12 noviembre 2010

Los pelos y la Izquierda.

Siempre me llamó la atención que la izquierda argentina negara tanto a Santucho, Cooke o Tosco, por poner tres de los más representativos. En el corpus dogmático Cooke es citado con morosa frecuencia y en las advocaciones discursísticas, el cordobés. Al santiagueño casi todo el mundo lo solapa, no vaya a ser cosa. Es piedra, una especie de Roberto Maidana de la Revolución, parece.
La iconografía, que parece copada por el Che con absoluto monopolio, los ignora bastante: en una marcha de la izquierda, casi ni se los menciona, y sus imágenes son prácticamente desconocidas para los no iniciados anche algunos novatos. Hace unos años alguien me hizo notar lo mismo con Fidel: "El Imperio no quiere a Fidel por modelo. Fidel resiste, el Che está muerto, muerto por cabezón, por idealista, como una alegoría. Al imperio le conviene un Che que inspire pero que sea letra muerta, no un Fidel que inspire, lidere y ayude revolucionarios". Me parecía un poco exagerado, pero iconográficamente el perfil de Castro es tan o más reconocible que el de Guevara, me quedé pensando aquella vez, confundido. Le contesté que me parecía que Castro era más discutible precisamente por eso, por estar vivo, por acumular errores, incoherencias, malentendidos, que siempre empañan a los que hacen algo por mucho tiempo. Y que no se mueren.
Nuestro panteón nacional de izquierda puede tener como figura muy importante al Che, pero no es la única, vamos. Todavía le dicen "guevarista" a cualquier joven barbudo un tanto trosco. Santucho parecía (y era) un contador, ¿será por eso, porque abundan los pilosos en los partidos de izquierda que prefieren a Guevara, o es precisamente al revés? ¿No sería más útil, menos chocantes, que las hordas trotkistas no fueran muy distintas de los burgueses en las marchas contra la 125?. Peor le va a Tosco, que de ídem sólo tenía los aires campechanos y que si le ponías un traje parecía un señorito inglés, de tan rubio y prolijo. De Cooke la imagen es más la de un comisario de pueblo y, convengamos, su nombre es más sospechoso de ser un infiltrado de la CIA que el de un peronista de izquierda revolucionaria de armas tomar.
Santucho, Cooke y Tosco eran hombres comunes, llenos de contradicciones (como Fidel) y más dispuestos a sumar que a cortarse solos. Sobre todo, eran hombres-catalizadores, capaces de producir los cambios leudando una masa crítica capaz de producirlos. Por algo el Che nunca vino a hacer la revolución al monte argentino: sólo se animó el Loco Santucho, como le decían los milicos.
Nunca entendí por qué "La Cámpora" eligió como leit motiv el apellido de un presidente al que todos querían entornar y/o hacer renunciar, según fuera el negocio. Nadie creyó nunca en este odontólogo, salvo que no tenía ningún poder y que iba a soltar el Sillón ¿por qué elegirlo de insignia? Más idealismo, esta vez, mágico. Imagino que por la "primavera camporista", pero dicha primavera costó tantas vidas que mejor ni hablar de ello acá.
¿Será que a la izquierda argentina le pesa la conciencia, le pesa odiar al compañero, le pesa acusarlo de jugar para el enemigo, le pesa acusarlo de infiltrado, le pesa ser izquierda por serlo para negar, por serlo para sobrevivirle a disputas de las que ya nadie tiene el más mínimo recuerdo?.
¿Qué hubiese pasado si Maradona se tatuaba a Tosco, si las remeras que venden en Once fueran del revolucionario obeso, obseso y obcecado? ¿Qué si las banderas rojas tuvieran los ojos tristes de Santucho, tan idealista como el Che y tan muerto traicioneramente como él? ¿Qué izquierda tendría la Argentina? ¿Qué Argentina tendría la izquierda?.
Porque, en la Argentina, la izquierda siempre le hace el juego a la derecha. Incluso cuando elije a quién pone en sus banderas.