05 agosto 2009

Entre Orwell, Ende y Tolkien.

¿Es importante definir dónde está la derecha y dónde la izquierda si lo hacemos como hasta ahora? ¿Es muy distinto Macri que los Kirchner o Binner? ¿Son muy diferentes Grondona, Neustadt o Verbitsky?.Yo digo que la cosa se aclara si juzgamos más por las obras que por las remeras del Che que tienen en el armario o por cómo nos asustaban con cómo se comían a los niños en Rusia cuando eran comunistas. Veamos, usemos los dos grandes tópicos nacionales para definir dónde está la izquierda y dónde la derecha: los derechos humanos y el uso de los recursos del Estado.

Parecen dos cuestiones independientes y con yuxtaposiciones claras: los que hacen revisionismo son los mismos que se oponen a la vocación cachiporrística de los otros, los cuales sufren de conveniente desmemoria y se ufanan, en cambio, de ser eficientes administradores -incluso en el tema seguridad-, cosa que se opone a la abartolada redistribución propuesta por el primer grupo, el de los revisionistas (los K. son re-re), quienes casualmente tienen problemitas por ser garantistas a la hora de "hacer lo que es necesario" para mantener la ley y el orden que los segundos olvidan mantener cuando se trata de derechos humanos. Ufff. Irreconciliables, ¿no?.
Sin embargo, verás que todo es mentira, verás que nada es amor.
Los K. llevan en el poder seis años y todavía no consiguieron ni siquiera amenguar situaciones como ésta y ésta, directamente vinculadas a los derechos humanos de ahora y de las que son directamente responsables. Apenas si hubo un leve cambio en los números trágicos desde los tiempos negros de Martínez de Hoz y Cavallo. Los "gobernadores estrella" son los peores, como cuando Méndez era un presidente "transformador" y cierto "brillante joven" un ejemplo para el país.
Es la "herencia" -claro- (como si nada de lo que pasó antes fuera en gran parte responsabilidad del P.J.) pero, seamos inteligentes, no sirve tanta preocupación por los DD.HH. de la década negra si dentro de unos años tenemos que revisar también esta parte de nuestro presente, juzgando las cosas que no se hicieron, se hicieron mal o se hicieron con dolo y costaron miles de vidas, sobre todo de niños.
Los mentores de esta camada de políticos, Carlo de la Rioja y Eduardo del Conurbano, poco miedo le tienen a revisionismos democráticos. Es fácil odiar a los milicos y usarlos para distraer a la gilada stalinista. María Julia no es Cavallo, por lo menos para los jueces (o quienes sean los que deciden sobre quién caer).
Por otro lado, los olvidadizos cachiporristas que supuestamente administran bien y son tan cuidadosos con las leyes, ¿realmente administran bien y son tan respetuosos de las leyes?. No voy a obligarlo, fatigado lector, a que lea centenas de links con gaffes macristas. Si no sabe de qué hablo está leyendo el blog equivocado. Doy por sentado que ya vio esto, esto y esto, entre centenares otras cosas -repito- que hablan, precisamente, de ser un desastre a la hora de gestionar y muy buenos a la de decir "no tengo guita para eso", que es lo que hacen nuestros empresarios nacionales, la generosa cantera de funcionarios del macrismo.
Son tan distintos que ambos tienen superpoderes legislativos equivalentes, que les permitieron cierta discreción para resolver buena parte de los problemas que no resolvieron y que fueron la razón para defender que sigan existiendo. Para unos, mientras existan millones pobres, existirá una emergencia que permita adjudicar partidas a cualquier cosa menos a que haya menos pobres. Para los otros, el motivo de la emergencia es meramente "buena administración", como si en sus empresas estos muchachos pasaran por encima del consejo de administración de sus sociedades para subirse los sueldos, asignarse premios o jugar a los soldaditos.
"Por sus frutos los conoceréis, y veréis que tan distintois no son, flacois", creo que dice el Nuevo Testamento de la Villa 124-bis-bis-bis. Basta de engañar, locu.
Con lo que digo corro el riesgo de caer en la "muerte de las ideologías", usada más para apuntar una serie de causas que determinarían dicha muerte (que tuvo su apoteosis escénica con la caída del Muro, tan mencionado como dato irrefutablemente asociado a la "caída del comunismo") con el oscuro objeto de estacionar una lancha más en El Tigre, últimamente refugio habitual de pragmáticos varios, deseosos de esa partida de defunción.
No, estimados: las ideologías, señores, son parte de esos sueños que ya nadie tiene, de esos seres en los que ya nadie cree, hecho denunciado por el excelente filme político (su título, levemente marxista, es prueba de ello) "La historia sin fin" (sí, ya sé, que anteriormente fue un libro, ya va, ya va el link: acá está)
Al final, todo termina en una versión de pesadilla de Calabozos y Dragones, en la que nosotros somos la carne almacenada en las mazmorras o degustada entre los dientes de los dragones, y los héroes unos apóstatas gordos y vagos que nunca se presentaron.