12 enero 2011

De qué están hechos los blogs/I: Volverse papel.


Viendo el destino de mesa de saldos que la mayoría de los blogs llevados al papel ha tenido, luego del arrastre del éxito previo antes de ser editado en papel, uno imagina que largarse a saltar de formato es para aprovechar eso y nada más. No pude dilucidarlo aún con datos concretos, pero tengo una opinión provisoria basada en el sentido común que dice que la expectativa es generalizarlo a más lectores pero teniendo como piso al lector del blog. Claro, hay excepciones, como "Más respeto que soy tu madre", de Hernán Casciari, una ficción hecha blog que sublimó en libro y obra de teatro con éxito de público y trascendió el formato original.
El mismo Casciari, envalentonado quizá, hace unos meses renovó la apuesta -él es uno de los bloggers más famosos de Hispanoamérica, argentino para más datos- y rompió con los medios que lo tenían como blogger estrella, La Nación y El País, porque, por estrecheces de forma uno y de espacio el otro, le estaban coartando la libertad, en tono y extensión, de escribir.
Casciari quiso libertad total de forma y estilo. Lanzó Orsai en formato revista con esa premisa y no ya como único protagonista, sino más bien como editor. Tanta libertad quiso que evitó todo intermediario sospechoso de torcer el mercado u obstaculizarlo. Con Internet en la mano, saltó directamente al lector a través de un sistema de distribución novedoso: los mismos lectores del blog se encargarían de la distribución, con un esquema de packs de 10 revistas que se enviarían a todo el mundo para que la comunidad hiciera la logística individual de cada uno de esas 10 revistas, con un precio "big mac" para cada país, en función del valor del diario de circulación más importante en cada lugar el día sábado.
En la práctica hubo dificultades: no ya la propia originada por la falta de densidad geográfica (no encontrar quién hubiera comprado el pack cerca de uno -hablando, sobre todo, en países que no son Argentina o España- o comprar el pack y no tener a quién vendérselos), sino por el mismo éxito que, en Argentina o España, hicieron que los números faltaran porque mucha gente (me incluyo) o confió demasiado en las herramientas que se pusieron a disposición para anotarse en cada pack o no pudo encontrar el medio para hacerlo (algunas personas no saben demasiado de la vida on line o desconfían de ella) o procastinó pensando que iba a tener oportunidad en cuanto estuviera disponible el 5 de enero. Así y todo, se imprimieron y distribuyeron 1008 paquetes de diez revistas, 10.080 ejemplares que, también se avisó, no se reimprimirán nunca más.
El sistema de distribución del primer número, en realidad, estuvo íntimamente relacionado con pertenecer a la comunidad del blog Orsai mismo. Algunas librerías hicieron compras de packs sin tener reserva previa, pero pronto fueron sobrepasadas por el boca a boca. En este momento, sólo la Librería Chelén, de la patria chica del bloguero, Mercedes, aparece mencionada como con stock.
Algunos que no participamos del blog Orsai y obedecimos las premisas que iba indicando el mismo Casciari quedamos afuera, en una proporción que no sé determinar con precisión pero que me consta es importante. En mi caso, el 6 de noviembre pasado me inscribí en un excel que estaba disponible en línea para irse anotando por regiones, barrios, etc., pero parece que algunos chistosos hicieron travesuras y modificaron los registros y se armó la podrida, por lo que también -cuando lo advertí siguiendo los hilos- me dí de alta en un flamante formulario en un blog de Argentina que no permitía modificaciones. Me relajé y me dediqué a mi atareada vida de fin de año, esperando que el muchacho que se propuso como distribuidor me contactara, algo que nunca ocurrió, salvo cuando el cuatro de enero volví a cargarme en el formulario para ver si llamaba su atención, cosa que ocurrió: me escribió un mail diciendo que no tenía más revistas y que me comunicara con Librería Chelén. Tuve que recurrir a una amiga, Juli (a quién agradezco en este momento), que me puso en contacto con un muy amable distribuidor que, encima, consiguió otra revista para una muchacha que se había quedado afuera.
Con este tipo de distribución, y como primer punto en la evaluación, va a ser difícil que Orsai trascienda el público del blog, el cual encima tiene las típicas características de comunidad cerrada (y llamadora de atención) que no tolera extraños (en mi caso, cuando intenté avisar a los futuros compradores de mis dificultades, los infaltables trolls desvirtuaron toda posibilidad de comunicación y mostraron que acudir a los comentarios de Orsai no sirve de ninguna ayuda).
Algunas personas se pusieron en contacto conmigo, vía mail o Twitter, después de leer los comentarios y desistieron en formular más críticas, sabiendo que lo único que iban a recibir eran improperios de los fundamentalistas y chupamedias. Por lo general, dieron por terminado el experimento Orsai, salvo que la vean en una librería.
Para el próximo número, ya se habla de distribuidores zonales, pero vaticino que quien no sea un iniciado seguirá con problemas.

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En el próximo número: La Polémica sobre Casciari en Twitter y mis opiniones, menos importantes.