Siempre me pareció una persona triste, incluso arriba del escenario. El humor de sus letras era ése que se dice mirando a los ojos, desafiando a reírse más del autor que del chiste mismo.
Nada de lo que le pasó en la vida (incluso lo bueno) fue sin dolor. Me hubiese gustado ser su amigo y por eso adopté a varios Joeys en mi vida.
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La única condición es dar la cara. Identificarse es ser buena gente. Anónimos dependen de su viveza y don de gentes. Perdón el capcha, pero el spam golpea fuerte estos días.
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