26 agosto 2013

Por qué no les creo.

Una sola vez fuimos a la Plaza, a verlas. Como me pasa con todo lo relacionado con esas circunstancias, la piedra en la boca del estómago era grande, apenas soportable. Tanto dolor, tanta infamia, tanta soledad. Me costaba por sobre todo entender por qué estaban solas: todas las madres del mundo estarían a los gritos sólo por intentar imaginar la putativa desaparición física de sus hijos y nietos. Ni hablar de una amenaza concreta. ¿Sentirían la necesidad del apoyo de las otras madres, las que tuvieron suerte, por ejemplo, las que recuperaron a sus hijos, o que ni siquiera los perdieron? Nunca me animé a preguntar.
Ellas estaban solas: me uní a un grupo de curiosos a un costado. Nos tomamos las manos, en un momento. Fue un gesto tímido,
apenas. La brecha que había entre nosotros -los jóvenes militantes de la democracia- y ellas era gigante y éramos los que estaban más cerca. Ni siquiera pudimos aspirar a reemplazantes berretas de sus hijos: ese día tardío supe que como "militantes" éramos patéticos.

También conocí al "Padre de la Plaza". Era un hombre triste, que se reía triste, con la mirada que conservaba una chispa débil pero que se estaba consumiendo ya. Su suicidio pesa sobre todos nosotros y lo sumé a nuestro fracaso como "militantes de la Democracia". Unos tibios, pusilánimes fuimos. 

Para esas personas la Dictadura seguía totalmente vigente, aunque nosotros discutiéramos con los PC -a los gritos, casi siempre- si había que venderle trigo o no a los rusos, con los de Coordinadora si el Juicio a las Juntas era un simulacro o no, puertas adentro del PJ distinguíamos a los verdaderos compañeros por su apoyo -a veces muy discreto- a determinadas causas a las que el propio PJ orgánico rehuía por intuición -la eliminación de la pobreza, su base electoral, por ejemplo- o que sabíamos que había sacado a éste o a aquél en los tiempos duros, o había dado alojamiento a una familia que se había quedado afuera de todo, incluso la vida.

Durante esos años -y después- a muchas personas no les conocí opinión política. No les interesaba, no sé, la política es sucia, no es para mí, no tengo, ya di. A otros se las conocí, sí, pero apoyando lo que ahora dicen que nunca apoyaron: menemato, Frepaso, Alianza y después.
A vos, por ejemplo, te vi festejar los triunfos de la convertibilidad, cuando anunciaban las alzas en la Bolsa como si entendieras qué significaba. Y a vos, más atrás, te recuerdo encogerte de hombros cuando yo me indignaba hace treinta años porque Videla seguía no ya libre, sino vivendo su larga vida.
Desde el dos mil uno para acá los vi hablar un poco más, pero nunca pidieron bajar el cuadro de Videla, no, apenas "que se vayan todos porque estamos cansados de la política" y esas cosas tan lindas. Cacerolearon algunos. Eufóricos, los vi festejar el "no vamos a pagar" de Rodríguez Saá. O la pesificación de Duhalde, porque estaban hasta las pelotas con las deudas adquiridas en dólares durante la otra década ganada -ahora perdida-, en la que se la pasaron de viaje por el mundo y ajenos a toda la mierda liberaloide provocada por el tándem Alsogaray-Menem y que les permitió vivir desahogados (y/o comprar ese chalecito en Claromecó) mientras muchos no tenían más remedio que agruparse porque si vos comprás arroz, yo compro tomate y él un pedacito de queso y nos hacemos alto guiso para los dieciséis de familia que somos en total. 
Supe que vos, otro ejemplo muy sorprendente, que decías que "de política no hablo", te peleaste con tu hermano a muerte por un cambio de opiniones bastante vehemente -y lo que no recuerdo es si vos apoyabas a la yegua y él a la corpo o era al revés, pero no importa: ni él ni vos abrieron la boca nunca antes, y si alguien los iba a buscar para participar en política se acaloraban dando excusas.
Facebook, el muro de los ladridos del recién llegado al barrio de la política, hace cosa de dos años se volvió el sueño de mis años más solitarios: todos discuten sobre si las pecheras sí o no, de Instituciones (con mayúsculas en casi todos los casos), defienden derechos no escritos para ganadores o deberes también no escritos para perdedores en elecciones, hablan de mesas, porcentajes, trenzas, alianzas, traiciones -sobre todo. 
Quizá estoy exagerando. Quizá vos siempre pensaste así, pero no te animabas. Qué bueno Facebook, eh. Twitter también: ahí está lleno de entusiastas pro esto o contra aquello. Ahí te dan la vida por CFK o por la libertad del pueblo sojuzgado.

Y los DDHH están en boca de casi todos: son la cuestión fundamental sobre la que los devenidos expertos en esa y otras materias candentes terminan sus largas peroratas que quizá empezaron con un reclamo por Chevron, la represión Qom, la Ley Antiterrorista, el Proyecto X, la corrupción, los sapos, todo lo que sea debatible. "Yo acuso", dicen ambos. Uno y el otro, incluso ese que no está de acuerdo con este Gobierno, descalifica a NK por tardío -también- o cómplice de las autoridades militares, ve en la cuñada un signo de la contradicción K entre éstos y aquellos años, que despotrica contra CFK por la 1050 y sus ejecuciones, y así hasta la náusea.
La discusión suele terminar los gritos (o en su versión electrónica, las mayúsculas) y la Ley de Godwin aborigen dice que no importa cómo empiece una discusión, siempre vamos a terminar, en ese "hablar de nuevo de política", de la actitud de fulano o perengano sobre el tema derechos humanos. Pero es tarde. Muy, muy tarde.

Vos, cuarentón, simplón, que te ponés el avatar de YPF; que participás en el hashtag #SoldadoDeCristina y que das cátedra de estrategias progres para hacerle hacer al PJ lo que no quiere y no hace o que tenés hoy muy clara tu opinión sobre qué hizo fulano durante la Dictadura. O vos, que te ponés loco porque no te dejan comprar dólares para seguir dando vueltas por el mundo o comprarte otra casa más grande en Claromecó o poner debajo del colchón; que defendés a Clarín cual accionista mayoritario del Grupo; que tu domingo tiene sentido si y sólo si ves a Lanata, para indignarte a favor o en contra de lo que el fixture de Lanata diga que hay que indignarse, que te la pasás despotricando contra "la diktadura" actual o la macrista o la de Insfrán o la de quién sea. 

A vos te pregunto, que la tenés tan clara, decime una cosa:

¿QUE HICISTE DESPUÉS DE LA DICTADURA PARA QUE SE TERMINARA DE UNA VEZ POR TODAS Y SI LO HICISTE, CUÁNDO?