16 diciembre 2009

Complotcracia

Parece nomás que se rompió la armonía por un rato -en la ruptura la razón de su existencia previa no se evidencia- y, otra vez para zafar, nos cambian la ficha.
Anteayer los policías eran estúpidos, ahora tienen un objetivo político: tumbar a Scioli. Qué casualidad, igual que Biolcati y cuando se denunciaron interferencias en las comunicaciones del helicóptero presidencial en las que se buscaba amedrentar a la Presidente. Todo puede ser cierto o todo puede ser mentira, lo que no queda claro es por qué hace un mes teníamos una policía re obediente a Scioli, gordo, y ahora todomal.
Argentina es una sociedad conspiranoica desde la Logia Lautaro para acá. Como todo mundo rosquea, todo mundo sospecha de las roscas que lo dejan afuera. Eso para empezar.
También enunciamos (o inventamos) ad hoc complots con alguna cadencia rimbombante para justificar ciertos extremismos, como pasó en los setentas: la subversión apátrida, roja y extranjerizante; la oligarquía terrateniente vendepatria, la burocracia sindical, la sinarquía capitalista internacional, dentro de un etcétera larguísimo e insoportable que se pueden resumir en el eufemismo: un grupo que persigue objetivos inconfesables.
Refuerza esta impresión que en este país pueden no funcionar o hacerlo mal la Seguridad, la Salud, la Educación o la Previsión Social, no importa quién nos gobierne; solamente una cosa funciona bien: lo que no se ve, el entramado más o menos institucional suscrito con alegría cuando es a favor y denunciado con resentimiento cuando no.
Ineptos, corruptos y conspiradores. Dudo mucho que alguien que tenga tal vocación de poder como los peronistas no incluyan el poder de dominar a estos tres grupos antes de ir por Clarín, ponele. Eso o están poniendo el carro adelante del caballo.
Así nos va.