20 junio 2010

Menos pusilánimes es mejor.

Idiota: Miembro de una tribu grande y poderosa cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre preponderante y dominante. La actividad del idiota no se limita a ningún campo del pensamiento o acción especial sino que “lo controla y regula todo”. Siempre tiene la última palabra y sus decisiones son inapelables. Él impone las modas de opinión y gusto, dicta los límites de la expresión oral y circunscribe las conductas poniéndoles una fecha límite.
Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo.

No, no quise leer el artículo editorial de LN sobre el mal llamado matrimonio homosexual. Quizá, lector, piense que haría bien haciéndolo y que lo que diga acerca de él sería mucho más profundo o sólido, pero no. Desde hace un tiempo intento seguir las enseñanzas de L. Sprague de Camp en todo lo referente a libelos pergeñados especialmente para fastidiar (él lo hacía con las críticas sobre sus obras, por ejemplo; las cuales leía hasta la primera palabra en la que descubría la intención deliberada del crítico de humillarlo) y éste lo es en grado sumo.
LN intenta establecer una posición canónica para que sus lectores fieles acudan como un Talmud cuando duden y se les enternezca el corazón. No soy lector de LN, no corro el riesgo de enternecer mi corazón, ni creo necesitar un canon sobre qué pensar ni qué decir sobre temas delicados y mucho menos si es rubricado con su silencio cómplice por pobres de espíritu como los que escriben en LN.
Lector, si leíste la diatriba, no te molestes. No te irrites. No tiene sentido. En este país, que alguien diga lo que piensa de manera directa y sin ocultamientos es bueno. Está todo tan contaminado de lo "políticamente correcto", de eso de que "hay que resistir el archivo", que los que tienen poder cuando hacen lo que hacen (y que nos lleva a estar como estamos) generalmente lo hacen una madrugada cualquiera y sin cámaras que los apunten.
Por otro lado, después de las experiencias sufridas es preferible saber quiénes son los que apoyan y quiénes los pusilánimes. Porque, señor lector, estamos hasta acá de los pusilánimes; personas que no tienen más remedio que seguir apoyando al corpus de normas que han convertido sus propias vidas en un contenedor vacío, que debe llenarse con indignaciones extrañas, como peleas de figurantes televisivos, novelas vespertinas pedorras y editoriales de diarios como LN.