08 febrero 2012

Canción para los días de la vida.


No sé, no entiendo mi tristeza. Hacía años que no lo seguía, que nos habíamos distanciado como público y artista. Por supuesto, yo estaba al tanto de sus cosas, era imposible no estarlo, y mi respeto habitualmente pensaba en él antes que en ningún otro, cuando quería poner un ejemplo -quizá porque nunca tuve que reprocharle nada; más bien, todo lo contrario. Dejó tanto para tanta gente que pretender que se quedó con algo es de muy ingrato; a mí su talento me había excedido sobradamente.

Los discos (o cassettes, claro) que tuve de él:
Todos los de Almendra.
El de Pescado que no es Artaud (que nunca conseguí).
Todos los de Invisible.
Todos los de Jade.
Spinettalandia y sus amigos.
A 18' Minutos del Sol.
Only Love can Sustain.
Kamikaze.
Bajo Belgrano.
Téster de Violencia.

Hablé con él una vez, no recuerdo si para una de las reuniones de Jade (después de Bajo Belgrano o Tester, los últimos discos que compré), hace muchos años. Actuó como un tipo normal que sabe que es especial, éramos tres o cuatro fanáticos acosándolo a preguntas estúpidas típicas de fanáticos de Spinetta; es decir, nos creíamos re inteligentes y esperábamos de él un reconocimiento que llegó más bien en forma de cariño y en una voz muy bajita y cálida "porque tengo que cantar". 
Andaba caminando, solo, con una camperita azul eléctrico de tela de avión y un pantalón rojo (que me parece usó muchas veces) por cierta capital del interior del país, en la que iba a tocar por la noche como "capítulo cultural" de una feria. Hablamos de música, claro, porque nos interesaba saber qué escuchaba, "mucho rock inglés", nos dijo, "ahí está todo". Tiempo después leí "Guitarra Negra" y lamenté no haberle preguntado qué leía, aparte de Castaneda. Le pregunté de su famosa Roland de grafito, y me dijo que era "una guitarra difícil".
En aquellos años discutíamos de quién era realmente "Castillo de Piedra" y en vez de preguntarle si era de él o de Pappo, le preguntamos si seguía enojado con él (por lo de la guitarra que le regaló al Carpo y que éste le vendió a Nebbia) y nos dijo que andaban uno de noche y el otro de día y que por eso creía que nunca se iban a volver a encontrar. Mucho después me enteré que esa pregunta era una de las pocas realmente incómodas que le podías hacer, porque lo había idolatrado de verdad y casi se había muerto por eso.
El Flaco, entre otros que ya no están. Podría no dolerme.