17 noviembre 2010

Militantes a pesar de todo.

He vivido algunas "primaveras militantes" y miro de reojo a estos políticos entusiastas, vanos y cargados de opiniones livianas y poco profundas, que se asombraban por la "militancia juvenil" durante las exequias de Kirchner. Vengo de la "primavera de la democracia recuperada" en 1983, bastante más light que la camporista, cuando con 16 años recién cumplidos viví la derrota de Ítalo Luder con tanto dolor como asombro. En aquellos años, a pesar de las diferencias, las juventudes políticas estaban tan ansiosas de militancia que llenaban todos los espacios posibles, inclusos los del debate: recuerdo las largas tertulias, en las que discutíamos con los que sentíamos eran nuestros compañeros del campo popular (la Juventud Intransigente, la Juventud de la Democracia Cristiana -mis futuros compañeros de Humanismo- y la Juventud Comunista, entre otros yerbatales más difusos) sobre nacionalismo, burguesía, oligarquía, reforma agraria, imperialismo y un larguísimo etcétera que incluía la madre de todos los debates, el aborto; que dividía las aguas (o las juntaba, según se vea).
¡Cómo discutíamos! Después de empacharnos de Perón, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Marx, Cooke, mate de por medio o gallina hervida (generalmente robada), nos trenzábamos durante horas y horas en elucubraciones que podían ir desde la supuesta conjura sionista internacional hasta la conveniencia o no de irse a Nicaragua a levantar la cosecha; siempre con la guitarra o el grabador sonando con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Heredia, Quilapayún, Piero (por eso hoy lo detesto), Cuarteto Zupay, Los Olimareños, Los Jaivas, el Cuchi Leguizamón, Isella, Mercedes Sosa, tantos que ya no recuerdo. Hablábamos con nuestros amigos que eran "apolíticos", como se definían, hasta que conseguíamos polarizarlos, a veces en contra nuestro. Éramos la manzana podrida, a nuestro alrededor todo se volvía política, incluso la poesía y la prosa.
Un militante joven de aquellos años era un paria: los mayores nos tenían respeto, pero uno revestido de todas las formas del franco irrespeto: nos ninguneaban, nos quitaban espacios, nos sermoneaban (a mí me retaban por cuestiones varias, pero la principal era por gritar o pintar "Viva Perón Carajo"), nos boicoteaban, nos trataban de "imberbes"; sobre todo nos acusaban, a la Juventud y su "irracionalidad", de haber provocado la caída de Isabel y hasta la misma Dictadura; en fin, nos tenían un miedo bárbaro: nuestra grito de guerra interno era "con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes" y, la verdad, no ayudaba a darles confianza. La policía, salvo que fueras de Franja Morada o Junta Coordinadora Nacional y estuvieras medianamente protegido, te odiaba como sólo pueden odiar los mazorqueros: con saña, con deleite, con vocación. Ser militante te hacía su material de trabajo, te ponía en su mira, les daba el derecho de poseerte. Zurdo, puto, comunista, bolche, montonero, rojo, no importara de qué partido político fueras, siempre eras un sarnoso, una lacra, y lo que te pasara era tu exclusiva responsabilidad, quién te manda meterte en política, pendejo de mierda.
Mi hijo es bueno, nunca se metió en política, decían las madres en aquellos años.
Hoy, que soy un adulto (eso dice mi DNI) recelo cada vez más de las primaveras militantes: durante la camporista, miles de adolescentes y jóvenes se marcaron la frente con círculos concéntricos; durante la democrática, nos hicieron pagar el pato de la boda y nos reprimieron interna y externamente hasta hacernos desaparecer; durante la Alianza, nos usaron de escudos humanos. Reemplazaron la cohesión que da la discusión interna con el "mide/no mide" como valor político y la política se llenó de caras bonachonas, abogados rentistas, papás de Mafalda, visionarias con crucifijo, supuestos ingenieros bronsonianos, gobernadores sin gravitación nacional, cabezones piolineros y un largo etcétera, que le tienen terror a enfrentarse a un grupo de adolescentes idealistas y preguntones que aman a Jauretche.
Ahora, que no hace falta enfrentar a los gritones internos, se puede borrar con el codo porque nadie está mirando, nadie grita "primero la asignación universal y no el tren bala, la puta que te parió", en un Luna Park lleno. La patota, el gran enemigo de la militancia, puede tratar de disciplinarte; compañero, ¿es zurdo usted?; compañero, le hace el juego a la derecha; compañero, raje de acá o le partimos el balero como un melón.
¿Qué nos espera en esta primavera, la kirchnerista, en la que "los jóvenes militantes" tienen menos militancia que nunca, y donde sus máximos referentes son gente sin criterio propio y cuyo único valor es la identificación con el proyecto?. Se ven como la patota, no como militantes; la militancia siempre tiene criterio, aunque pueda estar equivocado, e intenta razonar. No es fuerza de choque porque la mandan, es fuerza de choque porque no tiene alternativa a ponerle el cuerpo a sus ideas.
Son tiempos difíciles para la militancia, como siempre lo fueron. Uno no está feliz por militar, porque vive dolido. Milita porque se indigna, porque no tiene más remedio. Porque ser joven y no indignarse es tan peligroso en países como el nuestro como ser un viejo cínico que dice que lo que había en el sepelio de Néstor Kirchner era militancia.
Ser militante es malo para el militante. Es un veneno, algo que va a hacer en contra de todo el mundo, incluso su familia o su vida. Argentina realmente depende de esa militancia, no de patoteros con 4x4, departamento en Puerto Madero, con pase libre en alguna popular de club de fútbol o que viajan gratis al mundial.

8 comentarios:

  1. Gracias por lo que escribiste, me ayuda a entender(me)

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  2. Leo bastante seguido este blog, pero nunca comenté, vaya uno a saber por qué.
    Concuerdo con lo expresado, y me quedo con estas muy acertadas palabras: "la militancia siempre tiene criterio, aunque pueda estar equivocado, e intenta razonar. No es fuerza de choque porque la mandan, es fuerza de choque porque no tiene alternativa a ponerle el cuerpo a sus ideas."
    Soy, como muchos de mi generación, hijo del menemismo: Me fascina la política, puedo estar horas hablando sobre el tema, pero le tengo una repulsión instintiva (e infundada) a la militancia (con la cuál trato de luchar constantemente, pero la guacha siempre gana).

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  3. María: ojalá sea para bien y con salud.

    Javier Adolfo: El mendemismo nos hizo muy mal a todos, a mí también me robó buena parte de la inocencia militante. Ya conté que en el pueblo en que vivía, ganamos la interna para que él fuera presidente, cuando tenía patillas y hablaba de la "revolución productiva" (aunque sonaba a desarrollismo, era algo), y después la historia conocida de Bunge & Born, los indultos y el avión estratosférico a Japón.
    Ahora, estoy en cuarteles de invierno porque no hay causas que me necesiten ni yo de ellas. Hemos aprendido a detestarnos, las causas y yo, más bien.

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  4. Está muy bien el texto. Igual tengo algunas discrepancias... esa militancia que describís es muy de resistencia. No es lo mismo un "luche y vuelve", una primavera post dictadura ni un reclamo jubilado docente en el plomo de los '90, que esta militancia de hoy que (es una opinión eh?) me suena más a una construcción en la bonanza. Está bien que muchos, no digo todos porque hay notables excepciones, de estos nuevos militantes K son medio de pacotilla, virtuales, mucho blog y facebook y cartelitos en las marchas de 678 y nunca respiraron un gas. Y me cuidaría de distinguir bien "el patota" (sindical, K, CTA, filoempresario o del color que sea), del Joven Camporista (con intereses de por medio), del verdadero militante, clase media o baja. Con mayor o menor grado de compromiso y de patas embarradas, los hay y muchos. Y el daño que nos hizo a todos el menemismo, uno de los peores (desguazar el Estado diría que es el peor en sentido directo), fue convencernos de que "lapolítica" es una garcha, que son todos chorros, que todo es una transa y que mejor quedarse piola en casa, si total no podés hacer nada. (En mi ranking privado de las Pestes M "la corrupción" no figura ni a placé). Así que yo entiendo, que para el que tiene cicatrices de balas de goma en el orto como mi hermano, o huellas de palazos de Massaccesi como mi vieja, estos pibes clase media de cartelito y virtualidad son medio de plástico. Pero los prefiero, en mi pragmatismo, mil veces movilizados aunque sea por causas locales (como los colegios en CABA) o por medios virtuales, que jugando a la play. Total tiempo para curtirse y desilusionarse ya van a tener. (Igual entiendo que algo de eso hay en el post, no?)

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  5. sí. todo eso que dice Juanro. la gran diferencia que veo ahora (metida en la pelea por la escuela pública en la CABA) es que esxs pibxs movilizadxs "por causas locales" son conscientes de que lo que no defiendan ellxs, no lo va a defender nadie. y eso es buenísimo: ejercer la lucha por sus derechos. derechos que viven como propios y en solidaridad con quienes no pueden defenderlos con la misma soltura. no es poco. al contrario.
    muy bueno el programa :P

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  6. Ese es el salto cualitativo del "individualismo" al "colectivismo" (en el amplio sentido de ambas palabras) que hay que fomentar en todas sus formas, colores y tamaños.

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  7. Coincido en todos los comentarios escritos más arriba, y en gran medida con el texto, Fen.
    La militancia significa para mí, el gran crisol de ideas futuras engarzadas en el duro presente: hay que cuidarla y no perderla, porque en ella viven los sueños y la visión de un país mejor, expresado por nuestros jóvenes.Prefiero mil veces a un militante equivocado a un abúlico prendido a la Play.

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  8. Sos un capo, Fender.

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Perdón el capcha, pero el spam golpea fuerte estos días.