23 mayo 2012

El dólar como arma política.


Dicen que la diferencia entre el dólar oficial que ya nadie puede comprar y el paralelo es de casi 20%. La verdad, entre un dolar que es difícil (el "blue") y otro que es virtualmente imposible de conseguir la diferencia tiende a infinito. Si hasta yo sé eso (traducido a que cuánto más difícil sea conseguir dólares, más caros se van a pagar), entonces no me extrañaría que esta corrida esté siendo provocada por quien, precisamente, está secando de dólares la plaza. No digo que sea adrede, que estemos ante un operativo orquestado desde la necesidad política, sino que no es más que pragmatismo puro: "tenemos este problema, y este y este otro también, así que la solución sería...". Miedo.
Es aventurado, pero lo pensemos un poco. Desde el punto de vista económico, una corrida, catástrofe y posterior "inevitable" devaluación:

  • resolvería el problema de las estadísticas del Indec, que están volviéndose en contra mismo del Gobierno, porque atrasan tanto que parece que fueran de otro país, inaplicables a la vida real y con un falta total de gravitación económica, política o periodística;
  • acomodaría las tarifas deprimidas por el kirchnerismo en su afán de combatir la inflación mintiéndola y que no pueden subirse ni siquiera siguiendo la falsa línea del Indec, produciendo desinversión y que todo termine, directamente, en manos del Estado porque no existe interés legítimo entre los privados (o las provincias) por las concesiones de servicios públicos masivos sin los multimillonarios subsidios que se hicieron hasta ahora, necesarios sólo para hacerlos atractivos y no para mejorarlos ("nadie va a pagar el mejor servicio con aumentos");
  • también licuaría los subsidios;
  • desbloquearía el atraso del precio de los combustibles; ahora que YPF es estatal;
  • bajaría la presión del sector agroexportador, que se está sentando sobre las cosechas y amenaza con seguir haciéndolo; 
  • aliviaría cierta iliquidez en pesos de las provincias que claman por efectivo para pagar sueldos y hasta menguaría el problema de que algunas (Córdoba, Entre Ríos) se larguen a imprimir confetti;
  • permitiría establecer ciertas leyes restrictivas que no son muy lógicas en un estado de bienaventuranza económica;
  • Lavagna como un nuevo Cavallo, porque ya no está "Él" para la caja y está claro que se siente la falta de ministros de economía;
  • un larguísmo etcétera.
Desde el punto de vista político:
  • solucionaría la actual sensación de "fin del recorrido" kirchnerista, que alimenta a los buitres peronistas como Scioli o le da esperanzas a vivillos como Macri y le da aire a Clarín, adelantando una crisis en una etapa todavía popular y de potencia, evitando que llegue durante la desbandada del final del segundo medio período, cuando haya que resolver la re-re (o Alicia y Máximo sigan sin medir) y todos se empujen dentro y fuera del palacio; 
  • aprovecharía la mayoría relativa en las cámaras, con algún "pacto de caballeros" entre los sectores afines al kirchnerismo más conservadores (gremios, oposición-clase media) y con el progresismo que se dolerá por los sumergidos;
  • permitiría al Gobierno victimizarse: "golpe económico", "corrida cambiaria" y un largo etcétera que sería fogoneado sin descanso desde los medios kirchneristas y que le permitiría cambiar de lugar: una cosa es dar cachiporra para mantener el status quo y otro para "salvar a la patria del caos" como hizo Duhalde (ya está todo el dispositivo casi armado: Garré en Seguridad, Ley Antiterrorista, Proyecto X, Gendarmería movilizada como fuerza de choque federal, etc.);
  • Convertiría a la AUH como la herramienta de salvataje para los "compañeros" que queden por debajo de la línea del agua, ya que para eso estará a valores históricos o apenas actualizados (para comprar fideos y polenta, suficiente) y ganar todavía más clientela agradecida por no fenecer de inanición;
  • otro larguísimo etcétera.
Con el kirchnerismo todavía en poder y con posibilidades de seguir o al menos pelearla, el escenario es terrible, pero tiene cierta lógica macabra peronista, kirchnerista y hasta histórica.
"Vamos por todo", dijo en cierto acto, a la "militancia", Cristina Fernández.
No me extrañaría.

---------------------------