03 abril 2009

Llegando los Moros.

Que nos pisen.

Se viene una vuelta de tuerca en la sucesión lógica del poder en la Argentina. Como Carrió ya se quemó hasta los flecos con sus avisos apocalípticos, decirlo me jode un poco. Pero no me hace falta ser un politólogo (sino para qué tengo un blog), la cosa se ve venir. No en el horizonte, ojo. No se ven nubes de malón en el horizonte, porque siempre el horizonte está lleno de nubarrones, pero algo va a pasar, con sólo mirar la ranchada uno se da cuenta. Sopesando la historia y haciendo cálculos básicos, uno puede prever un poco el futuro. 
Somos argentinos, es el dato importante, después de todo.

La sociedad argentina se mueve poco por iniciativa propia. Necesita catalizadores que aceleren los tiempos, que exijan pronunciamientos, que fumiguen nuestras cuevas. Somos fundamentalmente conservadores, pero calentones. Respondemos cuando estamos indignados; lo sabe bien el peronismo -que siempre tiene entre sus manos el fantasma del agite urbano cuando el gobierno es de otro- pero también el radicalismo, que fue gobierno dos veces después de sendos oprobios gubernamentales (para luego ser otra vez víctima del malhumor público).
El arco político argentino es, aunque algunos lo duden, argentino. Y es notable cómo reaccionó al catalizador "uh-se-murió-Alfonsín", tomando como parámetro fijo su ubicación con respecto del oficialismo. Apenas pasó que el hombre se murió un poco extemporáneamente, porque ubicando el suceso en otro contexto la joda hubiese sido grande.

Los jóvenes vinagres.

Los más alejados, los más antioficialistas (cuyos exponentes más destacados son la Sociedad Rural y algunos gorilas amancebados de la Dictadura), aprovecharon la volada para ver si usaban al nuevo Cid que se les presentaba -como dijo alguien en twitter- y ver hasta dónde corrían los moros con sólo verlo. Duraron poco porque alguien les recordó que ellos realmente fueron siempre los moros.

Los más cercanos a los K. se animaron, tímidamente, a trazar una línea gruesa que empezaba en 1983 y era continuada veinte años después. Atinado en lo relativo a derechos humanos y también con la identidad de los moros (en las consecuencias pero no en las causas, como veremos), errado en cuanto a todo lo demás. Hasta hubo quien dijo que la dedicación 24/7 de Alfonsín le recordaba a la de Néstor Kirchner. 
No faltaron los que hicieron mofa de la gente que iba a las exequias, sobre todo porque -supongo- temieron la aparición de otro partido con muerto célebre,  refundada sobre los restos casi inertes y gélidos de aquello que fue la Unión Cïvica Radical.
La verdad, las analogías son tantas que hace falta desbrozarlas un poco, porque es fácil confundirse, aunque los confundidos sean tan distintos como María Esperanza y la Sociedad Rural.

El ojo vendado.

La construcción del poder presidencial, cuando Alfonsín, era necesaria porque él era un presidente sin armas, presumimos que por convicción pero también sabemos que de lo contrario tampoco le hubisen respondido. Los militares eran un poder real, sobre todo en el imaginario público y político, y debía construir un país que no clamara por los cuarteles cuando cualquier catalizador de la bronca pública alarmara el avispero. Llegar a los seis años como fuera y hacer que la indignación se jugara en las urnas, tal vez, incluso yéndose un poco antes, era el objetivo.

El veinte por ciento de los votos de Kirchner fue una debilidad similar, pero fue intrínseca porque nunca supo salir él mismo del complejo de inferioridad y, sobre todo, porque no identificaba bien a sus enemigos. ¿El resto del PJ? ¿Alfredo Cotto? ¿Méndez? ¿Duhalde?. Sin embargo, cuando parecía que se peleaba con todos fue cuando mejor le fue y del piso electoral saltó al techo de las encuestas. Cada pelea trajo un par de puntos más. Sus enojos, por supuesto, tenían un patrón y una vez que aprendieron de la "experiencia Cotto/Mastellone" se fueron dando cuenta de cómo jugar con el santacruceño. Se quedó sin players y a fuer de conseguir enemigos, terminó por enemistarse con algunos amigos de Menem (no con todos, él mismo lo había sido) que, casualmente, eran también los enemigos de Alfonsín. 

Algunos personajes bastante intragables están ahora bien ocultos entre el follaje oficial, puestos a resguardo por la misma mística pragmática aprehendida del Carlo: igual que con él -cuando se veía a MariJú torciendo el gesto ante el "combatiendo al capital" de la marchita- se llega al punto de ver, en el ecléctico hogar de los K. -un hogar que pretende estar, al mismo tiempo, en La Matanza y en "Los Sauces"-  a la Biblia con el calefón: Rico y Bonafini, D'Elía y los ávidos "empresarios K", De Vido y Verbitski, Infobae y Página/12. 

No good (for us).

Alfonsín no convivía con los sapos, prefería tragárselos. No había traidores porque el primero que traicionaba -un poquito- era él: Pascuas, Obediencia Debida, Punto Final, Pacto de Olivos, su fuga de La Alianza. Era como un Cristo de la política, Alfonso. Ponía la otra mejilla mientras le daba al César lo que es del César y comía con los publicanos. Pero tampoco rehusó a ser crucificado cuando entregó el poder anticipadamente. El Conflicto del Campo no hubiese existido como tal, con meses y meses de apatía oficial por una resolución. Él mismo hubiese llevado el Dramamine en el bolsillo a la Sociedad Rural, en vez de clavarse un Rivotril cada vez que De Ángeli salía en cadena.

Por esto mismo, por lo general los enemigos de Alfonsín eran causales, inevitables, y las razones eran evidentes y previas al conflicto. Con los K. mientras un sector es funcional a su construcción de poder, es prácticamente intocable. No es de extrañar que cualquier disenso sea visto como traición: Clarín, Federación Agraria, Cobos, Solá, todo aquel que no amarre sus actos a las conveniencia del Gobierno es un traidor. Tampoco es tan moralmente malo expulsar la astilla: nunca sale del todo limpia de pus, como nos demostró el obrador Gustavito Béliz.

Estallando desde Los Llanos.

Lo del Gran Riojano, que se devoró a Bunge&Born, a los Alsogaray y a toda su UCD, a los militares condenados por crímenes militares, a Domingo Felipe Cavallo y que traicionó en plena luz del día a su propio partido, a sus muertos, a sus votantes (quienes, sin embargo, alegremente lo acompañaron -no olvidarse del "voto cuota"), no es más que lo malo del alfonsinismo llevado al extremo: el tragasapos llevado a su máxima expresión para conseguir perpetuarse en el poder, Pacto de Olivos mediante.

La Alianza fue un intento por volver al sapo homeopático de Alfonsín, pero pronto se vio que no. Él mismo tenía ya poca tolerancia gástrica a los seres verrugoides y marchó hacia su próximo hito histórico, el mármol, dejando a varios preguntándose qué hacer con el siestero.
¿Tomamos las riendas, entonces? ¿Fuimos maduros? No, nos dejamos imponer, de nuevo, al mismo tipo que estuvo con las Juntas y con Menem: Cavallo. La derecha nos tira, qué joder.
Después de las cacerolas, del helicóptero y las asambleas en las plazas, caímos en lo más parecido a un hijo putativo entre Méndez y Alfonsín: Duhalde, quien nos salvó del delirio rodriguezsaaísta, aunque casi le sirve la presidencia de nuevo a Méndez.
¿Me parece a mí o es raro que nadie haya nominado entonces al ahora "Padre de la Democracia"? ¿No nos estamos pareciendo cada vez más a los rusos, los argentinos?.

TN Caliente.

También es fácil asimilar las pullas públicas de ambos, Kirchner y Alfonsín, sus exacerbados personalismos, y la construcción de un coro de comparsas (que alcanza algún patetismo en la Franja Morada que se paga el último ex presidente) encargada de ir al frente cuando la escasa pero necesaria corrección política no deja margen al vilipendio público.

Alfonsín estaba dispuesto a ser silbado en la Sociedad Rural y a ser vapuleado por un cura en una homilía. Kirchner no, salvo ser tomado sin aviso. Agarrate, después: ninguno de los dos se iban a quedar callados, el primero por calentón, el segundo por calentón y vengativo.
Kirchner hace bandera de sus enemigos para diferenciarse, porque ideológicamente es un flan. Alfonsín, quien desde el flan de su socialdemocracia no comulgaba para nada con sus enemigos, terminó transando con muchos de ellos.

Nest Quick

Las veleidades argentinas auguran que vamos hacia una derecha moderada en el mejor de los casos, sobre todo gracias a la incapacidad de los Kirchner por coagular previamente lo que estaba a la zurda de lo que se viene. Ahora ya es tarde, porque es una predicción de autocumplimiento, si las encuestas dicen que hacen falta más fachos, habrá más fachos porque lo "piden" las encuestas. 

Lo dicho, se vienen los moros.