04 febrero 2010

Lets tok de politik

La cuestión de los 2M es una cuestión judicial, no me queda la menor duda. La oposición puede asumir la función de fiscal penal económico; pero siempre será desde una posición política. Sin embargo, eso no es hacer política. Por lo menos, política importante. Cualquier partido con el 1% del padrón electoral junta a doce abogados en un par de días para llevar adelante los juicios que una eventual necesidad política demande. Podemos poner a cuatro o cinco activadores de prensa a sacarle rédito en los medios y molestar a dos o tres figuras partidarias para la foto en la puerta de Tribunales. Y ya. Se acabó la política hasta la próxima.
Sin embargo, agarren a cualquier partido político (incluso oficialista) y pídanle que junte a doce especialistas para discutir de política. Hablemos claro: política es analizar la actualidad desde la experiencia más o menos reciente y proponer soluciones viables a mediano y largo plazo coherentes con las ideas que, previamente, convocaron a esas personas al partido que los cohesiona. Mirá qué fácil.
No digo que elaboren un plan de gobierno desde arafue, no. Pero para cada tema importante del país, un partido político debiera tener una posición previa delineada desde su ideología (con perdón) o sus intereses políticos, como quieran llamarle. Es más, dicho comité podría ir fluctuando de acuerdo al tiempo, mutando participantes acompañando la coyuntura, enriquecerse. Al final de un período X de tiempo, el corpus con las decisiones de este cuerpo podría ponerse a debate plenario dentro del partido y, llegado el momento, convertirse en la plataforma política del mismo. Mirá qué fácil.
Luego se haría jurar a los precandidatos lealtad a la plataforma (de hecho hay propuestas como el "voto contrato" que obligarían a los candidatos a cumplir lo prometido, por lo que dichas plataformas debieran ser, también, realistas); se vota internamente de acuerdo a la posición de cada precandidato con esa plataforma, con sus compromisos con la misma y se consigue un tipo más o menos fiable para las elecciones generales. Ahí sí, equipos de campaña mediante, posicionamos tanto al candidato como lo que propone, apalancando a uno con lo otro. Para los frívolos, le hacemos besar criaturas al hombre. Para los desconfiados, les mostramos la propuesta electoral colectiva del partido, elaborada no por el carismático candidato sino por un trabajo colectivo de meses, años tal vez y que éste ha jurado cumplir so pena de perder el cargo elegido. Mirá qué facil.
Así se acaban Cobos, el Tren Bala, Carrió haciendo política leyendo los diarios, Morales indignándose por todo, los gobernadores cambiando el voto de sus representantes y éstos volviéndolo a cambiar en negociaciones secretas y, sobre todo, el golpe de timón y el maradonismo. Mirá qué fácil.

Eso es hacer política. Ya fue inventada hace mucho, así que no puedo darme corte. Claro, hay cosas complicadas, como que de repente los políticos importantes no serían quienes ganan las elecciones, ya que para hacerlo apenas tienen que prometer cumplir con lo que la mayoría ha decidido que es lo mejor; con ser buenos administradores y honestos estaría bien. Los importantes pasarían a ser esos doce, quince, cien, que discuten realmente de política: qué hacer con el tipo de cambio, cómo endeudarse o desendeudarse, cómo apechugar una crisis repentina, qué recaudar, dónde y a quién, qué obras públicas necesita el país, en definitiva, qué proyecto de país queremos. Y el Congreso tendría la mitad del camino hecho, con políticos afilados en estos temas y con mucho tiempo libre para pensar lo que no se puede desde los partidos políticos. Hasta dejaría de ser necesario usar de aglutinante símbolos tan difusos y poco claros como el uso de una figura o un hecho político históricos para diferenciarse.

Y la función de fiscal político económico sería una cuestión menor. Un repentino hotelero que anda dando explicaciones por dos millones de dólares comprados la víspera de una corrida hace rato las hubiera dado a sus propios compañeros.
Mirá qué fácil.