18 julio 2009

Informe de vistos y leídos/2

Bueno, he aquí el breve informe de mis lecturas y visturas en los dos meses que pasaron desde el anterior.
Leídos:
  • Maldita droga, de Hugo Ropero. Crónica de un falopero bien, fotógrafo estrella -ex jefe de Cabezas cuando lo mataron- que viene curtiendo desde los setentas todo tipo de cosas hasta que llega al paco y desbarranca. Descarnado aunque poco exhaustivo, el libro sirve como sonda en un submundo nuevo, totalmente distinto al de cualquier otra droga. De a ratos (pocos) levantaba en la narración de la crónica, pero es evidente que Ropero no tiene muchas armas para mejorar el resto, ni vocación para ir al fondo del tema. Supongo que todavía no está preparado para ir al fondo, quién lo está.
  • Presagio de Carnaval, de Liliana Bodoc. Lejos de tiempos míticos, Bodoc juega con la teoría que dice que la intensidad de las tragedias son independientes del brillo de sus personajes. Sin embargo, su prosa le desmiente a veces la intención, demasiado recargada sobre todo en las metáforas, que decaen en eufemismos muy rebuscados. La idea es buena, pues prescindiendo de esas sustituciones, la trama es tan terrible como la de la caída de un rey traicionado por sus aliados. Es cortita. (leer la reseña de CyM).
  • La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz. Le tenía aprensión desde la misma solapa del libro. Algunas lecturas de amigos me animaban y me desanimaban igualmente, así que no sabía que hacer. La "latinidad" vista desde los que se van vivir a otros países -sobre todo Estados Unidos- me resulta tan contradictoria como intrascendente: los "latinos" no son una raza, son una condición migratoria. Sería como pretender incluir a los mexicanos, peruanos y chilenos en una misma conciencia racial por compartir el tan hispano "sudaca", encarnado casi todo en la reacción que provocan los argentinos y su "agrande" (si algo debe ser el inmigrante es humilde, salvo que sea millonario y "ciudadano del mundo"). Al final, me metí y casi que me entretuvo, sobre todo al principio. Bien pronto me di cuenta que casi todas las reseñas leídas habían sido escritas por personas que entendían muy poco ciertas cuestiones que se mencionan y que el autor da por supuestas. Lo noté en la entrevista que le hicieron a Díaz en la Feria del Libro y en lo publicado en algunos blogs literarios. A todos les interesaba más el fukú caribeño que la disociación fantástica de la que estaba envenenado el protagonista, que explicaba perfectamente todo. La neurosis de Óscar, encarnada por los héroes románticos de Calabozos y Dragones como alter ego dentro de la falsa relación de realidad que proponen los juegos de rol, sirven para chalar a muchos, como he visto yo mismo. Díaz tuvo la precaución de evitar tiempos contemporáneos donde Internet junta perfectamente a estos chalados y los hace más o menos infelices, aunque menos solos.
    Después, todo el tema del Trujillato: las historias de los parientes de Óscar durante esos años se vuelve cada vez más molesta para ojos latinoamericanos, pues Junot Díaz intenta explicarle a los estadounidenses cómo es vivir en un país bananero como República Dominicana (sí, le explica eso a tipos que vivieron un Nixon, un Reagan, dos Bush... en fin). Encima, las constantes alusiones al realismo mágico son detestables e innecesarias. Maldito García Márquez. Es algo más larga de lo que debiera (como esta reseña) pero habrá quien le encuentre el salero.
  • La destrucción del edificio de la Lógica, de Noé Jitrik. Mientras está sentado en un bar, un filósofo desvaría sobre las grandes consignas políticas de los setenta ("La única verdad es la realidad", "La Organización vence al Tiempo", "Hasta la victoria siempre", etc.), las posibles historias de sus compañeros de local, el devenir personal que lo ha llevado hasta allí y su relación con el autor de muchas de esas consignas, Perón, a quién jamás nombra. Todo dentro de una trama casi de sueño, dónde personajes entran y salen sin saber el lector (o creyéndolo saber a veces) si son reales o no. El relato fluye desde el propio pensamiento del filósofo al del narrador, en un intercambio entre el Yo (el narrador) y el Ello (el relato) dejando al Superyó como objeto mudo de análisis (que, en realidad, ya ha hablado hace mucho).
    Uno de los mejores libros que he leído en los últimos años de escritores argentinos; y una suerte porque descubrí a Jitrik (algo tarde, lo sé).
  • Misionera durante la Dictadura, de Yvonne Pierron. La historia de la monja -compañera de órden religiosa de Alice Domon y Lèonie Duquet- que se salvó del "Ángel Rubio" particularmente y de ser chupada varias veces, en general. Excelente aporte sobre las historias de las tres monjas, de las que no tenía demasiados datos. Hoy vive en Misiones, en el medio de la selva.
  • La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson. Lo mejorcito que leí (junto con la novela de Jitrik). No sé explicarlo mucho, pero uno arranca y no quiere parar. Es una droga, algo malo para el sueño, pernicioso para procastinadores, vergonzoso para los snobs que presumen de Deleuze y un virus que hace que los más inmunes a leer crean que todos los libros son tan adictivos. Si toda la lectura pasatista fuera como lo que vengo leyendo de este autor, yo creo que no tocaría un libro "serio" no more.
    Casi ochocientas páginas, que arrancan casi sin ninguna demora, hasta un final anticlimático que deja con ganas de más, encima. (Excelente la crítica del Rufián, salvo por lo de los títulos -que a mi me parecieron excelentes-, es la mejor que he leído).
Vistos
  • Sympathy por Lady Vengeance/Old Boy, de Park Chan-wook. Dos de las tres películas que el director dedicó al tema de la venganza. Excelentes ambas, muy recomendables, pero Old Boy es una película mayor, un deber verla para los amantes del cine.
  • Terminator 4, de McG. Empezó mal el trailer, demasiado spoileador. La historia es buena, no digo que no, pero desbarranca tanto al final que después de un tiempo te da ganas de ir y pegarle un voleo en el orto a alguien porque es casi seguro que pasó que ese alguien metió la mano donde no debía. Que los Terminator sean apenas una excusa está bien, los camellos no pueden ser el centro de la historia para un árabe, al decir de Borges. Era un face-to-face, un mano-a-mano entre los seres humanos y Skynet mismo, pero la batalla fue una bobada. El final pedorro de Matrix es mejor, con decirle, estimado lector.
  • Chopper, de Andrew Dominik. La historia de Mark Read, Chopper, un matoncillo que terminó como Best Seller en Australia. Excelente Eric Bana retratando la vida de un violento con códigos que terminó con una carrera de escritor tras las rejas. Tiene escenas memorables. Película carcelaria tan necesaria como "Midnight Express", "Buffalo '66", "Johnny Was", "Papillon", "Escape from Alcatraz", series como "Oz", "Prison Break" y sobre todo la película que sigue:
  • Bronson, de Nicolas Refn. La sensación de los festivales de este año, parece parte de una serie con Chopper: la ficcionalización de la vida del preso más famoso de Inglaterra, autor de varios libros y dueño de una violencia tan desmedida como su "colega". Muy buena, aunque algo más volada que Chopper.
  • Die welle, de Dennis Gansel. Reescritura de un hecho real, reambientado en la Alemania actual: un profesor "progre" debe dar una clase especial de una semana sobre la Autocracia y se encuentra con la indiferencia de sus discípulos con el tema porque dicen que es letra muerta, que ya no es posible nuevamente una dictadura en ese país después de la vergüenza que significa el nazismo para la memoria nacional. Empiezan jugando a los camisas pardas y terminan en una pesadilla fascista, tal como uno espera que terminen esas cosas. El aprendiz de brujo y todo eso.
Bueno, eso fue todo. Lentes nuevos mediante creo que leeré un poco más en el futuro, arrivederci.