19 enero 2012

Describime ésta.


Hacer política durante cuatro años es cansador para el hombre de a pie porque mientras pelea en la oficina para defender a Moreno, a Macri o a Uribarri tiene que vivir (trabajar, relacionarse, etc.) pero realmente no puede hacer mucho -por eso habla-, y por esa razón habíamos defendido el valor del voto, de votar al que más se parece a nosotros para poder descansar en ellos "nuestra" política. Es casi lo único que podemos hacer, salvo otras cosas más extremas como ir a la plaza a hacer masa. Cuando vamos a la plaza porque todo está mal, todo está mal; pero cuando vamos porque todo está bien, es peor. Siempre, como enseñó Dostoievsky, hay alguien al que pagarle las gachas.
Votar es como un casting en que le pagás a un tipo (o una tipa) para que te represente cuando se hagan leyes (tus leyes), a otro para que "gestione" una ciudad (tu ciudad), a otro para que se ocupe de la administración general de una provincia o un país; es decir que el Estado tiene quien lo atienda en nuestro nombre. Para eso uno le da un "mandato", generalmente reflejado en una situación inversa: ellos proponen, nosotros votamos. Se postulan, debaten esas postulaciones y defienden qué habrá que hacer cuando tengan la oportunidad de velar por el bien general, cómo lo harán y por qué lo harán. Y vos vas, elegís al que más te representa y te dedicás a vivir, no importa si no gana. Si gana tu candidato, mejor, ahí tenés la enorme suerte de ser parte de lo que está haciendo el tipo que sale en los diarios, vos le diste tu voto. Y la enorme responsabilidad previa de dárselo a quien te represente, no vaya a ser cosa que de repente tenga otra agenda. Si te caga, es culpa de él. Si no sabías qué iba a hacer, entonces es tu culpa.
Después, cuando pasan cosas como las de Entre Ríos, la Ley Antiterrorista, lo de Famatina o los subtes, todos temas muy diferentes pero que no son la pelea de Clarín con el Gobierno, por poner un tema recursivo, sino el día a día, durante cuatro años, de todos nosotros. Cuando votamos según otros intereses, como estrategas de la política de tragar sapos, sólo nos queda rezar, suspirar, sorprendernos o indignarnos y hablar de política, hablar y hablar, hasta la próxima, defenderlo a Moreno, quedar como estúpidos por decir "me cagaron" o encogerse de hombros y repetir lo que dicen que digamos cuando nos digan lo que nos van a decir.
Siempre confío en la próxima vez, como un idiota. Eso o no podría vivir. Porque no se puede vivir "hablando" de política, yo voto para no hablar de política, pero como no ganan los que voto, tengo derecho, por lo menos, a hablar. El problema es que los que ganaron siguen hablando, en vez de hacer lo que dijeron que iban a hacer. Y si vos votaste a uno que no te dijo realmente qué va a hacer, entonces fijate. Asumite, cuidate, querete. Y callate.
Lo empiezo a entender al rey Juan Carlos, ese larva, cuando se enoja con Chávez. Hay gente que no se calla nunca y vive en un mundo descriptivo, donde la acción viene después de millones de palabras dichas en vano.
¿Por qué no te callas?