30 julio 2011

Elecciones S11E02: La derecha tímida.

No es que yo tenga que analizar mucho para saber que no me gusta la derecha. Es una cuestión intrínseca: lo que la derecha considera como elogiable y preferible me revuelve las tripas, aún cuando la envuelvan con un generoso confite de modernidad y eficiencia. No sé, es la clase social misma que la representa (con conciencia de sí misma, no como hecho aislado individual, pues uno nace donde nace) la que me provoca rechazo. Creer que un "nosotros" totalmente encapsulado se puede argüir como derecho preeminente sobre los demás. Algo así.
La derecha argentina es una derecha culposa. Se detenta puertas adentro de casas y taxis, se tira en la mesa de un bar pero, cual sociedad secreta, se niega ante la pregunta directa.
Debería decir que la derecha argentina es la peor derecha del mundo, pero hay tanto camino por recorrer para saber realmente cuál es la peor derecha del mundo que por prudencia voy a decir que es una de las más peores.
Veamos:
  • Nunca ha gobernado directamente en democracia, siempre necesitó a los militares para expresarse salvo, claro está, la oportunidad en que casi gobiernan directamente con Carlos Saúl Menem, el único que se regodeó en la crapulencia del capital y en la lógica money makes money. Nos fue horrible, no hace falta que abunde. Hay casos locales que aplican, como el de Macri, claro. Pero nunca el país todo eligió directamente a la derecha, sí a derechos.
  • Existen ramificaciones e infiltraciones en todos los partidos, incluso en la izquierda, como el PC que en la dictadura apoyaba a Videla armando negocios con la turbinas de Yaciretá o como en los años posteriores a la Revolución Fusiladora, trayendo la Coca Cola a Argentina. La infiltración es muy evidente en la UCR, por su gorilismo histórico, como así también en el PJ, por su historia clasemedista sindicalista anti izquierdista (uff, en la que me meto).
  • De todas las encarnaciones posibles, nuestra derecha es vendepatria. Nada de nacionalismo fanático, aún cuando se digan nacionalistas, nada de odiar al extranjero pobre con una mano y a la empresa foránea que se lleva las divisas con la otra, no. Solamente odio al pobre, al indio, al diferente, sobre todo, si es extranjero.
  • Ha creado una leyenda de ser buena gestora, buena administradora de la cosa pública. Sin embargo, jamás ha sido demostrado en la práctica; más aún, ni siquiera sus protestas de honestidad empresaria ("me dedico a la política porque no necesito dinero") han sido confirmadas, más bien todo lo contrario. En Argentina, para ser rico hay que ser proveedor del Estado o agroexportador, y en ambos casos tener un equipo de contadores y abogados que construyan una ingeniería tributaria pirata sólida y bien aceitada. También, se ha autonombrado garante del orden, un orden que no siempre tiene límites claros y que la tiene de árbitro pero que no la afecta.
  • Si sos de derecha, sos de la clase social más acomodada, la que menos privaciones sufre, la que más tiene que perder. Sin embargo, es increíble la cantidad de modestos cuentapropistas y oscuros empleados bancarios que tienen adentro, más que un enano fascista, un goliath berlusconiano. Y crecen en número notablemente gracias al ingenio de la izquierda para insustanciarse.
  • La mordida transmisora de la rabia derechista se transmite en la carrera de ratas, en el sálvese quién pueda venenoso entre aquellos que no suelen ser más que sus víctimas. La candidez y el wannabismo hacen mucho más favorable el desarrollo del virus, pero es el miedo el verdadero agente transmisor. Por eso, en realidad, un derechista es, primero que nada, un miedoso. Es raro ver un pobretón de derecha, básicamente, porque no tiene nada que perder. Pero hay cada salame.
  • Como tiene miedo, al derechista lo seduce la justicia, sobre todo, cuando es ejercida por esa concepción del poder, también armarse en defensa propia cuando eso no es así y usar la ley del Talión cuando conviene. El derechista espera, a cambio de ese apego por "lo justo" una protección que lo excluya del castigo por cualquier delito que cometa.
  • Hoy corre detrás de Blumberg, mañana comparte una asamblea barrial con troskos y pasado vota a un cheto analfabeto no más ilustrado que esos motochorros que tanto teme (y que, desde la cuna, viene acumulando latrocinios gigantes al Estado, es decir, a todos nosotros). Por eso es boba, sin memoria y de corto aliento. Salvo el desprecio a los zurdos, la verdadera sangre de la derecha nacional, no tiene continuidad aparente.
  • Casi no existen derechistas ateos (salvo el Partido Comunista, que tiene otra religión). Como fanáticos, los derechistas tienen una concepción totalmente trastornada de Evangelio, en la que todas las parábolas de Jesús contra la acumulación de riqueza, la solidaridad y la compasión son consideradas letra muerta e ignoradas, salvo cuando hay que hacer tés canasta. Lo único que importa es la idea rigorista de la moral, entendida como eso que hacen los demás en público y que yo me guardo muy bien de hacer puertas adentro.
  • Entonces, es moralista y doble moralista. Adquirió de la jerarquía eclesiástica la manía de ver la paja en el ojo ajeno, de ignorar la viga en el propio, incluso un tronco de sequoia en el orto (¡y cómo rompe las bolas con la moralina!).
  • La sociedad, informada y evolucionada, tiende a tener conciencia de sí misma y confluye. Las viejas organizaciones pro statu quo (ligas de padres, por ejemplo) y que no son el hueso sino el músculo del cuerpo nacional de derechas hoy deben enfrentarse no al individuo perturbador de su moral occidental y cristiana, sino a las organizaciones que los representan y que son verdaderos agentes de cambio, cuyas reivindicaciones se viven como derrotas por la derecha entera.
  • Es la solución para los problemas de unos pocos de parte de muchos, es decir, muchos tienen que sudar la bonanza de unos pocos y eso es impopular. Para que esto suceda, hace falta un sistema político corrupto, férreo y despiadado. En un país como el nuestro, en el que la mayoría aspira a vivir como acomodados burgueses, es difícil creer que se den las condiciones para una derecha pura y dura. Sin embargo, nunca hay que desestimar la apostasía de la izquierda vernácula o el giro del peronismo o la UCR a la derecha (aunque en las boletas diga PRO), pero cualquier derecha siempre estará asociada a un estado de cosas injusto y desequilibrado. Sin los militares, cualquier tropezón no será una caída que dure más de diez años (aunque tal vez no haya cuerpo que la aguante).
  • El verdadero liberalismo de derecha asusta a los fascistas vernáculos tanto como la Revolución a nuestros guevaristas. Por eso, en realidad, la derecha argentina es solamente la que hace negocios con el dinero de todos los demás, no con el propio. "Empresas pobres y empresarios ricos", viviendo todos del Estado (o de su inexistencia).
  • La derecha ha sido capaz de matar sin ambages cuando se le presentó la oportunidad. Desde la Patagonia Rebelde, incluso antes, desde el fusilamiento de Dorrego hasta acá, sembró de cadáveres las páginas escritas y no escritas de la historia. Todavía tomando la asquerosa teoría de los dos demonios como posible, la diferencia es tan grande que es uno de los argumentos para rebatirla. La derecha mata, incluso sin armas, por desidia, indiferencia, desprecio y saña.
Conclusiones:
  • La derecha se aísla cada vez más de la sociedad real, formada por grupos sociales autoconscientes, que limitan la capacidad de maniobra de un posible estado fascista. Eso, en democracia, haría que los propios votantes estuvieran inconformes con su gobierno de derecha, porque jamás podría hacer éste los cambios a la velocidad que sus electores esperan. En el fondo, un votante de derecha es más radical que uno de izquierda, pero más paciente.
  • El propio wannabismo social haría que, ante la imposibilidad de acceder a la riqueza, los que queden afuera pierdan la paciencia. Para que haya democracia fascista, habría que distribuir, aunque más no sea, a unos cuantos más para crear la ilusión de la pirámide de Ponzi. El problema para la derecha, paradójicamente, es que siempre hay uno que promete más. Cuando se promete más allá de la decencia, se termina expuesto como nazi, oligarca, facho, etc. por lo que hay una autorregulación hacia la centro derecha, por lo menos, en el discurso.
  • Cuando alguien de convicciones liberales se vuelve muy poderoso, y sobre todo cuando hay muchos negocios disponibles, prefiere permanecer con un perfil muy bajo y sus ambiciones políticas disminuyen. Se considera la política una distracción y hasta teme que, cual cigarra, lo agarre el invierno económico en medio de una asamblea. Pero eso no quita que el dinero (mal) habido se use para comprar voluntades, por lo que ganar dinero nunca será apolítico, como pretenden hacernos creer.
  • En realidad, estamos viviendo una derecha moderada, que tolera un perfil bastante alto de ciertas reivindicaciones de la izquierda como concesión para mantenerse en el poder, logrando un equilibrio bastante paradigmático: ciertos sectores de izquierda la apoyan, pues no se tienen fe como fuerza electoral y prefieren esas migajas a ir por la torta entera. Se hace difícil identificar, entonces, dónde está la verdadera derecha.
  • Conserva un poder bastante menoscabado en el plano social y religioso, el cual puede considerarse en un mínimo histórico y puede crecer, pero necesita de una calamidad social y política para venderse como ordenador (un señor cabezón, por ejemplo), no veo probable que mediante las urnas y en un estado de cosas regular-bueno.
  • No importa qué prometa, qué simpatía despierte: más temprano que tarde, el grueso de los votantes empieza a descubrir que ni hay orden, ni justicia, ni valores, ni achicamiento del Estado, ni cuentas claras, ni honestidad, ni un catzo, sólo un grupo de poder que ha tomado el ídem en beneficio propio y que han robado lo suficiente para convertirse en millonarios hasta la decimoséptima generación.
La derecha es la peor de todas las posibilidades para la Argentina. No podría vivir en un país gobernado por la derecha.