18 junio 2009

Después vemos.

En este país, mientras los electores no sepamos qué carajo votamos porque los políticos sienten TERROR a decir qué van a hacer si ganan las elecciones, estamos condenados al gataflorismo, a la decepción, al farfullar de funcionarios, a la esgrima semántica, a las dosis de Rivotril, al silencio ante la pregunta correcta y al silencio cargado de significaciones ante la repregunta, a los spots que postulan un lacónico "todavía falta mucho", "somos distintos" o "somos mejores" como único motivo para votar; o lo que es peor, qué dijo un cómico que imita un poco al político de verdad (si por lo menos estos fueran los tiempos de Tato, Landrú, de Kanal K, de Humor, pero no).

Mientras, la política se trasviste y se convierte en otra cosa: se tinelliza, se agulliza, se borocotiza, se clariniza, se oficializa, se oposicioniza, se sushiniza, se apocalipsa, se bosteriza, se achica, se achica, se achica...

Los atributos para votar a un tipo (o tipa) terminan siendo una silla de ruedas, que le fue bien en Boca, que no hay que hacerle el juego a la derecha, que se afanan todo pero hacen, que siempre voté al Partido, que a mi abuela le dieron la pensión, que se parece a Evita, que es la mujer de, que es el hermano de, que será un asesino pero acá hace falta mano dura, que no le probaron nada todavía, que con Perón estábamos mejor, que con Alfonsín estábamos mejor, que con Méndez estabamos peor, que los radicales no pueden manejar el conurbano, que los peronistas son unos negros de mierda, que como soy socialista voto cualquier cosa menos a otro socialista, que son todos putos, todos putos.

Eso, todos putos. Usted y yo incluidos que nunca sabemos por qué mierda votamos a quien votamos.