05 abril 2013

Desaparecidos en democracia: niños muertos en La Plata.

Dice @barcolman en su FB:
Hoy fué un día repleto de emociones, de esas que son imposibles definir en pocas palabras. Necesitabamos decir presente, sacarnos los vendajes de los ojos y ayudar, contener, acompañar, estar cerca...
Viví mucho el día de hoy... sentí, me emocioné, abracé, lloré... Les regalo una de las tantas historias que me hicieron estremecer en lo más profundo de mi alma, pero como todo lo que hago en mi vida... poniendole el corazón...

He ido mil veces a La Plata. Esa ciudad con aroma a libros, a juventud, a rebeldía, a alegría. Hoy fue distinto. Ojos brillantes, ropas mojadas, desolación, desesperación, perdida.
Apechugamos y empezamos, porque el corazón es grande y en los malos momentos se expande.
De pronto apareció ella. Castaña, de mediana altura, con la mirada de ese fin del mundo que llego.
Ella: Hola. Estoy desesperada.
Yo: Si lo sé. Me imagino. ¿En que te puedo asistir?
Ella: No, no te imaginas nada. ¿Podes devolverme la vida? Porque yo perdí todo. Y no hablo solo de cuestiones materiales, hablo de mi corazón. No encuentro a mi hija de tres meses.
Se hizo un silencio que fueron segundos y a mi me pareció toda una vida enterrada muy por debajo del agua.
Ella: Si, cuando empezó a subir el agua la agarre a mi bebita, intentando salir del agua. Pero me empezó a arrastrar y no quise, te lo juro, que no quise porque yo la parí, pero se me salió de los brazos, de las manos y se la llevo la corriente. Se me escurrió entre los dedos. Todavía la siento, pero no la encuentro. La vida ya no me importa, porque la perdí en una tormenta.
Entre lágrimas la abrazo, intento pasarle ahí toda mi fuerza. Pero también me pregunto: ¿qué hago? ¿Si con este abrazo su hija no va aparecer? Las palabras sobran y no alcanzan, no existen. Ella acepta lo poco que le puedo dar y me vuelvo pequeña frente a tanto vacío que no se llena con nada.

La Plata no es la misma, ni lo volverá a ser. Las perdidas superan los números, los milímetros, incluso a las personas, se perdieron corazones. Este creo es nuestro desafío como pueblo, sin banderías políticas, brindar contención a una ciudad arrasada por la inclemencia de lo inesperado y la aspereza de lo concreto.
En democracia, nos están diciendo que no hay niños muertos en la inundación de La Plata. YO LO ESCUCHÉ AYER: autoridades nacionales, provinciales y municipales diciendo que sólo hay muertos entre los veinte y noventa y pico. Conveniente.
Por otro lado, están diciendo que hay 109 víctimas en total, no las 51 que reconoce Scioli. ¿A quién creerle? Es un desastre, en todo sentido. "La primera víctima es la verdad", dicen que se dice en una guerra. Pero no hay guerra, hay una democracia cruel que olvida o esconde o ningunea a sus propias víctimas.
Otra vez nuestros "padres" nos evitan la verdad. Como durante la Dictadura, una verdad que los tiene como responsables directos: a unos más, a otros menos. Tapando los muertos con desinformación, con rostros preocupados, serios, eficaces. ¿Qué queda para los padres y los deudos de esas víctimas que no existen más, no están, no tienen entidad, los que son desaparecidos? Ya vendrá una ayuda, señora. Córrase al costado que están las cámaras de canal pepe mostrando la ayuda del argentino, tan solidario. Alguien que medique a la señora, pobre, miren cómo está. Un rivo, dale, sí, sí. De paso mandala a hacer unos trámites.
Se están cubriendo el culo. No sé que pasaría si se supiera la cifra exacta de niños muertos. La cosa está caliente, pero con las imágenes de rescatistas, gente ceñuda con chalecos y diligente para entregar bidones, por ahí la cosa se contiene y no pasa a mayores. Pero algo huele mal.
No hay posibilidad de que NO HAYAN MUERTO PERSONAS MENORES DE 20 AÑOS. Lo pensé ayer, pero elegí la duda razonable.
Hoy leyendo esto me pongo en lugar de la madre: salvar la vida de un niño o salvar la suya, aún queriendo morirse. Sola, con un metro sesenta de agua, levantando los brazos, llorando, asustada, sola, cansada. Ella se salvó, está viva, como los sobrevivientes de la ESMA, llenos de culpas autoimpuestas imposibles de explicar o redimir.
Mientras, unos eficaces políticos dan conferencias de prensa en las que no admiten más desaparecidos, más muertos. ¿Cómo, en el estado que está el Estado? ¿Alguien tiene siquiera la duda de que "cerraron" el número antes de que Once pareciera un accidente pueril y barato?
Los periodistas, esos grandes pelotudos que pululan a la sombra del poder, siguen callándose la boca. No van a decir nada mientras esto sea un mentira sostenible. NO CREERLES ES BUENO Y HASTA DESEABLE. No hay corpo ni opo, no hay nada, sólo cubrirse el culo mutuamente. Negocios y cubrirse el culo.
Esto es malo porque no hay Dictadura. Somos "nosotros", no "ellos", al margen de la pechera roja, azul o verde. Somos los que elegimos la verdad, el respeto, las leyes. NO SOMOS ESA MIERDA.
Ajá. Bueno, no.
TODO ES UNA MIERDA. LOS ARGENTINOS SOMOS MIERDA.