25 febrero 2011

¡Mirá mamá, tengo un troll!

Algo que intenté desde el principio de este blog es evitar al anónimo firmador compulsivo en disidencia, típico merodeador de cuanto tema controversial haya en Internet, que no sólo está en franca oposición con lo que se dice (lo cual me parece perfecto) sino que se indigna porque alguien osa emitir su juicio. Dejé de participar en foros o canales de chat o similares por esto mismo.
No me molesta el debate, saben quiénes me conocen que con cuatro botellas de vino te doy la lata hasta que salga el sol (acá mismo tengo unos cuantos que no pueden desmentirme); me encanta conocer otros puntos de vista que no tengo, aunque no los comparta. No se trata de respeto real por la opinión del otro, se trata de curiosidad. Es muy difícil no debatir más que puntos de vista, y por mi natural curioso no puedo evitar tratar de conocer desde dónde ven las cosas los demás. Suelo entrar en debates abstrusos sólo por el placer de ponerme un ratito del lado del otro y ver cómo se ven las cosas. A medida que me hago mayor es una de las pocas herramientas que quedan para ir despegando de los prejuicios de mi juventud o descartando malas experiencias; para aprender o probar mi propio punto de vista.
Del troll lo que no soporto es la impaciencia, los malos modales y el desdén. Podríamos hacer una estadística y demostrar que casi el noventa por ciento del troll de un blog como éste es un snob que rechaza, por definición, toda posibilidad de experimentar por su propios medios los beneficios de forjarse una opinión a fuerza de dilucidarla por sí mismo. El snob es ante todo un wannabe, que asume una postura ajena pero que forma parte de la imagen que tiene de sí y que pretende que vean los demás. Un troll que no es snob es un hoygan, apenas se diferencia del snob en la insistencia y en que no lee mucho pero igual sabe de todo, pero no suele ser el troll que uno espera por acá; esos Hoygans tan pintorescos. Muchos snobs cargan con una dosis importante de desdén, su fina ironía (esa que creen que aprendieron de leer a Dorothy Parker) les hace creer que están por encima de todo y ni se molestan en contestar). Un troll snob sólo reconoce como par a dioses indiscutibles (por lo menos, dentro de su panteón, está claro), que por lo general huirían desaforados de cualquier debate con estos especímenes. El troll snob típico le explicará a Flaubert quién es Madame Bovary.

Hace unos días me apareció un troll justo acá (muy snob, para colmo): se queja de casi todo, se indigna, se da la razón en una firma y se contradice dos posts después. Es notable, hasta intuyo sus suspiros y revoleo de ojos. En el post del Arquero Tehuelche entró en erupción, se brotó y finalmente amenazó con desaparecer, como si existiera realmente para el resto de los escasos lectores de este blog. Es por eso que me permito hablar de él acá, porque sé que ya no me lee y que no volverá. Quiero escribir a sus espaldas (que es algo que venía haciendo incluso cuando no existía Internet) y aprovecharme de su ausencia -y de la paciencia de los que me leen.
Como con todo buen snob, el prejuicio del troll va adelante. Asumirse snob iría en contra de su materia, que es opinar pretendiendo que la suya no es una cosmogonía falible. Por ejemplo, el tipo (asumo mentalmente que es mujer, no sé por qué, pero sigo en masculino porque me es menos ridículo que hacer la salvedad porque no conozco fehacientemente su género) me manda a leer, sin conocerme claro, sobre todo "en mi vida adulta". En fin, no me dice nada que no sepa: tendré que leer más, es algo que siempre me digo.

Dejando claro que él lee (aplausos), no parece entender que su anonimidad me impide saber quién es, verificar si es creíble -tantas cosas-, pero él dice que lee y basta.
Lo hará mucho, pero no se lee propiamente: parece no importarle perorar sobre mis gerundios -en un comentario que escribo entre dos tareas que me dejan un respiro- sin poner un acento y sin comprender cómo se anidan correctamente las oraciones subordinadas, por sólo mencionar rápidamente sus problemas más evidentes. En la lógica no le va mejor (supongo que es parte del snobismo; le impide hacer el esfuerzo -porque no lo valgo- de ordenar su escritura para ordenar su pensamiento).
Con esfuerzo y siendo bastante benévolo, entiendo -algunas veces mejor que otras- qué quiere decir. Como dije, me interesa ver desde su punto de vista, no el mío, Lamentablemente, suele ser una opinión calenturienta de una persona "que lo sabe todo" de oídas (o leídas) y que está llena de lugares comunes y con ninguna opinión formada de propio.
La discusión derivó en que no hay que matar a Europa porque Europa es Chesterton (y otros muy elogiables) y América es Vargas Llosa (y otros menos elogiables, entre otros Pito Fáez, Mercedes Sosa, Charly García, etc.).
¿Chesterton versus Vargas Llosa?. Tomemos el punto de vista de este muchacho, me dije. Resulta que me acusa de que lo tildo de snob por "preferir la ironia y el talento de Chesterton sobre la mediocridad dolorosa de Vargas Llosa". Es por mucho más, poco estimado troll, pero también debo decir que si bien la obra de Vargas Llosa me resulta bastante aburrida, tiene sus puntos altos, como todos. Por otro lado, acepto que no me guste y que a otros sí, hasta el punto de llenarlo de premios. Por lo general, opino que soy bastante particular y que no me guste Vargas Llosa cuando todo el mundo lo premia, habla más de esas peculiaridades mías que del escritor peruano devenido español. A Vargas Llosa no seré yo quien lo defienda, no es santo de mi devoción, como casi ninguno de los que nombra como oposición a sus luces europeas. Lejos de mí.
No tengo que confundirme, me dice, lo comparable entre ambos escritores es ¿la calidad de católico de Chesterton versus lo "laureado" de Vargas Llosa?. Por supuesto, haciendo el esfuerzo de entender su pensamiento, que de tan lateral es oblicuo: imagino que se refiere a que Chesterton fue poco reconocido y que Vargos Llosa es una especie de impostor imperdonable. Ni lo uno ni lo otro, en términos reales.
Sigamos viendo el mundo desde la perspectiva de este tipo: sobre Chesterton en general puedo decir que su calidad de católico en particular (para seguirle la corriente) me irrita: terminó convirtiéndose como una vieja miedosa por oposición a lo malo no ya del mundo real, sino de una creencia patológica en un submundo terrible y como salvoconducto. No se convirtió al cristianismo como a una búsqueda de lo positivo per se. Un cagón, bah.
A otro escritor le pasó algo similar: Anne Rice dejó los vampiros y otros yuyos para volverse acérrima cristiana, por lo que queda demostrado que el talento para escribir no tiene nada que ver con la revelación divina ni la salvación del alma. Sólo se necesita, en estos dos casos, ser un timorato, creer en los demonios como condición previa y escandalizarse porque los demás no creen en eso que para ellos es evidente. Con fino humor inglés, claro, en el caso de Chesterton.
Primera coincidencia, tanto Vargas Llosa como Chesterton son dos apóstatas que, como buenos conversos, se hicieron fanáticos hasta la exasperación. Mi exasperación.

En mi acotada lectura de Chesterton: me resultó algo aburrido su afamado Padre Brown, como así también cierto antirracionalismo, patente en sus obras breves (no puedo hablar de su poesía ni sus ensayos, porque no los leí) que también encontré en algunos latinoamericanistas que -oh, paradoja- menciona en oposición. No le quito mérito a su escritura pero me aburre su misticismo cagón; para eso hubiese escrito como Poe (es americano, perdón) o como Lovecraft (otro americano).
Dicho esto, que le guste Chesterton o no, es cosa suya; yo no lo usaría como el epítome de todo lo bueno europeo. Hasta Conan Doyle me cae mejor. Es más, debe haber más de diez escritores de detectives que son peores que Chesterton cuyas historias me resultan más interesantes.
Fuera de concurso y porque me viene a la mente: por el lado de los místicos: G. K. Chesterton, C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien, aparte de tener iniciales por nombres como marca de fábrica, me caen insoportablemente mal precisamente por esa necesidad de trascenderse de lo real (otra vez, pontificando las más de las veces) y maravillados de la existencia de la Divina Providencia; boludez que no está muy lejos del realismo mágico de Vargas Llosa o García Márquez.
Otro problema del troll: si reconoce un error (en este caso, mencionar a Páez) ¿no debería reconocer que toda la discusión posterior que nace de ahí está viciada de ese mismo error?.
En algún momento malentendí (todo no puedo) su mención a Borges, que es tan de snob que me excuso de analizarla. Sólo agrego que mencionar a Borges en una discusión es casi lo mismo que mencionar a Hitler, algo que hice antes esperando que terminara la estúpida discusión obedeciendo a Godwin, sin caer en la cuenta que Hitler-Borges anulan su efecto. Es una nuevo corolario de Godwin que tengo que desarrollar (y publicar en Wikipedia, que es a lo máximo que puedo aspirar).

Hacemos un trato: yo asumo mi palurdez y los trolls de este blog  se asumen snobs.
¿Dónde firmo?