurdos desorientados que forman parte del cada vez más menguante 54%.
En la cabeza de los dirigentes y de cada dirigido que fue hoy a la plaza, se instaló esa tonta ilusión: se puede agujerear la bolsa de la burocracia sindical, no mientras duerme su pachorra entreguista, sino cuando está en plena actividad, cosechando eso que no cosecha la izquierda: más compañeros, más voluntades.
Los argumentos usados, sin que quieran darse cuenta -o sí, qué se yo cuánto cinismo puedan tener- eran de doble vía y bastante cacofónicos: "vamos a usar a la burocracia para disputarle a la burocracia un acto de la burocracia con las mismas consignas de la burocracia". Yo no las entendí en particular, pero en general no comparto nada que signifique seguir el programa de Moyano, que no es obrero y a quien le niego, por eso mismo, su representatividad. Esta estrategia -o excusa- delirante se mezcla con una especie de ética obrera (como si los obreros que permanecen en los gremios que adhieren al kirchnerismo o a ninguno de los dos no fueran obreros) y una esperanza casi religiosa en tener esperanza, fe en que un día la tarea de socavar la credibilidad de la burocracia dará frutos.
Lo peor es que esta cuestión tendrá a la izquierda entretenida y enfrentada por décadas: mientras iban por los peronistas insultaron al compañero que encontró reluctante sumarse a semejante comparsa llamándolo carnero. Linda forma de construir una izquierda a la que se acerquen los desilusionados ex peronistas. Ojalá esta nueva desconfianza no sea larga, ojalá sepamos los que no fuimos a la Plaza perdonar. Dudo que los que fueron tengan la valentía de ver el error.
El espectro completo está enfermo, y es terminal. Lo más grave es la tolerancia a una agenda que no es socialista, sea opositor o no, poniéndose a su servicio en un intento torpe y fabulador por ganar poder y poner en funcionamiento un supuesto reflujo de masas desde el peronismo hacia el socialismo desde adentro. La historia demuestra que al peronismo en general y al sindicalismo peronista en particular no se lo puede abordar desde la efusión de su liturgia. Para qué abundar, el que no lo sabe no entiende al peronismo. Y yo, es evidente, no entiendo a la izquierda.
Hoy parte de esa izquierda que no había transado con el kirchnerismo y en quién yo había depositado mis esperanzas, le perdonó tácitamente a Moyano su reciente asociación con los responsables del despojo a los trabajadores, su función como desmovilizador de reclamos y cientos de otras cuestiones imperdonables y fundamentales, muchas denunciadas en cientos de los propios panfletos como los que entregaba Mariano Ferreya. Su muerte a manos de la burocracia sindical aliada a las patronales es la más reciente y la más imperdonable afrenta.
Seguirán, en el futuro, entregando panfletos a los indiferentes laburantes que corren a Once, panfletos en los que tratarán de explicar que fueron a la Plaza por esto, que la lucha de clases aquello, que la izquierda que no marcha es carnera, que Moyano es un instrumento, que blablabla. Palabras.
Hoy, en la Plaza, una parte de la izquierda independiente dejó los pantalones cortos, se puso el conchero y se sumó a la comparsa.
Nos vemos cuando despierten, como les digo a los zurdos desorientados que forman parte del cada vez más menguante 54%.
15 agosto 2011
Carta Abierta a Carlos Saúl Menem
Compañero Carlos Saúl Menem: los derroteros de la vida política nos reúnen de nuevo. Aún me duelen los indultos, la destrucción de la industria nacional, la liquidación del Estado, su alianza con B&B y luego con la UCD, la voladura de Río Tercero, la venta de armas, el cierre de La Urraca; tantas cosas, tantas me duelen de sus presidencias. Pero, al final, la culpa no era suya, ni del pueblo que lo votó. Fueron las circunstancias. Las mismas que hoy lo animan a formar parte de nuestro proyecto, aparentemente tan contradictorio con sus gobiernos. Lo nuestro es una nueva relación bañada en la luz cálida y convocante del kirchnerismo nacional y popular, porque para un kirchnerista no hay nada mejor que otro kirchnerista, ya lo demostró nuestra líder con Amado Boudou. Lo digo con esta sinceridad neokirchnerista que recientemente me caracteriza y que durará lo mismo que dure el kirchnerismo en el poder, que ojalá sea mucho ahora que tardíamente -y culposamente- me doy cuenta de sus logros (del kirchnerismo, eh, no me haga caer en una trampa dialéctica). Tengo la certeza de que no estoy llegando tarde al andén, sino que estoy sumándome a empujar la locomotora del triunfo elocuente de la cordura nacional y popular. Ahora hay que sumar al Cabezón, a los Rodríguez Saá, a Moyano, a Daniel Scioli y estamos todos. Si puedo tolerar que usted haya perdonado a Videla y el resto de los asesinos más sanguinarios, ¿cómo me voy a enojar por Kosteki y Santillán con Duhalde? ¿Acaso no tuvimos nosotros un Ferreyra y un López, entre tantos otros? Un error lo tiene cualquiera. O varios, si vamos al caso. La historia -y las urnas- dicen que podemos ser amigos, Carlos. Nuestros beneméritos líderes subsanaron aquel error suyo, tan explicado con Alfonsín cuando la obediencia debida y el punto final, y tan insidiosamente vilipendiado con usted, mi querido ex enemigo. A usted le sirvieron los indultos, habiendo sido preso político de la Dictadura, a Néstor Kirchner los des-indultos sin ser mil... siendo militante comprometido con la lucha, en primera fila. Montonero a morir.
Quizá yo no sea aún bienvenido en su casa ni me sienta del todo cómodo con usted en la mía. Nos pesan nuestros pasados, pero nos une el futuro. Un futuro soñado.¿Ya le propuso a Cristina un nuevo Pacto de Olvidos? Perdón, Olivos. La re re re re que tanto soñó podría ser posible: bajo el amparo del glorioso poder kirchnerista, sin el relevo natural del Furia, que San Martín, Belgrano y Cousteau lo tengan en la gloria, ahora la necesitamos, a Ella, más que nunca.
Quizá yo no sea aún bienvenido en su casa ni me sienta del todo cómodo con usted en la mía. Nos pesan nuestros pasados, pero nos une el futuro. Un futuro soñado.¿Ya le propuso a Cristina un nuevo Pacto de Olvidos? Perdón, Olivos. La re re re re que tanto soñó podría ser posible: bajo el amparo del glorioso poder kirchnerista, sin el relevo natural del Furia, que San Martín, Belgrano y Cousteau lo tengan en la gloria, ahora la necesitamos, a Ella, más que nunca.
30 julio 2011
Elecciones S11E02: La derecha tímida.
No es que yo tenga que analizar mucho para saber que no me gusta la derecha. Es una cuestión intrínseca: lo que la derecha considera como elogiable y preferible me revuelve las tripas, aún cuando la envuelvan con un generoso confite de modernidad y eficiencia. No sé, es la clase social misma que la representa (con conciencia de sí misma, no como hecho aislado individual, pues uno nace donde nace) la que me provoca rechazo. Creer que un "nosotros" totalmente encapsulado se puede argüir como derecho preeminente sobre los demás. Algo así.
La derecha argentina es una derecha culposa. Se detenta puertas adentro de casas y taxis, se tira en la mesa de un bar pero, cual sociedad secreta, se niega ante la pregunta directa.
Debería decir que la derecha argentina es la peor derecha del mundo, pero hay tanto camino por recorrer para saber realmente cuál es la peor derecha del mundo que por prudencia voy a decir que es una de las más peores.
Veamos:
La derecha argentina es una derecha culposa. Se detenta puertas adentro de casas y taxis, se tira en la mesa de un bar pero, cual sociedad secreta, se niega ante la pregunta directa.
Debería decir que la derecha argentina es la peor derecha del mundo, pero hay tanto camino por recorrer para saber realmente cuál es la peor derecha del mundo que por prudencia voy a decir que es una de las más peores.
Veamos:
- Nunca ha gobernado directamente en democracia, siempre necesitó a los militares para expresarse salvo, claro está, la oportunidad en que casi gobiernan directamente con Carlos Saúl Menem, el único que se regodeó en la crapulencia del capital y en la lógica money makes money. Nos fue horrible, no hace falta que abunde. Hay casos locales que aplican, como el de Macri, claro. Pero nunca el país todo eligió directamente a la derecha, sí a derechos.
- Existen ramificaciones e infiltraciones en todos los partidos, incluso en la izquierda, como el PC que en la dictadura apoyaba a Videla armando negocios con la turbinas de Yaciretá o como en los años posteriores a la Revolución Fusiladora, trayendo la Coca Cola a Argentina. La infiltración es muy evidente en la UCR, por su gorilismo histórico, como así también en el PJ, por su historia clasemedista sindicalista anti izquierdista (uff, en la que me meto).
- De todas las encarnaciones posibles, nuestra derecha es vendepatria. Nada de nacionalismo fanático, aún cuando se digan nacionalistas, nada de odiar al extranjero pobre con una mano y a la empresa foránea que se lleva las divisas con la otra, no. Solamente odio al pobre, al indio, al diferente, sobre todo, si es extranjero.
- Ha creado una leyenda de ser buena gestora, buena administradora de la cosa pública. Sin embargo, jamás ha sido demostrado en la práctica; más aún, ni siquiera sus protestas de honestidad empresaria ("me dedico a la política porque no necesito dinero") han sido confirmadas, más bien todo lo contrario. En Argentina, para ser rico hay que ser proveedor del Estado o agroexportador, y en ambos casos tener un equipo de contadores y abogados que construyan una ingeniería tributaria pirata sólida y bien aceitada. También, se ha autonombrado garante del orden, un orden que no siempre tiene límites claros y que la tiene de árbitro pero que no la afecta.
- Si sos de derecha, sos de la clase social más acomodada, la que menos privaciones sufre, la que más tiene que perder. Sin embargo, es increíble la cantidad de modestos cuentapropistas y oscuros empleados bancarios que tienen adentro, más que un enano fascista, un goliath berlusconiano. Y crecen en número notablemente gracias al ingenio de la izquierda para insustanciarse.
- La mordida transmisora de la rabia derechista se transmite en la carrera de ratas, en el sálvese quién pueda venenoso entre aquellos que no suelen ser más que sus víctimas. La candidez y el wannabismo hacen mucho más favorable el desarrollo del virus, pero es el miedo el verdadero agente transmisor. Por eso, en realidad, un derechista es, primero que nada, un miedoso. Es raro ver un pobretón de derecha, básicamente, porque no tiene nada que perder. Pero hay cada salame.
- Como tiene miedo, al derechista lo seduce la justicia, sobre todo, cuando es ejercida por esa concepción del poder, también armarse en defensa propia cuando eso no es así y usar la ley del Talión cuando conviene. El derechista espera, a cambio de ese apego por "lo justo" una protección que lo excluya del castigo por cualquier delito que cometa.
- Hoy corre detrás de Blumberg, mañana comparte una asamblea barrial con troskos y pasado vota a un cheto analfabeto no más ilustrado que esos motochorros que tanto teme (y que, desde la cuna, viene acumulando latrocinios gigantes al Estado, es decir, a todos nosotros). Por eso es boba, sin memoria y de corto aliento. Salvo el desprecio a los zurdos, la verdadera sangre de la derecha nacional, no tiene continuidad aparente.
- Casi no existen derechistas ateos (salvo el Partido Comunista, que tiene otra religión). Como fanáticos, los derechistas tienen una concepción totalmente trastornada de Evangelio, en la que todas las parábolas de Jesús contra la acumulación de riqueza, la solidaridad y la compasión son consideradas letra muerta e ignoradas, salvo cuando hay que hacer tés canasta. Lo único que importa es la idea rigorista de la moral, entendida como eso que hacen los demás en público y que yo me guardo muy bien de hacer puertas adentro.
- Entonces, es moralista y doble moralista. Adquirió de la jerarquía eclesiástica la manía de ver la paja en el ojo ajeno, de ignorar la viga en el propio, incluso un tronco de sequoia en el orto (¡y cómo rompe las bolas con la moralina!).
- La sociedad, informada y evolucionada, tiende a tener conciencia de sí misma y confluye. Las viejas organizaciones pro statu quo (ligas de padres, por ejemplo) y que no son el hueso sino el músculo del cuerpo nacional de derechas hoy deben enfrentarse no al individuo perturbador de su moral occidental y cristiana, sino a las organizaciones que los representan y que son verdaderos agentes de cambio, cuyas reivindicaciones se viven como derrotas por la derecha entera.
- Es la solución para los problemas de unos pocos de parte de muchos, es decir, muchos tienen que sudar la bonanza de unos pocos y eso es impopular. Para que esto suceda, hace falta un sistema político corrupto, férreo y despiadado. En un país como el nuestro, en el que la mayoría aspira a vivir como acomodados burgueses, es difícil creer que se den las condiciones para una derecha pura y dura. Sin embargo, nunca hay que desestimar la apostasía de la izquierda vernácula o el giro del peronismo o la UCR a la derecha (aunque en las boletas diga PRO), pero cualquier derecha siempre estará asociada a un estado de cosas injusto y desequilibrado. Sin los militares, cualquier tropezón no será una caída que dure más de diez años (aunque tal vez no haya cuerpo que la aguante).
- El verdadero liberalismo de derecha asusta a los fascistas vernáculos tanto como la Revolución a nuestros guevaristas. Por eso, en realidad, la derecha argentina es solamente la que hace negocios con el dinero de todos los demás, no con el propio. "Empresas pobres y empresarios ricos", viviendo todos del Estado (o de su inexistencia).
- La derecha ha sido capaz de matar sin ambages cuando se le presentó la oportunidad. Desde la Patagonia Rebelde, incluso antes, desde el fusilamiento de Dorrego hasta acá, sembró de cadáveres las páginas escritas y no escritas de la historia. Todavía tomando la asquerosa teoría de los dos demonios como posible, la diferencia es tan grande que es uno de los argumentos para rebatirla. La derecha mata, incluso sin armas, por desidia, indiferencia, desprecio y saña.
Conclusiones:
- La derecha se aísla cada vez más de la sociedad real, formada por grupos sociales autoconscientes, que limitan la capacidad de maniobra de un posible estado fascista. Eso, en democracia, haría que los propios votantes estuvieran inconformes con su gobierno de derecha, porque jamás podría hacer éste los cambios a la velocidad que sus electores esperan. En el fondo, un votante de derecha es más radical que uno de izquierda, pero más paciente.
- El propio wannabismo social haría que, ante la imposibilidad de acceder a la riqueza, los que queden afuera pierdan la paciencia. Para que haya democracia fascista, habría que distribuir, aunque más no sea, a unos cuantos más para crear la ilusión de la pirámide de Ponzi. El problema para la derecha, paradójicamente, es que siempre hay uno que promete más. Cuando se promete más allá de la decencia, se termina expuesto como nazi, oligarca, facho, etc. por lo que hay una autorregulación hacia la centro derecha, por lo menos, en el discurso.
- Cuando alguien de convicciones liberales se vuelve muy poderoso, y sobre todo cuando hay muchos negocios disponibles, prefiere permanecer con un perfil muy bajo y sus ambiciones políticas disminuyen. Se considera la política una distracción y hasta teme que, cual cigarra, lo agarre el invierno económico en medio de una asamblea. Pero eso no quita que el dinero (mal) habido se use para comprar voluntades, por lo que ganar dinero nunca será apolítico, como pretenden hacernos creer.
- En realidad, estamos viviendo una derecha moderada, que tolera un perfil bastante alto de ciertas reivindicaciones de la izquierda como concesión para mantenerse en el poder, logrando un equilibrio bastante paradigmático: ciertos sectores de izquierda la apoyan, pues no se tienen fe como fuerza electoral y prefieren esas migajas a ir por la torta entera. Se hace difícil identificar, entonces, dónde está la verdadera derecha.
- Conserva un poder bastante menoscabado en el plano social y religioso, el cual puede considerarse en un mínimo histórico y puede crecer, pero necesita de una calamidad social y política para venderse como ordenador (un señor cabezón, por ejemplo), no veo probable que mediante las urnas y en un estado de cosas regular-bueno.
- No importa qué prometa, qué simpatía despierte: más temprano que tarde, el grueso de los votantes empieza a descubrir que ni hay orden, ni justicia, ni valores, ni achicamiento del Estado, ni cuentas claras, ni honestidad, ni un catzo, sólo un grupo de poder que ha tomado el ídem en beneficio propio y que han robado lo suficiente para convertirse en millonarios hasta la decimoséptima generación.
La derecha es la peor de todas las posibilidades para la Argentina. No podría vivir en un país gobernado por la derecha.
28 julio 2011
Elecciones S11E01: El socialismo mágico.
Estoy desesperado. Por primera vez en la historia, mi historia, no tengo la más peregrina idea sobre a quién votar. Le temo al status quo, pero me asustan como posibilidades también las principales alternativas; por otro lado me da miedo la veleidad del político argentino medio, su falta de conocimiento y convencimiento para con el propio sistema político del que forma parte, su escasa voluntad por liberar al votante de pactos varios, darle instrucción y, sobre todo, respetar su decisión -conveniente o no- cuando ésta se manifiesta.
Cada sector de nuestra política (grosso modo: izquierda, peronismo kirchnerista, peronismo itself, derecha moderada -UCR-, derecha auténtica -PRO- y otros varios inclasificables) es una galimatías, casi imposible de resolver. Intento, con esta serie de posts, elucubrar una salida, aunque más no sea, tramposamente dialéctica. Neurosis política, bah.
Empecemos por la izquierda diciendo que la izquierda argentina es la peor izquierda del mundo:
Cada sector de nuestra política (grosso modo: izquierda, peronismo kirchnerista, peronismo itself, derecha moderada -UCR-, derecha auténtica -PRO- y otros varios inclasificables) es una galimatías, casi imposible de resolver. Intento, con esta serie de posts, elucubrar una salida, aunque más no sea, tramposamente dialéctica. Neurosis política, bah.
Empecemos por la izquierda diciendo que la izquierda argentina es la peor izquierda del mundo:
- Debate una realidad política que no la tiene como agente de cambio. Los zurdos hablan de ponerla, pero son eunucos políticos. Su "acción" política es cortar Corrientes y Callao, llevar las banderas a una toma de edificios, sacar comunicados de repudio interminables, sobre los temas más variados. Prepararse para ganar elecciones no es posible.
- Vive una realidad cuántica de la política: siempre mide la realidad sustrayéndose de ella, por lo que la crítica jamás la alcanza. Que gane el peronismo o Macri es un problema de la sociedad, no de la izquierda. Ni hablar de autocrítica. Eso es hacerle el juego a la derecha, compañerito.
- El estado de debate es permanente, con sólo dejar transcurrir el tiempo, dos zurdos encontrarán un tema para ponerse en desacuerdo. Y a partir de entonces, dicha diferencia será "irreconciliable".
- Siendo sus simpatizantes, afiliados, adherentes y demás deudos supuestamente "colectivos", se atomizan hasta el punto de convertirse en la más individualista de las fuerzas. Un zurdo, un voto. Y una sigla nueva.
- Su desorganización y/o inorganicidad estructural es fruto de su concepción totalitaria incapaz de aceptar la voluntad de la mayoría, empezando por la propia, puertas adentro. Un socialista jamás va a acatar el mandato contrario de sus compañeros, renuncia a esos compañeros y se busca otros. O va solo, qué tanto.
- Su composición idiosincrática la vuelve incapaz de construir una mayoría. Incoherentemente, piensa que aún sin juntar a los propios puede aglomerar a los ajenos. No puede organizar una minoría, menos va a hacerlo con una mayoría.
- Sus candidatos jamás dirán qué van a hacer o cómo van a cambiar el actual estado de cosas desde la concepción socialista de la política. Dirán en qué se equivoca éste o aquel, se indignarán, se pondrán poleras, se dejarán la barba guevarista, mameluquearán -sobre todo a otros candidatos de izquierda-, empezarán a utilizar una verba encendida llena de palabras vehementes aprendidas en los comunicados que se redactaban desde la clandestinidad en los setentas, pero jamás analizarán una acción política desde lo fáctico, y mucho menos, la enunciarán.
- Los moderados son tan políticamente correctos que son inocuos, los extremistas tan vehementes y exaltados que son una parodia de sí mismos. En el medio, sólo estados de ánimo.
- Está totalmente blindada a la experiencia de izquierdas exitosas (hoy en día, cualquier experiencia lo es), como la de Lula en Brasil, negándose a aprender aunque sea mínimamente del "caso brasileño". Sin embargo, muchos todavía suspiran con los casos cubano, chino, ruso y/o norvietnamita.
- Tiene una crisis de representatividad, que pudiera resolverse asumiendo de una vez por todas que la izquierda debe representarse a sí misma, no al "pueblo" que equivocadamente es peronista.
- Habla en nombre de "las masas", "el pueblo oprimido", etc. cuando éstos quizá tienen la cabeza puesta más bien en una mejora individual que colectiva, que alcance para comer, curarse, vestirse, mandar a los chicos a la escuela, tener vivienda, vacaciones, un autito, un LCD, computadora, cable, buena pilcha y, de ser posible, un restito para ahorrar. Arrogarse esa representación es tan irreal como hacerlo por los orcos de Mordor. Claro, en medio de esas "masas" hay muchísimas personas que necesitan urgentemente recuperar derechos comunes a cualquier persona, pero hablando de la plusvalía durante veinticinco minutos no les acercan el bochín ni un milímetro.
- Le quitó todo significado a su discurso, a fuerza de repetirlo sin correlato real, el vacío de significado de su vocabulario contribuye actualmente a la invisibilidad de los reclamos más básicos y urgentes que a resaltarlos: por ejemplo, la palabra "popular" tiene menos valor que la adición de la palabra "light" a una mayonesa. Ni hablar de "lucha". Habría que dejarla de usar, al menos, por dos décadas.
- Es tan o más personalista que el pejota (que, por lo menos desde la muerte de Perón, más o menos cada diez años renueva líder), convirtiendo a personas en símbolos que terminan, o bien llevándose las banderas a la banquina, si son personas vivas (por falta de organicidad o renovación); o bien si eligen muertos "en la lucha", los vuelven otro avatar vacío de significado, impregnados por esas palabras ahuecadas por el mal uso continuo que suelen acompañarlos.
- El conflicto, el conflicto, el conflicto: la "lucha" en las calles durante la caída de De la Rúa (manipulada por Duhalde y el PJ bonaerense, directos beneficiados) creó la ilusión de que "las masas" necesitan una izquierda combativa "que las despierten". Que el mismo Duhalde haya salido fortalecido del "despertar de las masas" no es una cuestión importante, lo importante es que "la lucha" tuvo el apoyo de las mismas gordas culonas que después cacerolearon cuando la 125. En la calle, codo a codo, somos mucho más que dos.
- Finalmente, lo más importante de todo, es que la falta de organicidad no es tan peligrosa en el ámbito político como lo es en la calle, donde las cosas pasan irremediablemente. La falta de conducción, de orgánica, de responsabilidad concreta, de evaluación de riesgos y objetivos, mata a los propios militantes de izquierda tanto como los asesinos que van hacer "tiro al pichón" a las marchas o protestas. Después, se podrá culpar a la "patota" por ir a la "lucha" con fierros, a la "burocracia sindical" por usar a esa patota, a la "corporación judicial" por protegerla, a la "corrupción política" por administrarla. Y hacer otras marchas, y seguir "la lucha". Es una profecía de autocumplimiento, en un loop cerrado: cada tanto, un militante caerá para darle el nombre a una agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que ¡uf!.
Resumiendo, la izquierda, como alternativa electoral:
- No entiende el juego de la democracia, en el que hay que construir mayorías, primero puertas adentro, luego hacia afuera.
- Tampoco es revolucionaria, pero a río revuelto...
- No sabe qué hacer con esta realidad, sólo tiene el dedo listo para señalar.
- Su discurso atrasa y su repetición constante banaliza cualquier reclamo.
- Sus candidatos no tienen en cuenta la posibilidad de ganar un cargo ejecutivo ni les interesa averiguar cómo ganarlo.
- No es capaz de organizarse, ni establecer un mínimo estándar de convivencia, ni renunciar al debate estéril cuando lo que está en juego es la representatividad necesaria para que ese mismo debate tenga peso político.
- No evalúa los objetivos en función de los riesgos, por lo que un supuesto gobierno de izquierda podría ser más peligroso para sus militantes que para "el enemigo".
En definitiva, la izquierda apesta. Pero veamos en futuros posts qué tanto apestan los demás.
Los atiendo en los comentarios.
25 junio 2011
Elogiame -o decime la verdad pero haceme creer que es mentira.
Los elogios son una cosa peligrosa. Elogiar es elegir, y elegir es complicado. Elogiar es demostrar interés, poner el foco, resaltar algo. Y la gente cree que toda ella es digna de elogio. Bah, no sólo las personas, también otros entes, pero esperemos un poco para llegar ahí.
Para que cuando elogiamos no entremos en un terreno pantanoso, debemos hacerlo en general, íntegramente; hay que tener mucho cuidado con no sesgar el elogio. Ciertas personas saben muy bien de lo que estoy hablando (los susceptibles, por ejemplo): detrás de todo elogio hay un subtexto que puede leerse claramente. Vaya que sí. "Qué linda estás hoy", en primera instancia, es un excelente piropo. Claro, no para todo el mundo. Explicar el acotamiento temporal puede complicarle las cosas al elogiador desprevenido, al punto de instarlo a nunca más repetir semejante estupidez. Si a un artista uno le dice que "esta es tu mejor obra, lejos", puede estar chocando con la propia percepción del autor, que suele andar desconectada de la opinión de cualquier crítico, incluso, el más benigno. Todo artista sabe que cuando lo elogian lo están influenciando, diciéndole "esto es lo que esperamos de vos, no esos mamarrachos de antaño".
"Cuánto hace que no preparabas esta comida", dicho en mi casa materna, después de haber limpiado dos platos generosos de alguna delicia gastronómica, es motivo de una réplica cortante y sonante de la elogiada. Mejor sonreír y golpearse la barriga.
Como todo audaz que persiste, uno busca en futuros elogios la desactivación de susceptibilidades, pero es todavía peor. Una de las técnicas es munirse de una lista de posibles cuestiones elogiables, algo que se hace mucho en el ámbito laboral, aprendido quizá de aquella maestra que nos ponía en el boletín un par de elogios piadosos para que alguna vez lleváramos una apreciación verbal buena cuando la numérica era más bien pobretona: "Alcanzó los objetivos, se esfuerza y es diligente", es como el "es simpático" de la escolaridad primaria. En el trabajo, según el estado de las relaciones entre los implicados, en esas evaluaciones cruzadas jefe-subordinado, suelen existir dos polos opuestos: el perdonavidismo o su opuesto: el elogio-insulto, ambos igual de velados e irritantes y a veces imposibles de discernir. Que mi jefe diga de mí "fulano cumple con la tarea encomendada" u "obtiene buenos resultados en situaciones de baja supervisión" me da ganas de ir a partirle la crisma.
Otro elogio falaz el el elogio reflexivo, muy relacionado a relaciones paternales-filiales: desde el arrobamiento con el que los padres miran a sus hijos "mirá qué lindo me salió, nosotros lo hicimos", pasando por el paternal "¿viste que si hacés lo que te digo te sale excelente?", hasta el más popular "hijo'e tigre", lo que se elogia no es el sujeto en sí, sino al propio elogiante.
Otro elogio falaz el el elogio reflexivo, muy relacionado a relaciones paternales-filiales: desde el arrobamiento con el que los padres miran a sus hijos "mirá qué lindo me salió, nosotros lo hicimos", pasando por el paternal "¿viste que si hacés lo que te digo te sale excelente?", hasta el más popular "hijo'e tigre", lo que se elogia no es el sujeto en sí, sino al propio elogiante.
Elegir también es elogiar, pero mucha gente tiene el concepto pervertido por tanta familia disfuncional alegremente ventilada, trasladándolo a todos los ámbitos y épocas de su vida. En la familia lo primero es el límite personal, el del otro, claro: vivir entre muchos exige hacer respetar primero los lugares y situaciones, o sea, mirar al otro como un posible invasor o un terrorista subversivo. De ahí que no se hable de política, religión o fútbol, no porque sean temas "complicados" sino porque por lo general es difícil no avasallar fronteras. En algunas familias se elogia más al que alcanza la proyección de otro (en el caso de los padres los logros académicos-sociales "m'hijo el dotor", por ejemplo) que al que alcanza sus propios objetivos. También ciertas cualidades como, por ejemplo, ser dócil es ser "bueno", ser apático es ser "respetuoso". Los elogios se tergiversan. El mejor familiar es aquel que no tiene personalidad, dice a todo que sí y jamás piensa en sí mismo. Un esclavo tiene más autodeterminación.
El elogio más chapucero, el más barato, es el de agradecimiento. Otra vez, lo que importa es el elogiador; paradigmáticamente, es el que esperamos obtener de los regalos que hacemos cuando es evidente que el elogio es totalmente interesado y falto de espontaneidad. Suele ser el elogio de los hijos a los padres, otra vez, un refuerzo positivo de adiestramiento: "te elogio porque me das lo que quiero". Qué fácil se confunden los elogios con el afecto (o con otras cosas similares, sobre todo, en la política), algo que no es ni de cerca parecido. Querer se quiere independientemente del elogio, de que haya cosas que elogiar. Puede ocurrir que la persona que uno quiere sea elogiable, es muy probable que así sea, pero no es causa y efecto, o no debiera serlo.
De hecho, inversamente, están tan confundidos que suele creerse que es necesario elogiar siempre a quien se quiere, aunque sea contrario a toda evidencia empírica; e inversamente, que no elogiar implica no querer.
Pueden elogiarme en los comentarios.
El elogio más chapucero, el más barato, es el de agradecimiento. Otra vez, lo que importa es el elogiador; paradigmáticamente, es el que esperamos obtener de los regalos que hacemos cuando es evidente que el elogio es totalmente interesado y falto de espontaneidad. Suele ser el elogio de los hijos a los padres, otra vez, un refuerzo positivo de adiestramiento: "te elogio porque me das lo que quiero". Qué fácil se confunden los elogios con el afecto (o con otras cosas similares, sobre todo, en la política), algo que no es ni de cerca parecido. Querer se quiere independientemente del elogio, de que haya cosas que elogiar. Puede ocurrir que la persona que uno quiere sea elogiable, es muy probable que así sea, pero no es causa y efecto, o no debiera serlo.
De hecho, inversamente, están tan confundidos que suele creerse que es necesario elogiar siempre a quien se quiere, aunque sea contrario a toda evidencia empírica; e inversamente, que no elogiar implica no querer.
Pueden elogiarme en los comentarios.
15 mayo 2011
Todos putos.
Enterarnos de esta noticia nos puede poner a todos un poco en perspectiva.
Soy de los que, estimo pocos, no tienen un gay reconocido en la familia. Hablo de "gay" (u otros términos que usaré) porque me parece que en temas de género es casi imposible no usar términos erróneos o que puedan ofender a alguien y hacerlo con demasiado cuidado, como he visto por ahí que ahora se usan eufemismos más políticamente correctos, me resulta estúpido. Un puto, un negro, un gordo. El problema no es putonegrogordo sino "un". Otro. Uno que no soy yo ni es como yo. Como nosotros. Así que no jodamos con los calificativos, que la cosa no va por ahí, por lo menos conmigo.
Decía, no tuve familiares de una gaydad evidente. Sin embargo, estuve en contacto con muchos amigos, conocidos, compañeros y un largo etcétera que terminaron, ya de grandes, siendo grandes putos y que, en su despertar sexual (e incluso antes) estaban lejos de ser considerados normales, es decir, que de chicos ya se les veía una putez incipiente. O no, pero a eso vamos, paciencia.
Ser débil, para el machito criado en una casa occidental y cristiana, es sinónimo de ser femenino. Ser el más débil de un grupo de varones llenos de hormonas es una caída en espiral hasta el último escalafón: no podés devolver los abusos por una cuestión fáctica y no hay nadie (o interés) de quien abusarse. Al final, el abusado se cansa y saca fuerzas y deja de lado pruritos y pone resistencia, mucha o poca, y la emprende contra el abusón, o se retira del grupo o, llegado un extremo de desesperación, se cuelga de un árbol. Estoy hablando de chicos absolutamente heterosexuales que caen en esa mofeta prepúber sin signos exteriores evidentes de homosexualidad (uff, ahora vamos a discutir lo de "niños homosexuales"); con ellos, los pequeños gays, pasa otra cosa más triste, además de esto. Rápidamente se genera una burbuja protectora cuando un niño afeminado es detectado, que sirve para evitar que los demás niños se contagien. Y acá llego al meollo del asunto. Evítenme el uso, por favor, de comillas cada dos términos, la mayoría de lo que digo acá es despectivo y no hagamos una cuestión sobre eso. Ni siquiera estoy hablando de una homosexualidad probada o incipiente, demasiado me he peleado con Freud por sus suposiciones psicológicas sobre la analidad, Edipo y todo lo demás como para andar diciendo que un niño es puto o lo será. Estoy hablando de pelotudeces de adultos, nada más: a un niño de, digamos, doce años, que mueve un poco las caderas al caminar, habla con voz finita, cruza las piernas de determinada manera y tiene cierta tendencia a la pulcritud se lo tilda, por una vecina observadora o una tía chismosa, de mariquita. Los niños tienen el puto y el maricón a flor de labios, pero los adultos somos los que usamos esos términos adentro de casa, tanto hombres como mujeres (oh, sí: las mujeres también crían tanto putos como misóginos) : "dale, dejá de tenerle miedo a dormir solo y en la oscuridad, no seas maricón". Amariconado o no, ese niño sufre el desprecio, la promesa de consecuencias terribles por defraudar lo que se espera de él (ser machito) y que no es capaz de demostrar o de satisfacer.
Somos los adultos, quiénes otros, los responsables de la muerte de Carlos, en Chepes. No importa si Carlos era gay o no, no importa si lo sería o no. Importa que somos nosotros los que fallamos, los que no educamos para la diversidad. Lo digo asumiendo mi carga de negligencia, comodidad y desidia por el tema en algunas ocasiones, y cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato. Yo sé dónde lo hacen los míos.
Soy de los que, estimo pocos, no tienen un gay reconocido en la familia. Hablo de "gay" (u otros términos que usaré) porque me parece que en temas de género es casi imposible no usar términos erróneos o que puedan ofender a alguien y hacerlo con demasiado cuidado, como he visto por ahí que ahora se usan eufemismos más políticamente correctos, me resulta estúpido. Un puto, un negro, un gordo. El problema no es putonegrogordo sino "un". Otro. Uno que no soy yo ni es como yo. Como nosotros. Así que no jodamos con los calificativos, que la cosa no va por ahí, por lo menos conmigo.
Decía, no tuve familiares de una gaydad evidente. Sin embargo, estuve en contacto con muchos amigos, conocidos, compañeros y un largo etcétera que terminaron, ya de grandes, siendo grandes putos y que, en su despertar sexual (e incluso antes) estaban lejos de ser considerados normales, es decir, que de chicos ya se les veía una putez incipiente. O no, pero a eso vamos, paciencia.
Ser débil, para el machito criado en una casa occidental y cristiana, es sinónimo de ser femenino. Ser el más débil de un grupo de varones llenos de hormonas es una caída en espiral hasta el último escalafón: no podés devolver los abusos por una cuestión fáctica y no hay nadie (o interés) de quien abusarse. Al final, el abusado se cansa y saca fuerzas y deja de lado pruritos y pone resistencia, mucha o poca, y la emprende contra el abusón, o se retira del grupo o, llegado un extremo de desesperación, se cuelga de un árbol. Estoy hablando de chicos absolutamente heterosexuales que caen en esa mofeta prepúber sin signos exteriores evidentes de homosexualidad (uff, ahora vamos a discutir lo de "niños homosexuales"); con ellos, los pequeños gays, pasa otra cosa más triste, además de esto. Rápidamente se genera una burbuja protectora cuando un niño afeminado es detectado, que sirve para evitar que los demás niños se contagien. Y acá llego al meollo del asunto. Evítenme el uso, por favor, de comillas cada dos términos, la mayoría de lo que digo acá es despectivo y no hagamos una cuestión sobre eso. Ni siquiera estoy hablando de una homosexualidad probada o incipiente, demasiado me he peleado con Freud por sus suposiciones psicológicas sobre la analidad, Edipo y todo lo demás como para andar diciendo que un niño es puto o lo será. Estoy hablando de pelotudeces de adultos, nada más: a un niño de, digamos, doce años, que mueve un poco las caderas al caminar, habla con voz finita, cruza las piernas de determinada manera y tiene cierta tendencia a la pulcritud se lo tilda, por una vecina observadora o una tía chismosa, de mariquita. Los niños tienen el puto y el maricón a flor de labios, pero los adultos somos los que usamos esos términos adentro de casa, tanto hombres como mujeres (oh, sí: las mujeres también crían tanto putos como misóginos) : "dale, dejá de tenerle miedo a dormir solo y en la oscuridad, no seas maricón". Amariconado o no, ese niño sufre el desprecio, la promesa de consecuencias terribles por defraudar lo que se espera de él (ser machito) y que no es capaz de demostrar o de satisfacer.
Somos los adultos, quiénes otros, los responsables de la muerte de Carlos, en Chepes. No importa si Carlos era gay o no, no importa si lo sería o no. Importa que somos nosotros los que fallamos, los que no educamos para la diversidad. Lo digo asumiendo mi carga de negligencia, comodidad y desidia por el tema en algunas ocasiones, y cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato. Yo sé dónde lo hacen los míos.
27 abril 2011
Comiendo bulones
Me gusta ser mujer.
Cuando comenzó la polémica sobre si Hollaback si, Hollaback no, pensé: "Uf... otra vez al pasto: una iniciativa que es válida (no matar insectos benéficos para el medio ambiente, por ejemplo, también lo es) con la que uno puede estar muy de acuerdo pero que jamás tendrá aplicación efectiva, por lo menos, en términos de lo que me queda de vida". Firmo si me piden que firme, haciendo un rápido análisis de conciencia y, sabiendo que jamás veré procesado por agresión a un fletero, a un peón de obra ni mucho menos a un rugbier en tercer tiempo.
No es que sea un cínico pero, chicas, un camino de 1.000 km. se empieza dando un primer paso y éste es un primer paso, nada más. No se puede hacer de esto una cruzada a matar o morir mientras hay cosas más urgentes. Hay que filtrar un poco a veces, lo hype también llegó a las reivindicaciones de género y esto tiene mucho de eso. Firmamos, nos solidarizamos y seguimos con otra cosa más importante. Aprovechamos el espacio desproporcionado que los medios le dan para incluir la violencia familiar, el debate de los sueldos, la identidad de género, en fin, muchas otras cosas.
Me gusta ese tajo.
Jamás en mi vida he podido ejercitar eso que el normal masculino denomina "piropo". Quizá porque el mismo sea sinónimo de atraer atención y yo ando demasiado preocupado en ser lo menos visible posible, en desviar la atención hacia otra cosa, o porque supongo que al resto de la gente, incluso esa señorita que pasa con una minifalda que deja ver las nacientes (o murientes, vaya a saber) nalgas, le pasa lo mismo que a mí y lo respeto.
Uno de los principales problemas del piropo es definirlo, y es la raíz de muchos debates en el tema Hollaback. Las mismas mujeres no se ponen de acuerdo sobre qué es galantería, qué agresión o si existe algo llamado "galantería" y si no es todo agresión.
Cuando voy por la calle mi voz interior discute con el calentón de turno exterior, sea un peón o un trajeado a medida, pero dos cuadras más tarde (haciendo gala del "genio de escalera"). Aquí tengo algunas frases según un sesudo análisis que hice en 30 segundos para clasificar alguno de los verdaderos significados del colectivo "piropo":
Cuando comenzó la polémica sobre si Hollaback si, Hollaback no, pensé: "Uf... otra vez al pasto: una iniciativa que es válida (no matar insectos benéficos para el medio ambiente, por ejemplo, también lo es) con la que uno puede estar muy de acuerdo pero que jamás tendrá aplicación efectiva, por lo menos, en términos de lo que me queda de vida". Firmo si me piden que firme, haciendo un rápido análisis de conciencia y, sabiendo que jamás veré procesado por agresión a un fletero, a un peón de obra ni mucho menos a un rugbier en tercer tiempo.
No es que sea un cínico pero, chicas, un camino de 1.000 km. se empieza dando un primer paso y éste es un primer paso, nada más. No se puede hacer de esto una cruzada a matar o morir mientras hay cosas más urgentes. Hay que filtrar un poco a veces, lo hype también llegó a las reivindicaciones de género y esto tiene mucho de eso. Firmamos, nos solidarizamos y seguimos con otra cosa más importante. Aprovechamos el espacio desproporcionado que los medios le dan para incluir la violencia familiar, el debate de los sueldos, la identidad de género, en fin, muchas otras cosas.
Me gusta ese tajo.
Jamás en mi vida he podido ejercitar eso que el normal masculino denomina "piropo". Quizá porque el mismo sea sinónimo de atraer atención y yo ando demasiado preocupado en ser lo menos visible posible, en desviar la atención hacia otra cosa, o porque supongo que al resto de la gente, incluso esa señorita que pasa con una minifalda que deja ver las nacientes (o murientes, vaya a saber) nalgas, le pasa lo mismo que a mí y lo respeto.
Uno de los principales problemas del piropo es definirlo, y es la raíz de muchos debates en el tema Hollaback. Las mismas mujeres no se ponen de acuerdo sobre qué es galantería, qué agresión o si existe algo llamado "galantería" y si no es todo agresión.
Cuando voy por la calle mi voz interior discute con el calentón de turno exterior, sea un peón o un trajeado a medida, pero dos cuadras más tarde (haciendo gala del "genio de escalera"). Aquí tengo algunas frases según un sesudo análisis que hice en 30 segundos para clasificar alguno de los verdaderos significados del colectivo "piropo":
- Expresión de frustración por inalcanzabilidad ("Si antes no te registraba la flaca, ahora te va a evitar pasando por la otra cuadra. Si te tenía temor, ahora seguro prefiere tirarse abajo de un Sesenta si la seguís por la calle").
- Expresión de inseguridad ("si te gusta, qué gritás desde un cuarto piso, 'te chupo lo' moco', mamitah', si te llega a dar cabida te morís del asco").
- Expresión usada como moneda de intercambio posicional en la manada de machos ("Si por vos fuera, pasarías las veinticuatro horas con esos mismos monos jugando fútbol, tomando cerveza, comiendo asado y hablando de las minas que se cogen... hipotéticamente ¿Para qué insultás a la pobre mina que no te hizo nada?").
- Expresión de neta violencia de género, contenida por los usos sociales ("... y la diurnidad y la presencia de testigos y que por ahí ayer viste un capítulo de CSI y ahora tenés miedo, con esa luz violeta, hasta de cuando te masturbás").
- Expresión de exacerbación del cuerpo femenino, con rudimentos de rima consonante, sin criterio estético alguno ("Jardín Florido murió, pero hay quien lo quiere zombie. Aparte, pará un poco, ¿te gustan todas?. Con razón Dolina los llama 'agrandadores de loros'").
- Expresión de anhelos sexuales emitidos como bisbiseo subvocal sibilante, visión de tunel algo estrábica y pérdida de saliva ("este seguro raja al baño en 5, 4, 3...").
Esta es una rápida clasificación en la que hay matices, yuxtaposiciones y omisiones. Elija ud. de qué quejarse.
Es extraño y contradictorio que, cuando se juntan más de dos tipos, el tema recurrente es "mujeres", después del fútbol y sus gastes, vienen los verdugueos porque a fulano "no lo dejaron ir" al fulbito el sábado, o que mengano no come más milanesas y pide ensaladas con poco aceite en el comedor laboral, o que a zutano "la jabru" lo llama cada quince minutos y lo tiene cortito, y de la suegra de futalano mejor ni hablar. Pasada esa etapa tribal, viene el gran tema masculino: las mujeres como otro significante sexual. Tetas, culos, las cosas que ellas hacen con sus vaginas, los tipos con los que andan y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con esa cuestión tan incomprensible que es, para el hombre, ser mujer. Según la edad, cuando es evidente que no hay demasiada acción, puede sustituirse por catarsis de mucho porno sublimado hacia compañeritas y/o familiares y/o amigas lejanas o cercanas.
Chicas muertas.
Desde chiquitos se nos ocultan todas las "anormalidades" femeninas: Andrés, "enfermarse", estar "de compras", "hacerse señorita", "viajar al extranjero" y miles de eufemismos para no decir menstruación, período menstrual, embarazo, menarca, aborto, etc., fomentada, entre otras cosas, por esa cosa que dice que los hombres sólo gustarán de las mujeres si no las conocen. Fui a colegios mixtos, y jamás nadie nunca jamás de los jamases dijo que alguna de mis compañeras hacía otra cosa que "descomponerse". Por el otro lado, la exacerbación de lo simplón y poco sensible está yéndose al marrón oscurísimo. Yo mismo llevo 43 años de luchar contra toda mi educación de machismo violento y misógino y no siempre gano, para mi vergüenza.
Y el límite misógino tiene nuevas cotas: ahora ser metrosexual, hacer deportes, darse picos con los amigos, citarse con ellos en el gym, pegarle a la pareja y salir de cabarute es una combinación llena de testosterona y masculinocitos (si es que existen) que se mide en el masculinómetro.
Vení Raquel.
Toda esa agresividad hacia el género femenino esconde un gran temor: todos hemos tenido en la familia un gran hombre que en algún momento cayó como cae un muñeco de trapo y lo único -lo único- que lo mantuvo a flote fue el esfuerzo titánico de una mujer que se lo cargó al hombro. Si una mujer es el resto de valor y fuerza de un hombre, necesario es que ese extra esté disponible cuando el hombre, en pleno uso de sus facultades y fortalezas, lo disponga. Hay que domarla, convertirla en la gran mujer detrás del gran hombre. Ése es su lugar, el del soldado raso. Pan y agua emocional, un par de bifes cuando se salga de madre y mientras tanto a cocinar que me vino un ragú de la gran siete. Por otro lado, los hombres saben íntimamente que cuando debieran liberar sus pretendidas fortalezas por lo general éstas demuestran que no eran otras cosas que pretensiones y viven con terror a que esto se sepa. Por eso el gregarismo masculino está lleno de sucedáneos de lucha más o menos cruentos. Por eso los que dirigen y deciden las guerras raras veces son los primeros en morir, a veces son los únicos en no morir. El soldado raso (el equivalente femenino en la milicia) no tiene derechos, ni voz ni voto. No es un hombre de pleno derecho, por eso también hay que endurecerlo, hacer que su voluntad sea una con la del oficial que lo atormenta. Obedece y riega con su sangre el campo de batalla para que el señor General pueda, el día de mañana, ir a la sala de armas del exclusivo club con un respeto que lo preceda entre his fellows o para que el Sr. Presidente pueda firmar el armisticio de una buena vez e irse de putas.
El auheroe' l mate, chamigo: educación (es lo que falta).
Qué queremos decir cuando hablamos de argumentos.
Esto es lo que me decía la vocecita del diablo interior durante la polémica Hollaback-El Guardían por el pijazo del cronista y el orto de la referente de la acción antipiropo callejero en Argentina:
Este post fue largo. Viene de varias discusiones, conversaciones y estudios de campo que mejor no incluir aquí. Sólo resta decir que cuesta mucho no entrar en ciertos lugares y no terminar con todos los argumentos rotos.
Quiero dejar en claro ahora que no voy a hablar de mujeres, si es justo o no de que se quejen de los piropos. Voy a hablar de los hombres. Téngasemepacienciadijecarajomierda entonces, pues soy hombre.
Yo soy un hombre sincero.
A los hombres, en general, no les gustan las mujeres. Les aburre todo lo femenino, empezando por el propio funcionamiento intrínseco del cuerpo femenino -diferente al masculino, "normal", convexo- que explica por qué hay tantos malos amantes y terminando por el más trivial de sus afeites. El hombre, aún el megaevolucionado metrosexual de este milenio que pareciera que no vive para otra cosa que para levantarse minas, prefiere la compañía eterna de sus compañeros, compinches glandulares, antes que tener que pasar cinco minutos intentando comprender qué significa, por ejemplo, la autoestima femenil y cómo se equivoca cada vez que consuela a una insegura, al creer que su único problema es no tener pene (o sucedáneo) para medírselo con sus congéneres. Y eso ya era así hace 2.000 años.Es extraño y contradictorio que, cuando se juntan más de dos tipos, el tema recurrente es "mujeres", después del fútbol y sus gastes, vienen los verdugueos porque a fulano "no lo dejaron ir" al fulbito el sábado, o que mengano no come más milanesas y pide ensaladas con poco aceite en el comedor laboral, o que a zutano "la jabru" lo llama cada quince minutos y lo tiene cortito, y de la suegra de futalano mejor ni hablar. Pasada esa etapa tribal, viene el gran tema masculino: las mujeres como otro significante sexual. Tetas, culos, las cosas que ellas hacen con sus vaginas, los tipos con los que andan y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con esa cuestión tan incomprensible que es, para el hombre, ser mujer. Según la edad, cuando es evidente que no hay demasiada acción, puede sustituirse por catarsis de mucho porno sublimado hacia compañeritas y/o familiares y/o amigas lejanas o cercanas.
Chicas muertas.
Desde chiquitos se nos ocultan todas las "anormalidades" femeninas: Andrés, "enfermarse", estar "de compras", "hacerse señorita", "viajar al extranjero" y miles de eufemismos para no decir menstruación, período menstrual, embarazo, menarca, aborto, etc., fomentada, entre otras cosas, por esa cosa que dice que los hombres sólo gustarán de las mujeres si no las conocen. Fui a colegios mixtos, y jamás nadie nunca jamás de los jamases dijo que alguna de mis compañeras hacía otra cosa que "descomponerse". Por el otro lado, la exacerbación de lo simplón y poco sensible está yéndose al marrón oscurísimo. Yo mismo llevo 43 años de luchar contra toda mi educación de machismo violento y misógino y no siempre gano, para mi vergüenza.
Y el límite misógino tiene nuevas cotas: ahora ser metrosexual, hacer deportes, darse picos con los amigos, citarse con ellos en el gym, pegarle a la pareja y salir de cabarute es una combinación llena de testosterona y masculinocitos (si es que existen) que se mide en el masculinómetro.
Vení Raquel.
Toda esa agresividad hacia el género femenino esconde un gran temor: todos hemos tenido en la familia un gran hombre que en algún momento cayó como cae un muñeco de trapo y lo único -lo único- que lo mantuvo a flote fue el esfuerzo titánico de una mujer que se lo cargó al hombro. Si una mujer es el resto de valor y fuerza de un hombre, necesario es que ese extra esté disponible cuando el hombre, en pleno uso de sus facultades y fortalezas, lo disponga. Hay que domarla, convertirla en la gran mujer detrás del gran hombre. Ése es su lugar, el del soldado raso. Pan y agua emocional, un par de bifes cuando se salga de madre y mientras tanto a cocinar que me vino un ragú de la gran siete. Por otro lado, los hombres saben íntimamente que cuando debieran liberar sus pretendidas fortalezas por lo general éstas demuestran que no eran otras cosas que pretensiones y viven con terror a que esto se sepa. Por eso el gregarismo masculino está lleno de sucedáneos de lucha más o menos cruentos. Por eso los que dirigen y deciden las guerras raras veces son los primeros en morir, a veces son los únicos en no morir. El soldado raso (el equivalente femenino en la milicia) no tiene derechos, ni voz ni voto. No es un hombre de pleno derecho, por eso también hay que endurecerlo, hacer que su voluntad sea una con la del oficial que lo atormenta. Obedece y riega con su sangre el campo de batalla para que el señor General pueda, el día de mañana, ir a la sala de armas del exclusivo club con un respeto que lo preceda entre his fellows o para que el Sr. Presidente pueda firmar el armisticio de una buena vez e irse de putas.
El auheroe' l mate, chamigo: educación (es lo que falta).
Qué queremos decir cuando hablamos de argumentos.
Esto es lo que me decía la vocecita del diablo interior durante la polémica Hollaback-El Guardían por el pijazo del cronista y el orto de la referente de la acción antipiropo callejero en Argentina:
"Uh, flaco, estás diciendo que le vas a meter un pijazo, PI-JA-ZO, en el ano a una mujer que, según se desprende, no conocés. Vos sí te conocés, así que asumo que el aumentativo es una declaración: has visto muchas pijas y la tuya merece ser calificada de alta pija. A mí, perdón el divague, me da más que eso de "pijazo" viene como consecuencia de un choque, un atropellamiento peneano. 'Epa, me encontré este culo al que no le gusta que le digan cosas por la calle, así que en vez de decir cómo me gustaría rrrrrromperrrrte el orrrrto mami te meto essssto y ahora vas a ver que mejor te lo decía y no te lo hacía, ha ha'. Una emboscada punitiva, o más bien penitiva (por 'penitente': que tiene pene). Otra cosa que se me ocurre es que te gustan los culos bien cerraditos, Cronista, por eso de 'romper'. Romper culos es difícil si tenés una pija grande, lo más probable es que tengas que pegarle un par de golpes a la señora poseedora del ano porque no lo va a relajar, no lo va a relajar, la muy guacha. Vas a tener no sólo que poseerla bíblicamente -aunque bastante poco levíticamente- sino dominarla previamente mostrando quién manda y quién obedece. 'Abrí el culo ahora o vas a ver como te rompo el c... mierda, ya te dije que te iba a romper el culo y ahora no puedo romperte el culo porque lo tenés muy chiquito y apretado y yo realmente no soy un violador experimentado, pero ya sé, abrí el culo o te cago a trompadas, turra, y no se te ocurra creer que soy un violento porque no, ves, no soy ningún violento, es tu culpa, es tu culpa todo esto, yo ni quería romperte el culo ni cagarte a trompadas, esto es todo tu culpa hija de puta, yo soy buen tipo pero ahora todos me señalan, me rajaron de El Guardián y mis amigos me gastan, en Twitter me gastan y todo es tu culpa, siempre lo fue, para qué te metés con nosotros, si no fuera por Hollaback yo jamás te hubiese hecho nada, así que ya ves que Hollaback es una mierda, yo soy un buen tipo, un hombre soy yo', decís esto llorando un poco al final, con el pene dormido y lleno de desesperación porque cuando puteabas te habías calentado un poquito pero te acordaste que ahora tenés que curriculear a lo loco. Menos mal que está Wikipedia. Ah, no, cierto que ahí también ya te escracharon. Me queda una reflexión final: Cronista, tu aceptación al cambio de 'orto' por 'argumentos' me dice que cada vez que perdiste una discusión -y mirá que perdiste muchas- lo que terminaste arruinando no fue sólo un concepto."Entregá el marrón.
Este post fue largo. Viene de varias discusiones, conversaciones y estudios de campo que mejor no incluir aquí. Sólo resta decir que cuesta mucho no entrar en ciertos lugares y no terminar con todos los argumentos rotos.
24 marzo 2011
Pequeño (e incompleto) Diccionario Político Argentino del Diablo.
Argentina: Ver Palermo.
Izquierda: Sector sociopolítico que teme a los que tienen todo por perder. Véase Derecha.
Derecha: Sector sociopolítico que teme a los que no tienen nada que perder. Véase Izquierda.
Necesidad: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a sensatez que sirve para justificar insensateces.
Urgencia: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a proactividad que sirve para postergar necesidades que sin su concurso serían inapelables.
Palermo: Ver Argentina.
Puerto Madero: País dentro de la Argentina que queda en Palermo.
PRO: Sigla política que identifica a un grupo de hijos de empresarios que juegan a la política mientras sus padres hacen dinero más o menos deshonrosamente. Partido político que puso mucho dinero para que en este diccionario la Argentina y Palermo fueran considerado una sola cosa.
FpV: Sigla política que identifica a peronistas que no se asumen como tales porque otros peronistas sí.
Jauretche, Arturo: escritor y politólogo argentino, al que se puede hacer decir cualquier cosa porque casi nadie lo ha leído y los que lo hicieron lo olvidaron hace mucho.
Kirchner, Néstor: político argentino, inspirador de un personaje de ficción llamado Lupín (véase).
Lupin: Personaje de ficción que ganó una elección presidencial con el 31.2% de los votos y que, muerto, vuelve con escafandra y los puños llenos de verdades tardías.
Moyano, Hugo: sindicalista (véase) peronista ortodoxo (eufemismo por facho -véase-) que garantiza el Proyecto Nacional y Popular (véase) desde la derecha más acérrima mientras el Proyecto lo deje vivir y medrar en paz.
Oposición, La: agrupación lineal en la que se encuentra el resto de la política argentina que no es gobierno y que forma una cadena discontinuada por éste último, de manera que unos están a punto de entrar en él y otros ya saliendo. Dícese de un conglomerado de lumbreras políticas que están encabezadas por Julio Cobos (véase) o Ricardo Alfonsín (véase) según cuál esté midiendo mejor en las encuestas.
Carrió, Elisa: señora con una enorme entereza espiritual que encontró una fe inquebrantable en que la carrera presidencial depende de la acumulación de denuncias en las cuales la imaginación desbocada debe ser no sólo el componente más importante, sino que únicamente puede estar diluido en misticismo crístiano. RRPP de Fuerza Bruta.
Perón, Juan Domingo: político, ex Presidente y militar (véase) argentino que creó su propio partido para integrar en él a la clase trabajadora, a la clase media, la clase baja, media alta, media baja, los descamisados devenidos villeros, los piqueteros, los empresarios con conciencia social, los sin conciencia social corruptos y garcas, los políticos conservadores y progresistas (véase Progresismo), la juventud militante, los hijos de los ricachones, a los ricachones, fachos (véase facho) desorientados y/o convencidos, ciudadanos perseguidos por las dictaduras militares (véase militar), militares (véase militar) moderados argentinos, militares (véase militar) torturadores argentinos, militares (véase militar) nazis, financistas judíos comunistas, mujeres rubias, pelirrojas, morochas, hombres negros, negritos, blancos, cogotudos, verdes, azules, colorados, Patti, Hebe de Bonafini, Moyano, Méndez, Grosso, los Rodríguez Saá, toda la familia Saadi (que tiene una coherencia de hierro, son todos peronistas), Madonna, Mick Jagger, Maradona a veces, López Rega y la Triple A, Montoneros, Guardia de Hierro, las Fuerzas Armadas Peronistas, Tacuara, Cafiero, Matera, Duhalde, Cavallieri, Moyano, Camperita Ubaldini, el Grupo de los 8, parte de la Ucedé, parte de la Unión Cívica Radical, parte del Trotkismo (véase trosko) Milagro Sala, Guido Insfrán, José Luis Gioia, José Luis Gioja, y unos abogados llamados Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
sindicalista: dícese del cargo antiguamente electivo del que alguna vez fuera un trabajador común y que actualmente es vitalicio, sobre todo si el susodicho aprendió temprano a vender a los compañeros que dice representar.
Proyecto Nacional y Popular (también conocido como "El Proyecto"): ámbito político en el que todo es posible: los fachos soportan que se hable de los derechos humanos durante los años setentas mientras no se haga nada con los de hoy en día, mientras los zurdos soportan que los ricos sean más ricos con tal de que el Estado cuide que los votantes no se hagan todos piqueteros troskos.
Fernández, Cristina: política y Presidente argentina, notablemente parecida a la periodista Mónica Gutiérrez (la cual cambia periódicamente de peluquero para parecerse menos) y que logró varios récords mundiales: inaugurar 62 veces la misma obra, no estar más de cuarenta horas sin anunciar algo y no preparar ni un discurso en tres años. Gusta de las carteras Vuitton, los atriles y los espectáculos de Fuerza Bruta.
Unión Cívica Radical: antiguo partido político en pujante decadencia que hoy comparte con el peronismo la máxima del manicomio: no se sabe si son todos los que están ni si están todos los que son. Sus dirigentes son especialmente hábiles para administrar la cosa pública, pero es una incógnita cuántos gobiernos deberán pasar en el poder para que lo demuestren.
Cobos, Julio César Cleto: político radical que después fue kirchnerista y después fue radical de nuevo, pero menos. Vicepresidente de la Nación, cargo que ocupa sin vergüenza alguna. Ahora reporta al Multimedios Clarín y aspira a ser Presidente para poder brindar discursos titubeantes usando el doble negativo.
Alfonsín, Ricardo: político radical, hijo del fallecido ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, que se parece bastante al cómico Mario Sapag, imitador de Alfonsín padre. Fue protagonista del cómic de Miguel Rep "Los Alfonsín".
Progresismo: corriente política de centro izquierda que desconfía con sentido común del peronismo y busca cualquier excusa para votar por Mauricio Macri (véase) pero nunca por la Unión Cívica Radical (véase). Espacio indefinido donde habita el porteño que no es taxista.
Álvarez, Chacho: Político frepasista (actualmente en el FpV -véase-), altamente reputado como renunciador y que tiene como mérito haber enseñado al ex Presidente Fernando de la Rúa a hacerse humo cuando las papas queman.
Macri, Mauricio: político prosista, famoso por tragarse bigotes, farfullar un poco menos que Marcelo Bonelli (véase) y querer demostrar que no sólo es una cara bonita sino que es perfectamente capaz de ser peor que su padre. Actual embajador plenipotenciario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las principales capitales de Europa. Casado con una millonaria que da trabajo a numerosas familias de origen extranjero.
trosko: adjetivo que sustantivizado denota al ser 'ezpezial' que no tiene coyunda de carácter sexual (se discute si es por votos o por falta de ellos) y que está en contra de todo, sobre todo otros troskos. Suele usar barba y pelo largo, incluso la mujer. A veces se lo utiliza peyorativamente, al trosko. Otras veces como signo de apertura mental: "Yo tengo un amigo trosko". Los politólogos no logran discernir aún si su oposición a todo es ideológica o sólo falta de sexo.
facho: cualquiera que apoye el derecho de las empresas privadas a ganar lo que quieran a instancias de sus clientes, y que apruebe que el Estado use cualquier método para suministrárselos dóciles y, si no alegres, al menos silenciosos. Gustador de reventar cabezas de opositores, para quien todo aquel no facho es monto (véase). Su frase de cabecera es "hay que matarlos a todos". Taxista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
monto(nero): llámase así al militante de la lucha armada de los años setenta cuya raíz estaba en un predicamento católicoperonistamarxistasocialista pero no trosko (véase). Por extensión, todos aquellos que en los años posteriores a la dictadura militar (véase), adhieren a los ideales montoneros y/o los reivindican pidiendo cosas tan increíbles como la filiación y/o paradero de aproximadamente treinta mil personas que fueron desaparecidas inexplicablemente e inexplicadamente. También por extensión, el gobierno de los (presidentes) Kirchner.
militar: dícese del cargo antiguamente honorífico y que devino derecho de clase, sobre todo si se aprendió temprano a hacer lo que los fachos (véase "facho") necesiten. Especialista en conmoción interior, exterminar amenazas internas, en técnicas de tortura inflingibles a ciudadanos desarmados, en cambiar la identidad de los hijos de éstos y en desaparecer treinta mil personas sin dar explicaciones ni asumir responsabilidades. Es indispensable para un militar de ley ser león con los corderos y un subordinado con los poderosos. No tienen vinculación alguna ni responsabilidad con la defensa del territorio nacional, para eso están los soldados (también llamados colimbas), que no son militares.
Clarín, Multimedios: multimedios publicitario y pseudo periodístico que posee varios partidos políticos. Sus lectores, espectadores y suscriptores suelen ser señalados como militantes políticos de la oposición (véase). Entre sus esfuerzos principales está el servir de campana de silencio de toda información pública y judicial sobre los datos filiatorios de los hijos adoptivos de su directora como así también la adquisición de la única planta de papel para diarios de la Argentina (véase) y darle trabajo a Marcelo Bonelli (véase), además de indicarle al Gobierno qué debe hacer para no aparecer en su portada.
Kirchnerismo: partido político que integra el Partido Justicialista (creado por Juan Perón -véase-) y el FpV según le convenga y que posee varios medios publicitarios y pseudo periodísticos. Sus adherentes son los principales consumidores de esos medios, por lo que más que militantes políticos suelen ser confundidos con suscriptores. Son los apóstoles del "Proyecto Nacional y Popular" (véase). Sus esfuerzos más importantes son decir que está todo bien, encontrarle facetas izquierdistas a Hugo Moyano (véase), decir que existe "dispersión de precios" o "sensación de inseguridad" y en evitar darse cuenta que Juan Pablo Feinmann está más loco que un plumero.
Moreno, Guillermo: fiel guardían cuyo celo casi religioso mantiene absolutamente incólumes las estadísticas oficiales sobre la economía, las cuales obedecen rigurosos parámetros de subordinación a las necesidades oficiales. "Si la economía va bien, ¿para qué saber cuánto de bien?", es su frase de cabecera.
Bonelli, Marcelo: pediodista político agentino, conocido por sus incisisívas elucrubaciones acerca de los recuevecos del proder medriático e político. Su tarea en Clarín (véase) es pordigiosa, llegando a estar siempre en algún medio del holdring en cualquier momento de las 26 horas del día y de la noche. Por las mañanas suele utilizar una tarductoda que intenta acercar sus agudas intrevenciones al respectable pucblico.
Bierce, Ambrose Gwinett: escritor estadounidense nacido en 1842, autor del famoso librito "Diccionario del Diablo", cuya muerte no ha sido registrada aún y que si hubiera vivido en la Argentina hubiese escrito sesenta tomos con actualización anual.
Izquierda: Sector sociopolítico que teme a los que tienen todo por perder. Véase Derecha.
Derecha: Sector sociopolítico que teme a los que no tienen nada que perder. Véase Izquierda.
Necesidad: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a sensatez que sirve para justificar insensateces.
Urgencia: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a proactividad que sirve para postergar necesidades que sin su concurso serían inapelables.
Palermo: Ver Argentina.
Puerto Madero: País dentro de la Argentina que queda en Palermo.
PRO: Sigla política que identifica a un grupo de hijos de empresarios que juegan a la política mientras sus padres hacen dinero más o menos deshonrosamente. Partido político que puso mucho dinero para que en este diccionario la Argentina y Palermo fueran considerado una sola cosa.
FpV: Sigla política que identifica a peronistas que no se asumen como tales porque otros peronistas sí.
Jauretche, Arturo: escritor y politólogo argentino, al que se puede hacer decir cualquier cosa porque casi nadie lo ha leído y los que lo hicieron lo olvidaron hace mucho.
Kirchner, Néstor: político argentino, inspirador de un personaje de ficción llamado Lupín (véase).
Lupin: Personaje de ficción que ganó una elección presidencial con el 31.2% de los votos y que, muerto, vuelve con escafandra y los puños llenos de verdades tardías.
Moyano, Hugo: sindicalista (véase) peronista ortodoxo (eufemismo por facho -véase-) que garantiza el Proyecto Nacional y Popular (véase) desde la derecha más acérrima mientras el Proyecto lo deje vivir y medrar en paz.
Oposición, La: agrupación lineal en la que se encuentra el resto de la política argentina que no es gobierno y que forma una cadena discontinuada por éste último, de manera que unos están a punto de entrar en él y otros ya saliendo. Dícese de un conglomerado de lumbreras políticas que están encabezadas por Julio Cobos (véase) o Ricardo Alfonsín (véase) según cuál esté midiendo mejor en las encuestas.
Carrió, Elisa: señora con una enorme entereza espiritual que encontró una fe inquebrantable en que la carrera presidencial depende de la acumulación de denuncias en las cuales la imaginación desbocada debe ser no sólo el componente más importante, sino que únicamente puede estar diluido en misticismo crístiano. RRPP de Fuerza Bruta.
Perón, Juan Domingo: político, ex Presidente y militar (véase) argentino que creó su propio partido para integrar en él a la clase trabajadora, a la clase media, la clase baja, media alta, media baja, los descamisados devenidos villeros, los piqueteros, los empresarios con conciencia social, los sin conciencia social corruptos y garcas, los políticos conservadores y progresistas (véase Progresismo), la juventud militante, los hijos de los ricachones, a los ricachones, fachos (véase facho) desorientados y/o convencidos, ciudadanos perseguidos por las dictaduras militares (véase militar), militares (véase militar) moderados argentinos, militares (véase militar) torturadores argentinos, militares (véase militar) nazis, financistas judíos comunistas, mujeres rubias, pelirrojas, morochas, hombres negros, negritos, blancos, cogotudos, verdes, azules, colorados, Patti, Hebe de Bonafini, Moyano, Méndez, Grosso, los Rodríguez Saá, toda la familia Saadi (que tiene una coherencia de hierro, son todos peronistas), Madonna, Mick Jagger, Maradona a veces, López Rega y la Triple A, Montoneros, Guardia de Hierro, las Fuerzas Armadas Peronistas, Tacuara, Cafiero, Matera, Duhalde, Cavallieri, Moyano, Camperita Ubaldini, el Grupo de los 8, parte de la Ucedé, parte de la Unión Cívica Radical, parte del Trotkismo (véase trosko) Milagro Sala, Guido Insfrán, José Luis Gioia, José Luis Gioja, y unos abogados llamados Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
sindicalista: dícese del cargo antiguamente electivo del que alguna vez fuera un trabajador común y que actualmente es vitalicio, sobre todo si el susodicho aprendió temprano a vender a los compañeros que dice representar.
Proyecto Nacional y Popular (también conocido como "El Proyecto"): ámbito político en el que todo es posible: los fachos soportan que se hable de los derechos humanos durante los años setentas mientras no se haga nada con los de hoy en día, mientras los zurdos soportan que los ricos sean más ricos con tal de que el Estado cuide que los votantes no se hagan todos piqueteros troskos.
Fernández, Cristina: política y Presidente argentina, notablemente parecida a la periodista Mónica Gutiérrez (la cual cambia periódicamente de peluquero para parecerse menos) y que logró varios récords mundiales: inaugurar 62 veces la misma obra, no estar más de cuarenta horas sin anunciar algo y no preparar ni un discurso en tres años. Gusta de las carteras Vuitton, los atriles y los espectáculos de Fuerza Bruta.
Unión Cívica Radical: antiguo partido político en pujante decadencia que hoy comparte con el peronismo la máxima del manicomio: no se sabe si son todos los que están ni si están todos los que son. Sus dirigentes son especialmente hábiles para administrar la cosa pública, pero es una incógnita cuántos gobiernos deberán pasar en el poder para que lo demuestren.
Cobos, Julio César Cleto: político radical que después fue kirchnerista y después fue radical de nuevo, pero menos. Vicepresidente de la Nación, cargo que ocupa sin vergüenza alguna. Ahora reporta al Multimedios Clarín y aspira a ser Presidente para poder brindar discursos titubeantes usando el doble negativo.
Alfonsín, Ricardo: político radical, hijo del fallecido ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, que se parece bastante al cómico Mario Sapag, imitador de Alfonsín padre. Fue protagonista del cómic de Miguel Rep "Los Alfonsín".
Progresismo: corriente política de centro izquierda que desconfía con sentido común del peronismo y busca cualquier excusa para votar por Mauricio Macri (véase) pero nunca por la Unión Cívica Radical (véase). Espacio indefinido donde habita el porteño que no es taxista.
Álvarez, Chacho: Político frepasista (actualmente en el FpV -véase-), altamente reputado como renunciador y que tiene como mérito haber enseñado al ex Presidente Fernando de la Rúa a hacerse humo cuando las papas queman.
Macri, Mauricio: político prosista, famoso por tragarse bigotes, farfullar un poco menos que Marcelo Bonelli (véase) y querer demostrar que no sólo es una cara bonita sino que es perfectamente capaz de ser peor que su padre. Actual embajador plenipotenciario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las principales capitales de Europa. Casado con una millonaria que da trabajo a numerosas familias de origen extranjero.
trosko: adjetivo que sustantivizado denota al ser 'ezpezial' que no tiene coyunda de carácter sexual (se discute si es por votos o por falta de ellos) y que está en contra de todo, sobre todo otros troskos. Suele usar barba y pelo largo, incluso la mujer. A veces se lo utiliza peyorativamente, al trosko. Otras veces como signo de apertura mental: "Yo tengo un amigo trosko". Los politólogos no logran discernir aún si su oposición a todo es ideológica o sólo falta de sexo.
facho: cualquiera que apoye el derecho de las empresas privadas a ganar lo que quieran a instancias de sus clientes, y que apruebe que el Estado use cualquier método para suministrárselos dóciles y, si no alegres, al menos silenciosos. Gustador de reventar cabezas de opositores, para quien todo aquel no facho es monto (véase). Su frase de cabecera es "hay que matarlos a todos". Taxista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
monto(nero): llámase así al militante de la lucha armada de los años setenta cuya raíz estaba en un predicamento católicoperonistamarxistasocialista pero no trosko (véase). Por extensión, todos aquellos que en los años posteriores a la dictadura militar (véase), adhieren a los ideales montoneros y/o los reivindican pidiendo cosas tan increíbles como la filiación y/o paradero de aproximadamente treinta mil personas que fueron desaparecidas inexplicablemente e inexplicadamente. También por extensión, el gobierno de los (presidentes) Kirchner.
militar: dícese del cargo antiguamente honorífico y que devino derecho de clase, sobre todo si se aprendió temprano a hacer lo que los fachos (véase "facho") necesiten. Especialista en conmoción interior, exterminar amenazas internas, en técnicas de tortura inflingibles a ciudadanos desarmados, en cambiar la identidad de los hijos de éstos y en desaparecer treinta mil personas sin dar explicaciones ni asumir responsabilidades. Es indispensable para un militar de ley ser león con los corderos y un subordinado con los poderosos. No tienen vinculación alguna ni responsabilidad con la defensa del territorio nacional, para eso están los soldados (también llamados colimbas), que no son militares.
Clarín, Multimedios: multimedios publicitario y pseudo periodístico que posee varios partidos políticos. Sus lectores, espectadores y suscriptores suelen ser señalados como militantes políticos de la oposición (véase). Entre sus esfuerzos principales está el servir de campana de silencio de toda información pública y judicial sobre los datos filiatorios de los hijos adoptivos de su directora como así también la adquisición de la única planta de papel para diarios de la Argentina (véase) y darle trabajo a Marcelo Bonelli (véase), además de indicarle al Gobierno qué debe hacer para no aparecer en su portada.
Kirchnerismo: partido político que integra el Partido Justicialista (creado por Juan Perón -véase-) y el FpV según le convenga y que posee varios medios publicitarios y pseudo periodísticos. Sus adherentes son los principales consumidores de esos medios, por lo que más que militantes políticos suelen ser confundidos con suscriptores. Son los apóstoles del "Proyecto Nacional y Popular" (véase). Sus esfuerzos más importantes son decir que está todo bien, encontrarle facetas izquierdistas a Hugo Moyano (véase), decir que existe "dispersión de precios" o "sensación de inseguridad" y en evitar darse cuenta que Juan Pablo Feinmann está más loco que un plumero.
Moreno, Guillermo: fiel guardían cuyo celo casi religioso mantiene absolutamente incólumes las estadísticas oficiales sobre la economía, las cuales obedecen rigurosos parámetros de subordinación a las necesidades oficiales. "Si la economía va bien, ¿para qué saber cuánto de bien?", es su frase de cabecera.
Bonelli, Marcelo: pediodista político agentino, conocido por sus incisisívas elucrubaciones acerca de los recuevecos del proder medriático e político. Su tarea en Clarín (véase) es pordigiosa, llegando a estar siempre en algún medio del holdring en cualquier momento de las 26 horas del día y de la noche. Por las mañanas suele utilizar una tarductoda que intenta acercar sus agudas intrevenciones al respectable pucblico.
Bierce, Ambrose Gwinett: escritor estadounidense nacido en 1842, autor del famoso librito "Diccionario del Diablo", cuya muerte no ha sido registrada aún y que si hubiera vivido en la Argentina hubiese escrito sesenta tomos con actualización anual.
12 marzo 2011
Corretore traditore
Como funciono de maneras extrañas, tengo reacciones contradictorias con los afectos. Algunas personas de mi entorno cercano lo supieron temprano, otras aún no se enteran: si corrijo un error lo hago desde el punto de vista del compañero, del colaborador y siento que el error es también mío, sobre todo si omito la corrección. Es algo que odiaría de alguien que se dice un compañero: ver mi error y dejarme vivir con él. La famosa sinergia: dos personas por sí solas son menos del cincuenta por ciento de una buena colaboración.
Sin embargo, con el resto, las más de las veces se malinterpreta mi observación y termino dando explicaciones de por qué me creo árbitro, curador y/o protector de los decires y haceres de mis afectos o de mis predilectos.
En mi contra: mi sentido del humor es algo simplón, lleno de omisiones (el humor es mucha veces eso, falta de contexto, lo que conspira con la efectividad de una corrección), no soy muy demostrativo y a veces la única prueba de mi afecto es ejercer esa atención sobre lo que hacen, escriben, dicen o piensan ciertas personas. En general, también, las personas se sienten atacadas cuando se les señala un error. ¿Qué tiene que ver el humor? Con los años aprendí que decir las cosas muy en serio pone todavía más a la defensiva al corregido.
Poner atención es enfocar. Es demostrar interés. También es la única herramienta con la que cuento para no sucumbir a todo el resto de la porquería con la que me bombardean y con la que no quiero perder el tiempo. Para mí sería imposible hacer un programa de TV sobre los errores de la TV, porque el 90% de lo que ahí se emite me parece digno de señalarlo como erróneo, equivocado, mal entendido, peor mostrado, etc., etc.. Es decir, ejerzo la crítica dentro de un esquema de interés activo, de "me importa lo que decís".
Sépanlo, cuando dejo de corregir a alguien es porque ha entrado dentro de ese limbo del que rara vez se sale, y lo dejo que muera en su propia palurdez, que es -en definitiva- lo que desea.
No hagan eso conmigo, por favor.
Claro, cuando corrijo estoy 100% seguro y en el caso de no ser así, no sé que estoy en un error y, otra vez, la demostración de que es así me hace aprender y crecer. Corregir implica confrontar saberes, exponerse.
Por supuesto, estamos hablando de errores formales, no de opiniones. Cierto es que hay áreas grises, pero ahí vale la pena discutir. O no, depende del interlocutor. Insisto, no me refiero ahora a esas opiniones sobre temas discutibles, hablo de errores formales o lógicos, de esos que te enseñan en la escuela o el sentido común, errores que yo tengo todo el tiempo y que mi "red de seguridad" me permite corregir sin que muchas veces los demás se enteren. Mis correctoras más importantes son tres mujeres a quienes admiro y que me quieren tanto como para hacerme cualquier corrección a cara lavada y sin un sólo ápice de drama: Cassandra Cross, Vontrier y Gerund, quienes me sorprenden desde el primer día que las leí (y a quienes quiero desde que las conozco). Otras personas me corrigen, entre ellas: Google (porque cuando tengo una duda, lo uso y no me asusta decirlo), y un ecosistema de gente dedicada que me informa que tal cosa no es así, que tal traducción se consigue mejor allá, o que mejor me dedique a la botánica que a escribir libros sobre jardineros. A veces puedo retribuir, pero me dan menos ocasiones para hacerlo. Uno sabe en la escala en la que está en el gallinero según lo cagan: a mí todavía me cagan mucho.
Sin embargo, con el resto, las más de las veces se malinterpreta mi observación y termino dando explicaciones de por qué me creo árbitro, curador y/o protector de los decires y haceres de mis afectos o de mis predilectos.
En mi contra: mi sentido del humor es algo simplón, lleno de omisiones (el humor es mucha veces eso, falta de contexto, lo que conspira con la efectividad de una corrección), no soy muy demostrativo y a veces la única prueba de mi afecto es ejercer esa atención sobre lo que hacen, escriben, dicen o piensan ciertas personas. En general, también, las personas se sienten atacadas cuando se les señala un error. ¿Qué tiene que ver el humor? Con los años aprendí que decir las cosas muy en serio pone todavía más a la defensiva al corregido.
Poner atención es enfocar. Es demostrar interés. También es la única herramienta con la que cuento para no sucumbir a todo el resto de la porquería con la que me bombardean y con la que no quiero perder el tiempo. Para mí sería imposible hacer un programa de TV sobre los errores de la TV, porque el 90% de lo que ahí se emite me parece digno de señalarlo como erróneo, equivocado, mal entendido, peor mostrado, etc., etc.. Es decir, ejerzo la crítica dentro de un esquema de interés activo, de "me importa lo que decís".
Sépanlo, cuando dejo de corregir a alguien es porque ha entrado dentro de ese limbo del que rara vez se sale, y lo dejo que muera en su propia palurdez, que es -en definitiva- lo que desea.
No hagan eso conmigo, por favor.
21 diciembre 2010
El Arca de la Corrección Política.
En mayo de 1896, durante los festejos de la coronación de Nicolás II, cuando la muchedumbre se agolpaba en el campamento de Jodinka, los entablados que cubrían el foso se hundieron con el peso de los asistentes y más de dos mil personas perecieron asfixiadas o aplastadas. Para minimizar el desastre, los allegados al nuevo Emperador le aconsejaron que esa noche asistiera, como estaba anunciado, al baile de la Embajada francesa. Pero muchos de los asistentes interpretaron esta decisión como una muestra de insensibilidad para con las víctimas de Jodinka. "El Zar y su esposa -se decía- han bailado sobre los cadáveres".
Henry Troyat
Rasputín, Rusia entre Dios y el Diablo
Se viven tiempos de corrección política. Es una corrección fruto del miedo -del miedo escénico- y de relojear todo el tiempo si algo mide/no mide, de disimular la bosta mezclándola con concentrados dulzones y avainillados para que no la descubran. Se convierte el discurso en una serie de lugares comunes, bien avenidos, digeribles para el delicado estómago (por resfriado, será) del amplio centro del espectro y se elije ofender poco a alguno de los dos extremos.
Por supuesto, la sociedad es tilinga desde siempre y juzga lo que sucede con parámetros volubles e incoherentes, dignos del pudor de maestras pueblerinas o de marineros eslavos que no vieron tierra en meses, según sople el viento. Adivinar sus veleidades es más difícil que encontrar un empresario con conciencia social.
Hay que ser correcto políticamente pero ocultarlo, parecer insultado, aplomado, o sereno; decir grandes obviedades con ironía, vehemencia, oratoria o simples palabras llanas, según corresponda o sea el personaje que haya que jugar. Nuestros asesores nos dirán, como al Zar Nicolás, si es conveniente ir a bailar a la Embajada y fingir que nunca existió una tarima mal puesta. Los asesores intentarán camuflarnos, si la manada está asustada, nos dirán: "Gritá '¡Lobo, Lobo!'". Si sos el lobo, ponete la piel de alguna oveja que te hayas comido, pero no muestres las orejas ni -mucho menos- los dientes.
La fauna de usurpadores de la corrección política que juegan a furiosos de a ratos, se mueren en la orilla o muerden sus propias lenguas es diversa:
- La abeja que zumba pero perdió el aguijón hace años: Por más que Carrió denuncie el delito más flagrante, su penetrante buzz es más molesto por su propia inconsecuencia posterior (algo que a ella parece no molestarle en absoluto) que por los latrocinios que en el erario pueda producir un funcionario u otro; banaliza todo lo que menciona y lo vuelve parte de un corpus cuyo basamento es una angustia por votos y peso político patológicos. Termina convirtiendo cosas realmente serias e importantes para cualquier Nación en una serie de advocaciones metafísicas que se olvidan tan rápido como se diluye el incienso en una ventolera.
- El perro que ladra, ladra y ladra: en el partido gobernante -y quizá el caso más obvio-, Aníbal Fernández es incapaz de relacionar sus dichos (las "anibaladas") con el hecho de que es parte del partido en el poder, y como tal obligado a operar sobre las dificultades y no a ladrarles como si viera pasar la vida a través de una cerca.
- El gusano que te pudre todo: subirse a una plataforma, al calor de los reflectores (figurados o literales) y decir lo que se tiene realmente ganas de decir -sin eufemismos, alusiones, rodeos y fintas semánticas- después de tanto gallito berreta, parece cosa de valientes, pero no siempre es así. El valor es algo que se tiene íntegramente: ser un jetón insolidario, xenófobo, racista y cruel, por más que seas el portavoz de tus compañeros de clase, es de cobardes y miedosos. Ya sabemos por quién digo esto. No hace falta que lo nombre, porque hay cosas que prefiero no nombrar "por decoro y para que se sepa".
- Los cobayos bienpensantes: las últimas grandes víctimas de la corrección política; los que apoyaron el reciente Matrimonio Universal y son pseudoprogres. Cuando pasean por la calle con sus hijos y ven a una pareja gay demostrándose afecto con un beso, de la mano o abrazados, prefieren dar media vuelta y evitarse el contagiar a sus retoños de libertad sexual manifiesta.
- Las estúpidas zarigüeyas: de los tontos en lugares inconvenientes podemos hablar horas, la corrección política se llevó a varios a la tumba ídem -pensemos en toda la Alianza- pero sobre todo pensemos en Cobos, diplomado en Incómodo Insufrible, preso de su propia pusilanimidad, diciendo: "mi voto no es positivo" (y tratando de convertir un resultado binario en un tercer estado lógico inexistente).
- Los caranchos que siempre están: El periodismo argentino, esa profesión que prefirió dejar su controvertido oficio para devenir en una especie de Academia de la Corrección Política, canonizando a los mártires de La Operación de Prensa y a los santos de la Desinformación. Si Perfil, La Nación y Clarín hubiesen existido en la Rusia del Zar Nicolás -y de hacer lo que hacen en estos tiempos- no hubiera sufrido una Revolución. La autocracia hubiera existido mil años más: tanto bombardearían al pueblo ruso con noticias apocalípticas, actualizaciones contradictorias y repetitivas, sin chequeo de fuentes (o ignorándolas) que los pobres mujiks ya no sabrían si fueron 20, 2.000 o 20.000 los muertos de Jodinka. Perfil hablaría de las carteras de Alexandra, La Nación de la urgencia de abrir las fronteras al dinero occidental y Clarín informaría que las revueltas se suceden en todo el Imperio, desde hace cincuenta años, sin cesar, sin cesar.
Nuestros representantes hoy bailan sobre miles de cadáveres, pero nosotros miramos Tinelli (ahora Gran Hermano, por amor de Dios), votamos a Pino Solanas y participamos del prende y apaga de esta noche, en Caballito.
Nuestros nobles pueden ir tranquilos a la Embajada (de Estados Unidos, últimamente) sin problemas.
Aquí no habrá revolución ni en cien mil años.
17 noviembre 2010
Militantes a pesar de todo.
He vivido algunas "primaveras militantes" y miro de reojo a estos políticos entusiastas, vanos y cargados de opiniones livianas y poco profundas, que se asombraban por la "militancia juvenil" durante las exequias de Kirchner. Vengo de la "primavera de la democracia recuperada" en 1983, bastante más light que la camporista, cuando con 16 años recién cumplidos viví la derrota de Ítalo Luder con tanto dolor como asombro. En aquellos años, a pesar de las diferencias, las juventudes políticas estaban tan ansiosas de militancia que llenaban todos los espacios posibles, inclusos los del debate: recuerdo las largas tertulias, en las que discutíamos con los que sentíamos eran nuestros compañeros del campo popular (la Juventud Intransigente, la Juventud de la Democracia Cristiana -mis futuros compañeros de Humanismo- y la Juventud Comunista, entre otros yerbatales más difusos) sobre nacionalismo, burguesía, oligarquía, reforma agraria, imperialismo y un larguísimo etcétera que incluía la madre de todos los debates, el aborto; que dividía las aguas (o las juntaba, según se vea).
¡Cómo discutíamos! Después de empacharnos de Perón, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Marx, Cooke, mate de por medio o gallina hervida (generalmente robada), nos trenzábamos durante horas y horas en elucubraciones que podían ir desde la supuesta conjura sionista internacional hasta la conveniencia o no de irse a Nicaragua a levantar la cosecha; siempre con la guitarra o el grabador sonando con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Heredia, Quilapayún, Piero (por eso hoy lo detesto), Cuarteto Zupay, Los Olimareños, Los Jaivas, el Cuchi Leguizamón, Isella, Mercedes Sosa, tantos que ya no recuerdo. Hablábamos con nuestros amigos que eran "apolíticos", como se definían, hasta que conseguíamos polarizarlos, a veces en contra nuestro. Éramos la manzana podrida, a nuestro alrededor todo se volvía política, incluso la poesía y la prosa.
Un militante joven de aquellos años era un paria: los mayores nos tenían respeto, pero uno revestido de todas las formas del franco irrespeto: nos ninguneaban, nos quitaban espacios, nos sermoneaban (a mí me retaban por cuestiones varias, pero la principal era por gritar o pintar "Viva Perón Carajo"), nos boicoteaban, nos trataban de "imberbes"; sobre todo nos acusaban, a la Juventud y su "irracionalidad", de haber provocado la caída de Isabel y hasta la misma Dictadura; en fin, nos tenían un miedo bárbaro: nuestra grito de guerra interno era "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes" y, la verdad, no ayudaba a darles confianza. La policía, salvo que fueras de Franja Morada o Junta Coordinadora Nacional y estuvieras medianamente protegido, te odiaba como sólo pueden odiar los mazorqueros: con saña, con deleite, con vocación. Ser militante te hacía su material de trabajo, te ponía en su mira, les daba el derecho de poseerte. Zurdo, puto, comunista, bolche, montonero, rojo, no importara de qué partido político fueras, siempre eras un sarnoso, una lacra, y lo que te pasara era tu exclusiva responsabilidad, quién te manda meterte en política, pendejo de mierda.
Mi hijo es bueno, nunca se metió en política, decían las madres en aquellos años.
Hoy, que soy un adulto (eso dice mi DNI) recelo cada vez más de las primaveras militantes: durante la camporista, miles de adolescentes y jóvenes se marcaron la frente con círculos concéntricos; durante la democrática, nos hicieron pagar el pato de la boda y nos reprimieron interna y externamente hasta hacernos desaparecer; durante la Alianza, nos usaron de escudos humanos. Reemplazaron la cohesión que da la discusión interna con el "mide/no mide" como valor político y la política se llenó de caras bonachonas, abogados rentistas, papás de Mafalda, visionarias con crucifijo, supuestos ingenieros bronsonianos, gobernadores sin gravitación nacional, cabezones piolineros y un largo etcétera, que le tienen terror a enfrentarse a un grupo de adolescentes idealistas y preguntones que aman a Jauretche.
Ahora, que no hace falta enfrentar a los gritones internos, se puede borrar con el codo porque nadie está mirando, nadie grita "primero la asignación universal y no el tren bala, la puta que te parió", en un Luna Park lleno. La patota, el gran enemigo de la militancia, puede tratar de disciplinarte; compañero, ¿es zurdo usted?; compañero, le hace el juego a la derecha; compañero, raje de acá o le partimos el balero como un melón.
¿Qué nos espera en esta primavera, la kirchnerista, en la que "los jóvenes militantes" tienen menos militancia que nunca, y donde sus máximos referentes son gente sin criterio propio y cuyo único valor es la identificación con el proyecto?. Se ven como la patota, no como militantes; la militancia siempre tiene criterio, aunque pueda estar equivocado, e intenta razonar. No es fuerza de choque porque la mandan, es fuerza de choque porque no tiene alternativa a ponerle el cuerpo a sus ideas.
Son tiempos difíciles para la militancia, como siempre lo fueron. Uno no está feliz por militar, porque vive dolido. Milita porque se indigna, porque no tiene más remedio. Porque ser joven y no indignarse es tan peligroso en países como el nuestro como ser un viejo cínico que dice que lo que había en el sepelio de Néstor Kirchner era militancia.
Ser militante es malo para el militante. Es un veneno, algo que va a hacer en contra de todo el mundo, incluso su familia o su vida. Argentina realmente depende de esa militancia, no de patoteros con 4x4, departamento en Puerto Madero, con pase libre en alguna popular de club de fútbol o que viajan gratis al mundial.
¡Cómo discutíamos! Después de empacharnos de Perón, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Marx, Cooke, mate de por medio o gallina hervida (generalmente robada), nos trenzábamos durante horas y horas en elucubraciones que podían ir desde la supuesta conjura sionista internacional hasta la conveniencia o no de irse a Nicaragua a levantar la cosecha; siempre con la guitarra o el grabador sonando con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Heredia, Quilapayún, Piero (por eso hoy lo detesto), Cuarteto Zupay, Los Olimareños, Los Jaivas, el Cuchi Leguizamón, Isella, Mercedes Sosa, tantos que ya no recuerdo. Hablábamos con nuestros amigos que eran "apolíticos", como se definían, hasta que conseguíamos polarizarlos, a veces en contra nuestro. Éramos la manzana podrida, a nuestro alrededor todo se volvía política, incluso la poesía y la prosa.
Un militante joven de aquellos años era un paria: los mayores nos tenían respeto, pero uno revestido de todas las formas del franco irrespeto: nos ninguneaban, nos quitaban espacios, nos sermoneaban (a mí me retaban por cuestiones varias, pero la principal era por gritar o pintar "Viva Perón Carajo"), nos boicoteaban, nos trataban de "imberbes"; sobre todo nos acusaban, a la Juventud y su "irracionalidad", de haber provocado la caída de Isabel y hasta la misma Dictadura; en fin, nos tenían un miedo bárbaro: nuestra grito de guerra interno era "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes" y, la verdad, no ayudaba a darles confianza. La policía, salvo que fueras de Franja Morada o Junta Coordinadora Nacional y estuvieras medianamente protegido, te odiaba como sólo pueden odiar los mazorqueros: con saña, con deleite, con vocación. Ser militante te hacía su material de trabajo, te ponía en su mira, les daba el derecho de poseerte. Zurdo, puto, comunista, bolche, montonero, rojo, no importara de qué partido político fueras, siempre eras un sarnoso, una lacra, y lo que te pasara era tu exclusiva responsabilidad, quién te manda meterte en política, pendejo de mierda.
Mi hijo es bueno, nunca se metió en política, decían las madres en aquellos años.
Hoy, que soy un adulto (eso dice mi DNI) recelo cada vez más de las primaveras militantes: durante la camporista, miles de adolescentes y jóvenes se marcaron la frente con círculos concéntricos; durante la democrática, nos hicieron pagar el pato de la boda y nos reprimieron interna y externamente hasta hacernos desaparecer; durante la Alianza, nos usaron de escudos humanos. Reemplazaron la cohesión que da la discusión interna con el "mide/no mide" como valor político y la política se llenó de caras bonachonas, abogados rentistas, papás de Mafalda, visionarias con crucifijo, supuestos ingenieros bronsonianos, gobernadores sin gravitación nacional, cabezones piolineros y un largo etcétera, que le tienen terror a enfrentarse a un grupo de adolescentes idealistas y preguntones que aman a Jauretche.
Ahora, que no hace falta enfrentar a los gritones internos, se puede borrar con el codo porque nadie está mirando, nadie grita "primero la asignación universal y no el tren bala, la puta que te parió", en un Luna Park lleno. La patota, el gran enemigo de la militancia, puede tratar de disciplinarte; compañero, ¿es zurdo usted?; compañero, le hace el juego a la derecha; compañero, raje de acá o le partimos el balero como un melón.
¿Qué nos espera en esta primavera, la kirchnerista, en la que "los jóvenes militantes" tienen menos militancia que nunca, y donde sus máximos referentes son gente sin criterio propio y cuyo único valor es la identificación con el proyecto?. Se ven como la patota, no como militantes; la militancia siempre tiene criterio, aunque pueda estar equivocado, e intenta razonar. No es fuerza de choque porque la mandan, es fuerza de choque porque no tiene alternativa a ponerle el cuerpo a sus ideas.
Son tiempos difíciles para la militancia, como siempre lo fueron. Uno no está feliz por militar, porque vive dolido. Milita porque se indigna, porque no tiene más remedio. Porque ser joven y no indignarse es tan peligroso en países como el nuestro como ser un viejo cínico que dice que lo que había en el sepelio de Néstor Kirchner era militancia.
Ser militante es malo para el militante. Es un veneno, algo que va a hacer en contra de todo el mundo, incluso su familia o su vida. Argentina realmente depende de esa militancia, no de patoteros con 4x4, departamento en Puerto Madero, con pase libre en alguna popular de club de fútbol o que viajan gratis al mundial.
12 noviembre 2010
Los pelos y la Izquierda.
Siempre me llamó la atención que la izquierda argentina negara tanto a Santucho, Cooke o Tosco, por poner tres de los más representativos. En el corpus dogmático Cooke es citado con morosa frecuencia y en las advocaciones discursísticas, el cordobés. Al santiagueño casi todo el mundo lo solapa, no vaya a ser cosa. Es piedra, una especie de Roberto Maidana de la Revolución, parece.
La iconografía, que parece copada por el Che con absoluto monopolio, los ignora bastante: en una marcha de la izquierda, casi ni se los menciona, y sus imágenes son prácticamente desconocidas para los no iniciados anche algunos novatos. Hace unos años alguien me hizo notar lo mismo con Fidel: "El Imperio no quiere a Fidel por modelo. Fidel resiste, el Che está muerto, muerto por cabezón, por idealista, como una alegoría. Al imperio le conviene un Che que inspire pero que sea letra muerta, no un Fidel que inspire, lidere y ayude revolucionarios". Me parecía un poco exagerado, pero iconográficamente el perfil de Castro es tan o más reconocible que el de Guevara, me quedé pensando aquella vez, confundido. Le contesté que me parecía que Castro era más discutible precisamente por eso, por estar vivo, por acumular errores, incoherencias, malentendidos, que siempre empañan a los que hacen algo por mucho tiempo. Y que no se mueren.
Nuestro panteón nacional de izquierda puede tener como figura muy importante al Che, pero no es la única, vamos. Todavía le dicen "guevarista" a cualquier joven barbudo un tanto trosco. Santucho parecía (y era) un contador, ¿será por eso, porque abundan los pilosos en los partidos de izquierda que prefieren a Guevara, o es precisamente al revés? ¿No sería más útil, menos chocantes, que las hordas trotkistas no fueran muy distintas de los burgueses en las marchas contra la 125?. Peor le va a Tosco, que de ídem sólo tenía los aires campechanos y que si le ponías un traje parecía un señorito inglés, de tan rubio y prolijo. De Cooke la imagen es más la de un comisario de pueblo y, convengamos, su nombre es más sospechoso de ser un infiltrado de la CIA que el de un peronista de izquierda revolucionaria de armas tomar.
Santucho, Cooke y Tosco eran hombres comunes, llenos de contradicciones (como Fidel) y más dispuestos a sumar que a cortarse solos. Sobre todo, eran hombres-catalizadores, capaces de producir los cambios leudando una masa crítica capaz de producirlos. Por algo el Che nunca vino a hacer la revolución al monte argentino: sólo se animó el Loco Santucho, como le decían los milicos.
Nunca entendí por qué "La Cámpora" eligió como leit motiv el apellido de un presidente al que todos querían entornar y/o hacer renunciar, según fuera el negocio. Nadie creyó nunca en este odontólogo, salvo que no tenía ningún poder y que iba a soltar el Sillón ¿por qué elegirlo de insignia? Más idealismo, esta vez, mágico. Imagino que por la "primavera camporista", pero dicha primavera costó tantas vidas que mejor ni hablar de ello acá.
¿Será que a la izquierda argentina le pesa la conciencia, le pesa odiar al compañero, le pesa acusarlo de jugar para el enemigo, le pesa acusarlo de infiltrado, le pesa ser izquierda por serlo para negar, por serlo para sobrevivirle a disputas de las que ya nadie tiene el más mínimo recuerdo?.
¿Qué hubiese pasado si Maradona se tatuaba a Tosco, si las remeras que venden en Once fueran del revolucionario obeso, obseso y obcecado? ¿Qué si las banderas rojas tuvieran los ojos tristes de Santucho, tan idealista como el Che y tan muerto traicioneramente como él? ¿Qué izquierda tendría la Argentina? ¿Qué Argentina tendría la izquierda?.
Porque, en la Argentina, la izquierda siempre le hace el juego a la derecha. Incluso cuando elije a quién pone en sus banderas.
08 noviembre 2010
El lado oscuro de las intenciones.
Ciertas actitudes son incomprensibles para los demás, tendríamos que definirlo por convención y dejar de sorprendernos (o indignarnos) cuando no las entendemos: se pueden sintetizar, racionalizarlas dentro del contexto de las personas que son capaces de tomarlas; pero pueden resultar imposibles de transferir a las circunstancias personales de uno. Dentro de las opciones que manejamos, la opción del otro no es la primera, por ejemplo. A veces no es ninguna opción posible, lo que la hace más intelectualizada y menos practicable, si se quiere. Algunos han dado en llamar a esta imposibilidad de elegir esas opciones moral, otros principios, pero es una idealización que en el fondo convierte a la decisión del otro en una excepción a una regla: nuestra regla.
La frase no entra en mi código moral contiene una crítica certera sobre la moral del otro, porque la moral pareciera ser siempre algo a lo que se accede a los saltitos y en puntas de pie de tan alto que está (excepto cuando es baja o decadente, claro).
Dije "si se quiere" y pienso que se necesita voluntad para querer imaginar lo que otro hizo y uno no haría: hay quien no quiere ponerse en el lugar del otro; especular es (muy) peligroso para su moral. Se mira y se juzga desde el costadito del Universo que tocó vivir, tan único y especial, imposible de abandonar por un rato.
A favor de los que no se toman el trabajo, como dije al principio: entender algunas actitudes aún haciendo el esfuerzo puede ser imposible y pretender entender a todo el mundo es impracticable.
Existe una confusión primordial entre querer entender y pretender entender a los demás: las intenciones. Tener una moral alta y exigente necesita de un cuerpo de intenciones definido previamente. Por supuesto, una intención sirve sólo como tal, antes de la acción y como marco especulativo; el compromiso ante un decisión putativa es aplicable a lo que aún no sucede y, desde la honestidad, debería ser aplicable sólo a uno mismo. Sin embargo, oh injusticia, generalmente se usan para especular sobre lo que le pasa a otro. De ahí que no sólo no tomamos el lugar de otra persona, ni pensamos en sus circunstancias, sino que le aplicamos nuestro propio código moral, el mismo que soslayamos cuando nos toca a nosotros bailar con la más fea.
El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.
24 octubre 2010
Cómo ladrarle al reflejo de la Luna.
"El wannabismo los hará parecerse a nuestros héroes, pero nunca los volverá héroes", me dijo después de limpiarse la boca puntillosamente con una servilleta.
El viejo militante, acodado en una mesa de La Giralda y con un submarino a medio terminar enfrente, miraba mi cara de asombro. Su cambio me sorprendía, desde aquel greñudo que a fines de los ochenta intentó engancharme en una estructura celular "por las dudas" hasta el actual señor de pelo gris a cepillo que me miraba divertido desde esas dos puñaladas en tarro que eran sus ojos, había mucha diferencia. Allá, por aquellos años, su olfato y el trabajo de ratón de archivo que hacía le habían dejado oler el caldo espeso que se cocinaba en ámbitos militares: los cuadros intermedios, los que habían "puesto los dedos", pedían que se les reconocieran los sacrificios durante el terrorismo de Estado a la hora de los ascensos; Alfonsín los venía ninguneando desde aquella Semana Santa y estaban dispuestos a reaccionar con violencia. Podía ser canalizado o no por alguna estructura de poder que rearmara el "partido militar", y otra vez sopa. Cuando descubrió, hablando con unos militantes de MTP, que andaba el Pelado en la misma que él y con más gente, se desactivó. Honrando la poca comprensión del Sun Tzu del Pelado, todo iba a terminar mal.
Nos vimos algunas veces, desde entonces, en charlas que duraban dos minutos o seis horas y una botella de Fernet, según nuestras circunstancias. A mí me separó del resto (de los "perejiles", como les decía), porque tenía una biblioteca increíble, una de las pocas que sobrevivió al terror de la dictadura militar (en mi casa, por ejemplo, se quemaron todos los libros "sospechosos", que eran casi todos los que había). Tenía a Jauretche, Cooke, Scalabrini Ortiz y, desde Ramos y un largo etcétera, incluía a nacionalistas católicos como Rosa, Palacios ("a los montos les encantan", me decía). Te prestaba algunos libros, después de una largo análisis que incluía una exposición sobre un tema que te gustara o sobre el que considerabas que sabías mucho. En la oportunidad de mis escarceos previos le dije que más que seguridades lo que tenía eran dudas, sobre todo sobre el peronismo. Me había leído la Historia de Palacios, que se había salvado del fuego en casa, y estaba más perdido que perro en cancha de bochas. Hoy no recuerdo qué libro me dio, porque me prestó muchos. A fines de los ochenta, después de la última conversación "de civil", el Topo (vamos a llamarlo así), desapareció por unos años. Yo estaba recién casado y con un hijo en camino, intentando ser lo más burgués que podía (lo veía como una de las obligaciones del amor) y ya estaba transitando el último (y patético) capítulo de mi vida peronista de juventud. Se desilusionó, pero la alarma que tenía no le permitía perder el tiempo conmigo. Se fue.
Unos meses después, me anticipó la jugada de Méndez con los Born. No lo podía creer, cuando se anunció públicamente. Yo militaba en una organización menemista de base, él iba y venía, nadando en los entresijos de la política provincial, nacional y, porque no, Imperial Galáctica. A esa altura yo lo trataba con cuidado, me habían dicho que era servicio, que era agente secreto, tantas cosas. Hicimos muchas travesuras juntos, como romper reuniones en las que se iban a proclamar candidatos de la contra, llegamos a pelearnos en público para desvirtuar una asamblea como maniobra desesperada. Volvió a desaparecer en el noventa y uno.
Nos encontramos unos cinco años más tarde, de pura casualidad. Él ya sabía bastante de mí, porque supo siempre dónde preguntar, y nos pusimos al día rápidamente. Ambos estábamos muy doloridos, Méndez nos había dado a los dos un patadón en nuestros corazones militantes peor que cien Dictaduras. Abjuramos solemnemente del peronismo como solución política. Pensamos que no habría posibilidad coherente de sobrevivir esos tiempos, que el peronismo se había auto eliminado al arriar las banderas y entregar el poder a sus enemigos, y continuar la obra de Martínez de Hoz.
A él le brillaban los ojitos cuando rememoraba los sueños de "las masas acudiendo al llamado", esas masas que iban tan contentas a comprar en cuotas un futuro de villas miserias llenas de paco, marginalidad, clientelismo o delincuencia como medio de vida.
Nos encontrábamos en las calles, a mil kilómetros de distancia uno del otro, cuando cayó la Alianza. "No te olvides de esto: la cruz la van a cargar los radicales, por pelotudos, como con La Tablada, pero esta vez es una emboscada del peronismo. Es el primer golpe de Estado que hacen exclusivamente los peronistas. Por supuesto, el peor peronismo que se te pueda ocurrir. Hoy están juntos, pero el poder en el peronismo siempre lo tiene el que hace laburar a los todos los otros, como hacía el General".
Nos mandábamos mails con reflexiones, links, noticias. Él había puesto un vivero en el tercer cordón del conurbano, casi cayéndose al cuarto. Sabía mucho más que yo, como siempre: decía que les habían negado los fierros a la patota, que los mandaban a bardear "en bolas", a hacer agite en la villas, que había zonas liberadas, que en Rosario se habían comido los mocos por "falta de peso" y que, si era necesario, se iban a cargar a Rucucu en Buenos Aires mandando a las embarazadas contra la montada.
Desde hace unos años, retirado del activismo, participa como satélite junto a cierto dirigente aparentemente caído en desgracia (aunque tuvo participación activa en este "proyecto", sobre todo en sus inicios); como Abogado del Diablo, según dice, todavía puede trabajar.
Mirándome desde detrás de su chocolate, esperaba que yo encontrara sentido a todo lo que me había dicho, el panorama sombrío que me había adelantado. También que digiriera su actualización semántica: había dicho "wannabismo" y en su retórica quedaba como inodoro en el living.
"En realidad, nadie sabe dónde está parado. No hay un sólo actor de la política nacional que pise terreno seguro, ni siquiera el Cabezón. Acostumbraron a todos a la adulación, al servilismo temeroso, a la dádiva. La militancia se parece a los amigos del campeón, con el campeón mismo traicionando al viejo campeón, del que fuera comparsa. A la oportunidad la pintan calva, y todos andan con peluca."
Nos fuimos, deseándonos buen fin de año. Unos cínicos pequebús, tratando de esquivar la tristeza.
El viejo militante, acodado en una mesa de La Giralda y con un submarino a medio terminar enfrente, miraba mi cara de asombro. Su cambio me sorprendía, desde aquel greñudo que a fines de los ochenta intentó engancharme en una estructura celular "por las dudas" hasta el actual señor de pelo gris a cepillo que me miraba divertido desde esas dos puñaladas en tarro que eran sus ojos, había mucha diferencia. Allá, por aquellos años, su olfato y el trabajo de ratón de archivo que hacía le habían dejado oler el caldo espeso que se cocinaba en ámbitos militares: los cuadros intermedios, los que habían "puesto los dedos", pedían que se les reconocieran los sacrificios durante el terrorismo de Estado a la hora de los ascensos; Alfonsín los venía ninguneando desde aquella Semana Santa y estaban dispuestos a reaccionar con violencia. Podía ser canalizado o no por alguna estructura de poder que rearmara el "partido militar", y otra vez sopa. Cuando descubrió, hablando con unos militantes de MTP, que andaba el Pelado en la misma que él y con más gente, se desactivó. Honrando la poca comprensión del Sun Tzu del Pelado, todo iba a terminar mal.
Nos vimos algunas veces, desde entonces, en charlas que duraban dos minutos o seis horas y una botella de Fernet, según nuestras circunstancias. A mí me separó del resto (de los "perejiles", como les decía), porque tenía una biblioteca increíble, una de las pocas que sobrevivió al terror de la dictadura militar (en mi casa, por ejemplo, se quemaron todos los libros "sospechosos", que eran casi todos los que había). Tenía a Jauretche, Cooke, Scalabrini Ortiz y, desde Ramos y un largo etcétera, incluía a nacionalistas católicos como Rosa, Palacios ("a los montos les encantan", me decía). Te prestaba algunos libros, después de una largo análisis que incluía una exposición sobre un tema que te gustara o sobre el que considerabas que sabías mucho. En la oportunidad de mis escarceos previos le dije que más que seguridades lo que tenía eran dudas, sobre todo sobre el peronismo. Me había leído la Historia de Palacios, que se había salvado del fuego en casa, y estaba más perdido que perro en cancha de bochas. Hoy no recuerdo qué libro me dio, porque me prestó muchos. A fines de los ochenta, después de la última conversación "de civil", el Topo (vamos a llamarlo así), desapareció por unos años. Yo estaba recién casado y con un hijo en camino, intentando ser lo más burgués que podía (lo veía como una de las obligaciones del amor) y ya estaba transitando el último (y patético) capítulo de mi vida peronista de juventud. Se desilusionó, pero la alarma que tenía no le permitía perder el tiempo conmigo. Se fue.
Unos meses después, me anticipó la jugada de Méndez con los Born. No lo podía creer, cuando se anunció públicamente. Yo militaba en una organización menemista de base, él iba y venía, nadando en los entresijos de la política provincial, nacional y, porque no, Imperial Galáctica. A esa altura yo lo trataba con cuidado, me habían dicho que era servicio, que era agente secreto, tantas cosas. Hicimos muchas travesuras juntos, como romper reuniones en las que se iban a proclamar candidatos de la contra, llegamos a pelearnos en público para desvirtuar una asamblea como maniobra desesperada. Volvió a desaparecer en el noventa y uno.
Nos encontramos unos cinco años más tarde, de pura casualidad. Él ya sabía bastante de mí, porque supo siempre dónde preguntar, y nos pusimos al día rápidamente. Ambos estábamos muy doloridos, Méndez nos había dado a los dos un patadón en nuestros corazones militantes peor que cien Dictaduras. Abjuramos solemnemente del peronismo como solución política. Pensamos que no habría posibilidad coherente de sobrevivir esos tiempos, que el peronismo se había auto eliminado al arriar las banderas y entregar el poder a sus enemigos, y continuar la obra de Martínez de Hoz.
A él le brillaban los ojitos cuando rememoraba los sueños de "las masas acudiendo al llamado", esas masas que iban tan contentas a comprar en cuotas un futuro de villas miserias llenas de paco, marginalidad, clientelismo o delincuencia como medio de vida.
Nos encontrábamos en las calles, a mil kilómetros de distancia uno del otro, cuando cayó la Alianza. "No te olvides de esto: la cruz la van a cargar los radicales, por pelotudos, como con La Tablada, pero esta vez es una emboscada del peronismo. Es el primer golpe de Estado que hacen exclusivamente los peronistas. Por supuesto, el peor peronismo que se te pueda ocurrir. Hoy están juntos, pero el poder en el peronismo siempre lo tiene el que hace laburar a los todos los otros, como hacía el General".
Nos mandábamos mails con reflexiones, links, noticias. Él había puesto un vivero en el tercer cordón del conurbano, casi cayéndose al cuarto. Sabía mucho más que yo, como siempre: decía que les habían negado los fierros a la patota, que los mandaban a bardear "en bolas", a hacer agite en la villas, que había zonas liberadas, que en Rosario se habían comido los mocos por "falta de peso" y que, si era necesario, se iban a cargar a Rucucu en Buenos Aires mandando a las embarazadas contra la montada.
Desde hace unos años, retirado del activismo, participa como satélite junto a cierto dirigente aparentemente caído en desgracia (aunque tuvo participación activa en este "proyecto", sobre todo en sus inicios); como Abogado del Diablo, según dice, todavía puede trabajar.
Mirándome desde detrás de su chocolate, esperaba que yo encontrara sentido a todo lo que me había dicho, el panorama sombrío que me había adelantado. También que digiriera su actualización semántica: había dicho "wannabismo" y en su retórica quedaba como inodoro en el living.
"En realidad, nadie sabe dónde está parado. No hay un sólo actor de la política nacional que pise terreno seguro, ni siquiera el Cabezón. Acostumbraron a todos a la adulación, al servilismo temeroso, a la dádiva. La militancia se parece a los amigos del campeón, con el campeón mismo traicionando al viejo campeón, del que fuera comparsa. A la oportunidad la pintan calva, y todos andan con peluca."
Nos fuimos, deseándonos buen fin de año. Unos cínicos pequebús, tratando de esquivar la tristeza.
14 octubre 2010
Con perdón de Felipe Kindredo Pito.
Leyendo a Pablo Capanna en su ensayo sobre Philip K. Dick, volví a tener la apreciación que tuve la primera vez que vi "Blade Runner": ¿Cómo fue posible que Hollywood, el epítome de lo políticamente correcto, se haya fijado en semejante historia?. Después de "Total Recall" (echada a perder por la mera presencia de Schwarzeneegger y la necesidad de hacerlo participar en interminables escenas de acción), los nombres famosos se esforzaron por sumar a sus currículos una historia de este chiflado en particular, desdeñando a todos los otros. Hubo intentos, sí, con Heinlein, Asimov, Aldiss y Clarke, por nombrar algunos, pero ninguno tan repetido como Dick. Quizá el otro "mimado" sea Ballard pero, salvo el "Imperio del Sol", no hay tanto entusiasmo como para poner decenas de millones y recrear sus visiones post apocalípticas de productos de consumo abandonados, ciudades tomadas, planeadores, aviones y luces fluorescentes.
No voy a hacer un análisis que tenga que ver con Hollywood, válgame. Nunca creeré en los análisis sobre un género superior (como yo considero la literatura) haciendo la exégesis de uno inferior que lo refleja más o menos imperfectamente -lo siento por los cinéfilos, pero el cine es un arte específicamente técnico (lo dijo Woody Allen, no yo) y, como obra creativa, es apenas lo que vota un comité o lo que un tipo que tiene el control logra traducir con el trabajo de otros. Me gusta el cine, pero más me gusta leer. Lo siento si no está de acuerdo, lector. O cinéfilo, debiera decir.
La única explicación posible es que Dick fue asimilado, de alguna manera, por su tiempo. Lo que hoy vemos en Dick quienes todavía lo leemos, es una obra universal, bastante coherente en su esencia, pero que ha sido fagocitada por la realidad. Los demonios de Dick estaban ahí detrás, embozados apenas, y cada día que ha pasado desde que fueron descritos en papel han ido materializándose, tal vez sin hacerlo del todo, de manera que el hombre común hoy acepta su existencia y acepta que es apenas un personaje secundario a la espera de su Deus ex machina, que lo sacará de una vida monótona o que, revelándose, le explique el porqué de la misma.
Esto último quizá sea lo más recurrente en ciertas intrigas que abundan actualmente: el asesino, el malvado, ya no es un individuo que impone (o intenta imponer) un sistema, sino que el sistema es el perverso, que tiene a ese personaje en lo alto (o en lo bajo) independiente de su individualidad, y es intercambiable con otro u otros. Es una concepción muy acorde al gnosticismo, nos dice Capanna, de Dick, pero también lo es para la persona común que hoy se cree (y puede que lo sea, no es mi objeto desmentirlo) víctima de poderes ocultos, prosaicos, terrenales, o no. Por otro lado, psicológicamente, Dick sintonizó (he aquí la gran duda, porque fue el primero en sentirlas en carne propia, hasta el punto de enfermarlo) ciertas patologías masivas que encontraron en la trama de la caída de Nixon una justificación histórica evidente. Desde el asesinato de Kennedy hasta la caída de Nixon, la sociedad occidental en general y Estados Unidos en particular vivieron una especie de sospecha creciente de manipulación de la realidad, soliviantada por Vietnam y el aumento del petróleo y adormecida con bienes de consumo baratos y en cuotas, crédito y american way of life, al que nadie quería renunciar. La Guerra Fría, la carrera armamentística y Fidel Castro, jugaron el papel del demonio ahí afuera, y se utilizaron para hacer tomar partido a los tibios. La exudación catártica fueron los platos voladores, la generación Pulp y escritores como Dick, para cerrar el ouroboros.
El hombre común, el que paga una entrada para un tanque hollywoodense, no lee a Dick. Pero es posible desarmar una historia de Dick hasta que los demonios al uso del día se hagan evidentes. Y, convengamos, en Hollywood una película se hace o no porque alguien fue capaz de reducirla a una sola frase que puedan entender los productores. Dick, sin menoscabo de su talla como escritor, quien esto escribe es un lector compulsivo de su obra, encarna la subjetividad de la realidad, la individualidad que la explica casi sin necesidad de presentar pruebas, el prurito final de la larga comezón que comenzó con el Pulp y que termina con los actuales abducidos y sectas místico alienígenas.
Quienes realizan estas películas cumplen la misma función que los sacerdotes explicando la Biblia a las almas sencillas hasta hacerla decir lo que desean que diga o lo que la masa quiera escuchar, según se necesite. Hay quienes cumplen este rol mejor que otros, pero en el fondo todos cumplen.
Mi lectura y comprensión de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" distan mucho de la visión de Scott, con todo mi respeto hacia él pues hizo uno de los trabajos más honestos, pues dejó escapar buena parte del carozo ético místico con el que pudieran atragantarse sus espectadores y que es, realmente, uno de los pilares de la historia. Ir al fondo hubiera sido peligroso para todos: abortistas, antiabortistas, geneticistas, médicos, en fin, una larga lista de posibles "objetores de conciencia".
Quizá "A scanner darkly" sea la historia más afín a la original pero, también, ha sido la menos vendedora en la taquilla, con lo que no debe haber muchos entusiastas con hacer otra adaptación tan literal de Dick.
Dicho esto, vuelvo a "The Computer Connection", a ver qué pasa con Chca-5, Guignol y Sequoia.
--------------------------------------
Para quién no esté muy familiarizado con el "verdadero" Philip K. Dick, les recomiendo la lectura de "La fe de nuestros padres". Para quienes sí lo están, no les privaré el placer de su relectura.
Para quien haya tenido alguna duda, adquirí una deuda impagable con Pablo Capanna, a quien leo desde aquellas "Péndulo" y que me condujo por los caminos sinuosos de la imaginería S&F.
No voy a hacer un análisis que tenga que ver con Hollywood, válgame. Nunca creeré en los análisis sobre un género superior (como yo considero la literatura) haciendo la exégesis de uno inferior que lo refleja más o menos imperfectamente -lo siento por los cinéfilos, pero el cine es un arte específicamente técnico (lo dijo Woody Allen, no yo) y, como obra creativa, es apenas lo que vota un comité o lo que un tipo que tiene el control logra traducir con el trabajo de otros. Me gusta el cine, pero más me gusta leer. Lo siento si no está de acuerdo, lector. O cinéfilo, debiera decir.
La única explicación posible es que Dick fue asimilado, de alguna manera, por su tiempo. Lo que hoy vemos en Dick quienes todavía lo leemos, es una obra universal, bastante coherente en su esencia, pero que ha sido fagocitada por la realidad. Los demonios de Dick estaban ahí detrás, embozados apenas, y cada día que ha pasado desde que fueron descritos en papel han ido materializándose, tal vez sin hacerlo del todo, de manera que el hombre común hoy acepta su existencia y acepta que es apenas un personaje secundario a la espera de su Deus ex machina, que lo sacará de una vida monótona o que, revelándose, le explique el porqué de la misma.
Esto último quizá sea lo más recurrente en ciertas intrigas que abundan actualmente: el asesino, el malvado, ya no es un individuo que impone (o intenta imponer) un sistema, sino que el sistema es el perverso, que tiene a ese personaje en lo alto (o en lo bajo) independiente de su individualidad, y es intercambiable con otro u otros. Es una concepción muy acorde al gnosticismo, nos dice Capanna, de Dick, pero también lo es para la persona común que hoy se cree (y puede que lo sea, no es mi objeto desmentirlo) víctima de poderes ocultos, prosaicos, terrenales, o no. Por otro lado, psicológicamente, Dick sintonizó (he aquí la gran duda, porque fue el primero en sentirlas en carne propia, hasta el punto de enfermarlo) ciertas patologías masivas que encontraron en la trama de la caída de Nixon una justificación histórica evidente. Desde el asesinato de Kennedy hasta la caída de Nixon, la sociedad occidental en general y Estados Unidos en particular vivieron una especie de sospecha creciente de manipulación de la realidad, soliviantada por Vietnam y el aumento del petróleo y adormecida con bienes de consumo baratos y en cuotas, crédito y american way of life, al que nadie quería renunciar. La Guerra Fría, la carrera armamentística y Fidel Castro, jugaron el papel del demonio ahí afuera, y se utilizaron para hacer tomar partido a los tibios. La exudación catártica fueron los platos voladores, la generación Pulp y escritores como Dick, para cerrar el ouroboros.
El hombre común, el que paga una entrada para un tanque hollywoodense, no lee a Dick. Pero es posible desarmar una historia de Dick hasta que los demonios al uso del día se hagan evidentes. Y, convengamos, en Hollywood una película se hace o no porque alguien fue capaz de reducirla a una sola frase que puedan entender los productores. Dick, sin menoscabo de su talla como escritor, quien esto escribe es un lector compulsivo de su obra, encarna la subjetividad de la realidad, la individualidad que la explica casi sin necesidad de presentar pruebas, el prurito final de la larga comezón que comenzó con el Pulp y que termina con los actuales abducidos y sectas místico alienígenas.
Quienes realizan estas películas cumplen la misma función que los sacerdotes explicando la Biblia a las almas sencillas hasta hacerla decir lo que desean que diga o lo que la masa quiera escuchar, según se necesite. Hay quienes cumplen este rol mejor que otros, pero en el fondo todos cumplen.
Mi lectura y comprensión de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" distan mucho de la visión de Scott, con todo mi respeto hacia él pues hizo uno de los trabajos más honestos, pues dejó escapar buena parte del carozo ético místico con el que pudieran atragantarse sus espectadores y que es, realmente, uno de los pilares de la historia. Ir al fondo hubiera sido peligroso para todos: abortistas, antiabortistas, geneticistas, médicos, en fin, una larga lista de posibles "objetores de conciencia".
Quizá "A scanner darkly" sea la historia más afín a la original pero, también, ha sido la menos vendedora en la taquilla, con lo que no debe haber muchos entusiastas con hacer otra adaptación tan literal de Dick.
Diferente, muy diferente, son los mundos de otros escritores de ciencia ficción, en los que la ciencia pura y dura (o la fantasía) es la excusa para liberar una especulación sobre nuestro presente o pasado, matar a Dios (Dick lo hizo a menudo, pero sólo para remontar otros dioses), manipular el pasado, el futuro o ambos, negar el alma o probar su existencia, correrse un poco más al Oeste del Universo, y un largo etcétera, todas empresas imposibles o bastante complicadas que no tienen demasiado que ver con el hombre común. Por supuesto, se filman historias de ciencia ficción, pero peligrosamente cercanas, todavía, al western, al misterio del cuarto cerrado. En el cine, estoy de acuerdo con Capanna, la ciencia ficción ha muerto.
Bester, Sturgeon, Cordwainer Smith, Le Guin, Del Rey, permanecen lejos de los cines. Asimov, Heinlein y Clarke no han sido ni siquiera atisbados. Quizá tenga que ver, volviendo a Capanna (ver la nota), con que el género en sí está muerto. Yo no quiero y no lo querré nunca. La ciencia ficción fue mi descubrimiento de la lectura; y también, de la escritura.Dicho esto, vuelvo a "The Computer Connection", a ver qué pasa con Chca-5, Guignol y Sequoia.
--------------------------------------
Para quién no esté muy familiarizado con el "verdadero" Philip K. Dick, les recomiendo la lectura de "La fe de nuestros padres". Para quienes sí lo están, no les privaré el placer de su relectura.
Para quien haya tenido alguna duda, adquirí una deuda impagable con Pablo Capanna, a quien leo desde aquellas "Péndulo" y que me condujo por los caminos sinuosos de la imaginería S&F.
09 septiembre 2010
Movimiento, pragmatismo y fusilamientos.
Son tiempos preelectorales y los políticos andan calculadora en mano, índice negativo en el bolsillo y panfleteando con el positivo todos los rincones. Es decir, el hormiguero está convulsionado y los osos están a la vera relamiéndose, esperando que las estúpidas hormigas -nosotros- vayan a sus pegajosas bocas. Se ubican en los lugares que creen más prudentes -estas hormigas se manducaron a más de un oso hormiguero demasiado confiado- y se salivan con deleite; pero cuando se tiene hambre la espera desespera y muchos ya están haciendo la digestión a cuenta y con los jugos gástricos sin usar.
Es difícil incluso para el hormigón que esto escribe: yo mismo no sé dónde estoy. En realidad, no es que yo no sepa en qué lugar de la política me ubico, porque es donde siempre estuve. Pero el marco de referencia se mueve de continuo y, por ese mismo movimiento, ya no sirve como referencia, apenas como marco, de donde se deduce que el mojón soy yo, no los demás. Soy el metro patrón de la política; por lo menos, de la política que me concierne. Y no está mal, ahí quiero estar, pero no es fácil.
La dificultad radica en que todavía nos abruman, a los argentinos, tres situaciones contrapuestas:
Es decir: los líderes definen ciertas ideas, alianzas o convenios, luego los traicionan pragmáticamente y por último nos acusan a nosotros de traidores o de quedarnos en el '45.
No nos extrañe, históricamente casi siempre fue así: la Revolución Francesa terminó con Napoleón de Emperador y los jacobinos que habían guillotinado al Rey y su corte, guillotinados también, por ejemplo. La diferencia, y esto es fundamental, es que acá no hubo ninguna revolución, apenas cíclicamente un montón de burócratas defienden su posición de otro montón de ambiciosos que consideran advenedizos.
Ellos permanecen redibujándose todo el tiempo, siempre, y los confundidos somos nosotros que les prestamos atención, la carne de cañón, el relleno de sus "movimientos": "lagente", "el pueblo", "Doña Rosa". Por eso, lo mejor es no moverse, hacer nuestro propio metro cuadrado político y ver que tarde o temprano Macri, Pando, Solanas, Sabatella o Kirchner van a llamarte correligionario o compañero sin que te muevas de ahí. Mientras, los otros cuatro te tratarán de veleta. Qué le vas a hacer, todo sea por tu salud mental y política. Un día un amigo me dijo: "yo nunca me alejé de la izquierda, ella se alejó de mí".
Darás algunas explicaciones, eso es inevitable, pero te vas a mirar al espejo tranquilo. Y quizá un día los quietos seamos mayoría y hagamos que los charlatanes de feria vayan a bailar a lo de Tinelli, donde deberían estar.
Es difícil incluso para el hormigón que esto escribe: yo mismo no sé dónde estoy. En realidad, no es que yo no sepa en qué lugar de la política me ubico, porque es donde siempre estuve. Pero el marco de referencia se mueve de continuo y, por ese mismo movimiento, ya no sirve como referencia, apenas como marco, de donde se deduce que el mojón soy yo, no los demás. Soy el metro patrón de la política; por lo menos, de la política que me concierne. Y no está mal, ahí quiero estar, pero no es fácil.
La dificultad radica en que todavía nos abruman, a los argentinos, tres situaciones contrapuestas:
- El movimientismo cada vez más difuso que llena los discursos de los políticos y sus rémoras: los K. "nac&pop"; los "peronismos" varios, la "oposición" a la que aluden, desconcertados pero disimulando, los medios o su otro clásico, lagente; "el campo" que está lejos y se menciona con un pequeño productor rural en mente pero que significa realmente un terrateniente urbano ávido de divisas; y un largo etcétera a gusto de quien le convenga.
- El pragmatismo traidor que heredamos de Méndez y que nos obliga a hacer fintas con las definiciones, a ejercitar la dialéctica contradictoria o el doblepensar orwelliano; que permite borrar con el codo lo que escribimos con la mano, a hacer lo que haya que hacer con tal de (ponga aquí un fin inconfesable pero que tiene algún eufemismo políticamente correcto).
- El fusilamiento habitual de los testarudos cuando los cambios de rumbo desconciertan al ganado. Entre el zurdaje vernáculo la aplicación de este principio estalinista trata al compañero que piensa más o menos radicalmente que uno peor que al enemigo porque le hace el juego, como si mermar las propias filas no sea el peor juego que se le pueda hacer.
Es decir: los líderes definen ciertas ideas, alianzas o convenios, luego los traicionan pragmáticamente y por último nos acusan a nosotros de traidores o de quedarnos en el '45.
No nos extrañe, históricamente casi siempre fue así: la Revolución Francesa terminó con Napoleón de Emperador y los jacobinos que habían guillotinado al Rey y su corte, guillotinados también, por ejemplo. La diferencia, y esto es fundamental, es que acá no hubo ninguna revolución, apenas cíclicamente un montón de burócratas defienden su posición de otro montón de ambiciosos que consideran advenedizos.
Ellos permanecen redibujándose todo el tiempo, siempre, y los confundidos somos nosotros que les prestamos atención, la carne de cañón, el relleno de sus "movimientos": "lagente", "el pueblo", "Doña Rosa". Por eso, lo mejor es no moverse, hacer nuestro propio metro cuadrado político y ver que tarde o temprano Macri, Pando, Solanas, Sabatella o Kirchner van a llamarte correligionario o compañero sin que te muevas de ahí. Mientras, los otros cuatro te tratarán de veleta. Qué le vas a hacer, todo sea por tu salud mental y política. Un día un amigo me dijo: "yo nunca me alejé de la izquierda, ella se alejó de mí".
Darás algunas explicaciones, eso es inevitable, pero te vas a mirar al espejo tranquilo. Y quizá un día los quietos seamos mayoría y hagamos que los charlatanes de feria vayan a bailar a lo de Tinelli, donde deberían estar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)