29 septiembre 2011

Elecciones S11E03: Peronismo K, el fariseísmo al poder.

Esta nota quizá sea la más difícil de escribir: los gorilas me van a tomar por demasiado liviano y los fieles creyentes como un facilitador de derechas. También, porque tengo mucha gente querida que profesa lo que va a ser el tema de este post.
No soy ajeno al peronismo, vengo de una familia tan peronista como la que más. Mi primer recuerdo de Perón fue una banderita que pusimos en la antena del Peugeot 404, aquél fatídico día de la Masacre de Ezeiza. El segundo, llegar de la escuela y que mi vieja me diga, llorando, que había muerto Perón. Poco después, el recuerdo es el de la caída de Isabel (la señora esposa de mi general cuánto valés; la marcha que ponían en los hoteles del gremio para llamarnos a comer y que a mí me resultaba muy alegre), las caras largas y mis viejos quemando libros en la parrilla; libros como "Perón, el hombre del destino" y otros que habían tenido escondidos, manuales de conducción política, etc. (no sé decir si estas dos imágenes fueron del mismo día y hasta me animo a decir que no). Recuerdo también que sabía que mi viejo, al que dejé de ver por mucho tiempo, casi hasta mediados del '79, se iba de casa porque era peronista y lo buscaban esos militares que levantaban la copa del Mundial, ésa que él no quiso festejar, dejándome azorado.
Ya más grande, llegando la democracia, Perón y los peronistas eran ídolos de oro, verdaderos dioses olímpicos, héroes de la Patria. Me hice peronista sin dudarlo, a pesar de que otros peronistas ya me empezaban a doler, y nací a la militancia política con el peronismo como oposición y tan lejos del poder como lo está hoy la UCR (excepto quizá en las provincias). Me duró hasta la asunción de Menem, al ver a los peronistas cantando "combatiendo al capital" mientras hacían la vista gorda con Bunge & Born primero y los Alsogaray, el neoliberalismo y todo lo demás que vino después, sin mucha culpa, mientras el país se hundía a pesar de todo lo que aparentemente pasaba de positivo: el "Salariazo" y la "Revolución Productiva". Me voy a detener un poco en esto, en Menem:
Yo había puesto todos los medios a mi disposición, como siempre se hizo en mi familia, para que el peronismo volviera al poder. Cuando Menem ganó, antes de asumir y poco después de la reculada alfonsinista, se blanqueó que la "Revolución Productiva" y el "Salariazo" estaban atados a un acuerdo con la derecha para crear las condiciones económicas. Otra vez Martínez de Hoz. No podía "superarlo" y me fui.
Lo peor fueron las hordas (ya en el poder Menem, todos eran menemistas, sobre todo, los gobernadores provinciales, como Kirchner) que me criticaban no tener estómago para tragar a los Alsogaray, Alemann y otros. No olvido la ¿muda? complicidad de la ahora kirchnerista CGT, la columna vertebral del Movimiento Liberal Progresista Peronista Menemista Kirchnerista.
Bueno; desde entonces, el peronismo se convirtió en letra muerta para mí, se volvió la herramienta con la que se administran las necesidades de las clases bajas, detrás de una supuesta ascendencia social totalmente apegada a lo económico y totalmente coyuntural, que sustenta a un sistema político básicamente antidemocrático (pero plenamente funcional democráticamente hablando) y que está condenado a comerse a sí mismo, mandando a la Argentina a uno de sus periódicos caos, del que será, a la vez, causante y salvador.

No es mi intención, a partir de estas líneas, atender casos particulares, sepan disculpar porque voy a generalizar bastante. El que considere no apropiado para su kirchnerismo algo de lo que digo, sírvase sentirse excluido. Dicho esto, vamos a ver qué kirchnerismo tenemos:
  • Como facción peronista tiene muchas de sus virtudes y defectos. Las primeras son interesantes y la razón por la cual muchos aún dicen ser peronistas en general y kirchneristas en particular. No voy a abundar en los segundos, pero sí voy a decir que los que se dicen kirchneristas están enfermos de estos defectos al punto que les son invisibles. No digo nada nuevo, pero no ven cosas graves o les da lo mismo. "Es lo que hay", etc.. Afuera del kirchnerismo no hay nada, menos aún peronismo, aunque ni siquiera sepan a esta altura qué es ser peronista.
  • Como peronismo de fin de siglo, su potencia es el pragmatismo extremo: Menem se alió con los liberales e indultó criminales contradiciendo su historia personal; Kirchner los criminalizó y los volvió a procesar haciendo caso omiso de su propia carencia de antecedentes históricos, que incluyen el haber sido un gobernador abiertamente menemista. Detrás de esos gestos siempre hay un llamado velado a una grandeza, a una épica del renunciamiento histórico y en bien de la Patria, pero es una cuestión de debilidad; la de Menem con los grupos económicos que voltearon a Alfonsín y la de Néstor Kirchner con su falta de representatividad después del abandono del ballotage por Menem. Siguiendo esa lógica, los momentos más pragmáticos de CFK siguieron al revés en las cámaras el 28 de junio de 2009, cuando más débil estaba. La continuidad entre peronismos, entonces, es el pragmatismo mismo, no las medidas que este pragmatismo inspira.
  • El objetivo primordial del kirchnerismo como fuerza política es poner a un Kirchner en el poder, o uno, llegado el caso, aceptado por un Kirchner. 
  • Existe un kirchnerismo no peronista, ambos están ahí por un negocio: político para unos, apenas monetario para los otros.
  • Como grupo militante, el kirchnerismo no tiene una estructura orgánica (de hecho, a pesar de que hoy domina los destinos del PJ, no usa su estructura orgánica de militancia) básicamente porque en la punta superior de la pirámide de cada grupo hay (o hubo) un Kirchner o un kirchnerista famoso que forma parte de otra pirámide que sí tiene a un Kirchner en la cima. Ergo, uno milita con cierta movilidad pero siempre habrá un Kirchner en la punta de la escalera. Por supuesto, hay kirchneristas que no están en grupos, otros son peronistas que están más o menos contenidos en esa estructura, sindicatos inclusive.
  • La principal razón de esa inorganicidad es la ausencia de democracia interna, porque eso implicaría generar debate y movilidad, las dos patas de la militancia real, cuya tercera es "poner el cuerpo", la única que pretende el kirchnerismo. Para debatir está 678. 
  • Por supuesto, dos o más kirchneristas pueden debatir, pero son perfectamente conscientes de que lo que digan, o la conclusión a la que lleguen, será totalmente ignorada por el resto del kirchnerismo y sobre todo, por la cúpula.
  • La ausencia de debate interno hace que la estrategia de la punta de la pirámide sea desconocida por "la militancia" de antemano. De hecho, ésta no tiene ni idea de cuáles serán los próximos pasos, ni siquiera en rasgos generales. No hay un sólo "militante" que sepa qué hará CFK si gana las elecciones. Lo he preguntado a decenas. "Más de lo mismo que se hizo hasta ahora" es la respuesta más repetida, seguida de un rosario de visiones parciales o sin constancia alguna. Si un Kirchner dice que hará lo que mejor esté en su mano hacer, así será. Dudar de un Kirchner no es de kirchneristas.
  • El principal aparato utilizado en el kirchnerismo es el "opositómetro", que mide cuántos enemigos detecta un "militante" valorando qué inmunidad tienen al discurso oficial y qué permeabilidad al de los medios opositores. 
  • Los "kirchneristas críticos" (autodenominados, generalmente) son tan fanáticos como los otros, pero están cansados de escuchar sobre De Vido, la Embajada Paralela en Venezuela, Skanska, los 500 millones, el patrimonio siempre creciente de los funcionarios kirchneristas, los oscuros pasados  menemistas y setentosos de casi todos ellos, Moreno y la inflación, Jaime, el fracaso de la Ley de Medios, y más recientemente Madres y Schoklender (lo peor es que es una somera enumeración). Su excusa es la estrategia de cuña, aunque son reacios a hablar de los sapos que se tragan a cambio.
  • Lo importante para el kirchnerismo es el "Proyecto", aunque nadie sepa qué es.
  • El kirchnerismo vive en un mundo bastante particular, en un área difusa entre la realidad acotada por su visión triunfalista de la política (porque el principal argumento político del peronismo es el poder, pero exacerbado en el caso del peronismo kirchnerista) y la interpretación de la realidad como un hecho subjetivo que debe explicarse segmentado. Es desviación ideológica pretender que la moneda tiene dos caras o mencionar que el prisma acusa varias más. Ya hay hasta teorías filosóficas sobre el modo de ver la realidad de los kirchneristas.
  • La necesidad obsesiva de analizar el discurso viene del punto anterior: hay que desbrozar para encontrar al menos un punto que justifique todo lo demás, sea positivo o negativo. Siempre lo malo se justificará por lo bueno en contraposición, y viceversa: cualquier bondad será anatemizada por un argumento en contra, aunque fuera de contexto en ambos casos.
  • Para el kirchnerismo, la realidad, así como la historia, pueden ser revisadas y reescritas, no por un anhelo de verdad sino por contrapeso. Así, programas como 678 (o cualquiera de la usina que se dedica a lo mismo) no buscan la objetividad sino una especie de equilibrio discursivo. Lo hacen con la misma falsedad ideológica, pero de sentido opuesto. Aplicando el sistema de desbroce antedicho, todo puede ser discutido y convertido en un contra argumento. Luego se aplica el discurso al "opositómetro" y a las discusiones interminables con los no kirchneristas, esos bobos.
  • Según esta concepción, el pobre ciudadano se la pasa enfermándose por los virus y bacterias que supuran los medios, salvo que acuerde tomar su remedio, provisto por la farmacia kirchnerista.
  • La probabilidad de que en cualquier debate con un kirchnerista usted sea caratulado de garca, gorila, opositor, pagado por Clarín, bobo útil que le hace el juego a la derecha, y otras lindezas es directamente proporcional el tiempo que el debate se prolongue.
  • El kirchnerismo, totalmente carente de visibilidad histórica (por lo menos por ahora) busca épicas desesperadamente. Es un vicio argentino, al fin y al cabo, lo de las épicas modestas disfrazadas de gigantescas, pero es difícil aguantarse serio cuando algunos cantan loas a modestas hazañas disfrazadas de heroicas.
  • La selección de realidades también deja lugar a la selección temporal de banderas: algo que hoy no es importante, mañana lo será porque de repente lo es para un Kirchner, y viceversa.
  • La fortaleza del kirchnerismo no es lo ideológico, son las cabezas de sus enemigos en las picas (o, bastante orwellianamente, la historia épica del intento; como ejemplo, Papel Prensa).
  • Es notable que el kirchnerismo, que nació con un porcentaje apenas superior al veinte por ciento, hoy tenga tantos kirchneristas de la primera hora. También, tantos que voten a Macri, o que el 28 de Junio de 2009 hayan votado por la oposición,  o en Río Negro por el amigo de Priebke y Duhalde.
En síntesis:
  • El kirchnerismo es un fenómeno que se agota en sí mismo: no tiene recambio ni debate interno, terminará cuando aparezca otro pistolero más rápido.
  • Una militancia integral y de doble vía es imposible en su seno; lo que actualmente se llama "militancia" no es más que obediencia debida.
  • El ejercicio de la democracia y el debate interno están vedados: un Kirchner es el ideal para candidato (o quién él diga) y la única discusión posible es con cualquiera que esté afuera. Ante la duda, usar el opositómetro para expulsarlo.
  • La realidad, como en un cuento de Dick, debe analizarse como partes que no hacen a un todo, sino que es necesario aislarlas para establecer una verdad impoluta, fuera de contexto, pero verdad al fin, las partes no concordantes se descartan y las que quedan serán las representativas.
  • Un uso deforme de la ontología y la semiótica ha desplazado a la discusión ideológica, que en muchos casos ni siquiera se sabe qué es (otros no son tan jóvenes, pero son rápidos para olvidar).
  • La única posibilidad de análisis es estudiar lo ya hecho, las noticias. El futuro está en manos de un Kirchner, por lo que no es de nuestra incumbencia y no puede saberse cuáles son las ideas de un Kirchner. Estaría muy mal preguntarle.
  • El futuro pistolero será, posiblemente, otro pragmático con carisma y votos. El volantazo será a pesar del kirchnerismo, como pasó con Menem. O será un traidor o será su peor enemigo. Mientras no sea radical, a la larga o a la corta, todo el peronismo lo hará peronista cuando tenga el poder.