Las consecuencias duran hasta hoy. Y la pregunta sigue sin respuesta:
¿En que mundo de mierda vivimos, que permite que esto ocurra?
Algunos años despues, leía en Los Hermanos Karamazov, de Dostoievsky, una discusión entre Iván y Aliosha Karamazov donde discurrian sobre la justicia del mundo visto desde el maltrato y la infelicidad infantil.
Yo tomé el camino de Iván. Sí, a la tierna edad de 12 años, en secreto y con mucho desconcierto. Y lo peor, desde aquellos años a la fecha, nada ha cambiado. Así que no he cambiado yo tampoco: no consigo tener fe ni en el hombre ni en Dios.
Estamos en tinieblas, rechinando los dientes...
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Perdón el capcha, pero el spam golpea fuerte estos días.