30 julio 2008

Panes y truenos

Licha toma el desayuno de todas las madrugadas. Es, de un catálogo muy modesto, su comida favorita del día. Afuera es de noche todavía y se escucha ladrar a un perro.
La niña sorbe el líquido que le arrebola las mejillas al tiempo que la despabila. Una rodaja de pan tostado untado con margarina acompaña la infusión, intermitentemente.
Su madre, cerca de ella -ocupada con una costura- la mira de soslayo. Tomando el último amargo da por finalizada la primera etapa de la rutina matinal. Comenzó casi dos horas antes con la colada, el planchado y el remendado de alguna prenda imprescindible para el día. Cada tanto, suspira. Otras veces explota quedamente en un soliloquio, como discutiendo consigo misma.
La radio pita la hora e Inés se pone de pie. Suspira otra vez, mira por la ventanita de la pieza que es toda su casa, intentando adivinar qué día les espera afuera y temiendo lo peor. Un trueno lejano pero neto le frunce el ceño. "Va a llover, puta madre", se dice. Con lluvia no puede caminar en el barro casi seis kilómetros hasta el tren. Tendría que agradecer si no se empapa antes de dejar a Alicia en la guardería municipal.
Abandona la ventana y revisa el progreso del desayuno de Licha con una mirada rápida. Abre el roperito y busca el piloto amarillo y las botas de lluvia, que deposita sobre la cama. Cruza una bufanda sobre su pecho y mira con expectativa evidente hacia la mesita.
Licha apura el resto del pan al advertir la mirada, salvándose del atragantamiento gracias al último sorbo de mate cocido. Se pone las medias, las botas, el pintorcito verde y va a buscar su bolsita de higiene, siguiendo la rutina de cada mañana.
Mamá Inés revisa un minúsculo monedero, haciendo arqueo. Si llueve dos o tres días seguidos y tiene que tomarse el colectivo, no quedará dinero para el pan de Licha y su único alimento será el magro aporte del comedor de la guardería. Ya había pedido este mes un adelanto a la patrona, que le había dicho "así nunca te va a alcanzar la plata" (como si ocho pesos al día -trece si se quedaba a planchar- fuera una fortuna difícil de ser dilapidada).
"Licha, el piloto, nena. Va a llover", le dice a la nena, mientras se pone un gastado saquito de lana. "¿Llevás todo?", pregunta revisando la mochilita.
Inés toma el paraguas, apaga la luz y cierra la puerta. El perro sigue fastidioso, tal vez por los truenos cada vez más cercanos. Unas gotas empiezan a caer.
Llueve cuatro madrugadas seguidas.


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En Argentina un kilo de pan cuesta seis pesos o más. Un pasaje de colectivo cuesta al menos un peso. Una "muchacha" (empleada doméstica) puede ganar entre trescientos y quinientos pesos, pero a veces menos. La mayoría trabaja en negro y deben soportar condiciones intolerables. No tienen gremio ni hay "trabajadores" dispuestos a solidarizarse con ellas. Las paritarias y los "Concejos del Salario" no las representan. Si tienen hijos, las cosas se complican.

Los comedores escolares tienen presupuesto por menos de un peso por comensal al día, cuando lo tienen (si un gobernador de provincia se ahoga en el déficit que le causa el mismo aparato político que lo lleva al poder, no le corta los víveres a las sanguijuelas sino que achica las partidas para comedores y hospitales, mientras da discursos diciendo que "con la comida de la gente no se jode").

Un patotero devenido funcionario dice que el pan cuesta dos pesos con cincuenta para que Inés y Alicia no figuren en la agenda de la "Nación Rivotril". Según él, cada vez hay menos pobres.
La Presidente, poniendo de excusa a Inés y Alicia, exige tributo a unos tipos a los que les va bien a la sombra de su poder político.
Los "perjudicados" se indignan y cortan rutas porque si la participan no van a ganar lo que creen merecer. Igual, todos ganan mucho, pero se discute cuánto de mucho.
Tanto los políticos como sus lacayos y amanuenses opinan usando a Inés y Alicia como principal argumento.
Los interesados en hacer negocios con los bienaventurados al contrario, creen que Inés y Alicia no existen (dándole la razón al funcionario patotero).

Los medios de comunicación, mientras tanto, viven en un mundo extraño, repitiendo todos lo mismo. O es Tinelli o De Ángeli, hasta que te sale eczema en las orejas. Por cuestiones de rating (que también es política, porque no hay nada más conservador que un 'multimedios'), las historias más importantes -como las monedas de Inés y la comida de Licha- figuran en dosis homeopáticas para irritar lo justo y conseguir lo que necesite el holding (nunca -repito- las monedas de Inés ni las cuatro comidas de Licha).
Recordar: no estamos hablando de que Inés gane lo que merece y que tenga cobertura de obra social, que Licha coma la misma variedad y cantidad que cualquier niño necesita. Hablamos, apenas, de que el pan no cueste lo que cuesta y que Licha pueda incorporar algunas proteínas más en la dieta del comedor. Ningún gobernante argentino pudo hasta la fecha preocuparse por estas cosas, porque Inés y Licha, tan mentadas, no son el objeto de su agenda. Si lo fueran, ni siquiera haría falta andar mentándolas a cada rato.
Sabríamos que los que más tienen más impuestos pagan y viceversa. Y que si los ricos dan (como decía Teresa de Calcuta "hasta que duela", pero a muchos les duele enseguida) el destino de los fondos no son trenes bala, comitivas que viven como jeques cuando salen del país, aviones para esposas fashion de gobernadores con problemas de presupuesto, compra de votos y voluntades, financiar campañas políticas y un larguísimo etcétera que incluye movilizar con dinero multitudes de menesterosos como Inés y Alicia o fumarse doscientos mil pesos porque un ex presidente está furioso.

¿No es extraño que los pobres de Argentina no corten las rutas? ¿No hay nadie que los represente?
Esto no es real. Algo anda mal en la Nación Rivotril.


4 comentarios:

  1. Estremecedor todo.
    Yo no puedo más que aplaudir con rabia la rabia de sus posts, e indignarme a mi vez.
    Si con el sueldo que gano a duras penas me alcanza para sostener un techo alquilado sobre mi cabeza, no puedo ni remotamente imaginarme lo que puede ser este nivel de privación. Mal que bien, siempre tuve algún recurso que me saciara el hambre urgente, siempre tuve un techo aún prestado...

    La desidia es el pecado capital de nuestra clase dirigente. Y la indiferencia, el de todos los demás.

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  2. En el Diario de Sesiones de la municipalidad de la localidad de Nomeimportasitemorismañanaaunquemevotaste quedó registrado el Proyecto de Ordenanza donde la Comisión Técnica estudia la posibilidad de prohibir los días de lluvia y cobrar una multa por la suma de ocho (8) pesos diarios a los vecinos del pueblo que sean sorprendidos en la vía pública con las patas llenas de barro.

    Abrazo (de cabrón a cabrón).

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  3. Usté me hace pensar demasiado.. de chiquito en la escuela rechazaba los casos de "maltratos a las sirvientas", sin duda no soy ciudadano ejemplar, pero a la empleada domestica la tengo en blanco con obra social y ella come lo mismo que come el resto de la familia. Es absurdo, si bien elogiable que las ONG y cooperativas se ocupen de los comedores escolares, eso depende de intendentes, gobernadores y estado nacional..pero no estuvieron jamas en su agenda. y la desnutricion infantil crece, y en especial en el NOA como Tucuman, provincia tan rica!!! Incluso habia mas nutricion infantil en la epoca de Bussi que en la de Palito Ortega como gobernadores, o sea que ni depende de dictadura ni de democracia, sino de que es la prioridad del destino del presupuesto y de disminuir la corrupcion...castigandola como corresponde.un abrazo

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  4. Cass: No hay demasiada rabia, creo. Hay una torpe y cansada pataleta, a esta altura.
    Creo que no hay desidia en la clase dirigente intrínseca, hay una especie de "y si ustedes no se calientan, porqué vamos a hacer una de más nosotros!", o algo así.

    SSS: ¡8 pesos! Se está discriminando al pobre trabajador rural! Acá llueve y lo que menos vemos es barro!

    MNSH: No está probado que la gente pueda vivir de democracia, pero sí lo está que nos morimos sin ella.

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