29 junio 2012

Luces peligrosas.


Me ilusiono cuando alguien me tiene que dejar por algo mejor. No es que me sienta poca cosa o que mi estándares sean pequeños; todo lo contrario. Entonces, siempre supongo que es algo tan bueno, superior, superlativo, que hasta siento admiración por quien tiene la oportunidad de trascenderme. Coartarle el acceso a sus sueños sería el más mezquino acto del mal llamado amor, que no es más que egoísmo y desprecio por el otro.
Sin embargo, aprendí que a veces es una mera excusa para ocultar un descenso a los infiernos. Se abandonan a sus flaquezas en una derrota que venden por victoria augusta. Es difícil verlos, me pasó con ex parejas, amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos. Me pasó a mí, tantas veces.
A veces es mala suerte (si la suerte existiera), también.
El premio, como toda consecuencia de nuestros actos, es también castigo; y no faltan velas para las mariposas de la noche.
Siempre, el peor y más habitual de los enemigos es uno mismo.