22 enero 2013

La incapacidad.

Me puedo definir más por mis incapacidades que por sus opuestos, porque las cosas para las que soy hábil no las conozco del todo, ni aún sus límites; pero me es imposible andar por la vida diciendo "no soy esto", "no puedo hacer aquello", "soy un croto en eso".
Menos mal que tengo un blog.
  • No soy bueno para recordar secuencias.
  • Me cuesta recordar nombres.
  • Me es difícil recordar fechas.
  • Tengo memoria selectiva, y generalmente recuerda cosas inútiles o inaplicables.
  • No tengo buena memoria, para qué abundar.
  • Estoy enojado -prácticamente de niño- con la gran mayoría del género humano.
  • Soy -fui- hipersensible a los demás y muy crédulo, sumado a que hay exacerbados y/o malintencionados. Los filtros que puse para bajar esa hipersensibilidad se fueron de rosca y terminaron dejándome bastante incapacitado para reaccionar a cuestiones emocionales realmente importantes, propias y de mis afectos. 
  • Me volví incrédulo.
  • Tengo que poner en una ecuación lo que les pasa a los demás, incluso desde su punto de vista. Eso me lleva tiempo -salvo para tres o cuatro personas- entonces soy -parezco- poco espontáneo.
  • Me creé una rutina-show (parte del filtro de más arriba) de hombre arisco, pocas pulgas y algo torpe porque eso lo entienden todos muy bien y me facilita la vida. He intentado otras aproximaciones al contacto humano con resultados variopintos y sin coherencia alguna, pero noté que mejoro bastante en la consideración ajena después de caer de bruces de entrada. Controlo los daños antes; que bajen las expectativas, después soy un tipo bastante pasable. Para ciertas personas, que son las que me suelen interesar.
  • Romperme las bolas fácil con ciertas biarazas de la gente no me ayuda con la interacción.
  • Siento que las opciones que yo evalué y descarté impregnan a las personas que sí las eligieron y las evito porque frecuentarlas es retroceder. Más distancia cuánto más lejos de mí están esas decisiones.
  • Eso me da un aire de soberbia que detesta mucha gente de mí, pero generalmente es la que no me importa, aunque no siempre le pego con eso y tampoco ayuda.
  • Tengo tendencia a irme para adentro, y mis pasiones son (casi) todas solitarias.
  • No tengo espíritu de equipo.
  • Las revoluciones me encantan, pero por sí mismas. Viviría en revolución contra las revoluciones anteriores.
  • Sin embargo, me alejaría para siempre de las revoluciones, si pudiera.
  • Soy de los realistas que descreen de Murphy como una ley ineludible, y es mucho peor.
  • Tengo tendencia a pensar mal, por recelo -sobre todo de mí mismo. De hecho, soy mi modelo de humanidad y de ahí mi negativa a desistir del enojo.
  • Les tengo una paciencia de santo a resolver cuestiones que parecen tontísimas; entonces, parece que pierdo el tiempo.
  • Pierdo el tiempo.
  • Abuso de la razón, forzándome emocionalmente a comprenderla y adoptarla, no siempre con resultados positivos o algún resultado.
  • Todas mis decisiones están sujetas a revisión, lo que me hace un poco incoherente para los que toman decisiones de una vez para siempre. 
  • Las lealtades se revisan todavía más habitualmente.
  • El ensayo/error hace que me equivoque seguido.
  • La única esperanza es estadística. La moneda puede caer 100 veces de canto, también. No jodan con certezas.
  • Poner a prueba, forzar los límites y reducir al absurdo.
  • Sobre un tema determinado, pensar en todas las aristas, incluso las que no me gustan o las peores para mí, las que más daño me hacen. 
  • Pierdo más tiempo y energía, porque abruma la cantidad de cuestiones que le pueden salir mal a un tipo como yo.
  • Mientras no encuentro una solución universal a un problema, dejo de hacer lo eventual para ir tirando con el tema y postergar. Tengo un montón de pequeñas soluciones que revisar que no tienen nada que ver o no (no lo sé) y pierdo el tiempo.
  • Pienso demasiado.