16 noviembre 2009

Permiso para odiar/II

Un gobierno valiente, con convicciones serias y firmes acerca de cómo se alcanzan los objetivos gobierna con las leyes, dando el ejemplo. No importa de qué lado del arco político está: el primer legalista debe ser el gobierno. Una muestra de que los últimos gobiernos nunca lo fueron son las dispensas a la Ley de Presupuesto y las leyes de superpoderes.
La Ley de Presupuesto debería ser el hecho político más importante de un gobierno serio, de allí parte la factibilidad de sus actos de Gobierno. No se puede ser más progresista o liberal que desde el mismo Presupuesto Nacional. Atarse a él es el máximo exponente de la credibilidad, de la fuerza de ideales y convicciones. No, por supuesto, salir en cadena con el flequillo o el bigote trémulos por la indignación que les provoca que un tilingo les diga qué no están haciendo.
El "clima destituyente" del que tanto se habla ahora no es más que un espacio dado por baldío por un gobierno que, como hiciera Méndez con otros roles del Estado en su momento y abogando por el liberalismo, deja al libre albedrío cuestiones fundamentales invocando en este caso un progresismo que se detiene rápidamente cuando se trata de cuestiones realmente de fondo. El barniz, la declaración oportuna, el maradonismo, la escasez de reflexión previa y meditada no son precisamente muestras de convicciones, sean éstas de derecha o izquierda.
En este país hay una perversa fábrica de pobres y desesperados desde hace muchas décadas: dóciles que se contenten con tener un trabajo mal pago y aunque deban bancarse cuatro horas diarias de viaje, o como le gustan a D'Elía, que produzca ovejas ideológicamente vacías pero prosaicamente hambrientas y listas para que el "pastor de masas" llegue con ayuda del Ministerio y un colectivo color naranja para partir al próximo copamiento de espacios.

Sí, si. Estoy insoportable.

5 comentarios:

  1. Nada de insoportable. Sólo te has asomado una vez más,al descarnado carnaval de pasiones que tiene este gobierno. Oponés, en antonomasia,la valentía de elevar la razón y los huevos de actuar civilizadamente.

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  2. Insoportable es la realidad política argentina.
    Asusta ver cómo, tarde o temprano, los argentinos eligen (yo no los voté) a lerdos ciegos y sordos, o a fascistas energúmenos y megalómanos. ¿No hay nada en el medio?
    ¿Peronistas vs. antiperonistas? ¿Qué enfrentamiento es ese? Son todos bravucones, mafiosos, pendejos imbéciles y caprichosos en cuerpos de adultos trajeados.

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  3. Zippo: este Gobierno sufre del mismo mal que sufre la sociedad argentina, vacío post verborragia.
    Acá se dijeron, por lo menos, la mitad de todas las palabras grandilocuentes que se han dicho desde la inauguración del mundo y, ahora, todo nos suena sospechoso y lo único que cuenta es "la de uno".
    Si estamos juntos, si permanecemos juntos, es porque nos conviene. Pero todos recelamos de todos. Nos metieron (metimos) tantas veces el dedo en el culo que ahora andamos sintiendo olor a mierda en todos los dedos ajenos.

    PC: es increíble cómo funciona la psicología electoral argentina, como si fuera el Gordo de Navidad. Hay que "votar a ganador", el mismo al que después vas a salir a pedirle la cabeza cuando no sepa cómo, sepa pero no lo dejen, no quiera, no sepa y cree que sabe, y un largo etcétera; elegido solamente porque cuando se postuló lo hizo dentro de alguno de los dos lugares comunes de la política argentina, pretendiendo un liderazgo que no tiene, una inteligencia que es apenas ventajerismo y/o una permanencia fruto de nunca ponerse en el candelero.
    Por eso votamos gobernadores de provincias cerradas, legisladores rosqueros, radicales "prudentes", peronistas fashion, o lisa y llanamente, le pediamos a Aramburu, Onganía o Videla que sacaran los tanques a la calle, para que hicieran la revolución inmóvil por nosotros, mientras vemos a Tinelli, Susana o Mirtha hablando del lado lindo de la vida.

    Gracias por pasar.

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  4. El argentino platónico es un necio resentido. Si le señalan un defecto en el antebrazo, no agradece y va al médico: esconde el antebrazo y le busca un defecto al otro que habló. Con tal de anotar un gol, bien vale la mano de Dios... mientras esté de nuestro lado. Insultar a la esposa del negro porque uno es un infeliz Martín Fierro y después acuchillarlo a él porque no nos bastaba, es nuestra escencia bicentenaria. Dénme vino, y mi malón se queda en el molde.
    Los mazorqueros bailan cumbia; los caudillos feudales les arman el circo y los porteños le traen el minicomponente.
    Entonces no es raro que vivamos como si la historia se redujera al diario de esta mañana, y "eso" destituyente fuera un fenómeno meteorológico, una nube que hoy pasa pero que "siempre que llovió paró"... y así seguimos por siglos pateando para adelante el ir "a las cosas". Nosotros vamos para las casas. Y de ahí al trabajo que nos dejaron.
    El rumbo de esta nación arribada transatlánticamente por gentes que no saben manejar barcos sino ser pasajeros, cambiará cuando sepamos lo que es un timón, esa cosa-tarea que le dejamos a otros mientras criticamos las olas, y no tenemos ninguna vocación de aprender la utilidad de girarlo hacia dónde y cuándo.
    Podríamos empezar viendo que no son tan culpables las nubes del Destino como nuestra propia NATURALEZA destituyente, seleccionada naturalmente como toda elección fáctica autonegada.
    Pero la cosa es que hoy no pude comer asado, y así estamos.

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  5. Uh, de ahora en más, mediré mis grandilocuentes palabras.
    Pero hay una cosa nueva en esta mesa de poker: el estado de crispación permanente.

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La única condición es dar la cara. Identificarse es ser buena gente. Anónimos dependen de su viveza y don de gentes.
Perdón el capcha, pero el spam golpea fuerte estos días.