19 enero 2012
Describime ésta.
Hacer política durante cuatro años es cansador para el hombre de a pie porque mientras pelea en la oficina para defender a Moreno, a Macri o a Uribarri tiene que vivir (trabajar, relacionarse, etc.) pero realmente no puede hacer mucho -por eso habla-, y por esa razón habíamos defendido el valor del voto, de votar al que más se parece a nosotros para poder descansar en ellos "nuestra" política. Es casi lo único que podemos hacer, salvo otras cosas más extremas como ir a la plaza a hacer masa. Cuando vamos a la plaza porque todo está mal, todo está mal; pero cuando vamos porque todo está bien, es peor. Siempre, como enseñó Dostoievsky, hay alguien al que pagarle las gachas.
Votar es como un casting en que le pagás a un tipo (o una tipa) para que te represente cuando se hagan leyes (tus leyes), a otro para que "gestione" una ciudad (tu ciudad), a otro para que se ocupe de la administración general de una provincia o un país; es decir que el Estado tiene quien lo atienda en nuestro nombre. Para eso uno le da un "mandato", generalmente reflejado en una situación inversa: ellos proponen, nosotros votamos. Se postulan, debaten esas postulaciones y defienden qué habrá que hacer cuando tengan la oportunidad de velar por el bien general, cómo lo harán y por qué lo harán. Y vos vas, elegís al que más te representa y te dedicás a vivir, no importa si no gana. Si gana tu candidato, mejor, ahí tenés la enorme suerte de ser parte de lo que está haciendo el tipo que sale en los diarios, vos le diste tu voto. Y la enorme responsabilidad previa de dárselo a quien te represente, no vaya a ser cosa que de repente tenga otra agenda. Si te caga, es culpa de él. Si no sabías qué iba a hacer, entonces es tu culpa.
Después, cuando pasan cosas como las de Entre Ríos, la Ley Antiterrorista, lo de Famatina o los subtes, todos temas muy diferentes pero que no son la pelea de Clarín con el Gobierno, por poner un tema recursivo, sino el día a día, durante cuatro años, de todos nosotros. Cuando votamos según otros intereses, como estrategas de la política de tragar sapos, sólo nos queda rezar, suspirar, sorprendernos o indignarnos y hablar de política, hablar y hablar, hasta la próxima, defenderlo a Moreno, quedar como estúpidos por decir "me cagaron" o encogerse de hombros y repetir lo que dicen que digamos cuando nos digan lo que nos van a decir.
Siempre confío en la próxima vez, como un idiota. Eso o no podría vivir. Porque no se puede vivir "hablando" de política, yo voto para no hablar de política, pero como no ganan los que voto, tengo derecho, por lo menos, a hablar. El problema es que los que ganaron siguen hablando, en vez de hacer lo que dijeron que iban a hacer. Y si vos votaste a uno que no te dijo realmente qué va a hacer, entonces fijate. Asumite, cuidate, querete. Y callate.
Lo empiezo a entender al rey Juan Carlos, ese larva, cuando se enoja con Chávez. Hay gente que no se calla nunca y vive en un mundo descriptivo, donde la acción viene después de millones de palabras dichas en vano.
¿Por qué no te callas?
05 enero 2012
Los cretenses mentirosos.
Resulta que existe la llamada "paradoja de Epiménides", que trata la falacia de las enunciaciones que se niegan a sí mismas (tales como la original "yo soy cretense, todos los cretenses son unos mentirosos"). Su uso, con algunas variantes, es bastante habitual en la actualidad porque es parte del lenguaje políticamente correcto que dice algo sin decirlo. La contradicción es adrede y no es inocente. La frase puede tanto activar un superpoder como desactivarlo, dependiendo de la lectura o la circunstancia aplicada (¡o de quién lo lea!). A veces la lectura fría también hace uso de esta paradoja, porque permite más de una interpretación y disquisiciones circulares interminables.
En la segunda mitad del siglo XX, Isaac Asimov tuvo el tino divulgativo de proponer, en ciertos temas de la historia antigua, la transposición de determinadas cuestiones a situaciones contemporáneas y que explicaran mejor algunos puntos oscuros por falta de identificación con situaciones reales: en vez de decir "samaritano", decimos "palestino" y en vez de decir "levita" decimos "sionista" para entender mejor la parábola del buen samaritano (o al revés, ¡creo que se entiende mejor al revés!). La verdad, es más fácil entender de que se hablaba entonces cuando uno encuentra un ejemplo de la vida diaria. La divulgación se basa mucho en esa transposición a la vida real, como tan bien sabe Adrián Paenza, al descubrirles a los adoquines que las matemáticas realmente hablan de manzanas y canastas.
En lo personal y más cercano, hace tiempo que escucho o leo el término-frase "kirchnerista crítico" y un ruido a engranaje mal armado me hace torcer el gesto. Hay que reconocer que tiene una connotación elusiva muy útil y que se lee según cómo la lea quién la lea: pretende un apoyo sesudo que discrimina según el uso del sentido crítico, que indica un discernimiento de lo que se apoya de lo que no, pero afirmando primeramente una identificación primordial, efectiva y que no reviste concesión al criticismo posterior. La versión genérica, universal, y diría que más inocente de esta frase paradójica es la de "apoyo crítico". Una construcción de lo más útil, porque puede usarse para cualquier cosa; hasta en un asado, hablando del asador.
Primeramente, y según entiendo, hay un problema con el sentido crítico: es algo que se usa sin necesidad de ser kirchnerista o de no serlo. De hecho, me parece que alguien que usa el sentido crítico ya decidió ser o no ser kirchnerista, así que, según la frase, primero se tuvo el juicio de ser kirchnerista y después se volvió a ser crítico, otra vez. Es una criticidad que viene y va (dime de qué te ufanas...). Ser crítico, en general, sin otro calificativo, sería suficiente para adoptar las mismas acciones o juicios que lleva adelante un "crítico que usando su sentido crítico se declaró kirchnerista crítico". O sea, una persona que usa el sentido crítico es una persona crítica, todo el tiempo.
En un sentido estricto, sin declaraciones permanentes, en una especie de ley de la Relatividad Especial Política, para un observador externo un crítico hoy puede ser kirchnerista y mañana no serlo. Depende del kirchnerismo y no de la persona que usa su sentido crítico. Pero el kirchnerista crítico debe dejar en claro que siempre es kirchnerista, incluso cuando su sentido crítico le dice que no. Un Einstein politólogo se moriría sin descubrir ninguna relación entre las posiciones políticas de esa persona. Chau Relatividad Especial.
¿Qué critica un kirchnerista crítico? ¿algo con lo que no está de acuerdo? ¿algo con lo que su sentido crítico difiere? ¿algo que no lo identifica, de hecho, pero que él fuerza diciendo "no importa, igual soy kirchnerista"? No lo sé. Nunca me encontré con una crítica voluntaria de un kirchnerista crítico, salvo la de Feinmann, pero parece que hasta los kirchneristas críticos se despegan de esta línea de crítica. Quizá alguna tímida crítica con la Ley Antiterrorista.
Pero las lecturas y los beneficios son muchos: primero, se es kirchnerista. Estando en el poder, es toda una cuestión. Hay un pragmatismo, un realismo. Es quizá la primera cuestión que un kirchnerista crítico evaluó cuando se dijo kirchnerista. Pero hay más. Lo de "crítico" sirve para otras cosas: el "kirchnerista crítico" aparentemente pone pegas. Se distancia, se aleja. Es un disclaimer, también, un "por las dudas". Se evade también de la imagen del fanático que es un kirchnerista a secas. No es un problema con los Kirchner (salvo que se vuelvan locos, como Chávez) sino con los locos compañeros, los locos correligionarios, los locos fanáticos. Qué buena palabra, correligionarios. Política, religión y fanáticos, flor de mezcolanza. El kirchnerista crítico es como el que sigue la procesión pero desde el pelotón de cola y que por ahí se escabulle en una esquina porque la peregrinación se le hizo larga y que tal vez vuelva cuando lleguen al templo. Son como un viejo amigo mío que fue a Luján en procesión, pero a mitad de camino se tomó un taxi. "Eran muchos kilómetros", me dijo, "no soy tan fanático". Por supuesto, la Virgen ese día lloró. Es un católico crítico, quizá, con la omnisciencia del Señor.
Al final, quienes resuelven la paradoja de Epiménides lo hacen enunciando que la falacia parte de una proposición no demostrada (que todos los cretenses mienten) y que tal vez sea Epiménides quién miente, de hecho, para que sea resuelta la paradoja Epiménides debe mentir cuando dice que los cretenses son unos mentirosos. O sea, el que enuncia es el mentiroso. Para resolver mi dilema, tengo que asumir que los kirchneristas críticos son una cosa o la otra. Pero ellos lo hicieron antes: dicen ser kirchneristas, siempre. Lo de críticos es mentira, nada más.
La fiscalía descansa.
20 diciembre 2011
Hombres, niños y santos.
Para los que tenemos conciencia, ser hombre es una inversión de prueba cotidiana. Somos sospechosos por ser varones; los malos de la película, criminales putativos. En Oriente y Occidente hemos ganado la reputación -siglos de reputación, tantos como hay de civilización humana- de ser responsables, en número abrumador, de guerras, matanzas, violaciones, vejaciones, asesinatos, pogroms, persecuciones, desapariciones, y un listado tan largo como vergonzante. Los hombres hicimos cosas detestables como gobernantes, dirigentes y jefes. Pero también las hacemos cuando no somos ninguna de esas cosas.
Nos encantaría decir que lo que pasa es que somos guerreros, que lo nuestro es la lucha constante y valerosa y que la sociedad ha trasladado esas pulsiones a su cotidianeidad, pero es mentira. No luchamos: dominamos y corrompemos todo aquello que se manifiesta plausible de ser dominado o corrompido, sobre todo, si es manifiestamente diferente y/o tenemos ventaja, sea física, técnica, psicológica, económica, etc.. Habrá excepciones, claro, pero son eso: excepciones.
Me encantaría decir que yo no tuve nada que ver en ninguna de esas cosas, pero la verdad es que no hay por qué creerme inocente hasta que demuestre lo contrario; hasta que no se me dé vuelta como un guante, hasta que no refute cualquier sospecha: soy culpable de todo, por todo. Soy hombre.
Mujeres y niños me miran con una mezcla de reprobación y temor, más reprobación cuanto menos temor, sobre todo si no me conocen. ¿Qué hago para que me crean? Debo reconocer que algunas veces confundí temor con respeto o sumisión con subordinación, porque soy hombre y porque, sobre todo los hombres pero también un número importante de mujeres que me formaron, utilizaron invariablemente una cosa o la otra -o las dos- y no estuvo nunca muy claro.
Soy hombre, entonces, y -como niño- también recibí violencia física, psicológica y verbal, pero que cuando crecí pude enfrentar, sobre todo cuando era notablemente más fuerte físicamente y eso me hizo psicológica y verbalmente más fuerte (o más confiado). A veces, para buscar un respeto que creía merecer reaccioné con violencia, porque ya había intimidado a otros, sobre todo, cuando éramos niños.
Ya como hombre lo hice repetidas veces, nunca con el mismo motivo y de manera irregular. Lo peor para los demás es lo esporádico: no hace más que sumar dificultad no saber cuándo un hombre va a querer respeto aunque no lo merezca y cuando para obtenerlo se pondrá violento o, simplemente, amenazador. Porque el respeto debe darse, claro que sí, pero dárselo a cualquiera obligatoriamente es de esclavos y no conozco a nadie que asuma que vive rodeado de esclavos salvo quienes así lo creen realmente y tienen un ecosistema social que se los consiente (o que lo cree también, que es peor).
Y si un niño o una mujer o un hombre débil no dan el respeto que me creo merecer como hombre entre los hombres, algunas veces -no todas, eso es lo peor, como dije- puedo reaccionar. Ni siquiera es violencia física, sólo su amenaza, o sólo quejarme enfáticamente y dejar que los demás sepan que estoy enojado y que puedo seguir subiendo la escalera de la furia: una Humanidad de hechos lamentables me respalda y no hace falta que me ponga demasiado enfático. Durante días puedo estar perfectamente socializado y, después, un día que considere que ya está, que ya fue suficiente, desquitarme con quien creo que ha derramado la última gota del vaso de mi paciencia; generalmente será alguien más débil y aprovecharé un momento en el que yo esté desinhibido o parcialmente disculpado por alguna discapacidad eventual, como cuando tomo alcohol o tengo un mal día.
Para la "guerra psicológica" con el sexo femenino -si es que aceptamos la versión de que soy un guerrero- me prepararon increíblemente bien: fui educado por mis mayores para "no ser mujercita" pero aprovechando todas las debilidades de las mujeres de mi familia y del entorno para que las explote y me consientan, sobre todo debilidades que no tienen nada que ver con lo estrictamente físico. Es relativamente fácil, para un niño y ni hablar para un hombre, aprovechar el mal llamado "instinto maternal": hay un niño-eterno en nosotros, que tiene frustraciones, que sufre por ellas y que debe ser consentido para aliviarlas. Muchas caen en esa trampa, sobre todo cuando se combina con todas las otras prerrogativas del género masculino. Un hombre, a veces, puede dominar sin siquiera ponerse violento más que las veces necesarias, muy pocas en realidad. Ser hombre niño-eterno es el estado perfecto para el que quiere esconder esa parte oscura y vergonzosa, hasta que sea imprescindible utilizarla, claro. Palo y zanahoria, pero seamos civilizados: más zanahoria que palo.
Hay ventajas: un hombre niño-eterno tiene una esponjosa cantidad de mujeres alrededor que desmienten su naturaleza peligrosa. Se tiende a pensar que un hombre rodeado de mujeres no tiene necesidad de ser un gandul, pero no hay uno más grande. El otro, el violento a secas, se queda solo más tarde o más temprano y con suerte puede comprarse a quienes convertir en estropajos (y creerlos esclavos, como también hace el hombre niño-eterno).
Me cuesta decir que soy inocente, sobre todo, porque no soy perfectamente inocente. Trato, con los años, de ser mejor, de aprender, de abandonar ese estigma del hombre pero no hay mucho lugar dónde ir. Es difícil, entiendo que aún desconocidos me miren con temor, entiendo que crean que mis enojos esconden la posibilidad de desmadres aún peores, y yo no puedo decir que no esté libre del pecado de dejarlos que lo crean. He descubierto, hace bastante, que si bien puedo cambiar el mundo no lo hace y también sé que no tengo alma de mártir ni vocación de santo ni fe en las personas.
Estoy en camino de ser mejor, pero hay pocos ejemplos visibles para comparar. No hay premios ni reconocimientos para hombres que hayan dejado de ser una amenaza para la humanidad o para los débiles, las mujeres o los niños. Nadie nos cree, con razón, a los hombres.
Soy hombre, entonces, y -como niño- también recibí violencia física, psicológica y verbal, pero que cuando crecí pude enfrentar, sobre todo cuando era notablemente más fuerte físicamente y eso me hizo psicológica y verbalmente más fuerte (o más confiado). A veces, para buscar un respeto que creía merecer reaccioné con violencia, porque ya había intimidado a otros, sobre todo, cuando éramos niños.
Ya como hombre lo hice repetidas veces, nunca con el mismo motivo y de manera irregular. Lo peor para los demás es lo esporádico: no hace más que sumar dificultad no saber cuándo un hombre va a querer respeto aunque no lo merezca y cuando para obtenerlo se pondrá violento o, simplemente, amenazador. Porque el respeto debe darse, claro que sí, pero dárselo a cualquiera obligatoriamente es de esclavos y no conozco a nadie que asuma que vive rodeado de esclavos salvo quienes así lo creen realmente y tienen un ecosistema social que se los consiente (o que lo cree también, que es peor).
Y si un niño o una mujer o un hombre débil no dan el respeto que me creo merecer como hombre entre los hombres, algunas veces -no todas, eso es lo peor, como dije- puedo reaccionar. Ni siquiera es violencia física, sólo su amenaza, o sólo quejarme enfáticamente y dejar que los demás sepan que estoy enojado y que puedo seguir subiendo la escalera de la furia: una Humanidad de hechos lamentables me respalda y no hace falta que me ponga demasiado enfático. Durante días puedo estar perfectamente socializado y, después, un día que considere que ya está, que ya fue suficiente, desquitarme con quien creo que ha derramado la última gota del vaso de mi paciencia; generalmente será alguien más débil y aprovecharé un momento en el que yo esté desinhibido o parcialmente disculpado por alguna discapacidad eventual, como cuando tomo alcohol o tengo un mal día.
Para la "guerra psicológica" con el sexo femenino -si es que aceptamos la versión de que soy un guerrero- me prepararon increíblemente bien: fui educado por mis mayores para "no ser mujercita" pero aprovechando todas las debilidades de las mujeres de mi familia y del entorno para que las explote y me consientan, sobre todo debilidades que no tienen nada que ver con lo estrictamente físico. Es relativamente fácil, para un niño y ni hablar para un hombre, aprovechar el mal llamado "instinto maternal": hay un niño-eterno en nosotros, que tiene frustraciones, que sufre por ellas y que debe ser consentido para aliviarlas. Muchas caen en esa trampa, sobre todo cuando se combina con todas las otras prerrogativas del género masculino. Un hombre, a veces, puede dominar sin siquiera ponerse violento más que las veces necesarias, muy pocas en realidad. Ser hombre niño-eterno es el estado perfecto para el que quiere esconder esa parte oscura y vergonzosa, hasta que sea imprescindible utilizarla, claro. Palo y zanahoria, pero seamos civilizados: más zanahoria que palo.
Hay ventajas: un hombre niño-eterno tiene una esponjosa cantidad de mujeres alrededor que desmienten su naturaleza peligrosa. Se tiende a pensar que un hombre rodeado de mujeres no tiene necesidad de ser un gandul, pero no hay uno más grande. El otro, el violento a secas, se queda solo más tarde o más temprano y con suerte puede comprarse a quienes convertir en estropajos (y creerlos esclavos, como también hace el hombre niño-eterno).
Me cuesta decir que soy inocente, sobre todo, porque no soy perfectamente inocente. Trato, con los años, de ser mejor, de aprender, de abandonar ese estigma del hombre pero no hay mucho lugar dónde ir. Es difícil, entiendo que aún desconocidos me miren con temor, entiendo que crean que mis enojos esconden la posibilidad de desmadres aún peores, y yo no puedo decir que no esté libre del pecado de dejarlos que lo crean. He descubierto, hace bastante, que si bien puedo cambiar el mundo no lo hace y también sé que no tengo alma de mártir ni vocación de santo ni fe en las personas.
Estoy en camino de ser mejor, pero hay pocos ejemplos visibles para comparar. No hay premios ni reconocimientos para hombres que hayan dejado de ser una amenaza para la humanidad o para los débiles, las mujeres o los niños. Nadie nos cree, con razón, a los hombres.
Soy hombre, cualquier hombre, hasta que demuestre lo contrario.
21 noviembre 2011
Rompiendo huevos (progresistas).
Lo paradójico de un gobierno progresista es que sea el huevo de un naciente pajarón reaccionario. Ya pasó en Chile con Piñera y ahora pasa en España con Rajoy. Dice Hitchens que lo peor de un gobierno de izquierda (bueno, supuestamente de izquierda) es que termina asumiendo como propio el veneno que le inocula la derecha y para el que no tiene antídoto y que el electorado termina el cuento pidiéndole a la derecha que acabe con los males que esa propia derecha le inflige. Históricamente el experimento se hizo varias veces para los temas más diversos, como el de los Hells Angels cuidando al público de la violencia en Altamont o pidiéndole a los Alsogaray que nos protejan del mercado o a Cavallo que fortalezca nuestra moneda. Hitchens menciona al surgimiento de Tatcher, posterior al fracaso laborista de los setenta en el Reino Unido como uno de los ejemplos.
Me van a decir que el peronismo no es la izquierda ni mucho menos, pero como dice una amiga kirchnerista "el kirchnerismo es toda la izquierda que este país está dispuesto a soportar" y como tal, también se vende a sí mismo, sobre todo, al resto del progresismo y/o izquierda. La limitación establecida por esa definición hace que los fachos suspiren, oportunistas, porque hay toda una parafernalia de recursos que pueden usar sin despeinarse y sin grandes esfuerzos, sabiendo que los anticuerpos del Gobierno están debilitados por su propia naturaleza pusilánime: golpes de mercado, corridas bancarias y cambiarias, avivar la llama de la inflación, el desempleo y mucho más, sin que no sólo no se debiliten sus posiciones sino que salgan fortalecidos política y económicamente. Exactamente lo que está pasando ahora, en el tiempo correcto en el que hay un agotamiento de estructura en el kirchnerismo y un pico histórico de popularidad que lleva dentro un gran número de veleidosos expectantes que empiezan a impacientarse -y con razón, por lo que tal vez lo de "veleidosos" esté de más. Antiguamente, como le pasara al alfonsinismo y al menemismo, el remedio para atajar a la derecha era, precisamente, correrse a la derecha y "meter los dedos en la mierda". Pero el kirchnerismo, por su discurso, no puede correrse demasiado evidentemente a la derecha, sólo le queda tomar decisiones coyunturales e incompletas que tienen tanto de impopular (una impopularidad clasemediera y sindicada) como de inconsecuente. Por otro lado, cada vez que toma una medida a la izquierda un tanto tardía, como la baja en los subsidios a los sectores menos débiles (por no decir acomodados), provoca más sospechas e impaciencia en los más radicales por las que siguen pendientes (entre estos vengo a estar yo, no hace falta que aclare). En este crepúsculo populista los sicarlistas hacen su agosto, pues está mal decirle al Rey que va desnudo y él mismo pide que le alaben los vestidos y se financia los halagüeños (y los comisarios políticos). Hace rato que quienes podrían hacer la oposición necesaria para cambiar el rumbo desde adentro del Gobierno están pedaleando en el gimnasio. El comisariado los pasó a retiro efectivo precisamente por disentir y la claque hace mofa de ellos.
Históricamente, los gobiernos reformistas de izquierda especialmente timoratos son incluso buenos para la derecha bizarra y auténtica: se convierten en válvulas de escape para la frustración popular, que cada tanto acumula suficiente de ella como para darse el berretín de querer gobernar. El eterno debate de los revolucionarios argentinos en la década del setenta (y ahora también) por el papel que jugaba y juega el peronismo tiene que ver con esta "válvula de escape". Este populismo reconocido incluso por sus "teóricos", flaco de ideología como está (el kircherismo está tan lejos del peronismo de Perón o del marxismo como cualquier otro partido, aunque les use los símbolos), que está perdiendo la iniciativa y empieza a reaccionar de manera reluctante y poco convencida, terminará empujando a "lagente" que la solución viene por la derecha, que el zorro es el único que sabe cómo cuidar las gallinas de otros zorros al costo de una cuota negociada de gallinas y huevos.
Voy a mencionar, solamente, que recuperar las banderas del barro va a llevar muchos años, largos años, porque será difícil hablar de DDHH sin que alguien recuerde las casas de Shoklender, por sólo mencionar algo rápido y a la pasada.
Si fuera español, hoy querría vivir en la Argentina. Dentro de cuatro años no sé qué voy a pensar sobre un montón de cosas pero, casi seguro, no voy a querer vivir en la Argentina de Macri.
Me van a decir que el peronismo no es la izquierda ni mucho menos, pero como dice una amiga kirchnerista "el kirchnerismo es toda la izquierda que este país está dispuesto a soportar" y como tal, también se vende a sí mismo, sobre todo, al resto del progresismo y/o izquierda. La limitación establecida por esa definición hace que los fachos suspiren, oportunistas, porque hay toda una parafernalia de recursos que pueden usar sin despeinarse y sin grandes esfuerzos, sabiendo que los anticuerpos del Gobierno están debilitados por su propia naturaleza pusilánime: golpes de mercado, corridas bancarias y cambiarias, avivar la llama de la inflación, el desempleo y mucho más, sin que no sólo no se debiliten sus posiciones sino que salgan fortalecidos política y económicamente. Exactamente lo que está pasando ahora, en el tiempo correcto en el que hay un agotamiento de estructura en el kirchnerismo y un pico histórico de popularidad que lleva dentro un gran número de veleidosos expectantes que empiezan a impacientarse -y con razón, por lo que tal vez lo de "veleidosos" esté de más. Antiguamente, como le pasara al alfonsinismo y al menemismo, el remedio para atajar a la derecha era, precisamente, correrse a la derecha y "meter los dedos en la mierda". Pero el kirchnerismo, por su discurso, no puede correrse demasiado evidentemente a la derecha, sólo le queda tomar decisiones coyunturales e incompletas que tienen tanto de impopular (una impopularidad clasemediera y sindicada) como de inconsecuente. Por otro lado, cada vez que toma una medida a la izquierda un tanto tardía, como la baja en los subsidios a los sectores menos débiles (por no decir acomodados), provoca más sospechas e impaciencia en los más radicales por las que siguen pendientes (entre estos vengo a estar yo, no hace falta que aclare). En este crepúsculo populista los sicarlistas hacen su agosto, pues está mal decirle al Rey que va desnudo y él mismo pide que le alaben los vestidos y se financia los halagüeños (y los comisarios políticos). Hace rato que quienes podrían hacer la oposición necesaria para cambiar el rumbo desde adentro del Gobierno están pedaleando en el gimnasio. El comisariado los pasó a retiro efectivo precisamente por disentir y la claque hace mofa de ellos.
Históricamente, los gobiernos reformistas de izquierda especialmente timoratos son incluso buenos para la derecha bizarra y auténtica: se convierten en válvulas de escape para la frustración popular, que cada tanto acumula suficiente de ella como para darse el berretín de querer gobernar. El eterno debate de los revolucionarios argentinos en la década del setenta (y ahora también) por el papel que jugaba y juega el peronismo tiene que ver con esta "válvula de escape". Este populismo reconocido incluso por sus "teóricos", flaco de ideología como está (el kircherismo está tan lejos del peronismo de Perón o del marxismo como cualquier otro partido, aunque les use los símbolos), que está perdiendo la iniciativa y empieza a reaccionar de manera reluctante y poco convencida, terminará empujando a "lagente" que la solución viene por la derecha, que el zorro es el único que sabe cómo cuidar las gallinas de otros zorros al costo de una cuota negociada de gallinas y huevos.
Voy a mencionar, solamente, que recuperar las banderas del barro va a llevar muchos años, largos años, porque será difícil hablar de DDHH sin que alguien recuerde las casas de Shoklender, por sólo mencionar algo rápido y a la pasada.
Si fuera español, hoy querría vivir en la Argentina. Dentro de cuatro años no sé qué voy a pensar sobre un montón de cosas pero, casi seguro, no voy a querer vivir en la Argentina de Macri.
18 noviembre 2011
Mientras estoy sin palabras.
Las angustias vitales se me alivian cuando las pongo en palabras, pero escribir es un proceso caótico. Hay una etapa de la angustia, después del primer reflejo condicionado de autoprotección, en que todavía no puedo (d)escribirla. Al contrario que alguna gente que escribe catárticamente situaciones que se les vuelven difícilmente verbalizables de otro modo, yo recién puedo escribir sobre algo cuando tengo procesada buena parte del material. Mientras tanto, las palabras me rebotan en la cabeza pero no se ordenan de ningún modo. El dolor, la impotencia, la cobardía o las estrecheces de mi espíritu, de mi moral o de mi inteligencia, me impiden abordar el tema de manera integral. Entiendo el soporte que puede significar la poesía en estos casos, pero no tengo ni una pizca del talento necesario para escribirla. Si fuera así, sería un Baudelaire.
Las palabras rebotan dentro de mi cabeza, en oleadas, proferidas por una multitud de "voceadores de verdades", cuya única existencia parece ser la repetición de una sola oración (y a veces ni eso, sobre todo al principio), la mayoría prejuicios adquiridos a lo largo de toda una vida: "las mujeres no mienten, omiten", "los hombres son siempre niños", por sólo mencionar algunas mencionables y que no me harán quedar tan mal.
La aliteración de argumentos pone delante y detrás unos con otros hasta que empiezan a tener sentido, o dejar de tenerlo del todo, por lo que el proceso, paulatinamente, decanta. Si escribiera en ese momento, me arrepentiría tanto que quizá me acobardaría de escribir para siempre. La realidad, esa gran ilusionista, también aporta su cuota de incertidumbre, desdiciéndose a menudo o revelándose de la peor manera posible, obligándome a cuestionarla y a cuestionarme: no puedo estar seguro de nada.
Pasando el tiempo las distracciones y el valor relativo de cada una de estas discusiones internas van apagando las trivialidades (la gran mayoría) y resaltando las que maceran hasta convertirse en frases que cualquier cristiano pudiera decir sin demasiado esfuerzo, aún cuando no esté de acuerdo con ellas. Ahí es cuando las puedo escribir. Por lo general, el poder hacerlo no me cura del todo, sólo detiene el daño. A veces es tarde.
Hasta que se produce todo el proceso, las angustias permanecen en las tripas esperando que alguien les ponga palabras. Para muchas de ellas es que están las canciones.
03 noviembre 2011
No soy yo (que siempre fui así), sos vos.
Desde hace un par de años, no sabría decir cuándo ni con qué evento específico, me volví incómodo. Mejor dicho, más incómodo. Dejé de ser fácil y me volví insidioso y molesto. Lo peor de todo es que no fui yo el que cambió demasiado -quizá sí sea mi culpa ser como soy, no lo niego. Quizá no cambié demasiado, quizá estoy agotando por no tener más variantes.
Hay diferencias, quién no las tiene: pueden ser cambios de opiniones, cosas que cambiaron, o porque yo mismo -"puede fallar", dijo Tu Sam- cambié. No son todos los cambios que quisiera yo o el mundo que tiene algún interés en mi existencia, pero son los cambios que fueron. Vivo mis elecciones personales con bastante honestidad e intensidad, y confrontándolas permanentemente con el todo cercano en el que estoy inmerso. Emito juicios, opiniones, hago cosas, las dejo de hacer, y todo a la vista, por lo general, de esos cercanos. Tengo una memoria pésima, así que mentir se me hace difícil. Las patas cortas de mis mentiras son muñones desde el primer día, así que prefiero caminar con la verdad siempre que puedo, a los ponchazos y corriendo otros riesgos a veces tan complicados como la peor mentira, pero así es la vida.
Llevo adelante este blog desde hace más de cinco años, casi seis. Tampoco aquí hubo grandes cambios (menos aún que en mi vida): las cosas que consigno no suelen ser muy provisorias y no soy un zapallo que opine lo primero que se le viene a la cabeza, cuando escribo algo es porque estoy de acuerdo y/o protesté en la vida real y me tomé mi tiempo para meditarlo. De hecho, llego tarde a muchas cosas por eso. Y como tengo pésima memoria (en realidad, poco lugar) muchas veces pienso en la misma cosa dos o tres veces como si nunca lo hubiera hecho y casi desde cero. Este blog me ha servido para no caer en ese esfuerzo inútil más una vez y el buscador del blog ha sido mi aliado. Me alivia enormemente cuando encuentro que dije algo que estaba por decir de nuevo, y me alivia doblemente el poder cambiar algo que dije y ya no sostengo. Lo importante es lo nuevo, y si ya no estoy de acuerdo, es que algo pasó o algo aprendí, y me encanta aprender o que pasen cosas.
Soy una persona democrática hasta la médula, sobre todo porque siempre me ha tocado, salvo excepciones, estar en minoría, aunque no siempre. Ejercí esa vocación en grupos pequeños, medianos y tan grandes como la Argentina misma. Cuando más grande el grupo y cuanto más alejado del poder del grupo estoy, más me puedo relajar y ser quien realmente soy y defender mi idea.
Sería perfecto si esto funcionara aisladamente, pero dos o más órbitas se vuelven concurrentes casi siempre: por ejemplo, el fútbol y los amigos, la familia y la religión. Y sobre todo cuando alguno de esos grupos funciona con exclusión. Es difícil seguir siendo de Boca y que todos tus amigos del barrio sean de River, o ser agnóstico en una familia católica. Hablar de lo que te hace diferente te expulsará, más tarde o más temprano, y el grupo va a presionar para que hagas dos cosas: te calles o te hagas católico o de River. Por supuesto, la "armonía" del grupo y tu condición de iconoclasta serán mencionadas a menudo y, en cuanto sea menester, un pogrom más o menos benévolo o el propio vacío te dejará fuera de ese grupo que inicialmente no tenía nada que ver con River ni con el Catolicismo. Ser distinto es molesto para los iguales porque hay confrontación. No tanto porque el número tranquilice, que lo hace. Mayormente, lo que hay es pereza por confrontar(se) con lo diferente. El bostero hablará de Bianchi, del penal que le atajó Roma a Delem, de que River se fue a la B y, sobre todo, del partido del domingo, si le conviene. Se van a dar discusiones, cómo no, y cuando uno intente explicar por qué sigue siendo de Boca o agnóstico, lo van a tildar de inflexible, de dueño de la verdad (el dueño solitario, claro), va a tener que escuchar docenas de veces los argumentos de cada uno, los va a contestar amablemente o no -pero los va a contestar- y el "callate que nos tenés hartos" no tarda en llegar. El caso extremo es cuando en el grupo hay gente que era de Boca y ahora es de River, o que se volvió más papista que el Papa: el converso tiene un entusiasmo muy paulino que puede ser la excusa para una modesta Inquisición de entrecasa o de la cuadra.
Sería perfecto si esto funcionara aisladamente, pero dos o más órbitas se vuelven concurrentes casi siempre: por ejemplo, el fútbol y los amigos, la familia y la religión. Y sobre todo cuando alguno de esos grupos funciona con exclusión. Es difícil seguir siendo de Boca y que todos tus amigos del barrio sean de River, o ser agnóstico en una familia católica. Hablar de lo que te hace diferente te expulsará, más tarde o más temprano, y el grupo va a presionar para que hagas dos cosas: te calles o te hagas católico o de River. Por supuesto, la "armonía" del grupo y tu condición de iconoclasta serán mencionadas a menudo y, en cuanto sea menester, un pogrom más o menos benévolo o el propio vacío te dejará fuera de ese grupo que inicialmente no tenía nada que ver con River ni con el Catolicismo. Ser distinto es molesto para los iguales porque hay confrontación. No tanto porque el número tranquilice, que lo hace. Mayormente, lo que hay es pereza por confrontar(se) con lo diferente. El bostero hablará de Bianchi, del penal que le atajó Roma a Delem, de que River se fue a la B y, sobre todo, del partido del domingo, si le conviene. Se van a dar discusiones, cómo no, y cuando uno intente explicar por qué sigue siendo de Boca o agnóstico, lo van a tildar de inflexible, de dueño de la verdad (el dueño solitario, claro), va a tener que escuchar docenas de veces los argumentos de cada uno, los va a contestar amablemente o no -pero los va a contestar- y el "callate que nos tenés hartos" no tarda en llegar. El caso extremo es cuando en el grupo hay gente que era de Boca y ahora es de River, o que se volvió más papista que el Papa: el converso tiene un entusiasmo muy paulino que puede ser la excusa para una modesta Inquisición de entrecasa o de la cuadra.
Bueno, eso: parece que últimamente y sin que yo me diera cuenta el mundo -mi mundo- se volvió católico (en realidad, kirchnerista o antikirchnerista, pero últimamente todos parecen compartir una santurronería similar aunque variopinta) y de repente me volví incómodo, porque ni soy santurrón ni kirchnerista ni anti kirchnerista. Pero siempre fui así, no me jodan.
Y, de verdad, no sé qué hacer. Callarme es la primera opción, claro. Por lo menos tengo este blog y algunos diferentes tan solitarios como yo con los que no nos queda más remedio que ser distintos y soportarnos.
05 octubre 2011
I don't believe in Fender.
Mi primer libro, el primero que recuerdo haber leído, fue "Mangocho" de Constancio Vigil. Retengo poco de ese libro ahora, pero tengo una historia muy presente, aunque no debo haber tenido más de seis años: Mangocho y su abuelo van a ver una ballena varada en la playa, a instancias de un titular muy enfático de un diario -por el tema de la playa y porque Vigil era uruguayo supongo que todo el libro transcurría en Uruguay, como mi otro libro de la infancia, Chico Carlo- y se llevan una desazón muy grande al llegar al punto de referencia y no encontrar nada. El día era 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.
Hasta esa edad mi relación con la fe fue muy intensa, mi ignorancia sobre casi todo estimulaba las creencias más dispares, y eso fue bueno; estimulé la imaginación, preparé mi mente para crear escenarios, extrapolar, abstraer y extraer conceptos, imaginar consecuencias, explorar mundos que, primero que nada, me estaban vedados (sobre todo el mundo adulto, el primer enigma de todo niño). Mi ignorancia era también ingenuidad: ni siquiera sabía que era ignorante, algo que nunca he dejado de aprender. La mayoría de las cosas que adquiría como objeto de fe venían a mí de manera oral, con la palabra de mis mayores, que construían para mí una mitología heterodoxa donde convivían Jesús, el Ratón Pérez, la Virgen María, mi abuelo caminando (estaba parapléjico), el hombre de la bolsa, los gitanos y todas las cosas que se les hace creer a los niños para que hagan algo conveniente para los adultos, que incluyen cosas tan irreales como el efecto de los remedios o lo de "ponerme grande y fuerte" si comía. Había que creer en todo eso, sin demasiados efectos prácticos, como comprobaba a medida que crecía. Quizá los gitanos eran reales, pero jamás supe o vi que se llevaran a ningún niño, salvo leyendas urbanas que circularon siempre; y lo de crecer y ponerse fuerte está demasiado sobrevalorado, aún sin tanto culto por la nostalgia infantil.
A medida que crecía, las creencias se polarizaron en esferas que a veces se cancelaban: había aparecido la religión en mi vida y podía creer en el Ratón Pérez pero sólo en casa, no en la Iglesia, por ejemplo. Al contrario, Jesús era de lo más ubicuo; todos parecían tenerlo claro y presente, en casa, en la escuela o en la Iglesia, y Dios, su padre, era el superhéroe mayor. Se los nombraba seguido, hasta para las cosas más incoherentes; recuerdo a mi nonno con su me cache en Die constante -de hecho, es la blasfemia preferida de mi familia, incluyéndome.
Cerca de los siete años era un lector ávido del nuevo Testamento y la confusión de voces y conceptos de ese libro comenzó una erosión basada, sobre todo, en sus propias contradicciones: Dios era misericordioso, pero había que temerle; Jesús era el hijo de Dios, quien no tenía cuerpo (aunque era un viejito de barbas blancas) y había nacido de una mujer a la que se le llamaba "Inmaculada" y a él mismo "sin pecado concebido"; su padre también era José, un carpintero bueno. Los adultos -por una cuestión religiosa, volviendo al 28 de Diciembre- podían decretar una masacre de niños, o darles piedras por panes, o con esas mismas piedras, lapidar a una "adúltera" (que vaya a saber qué quería decir) o rezar a los gritos en las esquinas. Ni hablar del buen samaritano, la cruel parábola de la viña o el mismo Apocalipsis, mi "cuento" preferido de la Biblia cuando niño. Paradójicamente, la misma Biblia me iba llevando por el camino de la duda. El crédulo que habitaba en mí empezaba a fruncir el ceño y empezaba a dudar no sólo de la vida después de la muerte, sino de cosas que con el mismo grado de evidencia se me presentaban para creer o reventar: duendes, hadas, bosques encantados, castigos eternos, reinos celestes, santos cumplidores y superhéroes tan queribles como el Súper Ratón.
Por otro lado la religión, esa cuestión tan humana, fracasaba peor: los "fieles" no lo eran tanto -lo confirmaba en casa, pero cada día percibía más y más la maldad del mundo- y esos mismos fieles eran los primeros en afirmar, según conveniencias, que la Biblia era letra muerta. Lo decían incluso los sacerdotes, que me pedían que no la leyera porque muchas cosas era necesario interpretarlas "con orientación", suya por supuesto. La Biblia y el Santoral empezaron a parecerme sospechosamente humanos y los humanos, sospechosamente malos. Estaba aprendiendo a desconfiar de la religión como interpretación de la fe -o como su instrumento- pues podía ser engañada, usada y desmentida por los actos de las mismas personas que me ordenaban insistir en su profesión.
La pérdida de la fe no fue una desilusión, fue un hecho práctico que implicó mucho más que eso: fue sustituida en los primeros momentos por el miedo, un terror visceral, totalmente irracional. Ya nada podía defenderme, el bien era también usado para el mal y el mal era el mal y para colmo de males estaba cada vez más solo, apenas cubierto por una trama social que no aprobaba nada de lo que yo había venido descubriendo y que intentaba desalentarme amenazándome con demonios ancestrales, vislumbrando hechos desgraciados y males terribles en castigo por mi apostasía. Se me dejó en claro que abandonar "la gracia de la fe" me llevaría a un páramo solitario donde sólo quedaba temblar y rechinar los dientes.
Como única salida, empecé a leer todo lo que caía en mis manos con la esperanza de encontrar la clave a ese mundo maléfico al que me enfrentaba y que me asustaba de una forma totalmente desproporcionada, provocando en mí un interés entre morboso y superador. Me volví un coleccionista de terrores, reales e imaginarios: Drácula, el Diablo, la terrible historia de los jugadores de rugby uruguayos en los Andes, los delirios morbosos del Marqués de Sade, los ovnis y el triángulo de las Bermudas (tan de moda entonces), Jack el Destripador, etc.. Cualquier desgracia lejana o cercana, cualquier maldad me insinuaba lo frágiles y privilegiados, en contraposición, que podíamos ser en un mundo cruel y sin Dios como el que teníamos. No era cobardía, porque sino hubiera decantado por novelitas adolescentes o lectura mucho menos densa, donde la bondad tenía algún lugar.
En aquellos años leí dos libros casi juntos (no tenía -insisto- más de diez años): "Raíces" y "La cabaña del Tío Tom", el primero a consecuencia de la miniserie, el segundo porque cayó por azar en mis manos, sin relación con el primero. Fue la gota que colmó el vaso: el mundo era una mierda, un lugar desprovisto de Dios, era evidente, y lleno de maldad y egoísmo. Que yo tuviera una vida relativamente tranquila no era más que un estado previo a alguna de esas maldades. Entonces, plena dictadura militar, no sabía lo cerca que estaba de eso. Hoy lo pienso y me corre un frío por la espalda. Mi viejo ya andaba escondido aunque no en la clandestinidad completa y era evidente, aún ante mis ojos de niño, que algo muy malo pasaba: bombas, sirenas, militares uniformados de fajina con armas en ristre por todos lados, enfrentamientos, personas que desaparecían, la fundada preocupación de mi vieja porque iba a la escuela solo (¡tenía diez años!) en Buenos Aires -ella totalmente consciente de las cosas que estaban pasando- y tantas otras señales que me resultaban evidentes, quizá por mi hipersensibilidad de entonces, sin poder comprenderlas del todo. El Mal, como lo llama Jorge Semprún en "La escritura o la vida", la encarnación humana del mal, estaba presente en las calles, en todos lados. Me resulta increíble hoy que haya gente que diga que no se dio cuenta, que no le constaba, que la vida seguía como si nada hubiera ocurrido.
Esas mismas lecturas y muchas otras, con el tiempo, hicieron que madurara, por lo que paulatinamente recobré cierta calma necesaria para vivir. Leer me obligó a contraponer, pensar, debatir, rebelarme, informarme y luego hacer el esfuerzo por desinformarme (olvidar lo correcto es parte importante de aprender) y saber que puedo estar equivocado, pero que estarlo por ignorancia es vergonzoso, y por creer en cuestiones totalmente improbables es inaceptable. Dejé la fe en un estante, como se deja un trofeo, donde se ha ido enmoheciendo con los años (parafraseando a Hitchens). Cada tanto, un impulso me hizo retomarla, por algo que pensé valía la pena, generalmente involucrando emociones fuertes y poco razonables, oh gran descubrimiento. Con el tiempo, está en el desván, lejos de mis manos, por inútil y por dañina. La razón, desde entonces, es mi gran amor. Es el único dios al que le rindo culto, un culto que tiene los límites de mi entendimiento y de mi inteligencia, y al que de vez en cuando extravío en los brazos tan volubles de los sentidos y, como dije, las emociones.
Perder la fe me dio la libertad de saber que todo juicio es provisorio, que la verdad es trabajosa y que debe ser buscada, aunque nunca dominada del todo. También me dio la libertad para ser una criatura en el mundo, el cosmos que ha tomado conciencia de sí mismo, como decía Carl Sagan.
29 septiembre 2011
Elecciones S11E03: Peronismo K, el fariseísmo al poder.
Esta nota quizá sea la más difícil de escribir: los gorilas me van a tomar por demasiado liviano y los fieles creyentes como un facilitador de derechas. También, porque tengo mucha gente querida que profesa lo que va a ser el tema de este post.
No soy ajeno al peronismo, vengo de una familia tan peronista como la que más. Mi primer recuerdo de Perón fue una banderita que pusimos en la antena del Peugeot 404, aquél fatídico día de la Masacre de Ezeiza. El segundo, llegar de la escuela y que mi vieja me diga, llorando, que había muerto Perón. Poco después, el recuerdo es el de la caída de Isabel (la señora esposa de mi general cuánto valés; la marcha que ponían en los hoteles del gremio para llamarnos a comer y que a mí me resultaba muy alegre), las caras largas y mis viejos quemando libros en la parrilla; libros como "Perón, el hombre del destino" y otros que habían tenido escondidos, manuales de conducción política, etc. (no sé decir si estas dos imágenes fueron del mismo día y hasta me animo a decir que no). Recuerdo también que sabía que mi viejo, al que dejé de ver por mucho tiempo, casi hasta mediados del '79, se iba de casa porque era peronista y lo buscaban esos militares que levantaban la copa del Mundial, ésa que él no quiso festejar, dejándome azorado.
No soy ajeno al peronismo, vengo de una familia tan peronista como la que más. Mi primer recuerdo de Perón fue una banderita que pusimos en la antena del Peugeot 404, aquél fatídico día de la Masacre de Ezeiza. El segundo, llegar de la escuela y que mi vieja me diga, llorando, que había muerto Perón. Poco después, el recuerdo es el de la caída de Isabel (la señora esposa de mi general cuánto valés; la marcha que ponían en los hoteles del gremio para llamarnos a comer y que a mí me resultaba muy alegre), las caras largas y mis viejos quemando libros en la parrilla; libros como "Perón, el hombre del destino" y otros que habían tenido escondidos, manuales de conducción política, etc. (no sé decir si estas dos imágenes fueron del mismo día y hasta me animo a decir que no). Recuerdo también que sabía que mi viejo, al que dejé de ver por mucho tiempo, casi hasta mediados del '79, se iba de casa porque era peronista y lo buscaban esos militares que levantaban la copa del Mundial, ésa que él no quiso festejar, dejándome azorado.
Ya más grande, llegando la democracia, Perón y los peronistas eran ídolos de oro, verdaderos dioses olímpicos, héroes de la Patria. Me hice peronista sin dudarlo, a pesar de que otros peronistas ya me empezaban a doler, y nací a la militancia política con el peronismo como oposición y tan lejos del poder como lo está hoy la UCR (excepto quizá en las provincias). Me duró hasta la asunción de Menem, al ver a los peronistas cantando "combatiendo al capital" mientras hacían la vista gorda con Bunge & Born primero y los Alsogaray, el neoliberalismo y todo lo demás que vino después, sin mucha culpa, mientras el país se hundía a pesar de todo lo que aparentemente pasaba de positivo: el "Salariazo" y la "Revolución Productiva". Me voy a detener un poco en esto, en Menem:
Yo había puesto todos los medios a mi disposición, como siempre se hizo en mi familia, para que el peronismo volviera al poder. Cuando Menem ganó, antes de asumir y poco después de la reculada alfonsinista, se blanqueó que la "Revolución Productiva" y el "Salariazo" estaban atados a un acuerdo con la derecha para crear las condiciones económicas. Otra vez Martínez de Hoz. No podía "superarlo" y me fui.
Lo peor fueron las hordas (ya en el poder Menem, todos eran menemistas, sobre todo, los gobernadores provinciales, como Kirchner) que me criticaban no tener estómago para tragar a los Alsogaray, Alemann y otros. No olvido la ¿muda? complicidad de la ahora kirchnerista CGT, la columna vertebral del Movimiento Liberal Progresista Peronista Menemista Kirchnerista.
Bueno; desde entonces, el peronismo se convirtió en letra muerta para mí, se volvió la herramienta con la que se administran las necesidades de las clases bajas, detrás de una supuesta ascendencia social totalmente apegada a lo económico y totalmente coyuntural, que sustenta a un sistema político básicamente antidemocrático (pero plenamente funcional democráticamente hablando) y que está condenado a comerse a sí mismo, mandando a la Argentina a uno de sus periódicos caos, del que será, a la vez, causante y salvador.
No es mi intención, a partir de estas líneas, atender casos particulares, sepan disculpar porque voy a generalizar bastante. El que considere no apropiado para su kirchnerismo algo de lo que digo, sírvase sentirse excluido. Dicho esto, vamos a ver qué kirchnerismo tenemos:
Yo había puesto todos los medios a mi disposición, como siempre se hizo en mi familia, para que el peronismo volviera al poder. Cuando Menem ganó, antes de asumir y poco después de la reculada alfonsinista, se blanqueó que la "Revolución Productiva" y el "Salariazo" estaban atados a un acuerdo con la derecha para crear las condiciones económicas. Otra vez Martínez de Hoz. No podía "superarlo" y me fui.
Lo peor fueron las hordas (ya en el poder Menem, todos eran menemistas, sobre todo, los gobernadores provinciales, como Kirchner) que me criticaban no tener estómago para tragar a los Alsogaray, Alemann y otros. No olvido la ¿muda? complicidad de la ahora kirchnerista CGT, la columna vertebral del Movimiento Liberal Progresista Peronista Menemista Kirchnerista.
Bueno; desde entonces, el peronismo se convirtió en letra muerta para mí, se volvió la herramienta con la que se administran las necesidades de las clases bajas, detrás de una supuesta ascendencia social totalmente apegada a lo económico y totalmente coyuntural, que sustenta a un sistema político básicamente antidemocrático (pero plenamente funcional democráticamente hablando) y que está condenado a comerse a sí mismo, mandando a la Argentina a uno de sus periódicos caos, del que será, a la vez, causante y salvador.
No es mi intención, a partir de estas líneas, atender casos particulares, sepan disculpar porque voy a generalizar bastante. El que considere no apropiado para su kirchnerismo algo de lo que digo, sírvase sentirse excluido. Dicho esto, vamos a ver qué kirchnerismo tenemos:
- Como facción peronista tiene muchas de sus virtudes y defectos. Las primeras son interesantes y la razón por la cual muchos aún dicen ser peronistas en general y kirchneristas en particular. No voy a abundar en los segundos, pero sí voy a decir que los que se dicen kirchneristas están enfermos de estos defectos al punto que les son invisibles. No digo nada nuevo, pero no ven cosas graves o les da lo mismo. "Es lo que hay", etc.. Afuera del kirchnerismo no hay nada, menos aún peronismo, aunque ni siquiera sepan a esta altura qué es ser peronista.
- Como peronismo de fin de siglo, su potencia es el pragmatismo extremo: Menem se alió con los liberales e indultó criminales contradiciendo su historia personal; Kirchner los criminalizó y los volvió a procesar haciendo caso omiso de su propia carencia de antecedentes históricos, que incluyen el haber sido un gobernador abiertamente menemista. Detrás de esos gestos siempre hay un llamado velado a una grandeza, a una épica del renunciamiento histórico y en bien de la Patria, pero es una cuestión de debilidad; la de Menem con los grupos económicos que voltearon a Alfonsín y la de Néstor Kirchner con su falta de representatividad después del abandono del ballotage por Menem. Siguiendo esa lógica, los momentos más pragmáticos de CFK siguieron al revés en las cámaras el 28 de junio de 2009, cuando más débil estaba. La continuidad entre peronismos, entonces, es el pragmatismo mismo, no las medidas que este pragmatismo inspira.
- El objetivo primordial del kirchnerismo como fuerza política es poner a un Kirchner en el poder, o uno, llegado el caso, aceptado por un Kirchner.
- Existe un kirchnerismo no peronista, ambos están ahí por un negocio: político para unos, apenas monetario para los otros.
- Como grupo militante, el kirchnerismo no tiene una estructura orgánica (de hecho, a pesar de que hoy domina los destinos del PJ, no usa su estructura orgánica de militancia) básicamente porque en la punta superior de la pirámide de cada grupo hay (o hubo) un Kirchner o un kirchnerista famoso que forma parte de otra pirámide que sí tiene a un Kirchner en la cima. Ergo, uno milita con cierta movilidad pero siempre habrá un Kirchner en la punta de la escalera. Por supuesto, hay kirchneristas que no están en grupos, otros son peronistas que están más o menos contenidos en esa estructura, sindicatos inclusive.
- La principal razón de esa inorganicidad es la ausencia de democracia interna, porque eso implicaría generar debate y movilidad, las dos patas de la militancia real, cuya tercera es "poner el cuerpo", la única que pretende el kirchnerismo. Para debatir está 678.
- Por supuesto, dos o más kirchneristas pueden debatir, pero son perfectamente conscientes de que lo que digan, o la conclusión a la que lleguen, será totalmente ignorada por el resto del kirchnerismo y sobre todo, por la cúpula.
- La ausencia de debate interno hace que la estrategia de la punta de la pirámide sea desconocida por "la militancia" de antemano. De hecho, ésta no tiene ni idea de cuáles serán los próximos pasos, ni siquiera en rasgos generales. No hay un sólo "militante" que sepa qué hará CFK si gana las elecciones. Lo he preguntado a decenas. "Más de lo mismo que se hizo hasta ahora" es la respuesta más repetida, seguida de un rosario de visiones parciales o sin constancia alguna. Si un Kirchner dice que hará lo que mejor esté en su mano hacer, así será. Dudar de un Kirchner no es de kirchneristas.
- El principal aparato utilizado en el kirchnerismo es el "opositómetro", que mide cuántos enemigos detecta un "militante" valorando qué inmunidad tienen al discurso oficial y qué permeabilidad al de los medios opositores.
- Los "kirchneristas críticos" (autodenominados, generalmente) son tan fanáticos como los otros, pero están cansados de escuchar sobre De Vido, la Embajada Paralela en Venezuela, Skanska, los 500 millones, el patrimonio siempre creciente de los funcionarios kirchneristas, los oscuros pasados menemistas y setentosos de casi todos ellos, Moreno y la inflación, Jaime, el fracaso de la Ley de Medios, y más recientemente Madres y Schoklender (lo peor es que es una somera enumeración). Su excusa es la estrategia de cuña, aunque son reacios a hablar de los sapos que se tragan a cambio.
- Lo importante para el kirchnerismo es el "Proyecto", aunque nadie sepa qué es.
- El kirchnerismo vive en un mundo bastante particular, en un área difusa entre la realidad acotada por su visión triunfalista de la política (porque el principal argumento político del peronismo es el poder, pero exacerbado en el caso del peronismo kirchnerista) y la interpretación de la realidad como un hecho subjetivo que debe explicarse segmentado. Es desviación ideológica pretender que la moneda tiene dos caras o mencionar que el prisma acusa varias más. Ya hay hasta teorías filosóficas sobre el modo de ver la realidad de los kirchneristas.
- La necesidad obsesiva de analizar el discurso viene del punto anterior: hay que desbrozar para encontrar al menos un punto que justifique todo lo demás, sea positivo o negativo. Siempre lo malo se justificará por lo bueno en contraposición, y viceversa: cualquier bondad será anatemizada por un argumento en contra, aunque fuera de contexto en ambos casos.
- Para el kirchnerismo, la realidad, así como la historia, pueden ser revisadas y reescritas, no por un anhelo de verdad sino por contrapeso. Así, programas como 678 (o cualquiera de la usina que se dedica a lo mismo) no buscan la objetividad sino una especie de equilibrio discursivo. Lo hacen con la misma falsedad ideológica, pero de sentido opuesto. Aplicando el sistema de desbroce antedicho, todo puede ser discutido y convertido en un contra argumento. Luego se aplica el discurso al "opositómetro" y a las discusiones interminables con los no kirchneristas, esos bobos.
- Según esta concepción, el pobre ciudadano se la pasa enfermándose por los virus y bacterias que supuran los medios, salvo que acuerde tomar su remedio, provisto por la farmacia kirchnerista.
- La probabilidad de que en cualquier debate con un kirchnerista usted sea caratulado de garca, gorila, opositor, pagado por Clarín, bobo útil que le hace el juego a la derecha, y otras lindezas es directamente proporcional el tiempo que el debate se prolongue.
- El kirchnerismo, totalmente carente de visibilidad histórica (por lo menos por ahora) busca épicas desesperadamente. Es un vicio argentino, al fin y al cabo, lo de las épicas modestas disfrazadas de gigantescas, pero es difícil aguantarse serio cuando algunos cantan loas a modestas hazañas disfrazadas de heroicas.
- La selección de realidades también deja lugar a la selección temporal de banderas: algo que hoy no es importante, mañana lo será porque de repente lo es para un Kirchner, y viceversa.
- La fortaleza del kirchnerismo no es lo ideológico, son las cabezas de sus enemigos en las picas (o, bastante orwellianamente, la historia épica del intento; como ejemplo, Papel Prensa).
- Es notable que el kirchnerismo, que nació con un porcentaje apenas superior al veinte por ciento, hoy tenga tantos kirchneristas de la primera hora. También, tantos que voten a Macri, o que el 28 de Junio de 2009 hayan votado por la oposición, o en Río Negro por el amigo de Priebke y Duhalde.
En síntesis:
- El kirchnerismo es un fenómeno que se agota en sí mismo: no tiene recambio ni debate interno, terminará cuando aparezca otro pistolero más rápido.
- Una militancia integral y de doble vía es imposible en su seno; lo que actualmente se llama "militancia" no es más que obediencia debida.
- El ejercicio de la democracia y el debate interno están vedados: un Kirchner es el ideal para candidato (o quién él diga) y la única discusión posible es con cualquiera que esté afuera. Ante la duda, usar el opositómetro para expulsarlo.
- La realidad, como en un cuento de Dick, debe analizarse como partes que no hacen a un todo, sino que es necesario aislarlas para establecer una verdad impoluta, fuera de contexto, pero verdad al fin, las partes no concordantes se descartan y las que quedan serán las representativas.
- Un uso deforme de la ontología y la semiótica ha desplazado a la discusión ideológica, que en muchos casos ni siquiera se sabe qué es (otros no son tan jóvenes, pero son rápidos para olvidar).
- La única posibilidad de análisis es estudiar lo ya hecho, las noticias. El futuro está en manos de un Kirchner, por lo que no es de nuestra incumbencia y no puede saberse cuáles son las ideas de un Kirchner. Estaría muy mal preguntarle.
- El futuro pistolero será, posiblemente, otro pragmático con carisma y votos. El volantazo será a pesar del kirchnerismo, como pasó con Menem. O será un traidor o será su peor enemigo. Mientras no sea radical, a la larga o a la corta, todo el peronismo lo hará peronista cuando tenga el poder.
15 agosto 2011
Carta Abierta a Carlos Saúl Menem
Compañero Carlos Saúl Menem: los derroteros de la vida política nos reúnen de nuevo. Aún me duelen los indultos, la destrucción de la industria nacional, la liquidación del Estado, su alianza con B&B y luego con la UCD, la voladura de Río Tercero, la venta de armas, el cierre de La Urraca; tantas cosas, tantas me duelen de sus presidencias. Pero, al final, la culpa no era suya, ni del pueblo que lo votó. Fueron las circunstancias. Las mismas que hoy lo animan a formar parte de nuestro proyecto, aparentemente tan contradictorio con sus gobiernos. Lo nuestro es una nueva relación bañada en la luz cálida y convocante del kirchnerismo nacional y popular, porque para un kirchnerista no hay nada mejor que otro kirchnerista, ya lo demostró nuestra líder con Amado Boudou. Lo digo con esta sinceridad neokirchnerista que recientemente me caracteriza y que durará lo mismo que dure el kirchnerismo en el poder, que ojalá sea mucho ahora que tardíamente -y culposamente- me doy cuenta de sus logros (del kirchnerismo, eh, no me haga caer en una trampa dialéctica). Tengo la certeza de que no estoy llegando tarde al andén, sino que estoy sumándome a empujar la locomotora del triunfo elocuente de la cordura nacional y popular. Ahora hay que sumar al Cabezón, a los Rodríguez Saá, a Moyano, a Daniel Scioli y estamos todos. Si puedo tolerar que usted haya perdonado a Videla y el resto de los asesinos más sanguinarios, ¿cómo me voy a enojar por Kosteki y Santillán con Duhalde? ¿Acaso no tuvimos nosotros un Ferreyra y un López, entre tantos otros? Un error lo tiene cualquiera. O varios, si vamos al caso. La historia -y las urnas- dicen que podemos ser amigos, Carlos. Nuestros beneméritos líderes subsanaron aquel error suyo, tan explicado con Alfonsín cuando la obediencia debida y el punto final, y tan insidiosamente vilipendiado con usted, mi querido ex enemigo. A usted le sirvieron los indultos, habiendo sido preso político de la Dictadura, a Néstor Kirchner los des-indultos sin ser mil... siendo militante comprometido con la lucha, en primera fila. Montonero a morir.
Quizá yo no sea aún bienvenido en su casa ni me sienta del todo cómodo con usted en la mía. Nos pesan nuestros pasados, pero nos une el futuro. Un futuro soñado.¿Ya le propuso a Cristina un nuevo Pacto de Olvidos? Perdón, Olivos. La re re re re que tanto soñó podría ser posible: bajo el amparo del glorioso poder kirchnerista, sin el relevo natural del Furia, que San Martín, Belgrano y Cousteau lo tengan en la gloria, ahora la necesitamos, a Ella, más que nunca.
Quizá yo no sea aún bienvenido en su casa ni me sienta del todo cómodo con usted en la mía. Nos pesan nuestros pasados, pero nos une el futuro. Un futuro soñado.¿Ya le propuso a Cristina un nuevo Pacto de Olvidos? Perdón, Olivos. La re re re re que tanto soñó podría ser posible: bajo el amparo del glorioso poder kirchnerista, sin el relevo natural del Furia, que San Martín, Belgrano y Cousteau lo tengan en la gloria, ahora la necesitamos, a Ella, más que nunca.
30 julio 2011
Elecciones S11E02: La derecha tímida.
No es que yo tenga que analizar mucho para saber que no me gusta la derecha. Es una cuestión intrínseca: lo que la derecha considera como elogiable y preferible me revuelve las tripas, aún cuando la envuelvan con un generoso confite de modernidad y eficiencia. No sé, es la clase social misma que la representa (con conciencia de sí misma, no como hecho aislado individual, pues uno nace donde nace) la que me provoca rechazo. Creer que un "nosotros" totalmente encapsulado se puede argüir como derecho preeminente sobre los demás. Algo así.
La derecha argentina es una derecha culposa. Se detenta puertas adentro de casas y taxis, se tira en la mesa de un bar pero, cual sociedad secreta, se niega ante la pregunta directa.
Debería decir que la derecha argentina es la peor derecha del mundo, pero hay tanto camino por recorrer para saber realmente cuál es la peor derecha del mundo que por prudencia voy a decir que es una de las más peores.
Veamos:
La derecha argentina es una derecha culposa. Se detenta puertas adentro de casas y taxis, se tira en la mesa de un bar pero, cual sociedad secreta, se niega ante la pregunta directa.
Debería decir que la derecha argentina es la peor derecha del mundo, pero hay tanto camino por recorrer para saber realmente cuál es la peor derecha del mundo que por prudencia voy a decir que es una de las más peores.
Veamos:
- Nunca ha gobernado directamente en democracia, siempre necesitó a los militares para expresarse salvo, claro está, la oportunidad en que casi gobiernan directamente con Carlos Saúl Menem, el único que se regodeó en la crapulencia del capital y en la lógica money makes money. Nos fue horrible, no hace falta que abunde. Hay casos locales que aplican, como el de Macri, claro. Pero nunca el país todo eligió directamente a la derecha, sí a derechos.
- Existen ramificaciones e infiltraciones en todos los partidos, incluso en la izquierda, como el PC que en la dictadura apoyaba a Videla armando negocios con la turbinas de Yaciretá o como en los años posteriores a la Revolución Fusiladora, trayendo la Coca Cola a Argentina. La infiltración es muy evidente en la UCR, por su gorilismo histórico, como así también en el PJ, por su historia clasemedista sindicalista anti izquierdista (uff, en la que me meto).
- De todas las encarnaciones posibles, nuestra derecha es vendepatria. Nada de nacionalismo fanático, aún cuando se digan nacionalistas, nada de odiar al extranjero pobre con una mano y a la empresa foránea que se lleva las divisas con la otra, no. Solamente odio al pobre, al indio, al diferente, sobre todo, si es extranjero.
- Ha creado una leyenda de ser buena gestora, buena administradora de la cosa pública. Sin embargo, jamás ha sido demostrado en la práctica; más aún, ni siquiera sus protestas de honestidad empresaria ("me dedico a la política porque no necesito dinero") han sido confirmadas, más bien todo lo contrario. En Argentina, para ser rico hay que ser proveedor del Estado o agroexportador, y en ambos casos tener un equipo de contadores y abogados que construyan una ingeniería tributaria pirata sólida y bien aceitada. También, se ha autonombrado garante del orden, un orden que no siempre tiene límites claros y que la tiene de árbitro pero que no la afecta.
- Si sos de derecha, sos de la clase social más acomodada, la que menos privaciones sufre, la que más tiene que perder. Sin embargo, es increíble la cantidad de modestos cuentapropistas y oscuros empleados bancarios que tienen adentro, más que un enano fascista, un goliath berlusconiano. Y crecen en número notablemente gracias al ingenio de la izquierda para insustanciarse.
- La mordida transmisora de la rabia derechista se transmite en la carrera de ratas, en el sálvese quién pueda venenoso entre aquellos que no suelen ser más que sus víctimas. La candidez y el wannabismo hacen mucho más favorable el desarrollo del virus, pero es el miedo el verdadero agente transmisor. Por eso, en realidad, un derechista es, primero que nada, un miedoso. Es raro ver un pobretón de derecha, básicamente, porque no tiene nada que perder. Pero hay cada salame.
- Como tiene miedo, al derechista lo seduce la justicia, sobre todo, cuando es ejercida por esa concepción del poder, también armarse en defensa propia cuando eso no es así y usar la ley del Talión cuando conviene. El derechista espera, a cambio de ese apego por "lo justo" una protección que lo excluya del castigo por cualquier delito que cometa.
- Hoy corre detrás de Blumberg, mañana comparte una asamblea barrial con troskos y pasado vota a un cheto analfabeto no más ilustrado que esos motochorros que tanto teme (y que, desde la cuna, viene acumulando latrocinios gigantes al Estado, es decir, a todos nosotros). Por eso es boba, sin memoria y de corto aliento. Salvo el desprecio a los zurdos, la verdadera sangre de la derecha nacional, no tiene continuidad aparente.
- Casi no existen derechistas ateos (salvo el Partido Comunista, que tiene otra religión). Como fanáticos, los derechistas tienen una concepción totalmente trastornada de Evangelio, en la que todas las parábolas de Jesús contra la acumulación de riqueza, la solidaridad y la compasión son consideradas letra muerta e ignoradas, salvo cuando hay que hacer tés canasta. Lo único que importa es la idea rigorista de la moral, entendida como eso que hacen los demás en público y que yo me guardo muy bien de hacer puertas adentro.
- Entonces, es moralista y doble moralista. Adquirió de la jerarquía eclesiástica la manía de ver la paja en el ojo ajeno, de ignorar la viga en el propio, incluso un tronco de sequoia en el orto (¡y cómo rompe las bolas con la moralina!).
- La sociedad, informada y evolucionada, tiende a tener conciencia de sí misma y confluye. Las viejas organizaciones pro statu quo (ligas de padres, por ejemplo) y que no son el hueso sino el músculo del cuerpo nacional de derechas hoy deben enfrentarse no al individuo perturbador de su moral occidental y cristiana, sino a las organizaciones que los representan y que son verdaderos agentes de cambio, cuyas reivindicaciones se viven como derrotas por la derecha entera.
- Es la solución para los problemas de unos pocos de parte de muchos, es decir, muchos tienen que sudar la bonanza de unos pocos y eso es impopular. Para que esto suceda, hace falta un sistema político corrupto, férreo y despiadado. En un país como el nuestro, en el que la mayoría aspira a vivir como acomodados burgueses, es difícil creer que se den las condiciones para una derecha pura y dura. Sin embargo, nunca hay que desestimar la apostasía de la izquierda vernácula o el giro del peronismo o la UCR a la derecha (aunque en las boletas diga PRO), pero cualquier derecha siempre estará asociada a un estado de cosas injusto y desequilibrado. Sin los militares, cualquier tropezón no será una caída que dure más de diez años (aunque tal vez no haya cuerpo que la aguante).
- El verdadero liberalismo de derecha asusta a los fascistas vernáculos tanto como la Revolución a nuestros guevaristas. Por eso, en realidad, la derecha argentina es solamente la que hace negocios con el dinero de todos los demás, no con el propio. "Empresas pobres y empresarios ricos", viviendo todos del Estado (o de su inexistencia).
- La derecha ha sido capaz de matar sin ambages cuando se le presentó la oportunidad. Desde la Patagonia Rebelde, incluso antes, desde el fusilamiento de Dorrego hasta acá, sembró de cadáveres las páginas escritas y no escritas de la historia. Todavía tomando la asquerosa teoría de los dos demonios como posible, la diferencia es tan grande que es uno de los argumentos para rebatirla. La derecha mata, incluso sin armas, por desidia, indiferencia, desprecio y saña.
Conclusiones:
- La derecha se aísla cada vez más de la sociedad real, formada por grupos sociales autoconscientes, que limitan la capacidad de maniobra de un posible estado fascista. Eso, en democracia, haría que los propios votantes estuvieran inconformes con su gobierno de derecha, porque jamás podría hacer éste los cambios a la velocidad que sus electores esperan. En el fondo, un votante de derecha es más radical que uno de izquierda, pero más paciente.
- El propio wannabismo social haría que, ante la imposibilidad de acceder a la riqueza, los que queden afuera pierdan la paciencia. Para que haya democracia fascista, habría que distribuir, aunque más no sea, a unos cuantos más para crear la ilusión de la pirámide de Ponzi. El problema para la derecha, paradójicamente, es que siempre hay uno que promete más. Cuando se promete más allá de la decencia, se termina expuesto como nazi, oligarca, facho, etc. por lo que hay una autorregulación hacia la centro derecha, por lo menos, en el discurso.
- Cuando alguien de convicciones liberales se vuelve muy poderoso, y sobre todo cuando hay muchos negocios disponibles, prefiere permanecer con un perfil muy bajo y sus ambiciones políticas disminuyen. Se considera la política una distracción y hasta teme que, cual cigarra, lo agarre el invierno económico en medio de una asamblea. Pero eso no quita que el dinero (mal) habido se use para comprar voluntades, por lo que ganar dinero nunca será apolítico, como pretenden hacernos creer.
- En realidad, estamos viviendo una derecha moderada, que tolera un perfil bastante alto de ciertas reivindicaciones de la izquierda como concesión para mantenerse en el poder, logrando un equilibrio bastante paradigmático: ciertos sectores de izquierda la apoyan, pues no se tienen fe como fuerza electoral y prefieren esas migajas a ir por la torta entera. Se hace difícil identificar, entonces, dónde está la verdadera derecha.
- Conserva un poder bastante menoscabado en el plano social y religioso, el cual puede considerarse en un mínimo histórico y puede crecer, pero necesita de una calamidad social y política para venderse como ordenador (un señor cabezón, por ejemplo), no veo probable que mediante las urnas y en un estado de cosas regular-bueno.
- No importa qué prometa, qué simpatía despierte: más temprano que tarde, el grueso de los votantes empieza a descubrir que ni hay orden, ni justicia, ni valores, ni achicamiento del Estado, ni cuentas claras, ni honestidad, ni un catzo, sólo un grupo de poder que ha tomado el ídem en beneficio propio y que han robado lo suficiente para convertirse en millonarios hasta la decimoséptima generación.
La derecha es la peor de todas las posibilidades para la Argentina. No podría vivir en un país gobernado por la derecha.
28 julio 2011
Elecciones S11E01: El socialismo mágico.
Estoy desesperado. Por primera vez en la historia, mi historia, no tengo la más peregrina idea sobre a quién votar. Le temo al status quo, pero me asustan como posibilidades también las principales alternativas; por otro lado me da miedo la veleidad del político argentino medio, su falta de conocimiento y convencimiento para con el propio sistema político del que forma parte, su escasa voluntad por liberar al votante de pactos varios, darle instrucción y, sobre todo, respetar su decisión -conveniente o no- cuando ésta se manifiesta.
Cada sector de nuestra política (grosso modo: izquierda, peronismo kirchnerista, peronismo itself, derecha moderada -UCR-, derecha auténtica -PRO- y otros varios inclasificables) es una galimatías, casi imposible de resolver. Intento, con esta serie de posts, elucubrar una salida, aunque más no sea, tramposamente dialéctica. Neurosis política, bah.
Empecemos por la izquierda diciendo que la izquierda argentina es la peor izquierda del mundo:
Cada sector de nuestra política (grosso modo: izquierda, peronismo kirchnerista, peronismo itself, derecha moderada -UCR-, derecha auténtica -PRO- y otros varios inclasificables) es una galimatías, casi imposible de resolver. Intento, con esta serie de posts, elucubrar una salida, aunque más no sea, tramposamente dialéctica. Neurosis política, bah.
Empecemos por la izquierda diciendo que la izquierda argentina es la peor izquierda del mundo:
- Debate una realidad política que no la tiene como agente de cambio. Los zurdos hablan de ponerla, pero son eunucos políticos. Su "acción" política es cortar Corrientes y Callao, llevar las banderas a una toma de edificios, sacar comunicados de repudio interminables, sobre los temas más variados. Prepararse para ganar elecciones no es posible.
- Vive una realidad cuántica de la política: siempre mide la realidad sustrayéndose de ella, por lo que la crítica jamás la alcanza. Que gane el peronismo o Macri es un problema de la sociedad, no de la izquierda. Ni hablar de autocrítica. Eso es hacerle el juego a la derecha, compañerito.
- El estado de debate es permanente, con sólo dejar transcurrir el tiempo, dos zurdos encontrarán un tema para ponerse en desacuerdo. Y a partir de entonces, dicha diferencia será "irreconciliable".
- Siendo sus simpatizantes, afiliados, adherentes y demás deudos supuestamente "colectivos", se atomizan hasta el punto de convertirse en la más individualista de las fuerzas. Un zurdo, un voto. Y una sigla nueva.
- Su desorganización y/o inorganicidad estructural es fruto de su concepción totalitaria incapaz de aceptar la voluntad de la mayoría, empezando por la propia, puertas adentro. Un socialista jamás va a acatar el mandato contrario de sus compañeros, renuncia a esos compañeros y se busca otros. O va solo, qué tanto.
- Su composición idiosincrática la vuelve incapaz de construir una mayoría. Incoherentemente, piensa que aún sin juntar a los propios puede aglomerar a los ajenos. No puede organizar una minoría, menos va a hacerlo con una mayoría.
- Sus candidatos jamás dirán qué van a hacer o cómo van a cambiar el actual estado de cosas desde la concepción socialista de la política. Dirán en qué se equivoca éste o aquel, se indignarán, se pondrán poleras, se dejarán la barba guevarista, mameluquearán -sobre todo a otros candidatos de izquierda-, empezarán a utilizar una verba encendida llena de palabras vehementes aprendidas en los comunicados que se redactaban desde la clandestinidad en los setentas, pero jamás analizarán una acción política desde lo fáctico, y mucho menos, la enunciarán.
- Los moderados son tan políticamente correctos que son inocuos, los extremistas tan vehementes y exaltados que son una parodia de sí mismos. En el medio, sólo estados de ánimo.
- Está totalmente blindada a la experiencia de izquierdas exitosas (hoy en día, cualquier experiencia lo es), como la de Lula en Brasil, negándose a aprender aunque sea mínimamente del "caso brasileño". Sin embargo, muchos todavía suspiran con los casos cubano, chino, ruso y/o norvietnamita.
- Tiene una crisis de representatividad, que pudiera resolverse asumiendo de una vez por todas que la izquierda debe representarse a sí misma, no al "pueblo" que equivocadamente es peronista.
- Habla en nombre de "las masas", "el pueblo oprimido", etc. cuando éstos quizá tienen la cabeza puesta más bien en una mejora individual que colectiva, que alcance para comer, curarse, vestirse, mandar a los chicos a la escuela, tener vivienda, vacaciones, un autito, un LCD, computadora, cable, buena pilcha y, de ser posible, un restito para ahorrar. Arrogarse esa representación es tan irreal como hacerlo por los orcos de Mordor. Claro, en medio de esas "masas" hay muchísimas personas que necesitan urgentemente recuperar derechos comunes a cualquier persona, pero hablando de la plusvalía durante veinticinco minutos no les acercan el bochín ni un milímetro.
- Le quitó todo significado a su discurso, a fuerza de repetirlo sin correlato real, el vacío de significado de su vocabulario contribuye actualmente a la invisibilidad de los reclamos más básicos y urgentes que a resaltarlos: por ejemplo, la palabra "popular" tiene menos valor que la adición de la palabra "light" a una mayonesa. Ni hablar de "lucha". Habría que dejarla de usar, al menos, por dos décadas.
- Es tan o más personalista que el pejota (que, por lo menos desde la muerte de Perón, más o menos cada diez años renueva líder), convirtiendo a personas en símbolos que terminan, o bien llevándose las banderas a la banquina, si son personas vivas (por falta de organicidad o renovación); o bien si eligen muertos "en la lucha", los vuelven otro avatar vacío de significado, impregnados por esas palabras ahuecadas por el mal uso continuo que suelen acompañarlos.
- El conflicto, el conflicto, el conflicto: la "lucha" en las calles durante la caída de De la Rúa (manipulada por Duhalde y el PJ bonaerense, directos beneficiados) creó la ilusión de que "las masas" necesitan una izquierda combativa "que las despierten". Que el mismo Duhalde haya salido fortalecido del "despertar de las masas" no es una cuestión importante, lo importante es que "la lucha" tuvo el apoyo de las mismas gordas culonas que después cacerolearon cuando la 125. En la calle, codo a codo, somos mucho más que dos.
- Finalmente, lo más importante de todo, es que la falta de organicidad no es tan peligrosa en el ámbito político como lo es en la calle, donde las cosas pasan irremediablemente. La falta de conducción, de orgánica, de responsabilidad concreta, de evaluación de riesgos y objetivos, mata a los propios militantes de izquierda tanto como los asesinos que van hacer "tiro al pichón" a las marchas o protestas. Después, se podrá culpar a la "patota" por ir a la "lucha" con fierros, a la "burocracia sindical" por usar a esa patota, a la "corporación judicial" por protegerla, a la "corrupción política" por administrarla. Y hacer otras marchas, y seguir "la lucha". Es una profecía de autocumplimiento, en un loop cerrado: cada tanto, un militante caerá para darle el nombre a una agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que proveerá el futuro nuevo nombre para otra agrupación que ¡uf!.
Resumiendo, la izquierda, como alternativa electoral:
- No entiende el juego de la democracia, en el que hay que construir mayorías, primero puertas adentro, luego hacia afuera.
- Tampoco es revolucionaria, pero a río revuelto...
- No sabe qué hacer con esta realidad, sólo tiene el dedo listo para señalar.
- Su discurso atrasa y su repetición constante banaliza cualquier reclamo.
- Sus candidatos no tienen en cuenta la posibilidad de ganar un cargo ejecutivo ni les interesa averiguar cómo ganarlo.
- No es capaz de organizarse, ni establecer un mínimo estándar de convivencia, ni renunciar al debate estéril cuando lo que está en juego es la representatividad necesaria para que ese mismo debate tenga peso político.
- No evalúa los objetivos en función de los riesgos, por lo que un supuesto gobierno de izquierda podría ser más peligroso para sus militantes que para "el enemigo".
En definitiva, la izquierda apesta. Pero veamos en futuros posts qué tanto apestan los demás.
Los atiendo en los comentarios.
25 junio 2011
Elogiame -o decime la verdad pero haceme creer que es mentira.
Los elogios son una cosa peligrosa. Elogiar es elegir, y elegir es complicado. Elogiar es demostrar interés, poner el foco, resaltar algo. Y la gente cree que toda ella es digna de elogio. Bah, no sólo las personas, también otros entes, pero esperemos un poco para llegar ahí.
Para que cuando elogiamos no entremos en un terreno pantanoso, debemos hacerlo en general, íntegramente; hay que tener mucho cuidado con no sesgar el elogio. Ciertas personas saben muy bien de lo que estoy hablando (los susceptibles, por ejemplo): detrás de todo elogio hay un subtexto que puede leerse claramente. Vaya que sí. "Qué linda estás hoy", en primera instancia, es un excelente piropo. Claro, no para todo el mundo. Explicar el acotamiento temporal puede complicarle las cosas al elogiador desprevenido, al punto de instarlo a nunca más repetir semejante estupidez. Si a un artista uno le dice que "esta es tu mejor obra, lejos", puede estar chocando con la propia percepción del autor, que suele andar desconectada de la opinión de cualquier crítico, incluso, el más benigno. Todo artista sabe que cuando lo elogian lo están influenciando, diciéndole "esto es lo que esperamos de vos, no esos mamarrachos de antaño".
"Cuánto hace que no preparabas esta comida", dicho en mi casa materna, después de haber limpiado dos platos generosos de alguna delicia gastronómica, es motivo de una réplica cortante y sonante de la elogiada. Mejor sonreír y golpearse la barriga.
Como todo audaz que persiste, uno busca en futuros elogios la desactivación de susceptibilidades, pero es todavía peor. Una de las técnicas es munirse de una lista de posibles cuestiones elogiables, algo que se hace mucho en el ámbito laboral, aprendido quizá de aquella maestra que nos ponía en el boletín un par de elogios piadosos para que alguna vez lleváramos una apreciación verbal buena cuando la numérica era más bien pobretona: "Alcanzó los objetivos, se esfuerza y es diligente", es como el "es simpático" de la escolaridad primaria. En el trabajo, según el estado de las relaciones entre los implicados, en esas evaluaciones cruzadas jefe-subordinado, suelen existir dos polos opuestos: el perdonavidismo o su opuesto: el elogio-insulto, ambos igual de velados e irritantes y a veces imposibles de discernir. Que mi jefe diga de mí "fulano cumple con la tarea encomendada" u "obtiene buenos resultados en situaciones de baja supervisión" me da ganas de ir a partirle la crisma.
Otro elogio falaz el el elogio reflexivo, muy relacionado a relaciones paternales-filiales: desde el arrobamiento con el que los padres miran a sus hijos "mirá qué lindo me salió, nosotros lo hicimos", pasando por el paternal "¿viste que si hacés lo que te digo te sale excelente?", hasta el más popular "hijo'e tigre", lo que se elogia no es el sujeto en sí, sino al propio elogiante.
Otro elogio falaz el el elogio reflexivo, muy relacionado a relaciones paternales-filiales: desde el arrobamiento con el que los padres miran a sus hijos "mirá qué lindo me salió, nosotros lo hicimos", pasando por el paternal "¿viste que si hacés lo que te digo te sale excelente?", hasta el más popular "hijo'e tigre", lo que se elogia no es el sujeto en sí, sino al propio elogiante.
Elegir también es elogiar, pero mucha gente tiene el concepto pervertido por tanta familia disfuncional alegremente ventilada, trasladándolo a todos los ámbitos y épocas de su vida. En la familia lo primero es el límite personal, el del otro, claro: vivir entre muchos exige hacer respetar primero los lugares y situaciones, o sea, mirar al otro como un posible invasor o un terrorista subversivo. De ahí que no se hable de política, religión o fútbol, no porque sean temas "complicados" sino porque por lo general es difícil no avasallar fronteras. En algunas familias se elogia más al que alcanza la proyección de otro (en el caso de los padres los logros académicos-sociales "m'hijo el dotor", por ejemplo) que al que alcanza sus propios objetivos. También ciertas cualidades como, por ejemplo, ser dócil es ser "bueno", ser apático es ser "respetuoso". Los elogios se tergiversan. El mejor familiar es aquel que no tiene personalidad, dice a todo que sí y jamás piensa en sí mismo. Un esclavo tiene más autodeterminación.
El elogio más chapucero, el más barato, es el de agradecimiento. Otra vez, lo que importa es el elogiador; paradigmáticamente, es el que esperamos obtener de los regalos que hacemos cuando es evidente que el elogio es totalmente interesado y falto de espontaneidad. Suele ser el elogio de los hijos a los padres, otra vez, un refuerzo positivo de adiestramiento: "te elogio porque me das lo que quiero". Qué fácil se confunden los elogios con el afecto (o con otras cosas similares, sobre todo, en la política), algo que no es ni de cerca parecido. Querer se quiere independientemente del elogio, de que haya cosas que elogiar. Puede ocurrir que la persona que uno quiere sea elogiable, es muy probable que así sea, pero no es causa y efecto, o no debiera serlo.
De hecho, inversamente, están tan confundidos que suele creerse que es necesario elogiar siempre a quien se quiere, aunque sea contrario a toda evidencia empírica; e inversamente, que no elogiar implica no querer.
Pueden elogiarme en los comentarios.
El elogio más chapucero, el más barato, es el de agradecimiento. Otra vez, lo que importa es el elogiador; paradigmáticamente, es el que esperamos obtener de los regalos que hacemos cuando es evidente que el elogio es totalmente interesado y falto de espontaneidad. Suele ser el elogio de los hijos a los padres, otra vez, un refuerzo positivo de adiestramiento: "te elogio porque me das lo que quiero". Qué fácil se confunden los elogios con el afecto (o con otras cosas similares, sobre todo, en la política), algo que no es ni de cerca parecido. Querer se quiere independientemente del elogio, de que haya cosas que elogiar. Puede ocurrir que la persona que uno quiere sea elogiable, es muy probable que así sea, pero no es causa y efecto, o no debiera serlo.
De hecho, inversamente, están tan confundidos que suele creerse que es necesario elogiar siempre a quien se quiere, aunque sea contrario a toda evidencia empírica; e inversamente, que no elogiar implica no querer.
Pueden elogiarme en los comentarios.
15 mayo 2011
Todos putos.
Enterarnos de esta noticia nos puede poner a todos un poco en perspectiva.
Soy de los que, estimo pocos, no tienen un gay reconocido en la familia. Hablo de "gay" (u otros términos que usaré) porque me parece que en temas de género es casi imposible no usar términos erróneos o que puedan ofender a alguien y hacerlo con demasiado cuidado, como he visto por ahí que ahora se usan eufemismos más políticamente correctos, me resulta estúpido. Un puto, un negro, un gordo. El problema no es putonegrogordo sino "un". Otro. Uno que no soy yo ni es como yo. Como nosotros. Así que no jodamos con los calificativos, que la cosa no va por ahí, por lo menos conmigo.
Decía, no tuve familiares de una gaydad evidente. Sin embargo, estuve en contacto con muchos amigos, conocidos, compañeros y un largo etcétera que terminaron, ya de grandes, siendo grandes putos y que, en su despertar sexual (e incluso antes) estaban lejos de ser considerados normales, es decir, que de chicos ya se les veía una putez incipiente. O no, pero a eso vamos, paciencia.
Ser débil, para el machito criado en una casa occidental y cristiana, es sinónimo de ser femenino. Ser el más débil de un grupo de varones llenos de hormonas es una caída en espiral hasta el último escalafón: no podés devolver los abusos por una cuestión fáctica y no hay nadie (o interés) de quien abusarse. Al final, el abusado se cansa y saca fuerzas y deja de lado pruritos y pone resistencia, mucha o poca, y la emprende contra el abusón, o se retira del grupo o, llegado un extremo de desesperación, se cuelga de un árbol. Estoy hablando de chicos absolutamente heterosexuales que caen en esa mofeta prepúber sin signos exteriores evidentes de homosexualidad (uff, ahora vamos a discutir lo de "niños homosexuales"); con ellos, los pequeños gays, pasa otra cosa más triste, además de esto. Rápidamente se genera una burbuja protectora cuando un niño afeminado es detectado, que sirve para evitar que los demás niños se contagien. Y acá llego al meollo del asunto. Evítenme el uso, por favor, de comillas cada dos términos, la mayoría de lo que digo acá es despectivo y no hagamos una cuestión sobre eso. Ni siquiera estoy hablando de una homosexualidad probada o incipiente, demasiado me he peleado con Freud por sus suposiciones psicológicas sobre la analidad, Edipo y todo lo demás como para andar diciendo que un niño es puto o lo será. Estoy hablando de pelotudeces de adultos, nada más: a un niño de, digamos, doce años, que mueve un poco las caderas al caminar, habla con voz finita, cruza las piernas de determinada manera y tiene cierta tendencia a la pulcritud se lo tilda, por una vecina observadora o una tía chismosa, de mariquita. Los niños tienen el puto y el maricón a flor de labios, pero los adultos somos los que usamos esos términos adentro de casa, tanto hombres como mujeres (oh, sí: las mujeres también crían tanto putos como misóginos) : "dale, dejá de tenerle miedo a dormir solo y en la oscuridad, no seas maricón". Amariconado o no, ese niño sufre el desprecio, la promesa de consecuencias terribles por defraudar lo que se espera de él (ser machito) y que no es capaz de demostrar o de satisfacer.
Somos los adultos, quiénes otros, los responsables de la muerte de Carlos, en Chepes. No importa si Carlos era gay o no, no importa si lo sería o no. Importa que somos nosotros los que fallamos, los que no educamos para la diversidad. Lo digo asumiendo mi carga de negligencia, comodidad y desidia por el tema en algunas ocasiones, y cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato. Yo sé dónde lo hacen los míos.
Soy de los que, estimo pocos, no tienen un gay reconocido en la familia. Hablo de "gay" (u otros términos que usaré) porque me parece que en temas de género es casi imposible no usar términos erróneos o que puedan ofender a alguien y hacerlo con demasiado cuidado, como he visto por ahí que ahora se usan eufemismos más políticamente correctos, me resulta estúpido. Un puto, un negro, un gordo. El problema no es putonegrogordo sino "un". Otro. Uno que no soy yo ni es como yo. Como nosotros. Así que no jodamos con los calificativos, que la cosa no va por ahí, por lo menos conmigo.
Decía, no tuve familiares de una gaydad evidente. Sin embargo, estuve en contacto con muchos amigos, conocidos, compañeros y un largo etcétera que terminaron, ya de grandes, siendo grandes putos y que, en su despertar sexual (e incluso antes) estaban lejos de ser considerados normales, es decir, que de chicos ya se les veía una putez incipiente. O no, pero a eso vamos, paciencia.
Ser débil, para el machito criado en una casa occidental y cristiana, es sinónimo de ser femenino. Ser el más débil de un grupo de varones llenos de hormonas es una caída en espiral hasta el último escalafón: no podés devolver los abusos por una cuestión fáctica y no hay nadie (o interés) de quien abusarse. Al final, el abusado se cansa y saca fuerzas y deja de lado pruritos y pone resistencia, mucha o poca, y la emprende contra el abusón, o se retira del grupo o, llegado un extremo de desesperación, se cuelga de un árbol. Estoy hablando de chicos absolutamente heterosexuales que caen en esa mofeta prepúber sin signos exteriores evidentes de homosexualidad (uff, ahora vamos a discutir lo de "niños homosexuales"); con ellos, los pequeños gays, pasa otra cosa más triste, además de esto. Rápidamente se genera una burbuja protectora cuando un niño afeminado es detectado, que sirve para evitar que los demás niños se contagien. Y acá llego al meollo del asunto. Evítenme el uso, por favor, de comillas cada dos términos, la mayoría de lo que digo acá es despectivo y no hagamos una cuestión sobre eso. Ni siquiera estoy hablando de una homosexualidad probada o incipiente, demasiado me he peleado con Freud por sus suposiciones psicológicas sobre la analidad, Edipo y todo lo demás como para andar diciendo que un niño es puto o lo será. Estoy hablando de pelotudeces de adultos, nada más: a un niño de, digamos, doce años, que mueve un poco las caderas al caminar, habla con voz finita, cruza las piernas de determinada manera y tiene cierta tendencia a la pulcritud se lo tilda, por una vecina observadora o una tía chismosa, de mariquita. Los niños tienen el puto y el maricón a flor de labios, pero los adultos somos los que usamos esos términos adentro de casa, tanto hombres como mujeres (oh, sí: las mujeres también crían tanto putos como misóginos) : "dale, dejá de tenerle miedo a dormir solo y en la oscuridad, no seas maricón". Amariconado o no, ese niño sufre el desprecio, la promesa de consecuencias terribles por defraudar lo que se espera de él (ser machito) y que no es capaz de demostrar o de satisfacer.
Somos los adultos, quiénes otros, los responsables de la muerte de Carlos, en Chepes. No importa si Carlos era gay o no, no importa si lo sería o no. Importa que somos nosotros los que fallamos, los que no educamos para la diversidad. Lo digo asumiendo mi carga de negligencia, comodidad y desidia por el tema en algunas ocasiones, y cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato. Yo sé dónde lo hacen los míos.
27 abril 2011
Comiendo bulones
Me gusta ser mujer.
Cuando comenzó la polémica sobre si Hollaback si, Hollaback no, pensé: "Uf... otra vez al pasto: una iniciativa que es válida (no matar insectos benéficos para el medio ambiente, por ejemplo, también lo es) con la que uno puede estar muy de acuerdo pero que jamás tendrá aplicación efectiva, por lo menos, en términos de lo que me queda de vida". Firmo si me piden que firme, haciendo un rápido análisis de conciencia y, sabiendo que jamás veré procesado por agresión a un fletero, a un peón de obra ni mucho menos a un rugbier en tercer tiempo.
No es que sea un cínico pero, chicas, un camino de 1.000 km. se empieza dando un primer paso y éste es un primer paso, nada más. No se puede hacer de esto una cruzada a matar o morir mientras hay cosas más urgentes. Hay que filtrar un poco a veces, lo hype también llegó a las reivindicaciones de género y esto tiene mucho de eso. Firmamos, nos solidarizamos y seguimos con otra cosa más importante. Aprovechamos el espacio desproporcionado que los medios le dan para incluir la violencia familiar, el debate de los sueldos, la identidad de género, en fin, muchas otras cosas.
Me gusta ese tajo.
Jamás en mi vida he podido ejercitar eso que el normal masculino denomina "piropo". Quizá porque el mismo sea sinónimo de atraer atención y yo ando demasiado preocupado en ser lo menos visible posible, en desviar la atención hacia otra cosa, o porque supongo que al resto de la gente, incluso esa señorita que pasa con una minifalda que deja ver las nacientes (o murientes, vaya a saber) nalgas, le pasa lo mismo que a mí y lo respeto.
Uno de los principales problemas del piropo es definirlo, y es la raíz de muchos debates en el tema Hollaback. Las mismas mujeres no se ponen de acuerdo sobre qué es galantería, qué agresión o si existe algo llamado "galantería" y si no es todo agresión.
Cuando voy por la calle mi voz interior discute con el calentón de turno exterior, sea un peón o un trajeado a medida, pero dos cuadras más tarde (haciendo gala del "genio de escalera"). Aquí tengo algunas frases según un sesudo análisis que hice en 30 segundos para clasificar alguno de los verdaderos significados del colectivo "piropo":
Cuando comenzó la polémica sobre si Hollaback si, Hollaback no, pensé: "Uf... otra vez al pasto: una iniciativa que es válida (no matar insectos benéficos para el medio ambiente, por ejemplo, también lo es) con la que uno puede estar muy de acuerdo pero que jamás tendrá aplicación efectiva, por lo menos, en términos de lo que me queda de vida". Firmo si me piden que firme, haciendo un rápido análisis de conciencia y, sabiendo que jamás veré procesado por agresión a un fletero, a un peón de obra ni mucho menos a un rugbier en tercer tiempo.
No es que sea un cínico pero, chicas, un camino de 1.000 km. se empieza dando un primer paso y éste es un primer paso, nada más. No se puede hacer de esto una cruzada a matar o morir mientras hay cosas más urgentes. Hay que filtrar un poco a veces, lo hype también llegó a las reivindicaciones de género y esto tiene mucho de eso. Firmamos, nos solidarizamos y seguimos con otra cosa más importante. Aprovechamos el espacio desproporcionado que los medios le dan para incluir la violencia familiar, el debate de los sueldos, la identidad de género, en fin, muchas otras cosas.
Me gusta ese tajo.
Jamás en mi vida he podido ejercitar eso que el normal masculino denomina "piropo". Quizá porque el mismo sea sinónimo de atraer atención y yo ando demasiado preocupado en ser lo menos visible posible, en desviar la atención hacia otra cosa, o porque supongo que al resto de la gente, incluso esa señorita que pasa con una minifalda que deja ver las nacientes (o murientes, vaya a saber) nalgas, le pasa lo mismo que a mí y lo respeto.
Uno de los principales problemas del piropo es definirlo, y es la raíz de muchos debates en el tema Hollaback. Las mismas mujeres no se ponen de acuerdo sobre qué es galantería, qué agresión o si existe algo llamado "galantería" y si no es todo agresión.
Cuando voy por la calle mi voz interior discute con el calentón de turno exterior, sea un peón o un trajeado a medida, pero dos cuadras más tarde (haciendo gala del "genio de escalera"). Aquí tengo algunas frases según un sesudo análisis que hice en 30 segundos para clasificar alguno de los verdaderos significados del colectivo "piropo":
- Expresión de frustración por inalcanzabilidad ("Si antes no te registraba la flaca, ahora te va a evitar pasando por la otra cuadra. Si te tenía temor, ahora seguro prefiere tirarse abajo de un Sesenta si la seguís por la calle").
- Expresión de inseguridad ("si te gusta, qué gritás desde un cuarto piso, 'te chupo lo' moco', mamitah', si te llega a dar cabida te morís del asco").
- Expresión usada como moneda de intercambio posicional en la manada de machos ("Si por vos fuera, pasarías las veinticuatro horas con esos mismos monos jugando fútbol, tomando cerveza, comiendo asado y hablando de las minas que se cogen... hipotéticamente ¿Para qué insultás a la pobre mina que no te hizo nada?").
- Expresión de neta violencia de género, contenida por los usos sociales ("... y la diurnidad y la presencia de testigos y que por ahí ayer viste un capítulo de CSI y ahora tenés miedo, con esa luz violeta, hasta de cuando te masturbás").
- Expresión de exacerbación del cuerpo femenino, con rudimentos de rima consonante, sin criterio estético alguno ("Jardín Florido murió, pero hay quien lo quiere zombie. Aparte, pará un poco, ¿te gustan todas?. Con razón Dolina los llama 'agrandadores de loros'").
- Expresión de anhelos sexuales emitidos como bisbiseo subvocal sibilante, visión de tunel algo estrábica y pérdida de saliva ("este seguro raja al baño en 5, 4, 3...").
Esta es una rápida clasificación en la que hay matices, yuxtaposiciones y omisiones. Elija ud. de qué quejarse.
Es extraño y contradictorio que, cuando se juntan más de dos tipos, el tema recurrente es "mujeres", después del fútbol y sus gastes, vienen los verdugueos porque a fulano "no lo dejaron ir" al fulbito el sábado, o que mengano no come más milanesas y pide ensaladas con poco aceite en el comedor laboral, o que a zutano "la jabru" lo llama cada quince minutos y lo tiene cortito, y de la suegra de futalano mejor ni hablar. Pasada esa etapa tribal, viene el gran tema masculino: las mujeres como otro significante sexual. Tetas, culos, las cosas que ellas hacen con sus vaginas, los tipos con los que andan y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con esa cuestión tan incomprensible que es, para el hombre, ser mujer. Según la edad, cuando es evidente que no hay demasiada acción, puede sustituirse por catarsis de mucho porno sublimado hacia compañeritas y/o familiares y/o amigas lejanas o cercanas.
Chicas muertas.
Desde chiquitos se nos ocultan todas las "anormalidades" femeninas: Andrés, "enfermarse", estar "de compras", "hacerse señorita", "viajar al extranjero" y miles de eufemismos para no decir menstruación, período menstrual, embarazo, menarca, aborto, etc., fomentada, entre otras cosas, por esa cosa que dice que los hombres sólo gustarán de las mujeres si no las conocen. Fui a colegios mixtos, y jamás nadie nunca jamás de los jamases dijo que alguna de mis compañeras hacía otra cosa que "descomponerse". Por el otro lado, la exacerbación de lo simplón y poco sensible está yéndose al marrón oscurísimo. Yo mismo llevo 43 años de luchar contra toda mi educación de machismo violento y misógino y no siempre gano, para mi vergüenza.
Y el límite misógino tiene nuevas cotas: ahora ser metrosexual, hacer deportes, darse picos con los amigos, citarse con ellos en el gym, pegarle a la pareja y salir de cabarute es una combinación llena de testosterona y masculinocitos (si es que existen) que se mide en el masculinómetro.
Vení Raquel.
Toda esa agresividad hacia el género femenino esconde un gran temor: todos hemos tenido en la familia un gran hombre que en algún momento cayó como cae un muñeco de trapo y lo único -lo único- que lo mantuvo a flote fue el esfuerzo titánico de una mujer que se lo cargó al hombro. Si una mujer es el resto de valor y fuerza de un hombre, necesario es que ese extra esté disponible cuando el hombre, en pleno uso de sus facultades y fortalezas, lo disponga. Hay que domarla, convertirla en la gran mujer detrás del gran hombre. Ése es su lugar, el del soldado raso. Pan y agua emocional, un par de bifes cuando se salga de madre y mientras tanto a cocinar que me vino un ragú de la gran siete. Por otro lado, los hombres saben íntimamente que cuando debieran liberar sus pretendidas fortalezas por lo general éstas demuestran que no eran otras cosas que pretensiones y viven con terror a que esto se sepa. Por eso el gregarismo masculino está lleno de sucedáneos de lucha más o menos cruentos. Por eso los que dirigen y deciden las guerras raras veces son los primeros en morir, a veces son los únicos en no morir. El soldado raso (el equivalente femenino en la milicia) no tiene derechos, ni voz ni voto. No es un hombre de pleno derecho, por eso también hay que endurecerlo, hacer que su voluntad sea una con la del oficial que lo atormenta. Obedece y riega con su sangre el campo de batalla para que el señor General pueda, el día de mañana, ir a la sala de armas del exclusivo club con un respeto que lo preceda entre his fellows o para que el Sr. Presidente pueda firmar el armisticio de una buena vez e irse de putas.
El auheroe' l mate, chamigo: educación (es lo que falta).
Qué queremos decir cuando hablamos de argumentos.
Esto es lo que me decía la vocecita del diablo interior durante la polémica Hollaback-El Guardían por el pijazo del cronista y el orto de la referente de la acción antipiropo callejero en Argentina:
Este post fue largo. Viene de varias discusiones, conversaciones y estudios de campo que mejor no incluir aquí. Sólo resta decir que cuesta mucho no entrar en ciertos lugares y no terminar con todos los argumentos rotos.
Quiero dejar en claro ahora que no voy a hablar de mujeres, si es justo o no de que se quejen de los piropos. Voy a hablar de los hombres. Téngasemepacienciadijecarajomierda entonces, pues soy hombre.
Yo soy un hombre sincero.
A los hombres, en general, no les gustan las mujeres. Les aburre todo lo femenino, empezando por el propio funcionamiento intrínseco del cuerpo femenino -diferente al masculino, "normal", convexo- que explica por qué hay tantos malos amantes y terminando por el más trivial de sus afeites. El hombre, aún el megaevolucionado metrosexual de este milenio que pareciera que no vive para otra cosa que para levantarse minas, prefiere la compañía eterna de sus compañeros, compinches glandulares, antes que tener que pasar cinco minutos intentando comprender qué significa, por ejemplo, la autoestima femenil y cómo se equivoca cada vez que consuela a una insegura, al creer que su único problema es no tener pene (o sucedáneo) para medírselo con sus congéneres. Y eso ya era así hace 2.000 años.Es extraño y contradictorio que, cuando se juntan más de dos tipos, el tema recurrente es "mujeres", después del fútbol y sus gastes, vienen los verdugueos porque a fulano "no lo dejaron ir" al fulbito el sábado, o que mengano no come más milanesas y pide ensaladas con poco aceite en el comedor laboral, o que a zutano "la jabru" lo llama cada quince minutos y lo tiene cortito, y de la suegra de futalano mejor ni hablar. Pasada esa etapa tribal, viene el gran tema masculino: las mujeres como otro significante sexual. Tetas, culos, las cosas que ellas hacen con sus vaginas, los tipos con los que andan y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con esa cuestión tan incomprensible que es, para el hombre, ser mujer. Según la edad, cuando es evidente que no hay demasiada acción, puede sustituirse por catarsis de mucho porno sublimado hacia compañeritas y/o familiares y/o amigas lejanas o cercanas.
Chicas muertas.
Desde chiquitos se nos ocultan todas las "anormalidades" femeninas: Andrés, "enfermarse", estar "de compras", "hacerse señorita", "viajar al extranjero" y miles de eufemismos para no decir menstruación, período menstrual, embarazo, menarca, aborto, etc., fomentada, entre otras cosas, por esa cosa que dice que los hombres sólo gustarán de las mujeres si no las conocen. Fui a colegios mixtos, y jamás nadie nunca jamás de los jamases dijo que alguna de mis compañeras hacía otra cosa que "descomponerse". Por el otro lado, la exacerbación de lo simplón y poco sensible está yéndose al marrón oscurísimo. Yo mismo llevo 43 años de luchar contra toda mi educación de machismo violento y misógino y no siempre gano, para mi vergüenza.
Y el límite misógino tiene nuevas cotas: ahora ser metrosexual, hacer deportes, darse picos con los amigos, citarse con ellos en el gym, pegarle a la pareja y salir de cabarute es una combinación llena de testosterona y masculinocitos (si es que existen) que se mide en el masculinómetro.
Vení Raquel.
Toda esa agresividad hacia el género femenino esconde un gran temor: todos hemos tenido en la familia un gran hombre que en algún momento cayó como cae un muñeco de trapo y lo único -lo único- que lo mantuvo a flote fue el esfuerzo titánico de una mujer que se lo cargó al hombro. Si una mujer es el resto de valor y fuerza de un hombre, necesario es que ese extra esté disponible cuando el hombre, en pleno uso de sus facultades y fortalezas, lo disponga. Hay que domarla, convertirla en la gran mujer detrás del gran hombre. Ése es su lugar, el del soldado raso. Pan y agua emocional, un par de bifes cuando se salga de madre y mientras tanto a cocinar que me vino un ragú de la gran siete. Por otro lado, los hombres saben íntimamente que cuando debieran liberar sus pretendidas fortalezas por lo general éstas demuestran que no eran otras cosas que pretensiones y viven con terror a que esto se sepa. Por eso el gregarismo masculino está lleno de sucedáneos de lucha más o menos cruentos. Por eso los que dirigen y deciden las guerras raras veces son los primeros en morir, a veces son los únicos en no morir. El soldado raso (el equivalente femenino en la milicia) no tiene derechos, ni voz ni voto. No es un hombre de pleno derecho, por eso también hay que endurecerlo, hacer que su voluntad sea una con la del oficial que lo atormenta. Obedece y riega con su sangre el campo de batalla para que el señor General pueda, el día de mañana, ir a la sala de armas del exclusivo club con un respeto que lo preceda entre his fellows o para que el Sr. Presidente pueda firmar el armisticio de una buena vez e irse de putas.
El auheroe' l mate, chamigo: educación (es lo que falta).
Qué queremos decir cuando hablamos de argumentos.
Esto es lo que me decía la vocecita del diablo interior durante la polémica Hollaback-El Guardían por el pijazo del cronista y el orto de la referente de la acción antipiropo callejero en Argentina:
"Uh, flaco, estás diciendo que le vas a meter un pijazo, PI-JA-ZO, en el ano a una mujer que, según se desprende, no conocés. Vos sí te conocés, así que asumo que el aumentativo es una declaración: has visto muchas pijas y la tuya merece ser calificada de alta pija. A mí, perdón el divague, me da más que eso de "pijazo" viene como consecuencia de un choque, un atropellamiento peneano. 'Epa, me encontré este culo al que no le gusta que le digan cosas por la calle, así que en vez de decir cómo me gustaría rrrrrromperrrrte el orrrrto mami te meto essssto y ahora vas a ver que mejor te lo decía y no te lo hacía, ha ha'. Una emboscada punitiva, o más bien penitiva (por 'penitente': que tiene pene). Otra cosa que se me ocurre es que te gustan los culos bien cerraditos, Cronista, por eso de 'romper'. Romper culos es difícil si tenés una pija grande, lo más probable es que tengas que pegarle un par de golpes a la señora poseedora del ano porque no lo va a relajar, no lo va a relajar, la muy guacha. Vas a tener no sólo que poseerla bíblicamente -aunque bastante poco levíticamente- sino dominarla previamente mostrando quién manda y quién obedece. 'Abrí el culo ahora o vas a ver como te rompo el c... mierda, ya te dije que te iba a romper el culo y ahora no puedo romperte el culo porque lo tenés muy chiquito y apretado y yo realmente no soy un violador experimentado, pero ya sé, abrí el culo o te cago a trompadas, turra, y no se te ocurra creer que soy un violento porque no, ves, no soy ningún violento, es tu culpa, es tu culpa todo esto, yo ni quería romperte el culo ni cagarte a trompadas, esto es todo tu culpa hija de puta, yo soy buen tipo pero ahora todos me señalan, me rajaron de El Guardián y mis amigos me gastan, en Twitter me gastan y todo es tu culpa, siempre lo fue, para qué te metés con nosotros, si no fuera por Hollaback yo jamás te hubiese hecho nada, así que ya ves que Hollaback es una mierda, yo soy un buen tipo, un hombre soy yo', decís esto llorando un poco al final, con el pene dormido y lleno de desesperación porque cuando puteabas te habías calentado un poquito pero te acordaste que ahora tenés que curriculear a lo loco. Menos mal que está Wikipedia. Ah, no, cierto que ahí también ya te escracharon. Me queda una reflexión final: Cronista, tu aceptación al cambio de 'orto' por 'argumentos' me dice que cada vez que perdiste una discusión -y mirá que perdiste muchas- lo que terminaste arruinando no fue sólo un concepto."Entregá el marrón.
Este post fue largo. Viene de varias discusiones, conversaciones y estudios de campo que mejor no incluir aquí. Sólo resta decir que cuesta mucho no entrar en ciertos lugares y no terminar con todos los argumentos rotos.
24 marzo 2011
Un día más.
Por ahí se carga demasiado de significado esta fecha, por esa manía que tenemos los humanos y que nos viene de celebrar los solsticios, los plenilunios y todas esas cosas tan primitivas. No importa que hoy se cumpla un número redondo de años con respecto al 24 de marzo de 1976.
Las consecuencias de la Dictadura aún se sienten, porque la Dictadura no terminó mientras no encuentren a Julio López y sus captores.
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Update: como siempre Unservidor lo dice mejor que yo (llegué recién a su post, pero léanlo por favor).
Las consecuencias de la Dictadura aún se sienten, porque la Dictadura no terminó mientras no encuentren a Julio López y sus captores.
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Update: como siempre Unservidor lo dice mejor que yo (llegué recién a su post, pero léanlo por favor).
Pequeño (e incompleto) Diccionario Político Argentino del Diablo.
Argentina: Ver Palermo.
Izquierda: Sector sociopolítico que teme a los que tienen todo por perder. Véase Derecha.
Derecha: Sector sociopolítico que teme a los que no tienen nada que perder. Véase Izquierda.
Necesidad: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a sensatez que sirve para justificar insensateces.
Urgencia: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a proactividad que sirve para postergar necesidades que sin su concurso serían inapelables.
Palermo: Ver Argentina.
Puerto Madero: País dentro de la Argentina que queda en Palermo.
PRO: Sigla política que identifica a un grupo de hijos de empresarios que juegan a la política mientras sus padres hacen dinero más o menos deshonrosamente. Partido político que puso mucho dinero para que en este diccionario la Argentina y Palermo fueran considerado una sola cosa.
FpV: Sigla política que identifica a peronistas que no se asumen como tales porque otros peronistas sí.
Jauretche, Arturo: escritor y politólogo argentino, al que se puede hacer decir cualquier cosa porque casi nadie lo ha leído y los que lo hicieron lo olvidaron hace mucho.
Kirchner, Néstor: político argentino, inspirador de un personaje de ficción llamado Lupín (véase).
Lupin: Personaje de ficción que ganó una elección presidencial con el 31.2% de los votos y que, muerto, vuelve con escafandra y los puños llenos de verdades tardías.
Moyano, Hugo: sindicalista (véase) peronista ortodoxo (eufemismo por facho -véase-) que garantiza el Proyecto Nacional y Popular (véase) desde la derecha más acérrima mientras el Proyecto lo deje vivir y medrar en paz.
Oposición, La: agrupación lineal en la que se encuentra el resto de la política argentina que no es gobierno y que forma una cadena discontinuada por éste último, de manera que unos están a punto de entrar en él y otros ya saliendo. Dícese de un conglomerado de lumbreras políticas que están encabezadas por Julio Cobos (véase) o Ricardo Alfonsín (véase) según cuál esté midiendo mejor en las encuestas.
Carrió, Elisa: señora con una enorme entereza espiritual que encontró una fe inquebrantable en que la carrera presidencial depende de la acumulación de denuncias en las cuales la imaginación desbocada debe ser no sólo el componente más importante, sino que únicamente puede estar diluido en misticismo crístiano. RRPP de Fuerza Bruta.
Perón, Juan Domingo: político, ex Presidente y militar (véase) argentino que creó su propio partido para integrar en él a la clase trabajadora, a la clase media, la clase baja, media alta, media baja, los descamisados devenidos villeros, los piqueteros, los empresarios con conciencia social, los sin conciencia social corruptos y garcas, los políticos conservadores y progresistas (véase Progresismo), la juventud militante, los hijos de los ricachones, a los ricachones, fachos (véase facho) desorientados y/o convencidos, ciudadanos perseguidos por las dictaduras militares (véase militar), militares (véase militar) moderados argentinos, militares (véase militar) torturadores argentinos, militares (véase militar) nazis, financistas judíos comunistas, mujeres rubias, pelirrojas, morochas, hombres negros, negritos, blancos, cogotudos, verdes, azules, colorados, Patti, Hebe de Bonafini, Moyano, Méndez, Grosso, los Rodríguez Saá, toda la familia Saadi (que tiene una coherencia de hierro, son todos peronistas), Madonna, Mick Jagger, Maradona a veces, López Rega y la Triple A, Montoneros, Guardia de Hierro, las Fuerzas Armadas Peronistas, Tacuara, Cafiero, Matera, Duhalde, Cavallieri, Moyano, Camperita Ubaldini, el Grupo de los 8, parte de la Ucedé, parte de la Unión Cívica Radical, parte del Trotkismo (véase trosko) Milagro Sala, Guido Insfrán, José Luis Gioia, José Luis Gioja, y unos abogados llamados Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
sindicalista: dícese del cargo antiguamente electivo del que alguna vez fuera un trabajador común y que actualmente es vitalicio, sobre todo si el susodicho aprendió temprano a vender a los compañeros que dice representar.
Proyecto Nacional y Popular (también conocido como "El Proyecto"): ámbito político en el que todo es posible: los fachos soportan que se hable de los derechos humanos durante los años setentas mientras no se haga nada con los de hoy en día, mientras los zurdos soportan que los ricos sean más ricos con tal de que el Estado cuide que los votantes no se hagan todos piqueteros troskos.
Fernández, Cristina: política y Presidente argentina, notablemente parecida a la periodista Mónica Gutiérrez (la cual cambia periódicamente de peluquero para parecerse menos) y que logró varios récords mundiales: inaugurar 62 veces la misma obra, no estar más de cuarenta horas sin anunciar algo y no preparar ni un discurso en tres años. Gusta de las carteras Vuitton, los atriles y los espectáculos de Fuerza Bruta.
Unión Cívica Radical: antiguo partido político en pujante decadencia que hoy comparte con el peronismo la máxima del manicomio: no se sabe si son todos los que están ni si están todos los que son. Sus dirigentes son especialmente hábiles para administrar la cosa pública, pero es una incógnita cuántos gobiernos deberán pasar en el poder para que lo demuestren.
Cobos, Julio César Cleto: político radical que después fue kirchnerista y después fue radical de nuevo, pero menos. Vicepresidente de la Nación, cargo que ocupa sin vergüenza alguna. Ahora reporta al Multimedios Clarín y aspira a ser Presidente para poder brindar discursos titubeantes usando el doble negativo.
Alfonsín, Ricardo: político radical, hijo del fallecido ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, que se parece bastante al cómico Mario Sapag, imitador de Alfonsín padre. Fue protagonista del cómic de Miguel Rep "Los Alfonsín".
Progresismo: corriente política de centro izquierda que desconfía con sentido común del peronismo y busca cualquier excusa para votar por Mauricio Macri (véase) pero nunca por la Unión Cívica Radical (véase). Espacio indefinido donde habita el porteño que no es taxista.
Álvarez, Chacho: Político frepasista (actualmente en el FpV -véase-), altamente reputado como renunciador y que tiene como mérito haber enseñado al ex Presidente Fernando de la Rúa a hacerse humo cuando las papas queman.
Macri, Mauricio: político prosista, famoso por tragarse bigotes, farfullar un poco menos que Marcelo Bonelli (véase) y querer demostrar que no sólo es una cara bonita sino que es perfectamente capaz de ser peor que su padre. Actual embajador plenipotenciario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las principales capitales de Europa. Casado con una millonaria que da trabajo a numerosas familias de origen extranjero.
trosko: adjetivo que sustantivizado denota al ser 'ezpezial' que no tiene coyunda de carácter sexual (se discute si es por votos o por falta de ellos) y que está en contra de todo, sobre todo otros troskos. Suele usar barba y pelo largo, incluso la mujer. A veces se lo utiliza peyorativamente, al trosko. Otras veces como signo de apertura mental: "Yo tengo un amigo trosko". Los politólogos no logran discernir aún si su oposición a todo es ideológica o sólo falta de sexo.
facho: cualquiera que apoye el derecho de las empresas privadas a ganar lo que quieran a instancias de sus clientes, y que apruebe que el Estado use cualquier método para suministrárselos dóciles y, si no alegres, al menos silenciosos. Gustador de reventar cabezas de opositores, para quien todo aquel no facho es monto (véase). Su frase de cabecera es "hay que matarlos a todos". Taxista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
monto(nero): llámase así al militante de la lucha armada de los años setenta cuya raíz estaba en un predicamento católicoperonistamarxistasocialista pero no trosko (véase). Por extensión, todos aquellos que en los años posteriores a la dictadura militar (véase), adhieren a los ideales montoneros y/o los reivindican pidiendo cosas tan increíbles como la filiación y/o paradero de aproximadamente treinta mil personas que fueron desaparecidas inexplicablemente e inexplicadamente. También por extensión, el gobierno de los (presidentes) Kirchner.
militar: dícese del cargo antiguamente honorífico y que devino derecho de clase, sobre todo si se aprendió temprano a hacer lo que los fachos (véase "facho") necesiten. Especialista en conmoción interior, exterminar amenazas internas, en técnicas de tortura inflingibles a ciudadanos desarmados, en cambiar la identidad de los hijos de éstos y en desaparecer treinta mil personas sin dar explicaciones ni asumir responsabilidades. Es indispensable para un militar de ley ser león con los corderos y un subordinado con los poderosos. No tienen vinculación alguna ni responsabilidad con la defensa del territorio nacional, para eso están los soldados (también llamados colimbas), que no son militares.
Clarín, Multimedios: multimedios publicitario y pseudo periodístico que posee varios partidos políticos. Sus lectores, espectadores y suscriptores suelen ser señalados como militantes políticos de la oposición (véase). Entre sus esfuerzos principales está el servir de campana de silencio de toda información pública y judicial sobre los datos filiatorios de los hijos adoptivos de su directora como así también la adquisición de la única planta de papel para diarios de la Argentina (véase) y darle trabajo a Marcelo Bonelli (véase), además de indicarle al Gobierno qué debe hacer para no aparecer en su portada.
Kirchnerismo: partido político que integra el Partido Justicialista (creado por Juan Perón -véase-) y el FpV según le convenga y que posee varios medios publicitarios y pseudo periodísticos. Sus adherentes son los principales consumidores de esos medios, por lo que más que militantes políticos suelen ser confundidos con suscriptores. Son los apóstoles del "Proyecto Nacional y Popular" (véase). Sus esfuerzos más importantes son decir que está todo bien, encontrarle facetas izquierdistas a Hugo Moyano (véase), decir que existe "dispersión de precios" o "sensación de inseguridad" y en evitar darse cuenta que Juan Pablo Feinmann está más loco que un plumero.
Moreno, Guillermo: fiel guardían cuyo celo casi religioso mantiene absolutamente incólumes las estadísticas oficiales sobre la economía, las cuales obedecen rigurosos parámetros de subordinación a las necesidades oficiales. "Si la economía va bien, ¿para qué saber cuánto de bien?", es su frase de cabecera.
Bonelli, Marcelo: pediodista político agentino, conocido por sus incisisívas elucrubaciones acerca de los recuevecos del proder medriático e político. Su tarea en Clarín (véase) es pordigiosa, llegando a estar siempre en algún medio del holdring en cualquier momento de las 26 horas del día y de la noche. Por las mañanas suele utilizar una tarductoda que intenta acercar sus agudas intrevenciones al respectable pucblico.
Bierce, Ambrose Gwinett: escritor estadounidense nacido en 1842, autor del famoso librito "Diccionario del Diablo", cuya muerte no ha sido registrada aún y que si hubiera vivido en la Argentina hubiese escrito sesenta tomos con actualización anual.
Izquierda: Sector sociopolítico que teme a los que tienen todo por perder. Véase Derecha.
Derecha: Sector sociopolítico que teme a los que no tienen nada que perder. Véase Izquierda.
Necesidad: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a sensatez que sirve para justificar insensateces.
Urgencia: Palabra mágica con un lejano pero equívoco regusto a proactividad que sirve para postergar necesidades que sin su concurso serían inapelables.
Palermo: Ver Argentina.
Puerto Madero: País dentro de la Argentina que queda en Palermo.
PRO: Sigla política que identifica a un grupo de hijos de empresarios que juegan a la política mientras sus padres hacen dinero más o menos deshonrosamente. Partido político que puso mucho dinero para que en este diccionario la Argentina y Palermo fueran considerado una sola cosa.
FpV: Sigla política que identifica a peronistas que no se asumen como tales porque otros peronistas sí.
Jauretche, Arturo: escritor y politólogo argentino, al que se puede hacer decir cualquier cosa porque casi nadie lo ha leído y los que lo hicieron lo olvidaron hace mucho.
Kirchner, Néstor: político argentino, inspirador de un personaje de ficción llamado Lupín (véase).
Lupin: Personaje de ficción que ganó una elección presidencial con el 31.2% de los votos y que, muerto, vuelve con escafandra y los puños llenos de verdades tardías.
Moyano, Hugo: sindicalista (véase) peronista ortodoxo (eufemismo por facho -véase-) que garantiza el Proyecto Nacional y Popular (véase) desde la derecha más acérrima mientras el Proyecto lo deje vivir y medrar en paz.
Oposición, La: agrupación lineal en la que se encuentra el resto de la política argentina que no es gobierno y que forma una cadena discontinuada por éste último, de manera que unos están a punto de entrar en él y otros ya saliendo. Dícese de un conglomerado de lumbreras políticas que están encabezadas por Julio Cobos (véase) o Ricardo Alfonsín (véase) según cuál esté midiendo mejor en las encuestas.
Carrió, Elisa: señora con una enorme entereza espiritual que encontró una fe inquebrantable en que la carrera presidencial depende de la acumulación de denuncias en las cuales la imaginación desbocada debe ser no sólo el componente más importante, sino que únicamente puede estar diluido en misticismo crístiano. RRPP de Fuerza Bruta.
Perón, Juan Domingo: político, ex Presidente y militar (véase) argentino que creó su propio partido para integrar en él a la clase trabajadora, a la clase media, la clase baja, media alta, media baja, los descamisados devenidos villeros, los piqueteros, los empresarios con conciencia social, los sin conciencia social corruptos y garcas, los políticos conservadores y progresistas (véase Progresismo), la juventud militante, los hijos de los ricachones, a los ricachones, fachos (véase facho) desorientados y/o convencidos, ciudadanos perseguidos por las dictaduras militares (véase militar), militares (véase militar) moderados argentinos, militares (véase militar) torturadores argentinos, militares (véase militar) nazis, financistas judíos comunistas, mujeres rubias, pelirrojas, morochas, hombres negros, negritos, blancos, cogotudos, verdes, azules, colorados, Patti, Hebe de Bonafini, Moyano, Méndez, Grosso, los Rodríguez Saá, toda la familia Saadi (que tiene una coherencia de hierro, son todos peronistas), Madonna, Mick Jagger, Maradona a veces, López Rega y la Triple A, Montoneros, Guardia de Hierro, las Fuerzas Armadas Peronistas, Tacuara, Cafiero, Matera, Duhalde, Cavallieri, Moyano, Camperita Ubaldini, el Grupo de los 8, parte de la Ucedé, parte de la Unión Cívica Radical, parte del Trotkismo (véase trosko) Milagro Sala, Guido Insfrán, José Luis Gioia, José Luis Gioja, y unos abogados llamados Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
sindicalista: dícese del cargo antiguamente electivo del que alguna vez fuera un trabajador común y que actualmente es vitalicio, sobre todo si el susodicho aprendió temprano a vender a los compañeros que dice representar.
Proyecto Nacional y Popular (también conocido como "El Proyecto"): ámbito político en el que todo es posible: los fachos soportan que se hable de los derechos humanos durante los años setentas mientras no se haga nada con los de hoy en día, mientras los zurdos soportan que los ricos sean más ricos con tal de que el Estado cuide que los votantes no se hagan todos piqueteros troskos.
Fernández, Cristina: política y Presidente argentina, notablemente parecida a la periodista Mónica Gutiérrez (la cual cambia periódicamente de peluquero para parecerse menos) y que logró varios récords mundiales: inaugurar 62 veces la misma obra, no estar más de cuarenta horas sin anunciar algo y no preparar ni un discurso en tres años. Gusta de las carteras Vuitton, los atriles y los espectáculos de Fuerza Bruta.
Unión Cívica Radical: antiguo partido político en pujante decadencia que hoy comparte con el peronismo la máxima del manicomio: no se sabe si son todos los que están ni si están todos los que son. Sus dirigentes son especialmente hábiles para administrar la cosa pública, pero es una incógnita cuántos gobiernos deberán pasar en el poder para que lo demuestren.
Cobos, Julio César Cleto: político radical que después fue kirchnerista y después fue radical de nuevo, pero menos. Vicepresidente de la Nación, cargo que ocupa sin vergüenza alguna. Ahora reporta al Multimedios Clarín y aspira a ser Presidente para poder brindar discursos titubeantes usando el doble negativo.
Alfonsín, Ricardo: político radical, hijo del fallecido ex Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, que se parece bastante al cómico Mario Sapag, imitador de Alfonsín padre. Fue protagonista del cómic de Miguel Rep "Los Alfonsín".
Progresismo: corriente política de centro izquierda que desconfía con sentido común del peronismo y busca cualquier excusa para votar por Mauricio Macri (véase) pero nunca por la Unión Cívica Radical (véase). Espacio indefinido donde habita el porteño que no es taxista.
Álvarez, Chacho: Político frepasista (actualmente en el FpV -véase-), altamente reputado como renunciador y que tiene como mérito haber enseñado al ex Presidente Fernando de la Rúa a hacerse humo cuando las papas queman.
Macri, Mauricio: político prosista, famoso por tragarse bigotes, farfullar un poco menos que Marcelo Bonelli (véase) y querer demostrar que no sólo es una cara bonita sino que es perfectamente capaz de ser peor que su padre. Actual embajador plenipotenciario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en las principales capitales de Europa. Casado con una millonaria que da trabajo a numerosas familias de origen extranjero.
trosko: adjetivo que sustantivizado denota al ser 'ezpezial' que no tiene coyunda de carácter sexual (se discute si es por votos o por falta de ellos) y que está en contra de todo, sobre todo otros troskos. Suele usar barba y pelo largo, incluso la mujer. A veces se lo utiliza peyorativamente, al trosko. Otras veces como signo de apertura mental: "Yo tengo un amigo trosko". Los politólogos no logran discernir aún si su oposición a todo es ideológica o sólo falta de sexo.
facho: cualquiera que apoye el derecho de las empresas privadas a ganar lo que quieran a instancias de sus clientes, y que apruebe que el Estado use cualquier método para suministrárselos dóciles y, si no alegres, al menos silenciosos. Gustador de reventar cabezas de opositores, para quien todo aquel no facho es monto (véase). Su frase de cabecera es "hay que matarlos a todos". Taxista de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
monto(nero): llámase así al militante de la lucha armada de los años setenta cuya raíz estaba en un predicamento católicoperonistamarxistasocialista pero no trosko (véase). Por extensión, todos aquellos que en los años posteriores a la dictadura militar (véase), adhieren a los ideales montoneros y/o los reivindican pidiendo cosas tan increíbles como la filiación y/o paradero de aproximadamente treinta mil personas que fueron desaparecidas inexplicablemente e inexplicadamente. También por extensión, el gobierno de los (presidentes) Kirchner.
militar: dícese del cargo antiguamente honorífico y que devino derecho de clase, sobre todo si se aprendió temprano a hacer lo que los fachos (véase "facho") necesiten. Especialista en conmoción interior, exterminar amenazas internas, en técnicas de tortura inflingibles a ciudadanos desarmados, en cambiar la identidad de los hijos de éstos y en desaparecer treinta mil personas sin dar explicaciones ni asumir responsabilidades. Es indispensable para un militar de ley ser león con los corderos y un subordinado con los poderosos. No tienen vinculación alguna ni responsabilidad con la defensa del territorio nacional, para eso están los soldados (también llamados colimbas), que no son militares.
Clarín, Multimedios: multimedios publicitario y pseudo periodístico que posee varios partidos políticos. Sus lectores, espectadores y suscriptores suelen ser señalados como militantes políticos de la oposición (véase). Entre sus esfuerzos principales está el servir de campana de silencio de toda información pública y judicial sobre los datos filiatorios de los hijos adoptivos de su directora como así también la adquisición de la única planta de papel para diarios de la Argentina (véase) y darle trabajo a Marcelo Bonelli (véase), además de indicarle al Gobierno qué debe hacer para no aparecer en su portada.
Kirchnerismo: partido político que integra el Partido Justicialista (creado por Juan Perón -véase-) y el FpV según le convenga y que posee varios medios publicitarios y pseudo periodísticos. Sus adherentes son los principales consumidores de esos medios, por lo que más que militantes políticos suelen ser confundidos con suscriptores. Son los apóstoles del "Proyecto Nacional y Popular" (véase). Sus esfuerzos más importantes son decir que está todo bien, encontrarle facetas izquierdistas a Hugo Moyano (véase), decir que existe "dispersión de precios" o "sensación de inseguridad" y en evitar darse cuenta que Juan Pablo Feinmann está más loco que un plumero.
Moreno, Guillermo: fiel guardían cuyo celo casi religioso mantiene absolutamente incólumes las estadísticas oficiales sobre la economía, las cuales obedecen rigurosos parámetros de subordinación a las necesidades oficiales. "Si la economía va bien, ¿para qué saber cuánto de bien?", es su frase de cabecera.
Bonelli, Marcelo: pediodista político agentino, conocido por sus incisisívas elucrubaciones acerca de los recuevecos del proder medriático e político. Su tarea en Clarín (véase) es pordigiosa, llegando a estar siempre en algún medio del holdring en cualquier momento de las 26 horas del día y de la noche. Por las mañanas suele utilizar una tarductoda que intenta acercar sus agudas intrevenciones al respectable pucblico.
Bierce, Ambrose Gwinett: escritor estadounidense nacido en 1842, autor del famoso librito "Diccionario del Diablo", cuya muerte no ha sido registrada aún y que si hubiera vivido en la Argentina hubiese escrito sesenta tomos con actualización anual.
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