28 junio 2012

Conmigo no, Moyano.

No puedo entender a la izquierda argentina -y mirá que intento. Hace aproximadamente dos décadas que me confunde su tontería infantil, su análisis torcido, la interpretación neurótica de sus actos y los ajenos, que, como ejemplo reciente, la lleva a pretender soplarle el movimiento obrero al justicialismo (tentación que viene de hace mucho más que veinte años) en sus propias barbas, aún a costa de perder a sus propios compañeros en el camino.
En la cabeza de los dirigentes y de cada dirigido que fue hoy a la plaza, se instaló esa tonta ilusión: se puede agujerear la bolsa de la burocracia sindical, no mientras duerme su pachorra entreguista, sino cuando está en plena actividad, cosechando eso que no cosecha la izquierda: más compañeros, más voluntades.
Los argumentos usados, sin que quieran darse cuenta -o sí, qué se yo cuánto cinismo puedan tener- eran de doble vía y bastante cacofónicos: "vamos a usar a la burocracia para disputarle a la burocracia un acto de la burocracia con las mismas consignas de la burocracia". Yo no las entendí en particular, pero en general no comparto nada que signifique seguir el programa de Moyano, que no es obrero y a quien le niego, por eso mismo, su representatividad. Esta estrategia -o excusa- delirante se mezcla con una especie de ética obrera (como si los obreros que permanecen en los gremios que adhieren al kirchnerismo o a ninguno de los dos no fueran obreros) y una esperanza casi religiosa en tener esperanza, fe en que un día la tarea de socavar la credibilidad de la burocracia dará frutos.
Lo peor es que esta cuestión tendrá a la izquierda entretenida y enfrentada por décadas: mientras iban por los peronistas insultaron al compañero que encontró reluctante sumarse a semejante comparsa llamándolo carnero. Linda forma de construir una izquierda a la que se acerquen los desilusionados ex peronistas. Ojalá esta nueva desconfianza no sea larga, ojalá sepamos los que no fuimos a la Plaza perdonar. Dudo que los que fueron tengan la valentía de ver el error.
El espectro completo está enfermo, y es terminal. Lo más grave es la tolerancia a una agenda que no es socialista, sea opositor o no, poniéndose a su servicio en un intento torpe y fabulador por ganar poder y poner en funcionamiento un supuesto reflujo de masas desde el peronismo hacia el socialismo desde adentro. La historia demuestra que al peronismo en general y al sindicalismo peronista en particular no se lo puede abordar desde la efusión de su liturgia. Para qué abundar, el que no lo sabe no entiende al peronismo. Y yo, es evidente, no entiendo a la izquierda.
Hoy parte de esa izquierda que no había transado con el kirchnerismo y en quién yo había depositado mis esperanzas, le perdonó tácitamente a Moyano su reciente asociación con los responsables del despojo a los trabajadores, su función como desmovilizador de reclamos y cientos de otras cuestiones imperdonables y fundamentales, muchas denunciadas en cientos de los propios panfletos como los que entregaba Mariano Ferreya. Su muerte a manos de la burocracia sindical aliada a las patronales es la más reciente y la más imperdonable afrenta.
Seguirán, en el futuro, entregando panfletos a los indiferentes laburantes que corren a Once, panfletos en los que tratarán de explicar que fueron a la Plaza por esto, que la lucha de clases aquello, que la izquierda que no marcha es carnera, que Moyano es un instrumento, que blablabla. Palabras.
Hoy, en la Plaza, una parte de la izquierda independiente dejó los pantalones cortos, se puso el conchero y se sumó a la comparsa.
Nos vemos cuando despierten, como les digo a los zurdos desorientados que forman parte del cada vez más menguante 54%.