11 enero 2010

Shoot down your idol.

Primero le pediría, sufrido lector, que lea estos dos artículos (uno y dos) mucho mejor escritos y explicativos que este (después, si le queda aliento, por favor siga con lo que me queda por decir).
Ambos (Soto y Caparrós) son gente que puedo respetar tranquilo, sin temer sobresaltos futuros, casi admirar. Su integridad intelectual no está puesta en duda, por lo menos hasta ahora.
Es decir, puedo no estar de acuerdo siempre con ellos, pero cuando no lo hago siento que es lógico: somos personas distintas y tenemos lugares diferentes desde donde otear la realidad. No creo que a Soto le guste Deep Purple ni a Caparrós Patrick O'Brian, como a mí. Son esa gente que modela partes del hombre inconstruible que quiero ser, un hombro uno y la cadera el otro, póngale.
Más allá de esa casualidad de encontrarse en mi portfolio de respetados y respetables, ahora les toca complementarse en una lectura a primera vista opuesta (al menos, oblicua) del fenómeno Sandro.
Soto suena al típico intelectual que pide gancho, que dice "bah, es un placer culposo pero placer al fin"; el otro, fanático de Boca Juniors y que debe saber de placeres culposos pues es autor de un mamotreto sobre el tema, no entiende -no quiere entender- que lo que se ama no siempre es lo mejor.
Discuten un poco, Caparrós y Soto, pero son dos lecturas complementarias, como dije. El mito construido al margen de los constructores de mitos, la necesidad de éstos de dioses para su altar de papel o electrones, el hambre de dioses de los que, como dice Caparrós, jamás tendrían a Sandro en su MP3 pero que fueron aquella tarde tórrida a despedirlo al Congreso, el dios socializado y sin ateas que se quedaba sin aire entre dos sonrisas cancheras y volvía a su altar-escenario sintiendo que su tiempo en la Tierra estaba acotado y que su apoteosis lo iba a encontrar, como suele hacerlo y de hecho lo hizo, muerto.


Más allá de Sandro y su muerte anunciada, lo que quiero relevar con estas dos notas es la necesidad, querido lector, de ser siempre crítico. Siempre. La información debe ser cotejada, las opiniones relativizadas, los puntos de vista aprovechados, los ídolos derribados y los modelos confrontados.
El espíritu crítico debiera darnos la capacidad de ser ovejas menos fáciles de matar. Pero eso lo aprendí en una película, creo.