27 abril 2011

Comiendo bulones

Me gusta ser mujer.
Cuando comenzó la polémica sobre si Hollaback si, Hollaback no, pensé: "Uf... otra vez al pasto: una iniciativa que es válida (no matar insectos benéficos para el medio ambiente, por ejemplo, también lo es) con la que uno puede estar muy de acuerdo pero que jamás tendrá aplicación efectiva, por lo menos, en términos de lo que me queda de vida". Firmo si me piden que firme, haciendo un rápido análisis de conciencia y, sabiendo que jamás veré procesado por agresión a un fletero, a un peón de obra ni mucho menos a un rugbier en tercer tiempo.
No es que sea un cínico pero, chicas, un camino de 1.000 km. se empieza dando un primer paso y éste es un primer paso, nada más. No se puede hacer de esto una cruzada a matar o morir mientras hay cosas más urgentes. Hay que filtrar un poco a veces, lo hype también llegó a las reivindicaciones de género y esto tiene mucho de eso. Firmamos, nos solidarizamos y seguimos con otra cosa más importante. Aprovechamos el espacio desproporcionado que los medios le dan para incluir la violencia familiar, el debate de los sueldos, la identidad de género, en fin, muchas otras cosas.
Me gusta ese tajo.
Jamás en mi vida he podido ejercitar eso que el normal masculino denomina "piropo". Quizá porque el mismo sea sinónimo de atraer atención y yo ando demasiado preocupado en ser lo menos visible posible, en desviar la atención hacia otra cosa, o porque supongo que al resto de la gente, incluso esa señorita que pasa con una minifalda que deja ver las nacientes (o murientes, vaya a saber) nalgas, le pasa lo mismo que a mí y lo respeto.
Uno de los principales problemas del piropo es definirlo, y es la raíz de muchos debates en el tema Hollaback. Las mismas mujeres no se ponen de acuerdo sobre qué es galantería, qué agresión o si existe algo llamado "galantería" y si no es todo agresión.
Cuando voy por la calle mi voz interior discute con el calentón de turno exterior, sea un peón o un trajeado a medida, pero dos cuadras más tarde (haciendo gala del "genio de escalera"). Aquí tengo algunas frases según un sesudo análisis que hice en 30 segundos para clasificar alguno de los verdaderos significados del colectivo "piropo":
  • Expresión de frustración por inalcanzabilidad ("Si antes no te registraba la flaca, ahora te va a evitar pasando por la otra cuadra. Si te tenía temor, ahora seguro prefiere tirarse abajo de un Sesenta si la seguís por la calle").
  • Expresión de inseguridad ("si te gusta, qué gritás desde un cuarto piso, 'te chupo lo' moco', mamitah', si te llega a dar cabida te morís del asco").
  • Expresión usada como moneda de intercambio posicional en la manada de machos ("Si por vos fuera, pasarías las veinticuatro horas con esos mismos monos jugando fútbol, tomando cerveza, comiendo asado y hablando de las minas que se cogen... hipotéticamente ¿Para qué insultás a la pobre mina que no te hizo nada?").
  • Expresión de neta violencia de género, contenida por los usos sociales ("... y la diurnidad y la presencia de testigos y que por ahí ayer viste un capítulo de CSI y ahora tenés miedo, con esa luz violeta, hasta de cuando te masturbás").
  • Expresión de exacerbación del cuerpo femenino, con rudimentos de rima consonante, sin criterio estético alguno ("Jardín Florido murió, pero hay quien lo quiere zombie. Aparte, pará un poco, ¿te gustan todas?. Con razón Dolina los llama 'agrandadores de loros'").
  • Expresión de anhelos sexuales emitidos como bisbiseo subvocal sibilante, visión de tunel algo estrábica y pérdida de saliva ("este seguro raja al baño en 5, 4, 3...").
Esta es una rápida clasificación en la que hay matices, yuxtaposiciones y omisiones. Elija ud. de qué quejarse.
Quiero dejar en claro ahora que no voy a hablar de mujeres, si es justo o no de que se quejen de los piropos. Voy a hablar de los hombres. Téngasemepacienciadijecarajomierda entonces, pues soy hombre.
Yo soy un hombre sincero.
A los hombres, en general, no les gustan las mujeres. Les aburre todo lo femenino, empezando por el propio funcionamiento intrínseco del cuerpo femenino -diferente al masculino, "normal", convexo- que explica por qué hay tantos malos amantes y terminando por el más trivial de sus afeites. El hombre, aún el megaevolucionado metrosexual de este milenio que pareciera que no vive para otra cosa que para levantarse minas, prefiere la compañía eterna de sus compañeros, compinches glandulares, antes que tener que pasar cinco minutos intentando comprender qué significa, por ejemplo, la autoestima femenil y cómo se equivoca cada vez que consuela a una insegura, al creer que su único problema es no tener pene (o sucedáneo) para medírselo con sus congéneres. Y eso ya era así hace 2.000 años.
Es extraño y contradictorio que, cuando se juntan más de dos tipos, el tema recurrente es "mujeres", después del fútbol y sus gastes, vienen los verdugueos porque a fulano "no lo dejaron ir" al fulbito el sábado, o que mengano no come más milanesas y pide ensaladas con poco aceite en el comedor laboral, o que a zutano "la jabru" lo llama cada quince minutos y lo tiene cortito, y de la suegra de futalano mejor ni hablar. Pasada esa etapa tribal, viene el gran tema masculino: las mujeres como otro significante sexual. Tetas, culos, las cosas que ellas hacen con sus vaginas, los tipos con los que andan y cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con esa cuestión tan incomprensible que es, para el hombre, ser mujer. Según la edad, cuando es evidente que no hay demasiada acción, puede sustituirse por catarsis de mucho porno sublimado hacia compañeritas y/o familiares y/o amigas lejanas o cercanas.
Chicas muertas.
Desde chiquitos se nos ocultan todas las "anormalidades" femeninas: Andrés, "enfermarse", estar "de compras", "hacerse señorita", "viajar al extranjero" y miles de eufemismos para no decir menstruación, período menstrual, embarazo, menarca, aborto, etc., fomentada, entre otras cosas, por esa cosa que dice que los hombres sólo gustarán de las mujeres si no las conocen. Fui a colegios mixtos, y jamás nadie nunca jamás de los jamases dijo que alguna de mis compañeras hacía otra cosa que "descomponerse". Por el otro lado, la exacerbación de lo simplón y poco sensible está yéndose al marrón oscurísimo. Yo mismo llevo 43 años de luchar contra toda mi educación de machismo violento y misógino y no siempre gano, para mi vergüenza.
Y el límite misógino tiene nuevas cotas: ahora ser metrosexual, hacer deportes, darse picos con los amigos, citarse con ellos en el gym, pegarle a la pareja y salir de cabarute es una combinación llena de testosterona y masculinocitos (si es que existen) que se mide en el masculinómetro.
Vení Raquel.
Toda esa agresividad hacia el género femenino esconde un gran temor: todos hemos tenido en la familia un gran hombre que en algún momento cayó como cae un muñeco de trapo y lo único -lo único- que lo mantuvo a flote fue el esfuerzo titánico de una mujer que se lo cargó al hombro. Si una mujer es el resto de valor y fuerza de un hombre, necesario es que ese extra esté disponible cuando el hombre, en pleno uso de sus facultades y fortalezas, lo disponga. Hay que domarla, convertirla en la gran mujer detrás del gran hombre. Ése es su lugar, el del soldado raso. Pan y agua emocional, un par de bifes cuando se salga de madre y mientras tanto a cocinar que me vino un ragú de la gran siete. Por otro lado, los hombres saben íntimamente que cuando debieran liberar sus pretendidas fortalezas por lo general éstas demuestran que no eran otras cosas que pretensiones y viven con terror a que esto se sepa. Por eso el gregarismo masculino está lleno de sucedáneos de lucha más o menos cruentos. Por eso los que dirigen y deciden las guerras raras veces son los primeros en morir, a veces son los únicos en no morir. El soldado raso (el equivalente femenino en la milicia) no tiene derechos, ni voz ni voto. No es un hombre de pleno derecho, por eso también hay que endurecerlo, hacer que su voluntad sea una con la del oficial que lo atormenta. Obedece y riega con su sangre el campo de batalla para que el señor General pueda, el día de mañana, ir a la sala de armas del exclusivo club con un respeto que lo preceda entre his fellows o para que el Sr. Presidente pueda firmar el armisticio de una buena vez e irse de putas.
El auheroe' l mate, chamigo: educación (es lo que falta).
Qué queremos decir cuando hablamos de argumentos.
Esto es lo que me decía la vocecita del diablo interior durante la polémica Hollaback-El Guardían por el pijazo del cronista y el orto de la referente de la acción antipiropo callejero en Argentina:
"Uh, flaco, estás diciendo que le vas a meter un pijazo, PI-JA-ZO, en el ano a una mujer que, según se desprende, no conocés. Vos sí te conocés, así que asumo que el aumentativo es una declaración: has visto muchas pijas y la tuya merece ser calificada de alta pija. A mí, perdón el divague, me da más que eso de "pijazo" viene como consecuencia de un choque, un atropellamiento peneano. 'Epa, me encontré este culo al que no le gusta que le digan cosas por la calle, así que en vez de decir cómo me gustaría rrrrrromperrrrte el orrrrto mami te meto essssto y ahora vas a ver que mejor te lo decía y no te lo hacía, ha ha'. Una emboscada punitiva, o más bien penitiva (por 'penitente': que tiene pene). Otra cosa que se me ocurre es que te gustan los culos bien cerraditos, Cronista, por eso de 'romper'. Romper culos es difícil si tenés una pija grande, lo más probable es que tengas que pegarle un par de golpes a la señora poseedora del ano porque no lo va a relajar, no lo va a relajar, la muy guacha. Vas a tener no sólo que poseerla bíblicamente -aunque bastante poco levíticamente- sino dominarla previamente mostrando quién manda y quién obedece. 'Abrí el culo ahora o vas a ver como te rompo el c... mierda, ya te dije que te iba a romper el culo y ahora no puedo romperte el culo porque lo tenés muy chiquito y apretado y yo realmente no soy un violador experimentado, pero ya sé, abrí el culo o te cago a trompadas, turra, y no se te ocurra creer que soy un violento porque no, ves, no soy ningún violento, es tu culpa, es tu culpa todo esto, yo ni quería romperte el culo ni cagarte a trompadas, esto es todo tu culpa hija de puta, yo soy buen tipo pero ahora todos me señalan, me rajaron de El Guardián y mis amigos me gastan, en Twitter me gastan y todo es tu culpa, siempre lo fue, para qué te metés con nosotros, si no fuera por Hollaback yo jamás te hubiese hecho nada, así que ya ves que Hollaback es una mierda, yo soy un buen tipo, un hombre soy yo', decís esto llorando un poco al final, con el pene dormido y lleno de desesperación porque cuando puteabas te habías calentado un poquito pero te acordaste que ahora tenés que curriculear a lo loco. Menos mal que está Wikipedia. Ah, no, cierto que ahí también ya te escracharon. Me queda una reflexión final: Cronista, tu aceptación al cambio de 'orto' por 'argumentos' me dice que cada vez que perdiste una discusión -y mirá que perdiste muchas- lo que terminaste arruinando no fue sólo un concepto."
Entregá el marrón.
Este post fue largo. Viene de varias discusiones, conversaciones y estudios de campo que mejor no incluir aquí. Sólo resta decir que cuesta mucho no entrar en ciertos lugares y no terminar con todos los argumentos rotos.