05 junio 2008

Viva la pepa

La mejor manera de convertir una actividad rentable en un viva la pepa es prohibiéndola. También es una forma efectiva de hacer florecer la actividad fuera del control del Estado: aborto, adopción, drogas, prostitución y esclavismo son objeto de enfáticas y rigurosas leyes, festejadas por mafiosos, políticos corruptos, policías empresarios y carteles varios que hacen su agosto, su setiembre y su diciembre con la parsimonia, pachorra y desidia a la hora de hacerlas cumplir.
Hace unos días, se elevó la edad límite por la cual se considera "niño" a un menor en el mercado laboral. Nadie puede contratar a un menor de 16 años, pues estaría violando la ley.
El mundo está cada día más enfermo de neurosis, sépanlo: quienes hemos sido adolescentes obligados a salir al mercado laboral sabemos que casi ningún empleador te va a dar descanso dominical, sábado inglés, días por enfermedad o por estudios si te contrata informalmente. Los beneficios son para él: sueldos de dádiva, maltrato, y si no te gusta "buscate otro boludo que se arriesgue a ir en cana, pendejo; el que necesita el laburo sos vos". Imposible hacerle juicio laboral y, como no hay dinero de por medio, los abogados desaparecen cuando se quiere hacer una denuncia penal por trabajo infantil. La verdad, para el empleador no hay riesgos: si se hace una denuncia los canas, los fiscales y los jueces se cagan de risa.
Se cagan de risa como con todo lo demás.

5 comentarios:

  1. Ciertamente que la prohibición siempre le abre la puerta del negocio a algún zorro.
    Pero en este caso la ley tiene buenas intenciones; y aunque su aplicación seguramente no irá más allá de las multas aplicadas a los empleadores, debe reconocerse la función social de legislar desde la permisión o prohibición: crear conciencia de lo injusto.
    Por lo demás, debo salir en defensa de la especie, y con sincera modestia izar la bandera de los que no esperamos adelantos para hacer lo que es debido.

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  2. No estoy de acuerdo con el cambio de edad, porque no va a actuar sobre el problema: no le suma derechos al adolescente, toda vez que no se produce una contrapropuesta que le otorgue sustentabilidad a no trabajar: becas, pensiones y sostén económico para él y su familia. La precariedad es mayor cuando el empleador aduce su "riesgo" (bastante ficticio en un país donde estas leyes son de cumplimiento esporádico) para pauperizar el salario.
    ¿Ahora darle trabajo a un adolescente en tu jardín (o como yo, que era pintor) es un delito, pero pagarle según tu antojo -o su necesidad-, no?
    Que un chico de quince años trabaje no habla de la situación del empleador, habla de su indefensión, tomando roles extemporáneos obligado por las circunstancias, entre las que se encuentra un Estado ausente.
    Si el Estado acudiera en su ayuda, la necesidad de trabajo sería mucho menor o no existiría.

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  3. Pero estás analizando desde la patología Fender.
    La solución no es permitir que trabajen los menores de 16 para compensar la pasividad estatal ante la pobreza.
    Repito: no critico la ley porque creo en sus buenas intenciones (al menos en abstracto). Eventualmente, podremos juzgar si sus fines últimos se cumplen, y si por ejemplo, su aplicación sirvió para que los chicos estudian en lugar de trabajar.
    No en todos los temas se le puede exigir al Estado una contrapropuesta. Hay principios sociales que deben marcarse con independencia de si existe un marco propicio para facilitar su aplicación. Ese marco es posible crearlo desde la sanción (una de las funciones sociológicas del Estado de Derecho).
    No es lo mismo sostener un valor social que prohibir el uso de automóviles, ya que el Estado ahí sí debiera garantizar un buen servicio de transporte público para que la medida sea efectiva y justa. Porque el fin último tiene un contenido formal y no sustancial.

    Perdón si le molesta que discuta en sus comentarios, pero cuando me entusiasmo soy así de incontenible. En todo caso tiene mi venia ante la eventual eliminación del comentario (digo..por si la necesita para dejar tranquila a su conciencia)
    Saludos

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  4. Manuelita:

    Primero: jamás borraría un comentario (menos suyo!) porque aún los que me han bardeado (otros) sirven de escarmiento; segundo, mientras no tengamos una mesa de bar de por medio, este será el único medio que tenemos para discutir; tercero ¡me encanta discutir!.
    Bueno, volviendo a lo serio: entiendo su punto, entiendo "el espíritu". Pero se legisla con un conocimiento parcial del fenómeno del trabajo infantil, con mucha lectura de los diarios, realidades de la urbe cosmopolita y sobre todo, de una valoración subjetiva (de ahí que vos creas que hablo desde la excepción ¿quién decide cuál es el problema principal y cuál el subsidiario?). Ya te digo, el problema es que el menor no tiene alternativa, cuando debe trabajar no siempre es porque lo vendieron como esclavo a una fábrica clandestina, ni es la realidad decimonónica de los chicos que trabajaban en las minas. Hay otras realidades, muy de esta época, y conozco miles de estas historias. Conozco el trabajo de las familias que, en la cosecha de aceitunas -por ejemplo-, no podrían sobrevivir sin el aporte de sus niños y adolescentes. ¿Cuál es la alternativa? La pobreza, la criminalidad, la exclusión. No digo que esté bien, pero voy a caer en lo de siempre: no es el país que vive dentro de la General Paz, estoy hablando de realidades totalmente diferentes: aunque no lo creas, una familia que trabaja en la cosecha es una familia bien constituida, que pasa privaciones pero que está unida. Los organismos que han intentado combatir la modalidad lo único que hacen es pauperizar más su situación. Sin embargo, los diarios siempre dicen: "encontraron X menores trabajando en la cosecha". El padre de familia es demonizado, pero detrás de ese titular de periódico útil para los políticos, está la historia de esos mismos padres que se quedan sin trabajo. Obvio que esos niños deben estudiar, deben descansar y deben SER NIÑOS. Pero este país está al revés, primero piensa en el Tren Bala y después en los problemas importantes. Mientras deciden si se dedican a hacer un país justo, la gente tiene que sobrevivir de alguna manera.
    No ignorás, seguro, que quien los contrataba, como mucho pagará una multa. Todo lo demás, la vía judicial, jamás termina con el empleador en la cárcel.
    A lo que voy, Manuelita, es que el trabajo infantil existe y que esta ley no va a hacer nada por detenerlo. Creer que lo hará es hacer lo mismo que hacen los que creen que prohibiendo el aborto se lo detiene, y que penalizando a los homosexuales y drogadictos se está "actuando" sobre el tema.
    Es la política del edicto la que me revienta: todo termina en arreglos con quienes reciben su parte por hacer la vista gorda. Mientras tanto, las víctimas pierden más y más derechos.

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Perdón el capcha, pero el spam golpea fuerte estos días.