15 noviembre 2009

Permiso para odiar/I

Tinelli habla porque es un "empresario exitoso": para la idiocia argentina la misma existencia de sus bolsillos llenos es prueba suficiente que no es un estúpido. Habla desde su éxito, que se mide en billetes. Lo mismo las otras dos viejas detestables. Y desde el miedo, claro. Y porque sabe, vaya si lo sabe, que buena parte de quienes lo siguen son casi los mismos que opinan en las radios que "hay que matarlos a todos", que "acá hace falta mano dura", y todos los etcéteras en ese sentido. Sabe que no siembra en campo estéril, como en los años de De la Ruina. Hace la peor política de todas, la política que no quiere hacer. La que manda a otros a hacer. Hace la política como se hace en la Argentina, una lucha de poder que no tiene detrás más que el solaz personal.
Por otro lado, para descalificar es fácil caer en la dicotomía "mano dura" (militares/derechistas) vs. "garantismo" (revolucionarios/izquierdistas), pero el enfrentamiento es totalmente falso. Ambos supuestos extremos ideológicos están demasiado anudados en el medio como para realmente diferenciarse. Veamos:
Hasta los guevaristas más recalcitrantes van a estar de acuerdo conmigo en que andar por las calles de Cuba totalmente despreocupados por un arrebato es fruto tanto de la justicia social fruto de la Revolución Socialista como también de su sistema policial férreo que tiene como consigna que el que se apropia de lo que no le corresponde está cometiendo una ofensa grave (a fuer de que cualquier revolución política, incluso una de Poetas, al día siguiente de triunfar necesitará de una Policía de Poetas que mantenga el orden -sí, también de contrarrevolucionarios Prosistas, pero esa es otra historia).
Por supuesto, los supuestos "procesistas" tienen que concordar también que en un país como este, en el que la exclusión social y la inmovilidad ídem son cada vez mayores se incentiva a que quienes no son tocados por la diosa Fortuna -los más valientes o los más descerebrados- rompan el brete que los contiene violentamente e intenten apoderarse de lo que de ninguna manera obtendrán viviendo en una villa miseria o limpiando vidrios. Gracias, otra vez, a la desideologización y la exacerbación del individualismo liberal del Proceso de Reorganización Nacional y del Menemato, la solución no es colectiva, autoconvocada y munida de altos principios sino hija de la misma tilinguería de Tinelli, los dos ruidosos cascajos insufribles, la verba encendida pero hueca del Super Ministro o los bombazos mediáticos de "El (que hace el papel de pero que desde ahí dice lo que otros no pueden) Indefendible" Luis D'Elía.
Ambos, "progresistas" y "procesitas" (PRO-PRO, les digo yo) están en la misma, quieren un apartheid, policías en las calles manejando la seguridad como mejor les parezca (mano dura o mano blanda) y que los dejen a ellos hacer lo que normalmente hacen: vivir en una burbuja en la que unos y otros se echan las culpas e ignoran todo sobre los que están debajo de la línea de flotación. Unos tapian la impudicia de las villas, los otros tapian la impudicia de los barrios ricos.
Estamos, Tinelli, D'Elía, la Presidente y yo mismo, tratando de manipular a los moderados, bien pensados y mequetrefes que no se atreven a ser otra cosa que "políticamente correctos". Los que no se animan a ser consecuentes con darle vitaminas al derrotado espíritu de vivir mejor con el esfuerzo honrado con mucha Justicia social y Justicia criminal, en primer orden. Y, por supuesto, tener una política inclusiva en todos los aspectos, cultural, educativo, económico y penal, sobre todo.
Ya dijimos, la mala hierba siempre crece, pero no es cuestión de dejar que el campo se haga orégano: poner la seguridad de los habitantes a discreción de la corrupta e inepta Policia actual es como dejar -otra vez, Méndez- a las gallinas al cuidado del zorro; bajar la imputabilidad con un sistema carcelario que diploma delincuentes es algo perverso y tener fe en una Justicia que de tan lenta y pavota es, realmente, Injusticia, es de pesadilla. Es un acto calculado, continuado por gobiernos represores, demoprogresistas, liberales y progresistas.
Desde que yo era chiquito, cuando mi padre me aleccionaba con el Sagrario Peronista del que tan pronto como pude apostaté, hacer política era hacer cosas. Y nadie hace nada. Hablan, mientras los días pasan.

Lo más importante: la culpa no es del chancho, los que siguen a Tinelli -la "mayoría (no tan) silenciosa"- es buena parte de los que votan a ganador y a malo conocido en las elecciones, son los que "hacen la política" que después no hace muchas cosas. En democracia, la culpa es de los votantes. No se lo escuché decir a nadie, estos días.
Así que dejen de hablar. Siempre tienen oportunidad para hacer los que tienen el poder. Primero el gobierno, obvio, pero también Tinelli y su sintonía, tan propensos a olvidarse de por quién votaron y a comprender que pueden reparar el error en la próxima oportunidad.

Y, repito, dejar de hablar.

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Gracias a Juanro, podentarista, por el link sobre la vida carcelaria.