05 enero 2012

Los cretenses mentirosos.

Resulta que existe la llamada "paradoja de Epiménides", que trata la falacia de las enunciaciones que se niegan a sí mismas (tales como la original "yo soy cretense, todos los cretenses son unos mentirosos"). Su uso, con algunas variantes, es bastante habitual en la actualidad porque es parte del lenguaje políticamente correcto que dice algo sin decirlo. La contradicción es adrede y no es inocente. La frase puede tanto activar un superpoder como desactivarlo, dependiendo de la lectura o la circunstancia aplicada (¡o de quién lo lea!). A veces la lectura fría también hace uso de esta paradoja, porque permite más de una interpretación y disquisiciones circulares interminables.
En la segunda mitad del siglo XX, Isaac Asimov tuvo el tino divulgativo de proponer, en ciertos temas de la historia antigua, la transposición de determinadas cuestiones a situaciones contemporáneas y que explicaran mejor algunos puntos oscuros por falta de identificación con situaciones reales: en vez de decir "samaritano", decimos "palestino" y en vez de decir "levita" decimos "sionista" para entender mejor la parábola del buen samaritano (o al revés, ¡creo que se entiende mejor al revés!). La verdad, es más fácil entender de que se hablaba entonces cuando uno encuentra un ejemplo de la vida diaria. La divulgación se basa mucho en esa transposición a la vida real, como tan bien sabe Adrián Paenza, al descubrirles a los adoquines que las matemáticas realmente hablan de manzanas y canastas.
En lo personal y más cercano, hace tiempo que escucho o leo el término-frase "kirchnerista crítico" y un ruido a engranaje mal armado me hace torcer el gesto. Hay que reconocer que tiene una connotación elusiva muy útil y que se lee según cómo la lea quién la lea: pretende un apoyo sesudo que discrimina según el uso del sentido crítico, que indica un discernimiento de lo que se apoya de lo que no, pero afirmando primeramente una identificación primordial, efectiva y que no reviste concesión al criticismo posterior. La versión genérica, universal, y diría que más inocente de esta frase paradójica es la de "apoyo crítico". Una construcción de lo más útil, porque puede usarse para cualquier cosa; hasta en un asado, hablando del asador.
Primeramente, y según entiendo, hay un problema con el sentido crítico: es algo que se usa sin necesidad de ser kirchnerista o de no serlo. De hecho, me parece que alguien que usa el sentido crítico ya decidió ser o no ser kirchnerista, así que, según la frase, primero se tuvo el juicio de ser kirchnerista y después se volvió a ser crítico, otra vez. Es una criticidad que viene y va (dime de qué te ufanas...). Ser crítico, en general, sin otro calificativo, sería suficiente para adoptar las mismas acciones o juicios que lleva adelante un "crítico que usando su sentido crítico se declaró kirchnerista crítico". O sea, una persona que usa el sentido crítico es una persona crítica, todo el tiempo. 
En un sentido estricto, sin declaraciones permanentes, en una especie de ley de la Relatividad Especial Política, para un observador externo un crítico hoy puede ser kirchnerista y mañana no serlo. Depende del kirchnerismo y no de la persona que usa su sentido crítico. Pero el kirchnerista crítico debe dejar en claro que siempre es kirchnerista, incluso cuando su sentido crítico le dice que no. Un Einstein politólogo se moriría sin descubrir ninguna relación entre las posiciones políticas de esa persona. Chau Relatividad Especial.
¿Qué critica un kirchnerista crítico? ¿algo con lo que no está de acuerdo? ¿algo con lo que su sentido crítico difiere? ¿algo que no lo identifica, de hecho, pero que él fuerza diciendo "no importa, igual soy kirchnerista"? No lo sé. Nunca me encontré con una crítica voluntaria de un kirchnerista crítico, salvo la de Feinmann, pero parece que hasta los kirchneristas críticos se despegan de esta línea de crítica. Quizá alguna tímida crítica con la Ley Antiterrorista.
Pero las lecturas y los beneficios son muchos: primero, se es kirchnerista. Estando en el poder, es toda una cuestión. Hay un pragmatismo, un realismo. Es quizá la primera cuestión que un kirchnerista crítico evaluó cuando se dijo kirchnerista. Pero hay más. Lo de "crítico" sirve para otras cosas: el "kirchnerista crítico" aparentemente pone pegas. Se distancia, se aleja. Es un disclaimer, también, un "por las dudas". Se evade también de la imagen del fanático que es un kirchnerista a secas. No es un problema con los Kirchner (salvo que se vuelvan locos, como Chávez) sino con los locos compañeros, los locos correligionarios, los locos fanáticos. Qué buena palabra, correligionarios. Política, religión y fanáticos, flor de mezcolanza. El kirchnerista crítico es como el que sigue la procesión pero desde el pelotón de cola y que por ahí se escabulle en una esquina porque la peregrinación se le hizo larga y que tal vez vuelva cuando lleguen al templo. Son como un viejo amigo mío que fue a Luján en procesión, pero a mitad de camino se tomó un taxi. "Eran muchos kilómetros", me dijo, "no soy tan fanático". Por supuesto, la Virgen ese día lloró. Es un católico crítico, quizá, con la omnisciencia del Señor.
Al final, quienes resuelven la paradoja de Epiménides lo hacen enunciando que la falacia parte de una proposición no demostrada (que todos los cretenses mienten) y que tal vez sea Epiménides quién miente, de hecho, para que sea resuelta la paradoja Epiménides debe mentir cuando dice que los cretenses son unos mentirosos. O sea, el que enuncia es el mentiroso. Para resolver mi dilema, tengo que asumir que los kirchneristas críticos son una cosa o la otra. Pero ellos lo hicieron antes: dicen ser kirchneristas, siempre. Lo de críticos es mentira, nada más.
La fiscalía descansa.