10 marzo 2009

Los medios al revés.

Estoy leyendo una crónica periodística (creo que ya lo dije) sobre el caso Watergate. No sé que pasa, pero en un par de meses recibí una sobredosis de las tropelías de Nixon: aparte del libro, vi Frost/Nixon y, hace unos días, me aterré con la distopía de The Watchmen, con Tricky Dick ganando Vietnam y reeligiéndose eternamente, utilizando el calentamiento de la guerra fría como acicate, hasta producir el autocumplimiento de esa predicción cuando la Unión Soviética invade Afganistán y se desata una crisis atómica inminente.
El libro es muy bueno, sobre todo porque está bien escrito (aunque la edición es regular), inteligentemente construída la crónica y completada con análisis contextuales que son muy útiles para el lector olvidadizo o que desconoce los entretelones de esos años. 
Aquella fue la época de oro del periodismo, quizá una época nunca más superada, antes de Murdoch y Turner. Los autores (miembros del equipo de investigación del inglés Sunday Times) se dedican en un momento a resaltar la soledad del Post en sus denuncias. El resto de los medios con equipos de investigación capaces de "seguir la pista del dinero" hasta Nixon no sólo hicieron la vista gorda, sino que hicieron de comparsa oficialista reduciendo el hecho a una especie de estudiantina que salió mal. El periodismos gráfico estadounidense asumió con cinismo su nuevo rol en el sueño americano: ya no informar, sino que "formar y reflejar la opinión pública", la cual es una "mayoría silenciosa" representada por el Presidente como fruto acabado de la misma. La serpiente mordiéndose la cola, un circuito cerrado a prueba de fugas. 
Nixon ganó la reelección, en la mismos días de las denuncias por el caso Watergate, por más del 60% de los votos, una diferencia histórica e inconseguible sin el control total de los medios. Nixon era indestructible e indiscutible.

Woodward y Bernstein, junto con la dueña del Washington Post, Katherine Graham, le dieron algo de credibilidad a una profesión en franca decadencia, cuyo punto más bajo todavía no conocemos, pero que se hundió como nunca luego del 9/11. 
Ahora los medios informan sobre y para la opinión pública, y hasta le omiten información "en su interés". Usan la hipérbole, el eufemismo y ejercitan la mirada y la memoria selectiva. Igual que cualquier gobierno, grupo de poder y todo interesado en nuestra ruina, son un ítem más a la hora de desconfiar; tal vez el primero.

Para terminar, el de siempre se queja contra los de siempre por lo de siempre. No importa quién tenga razón, en cualquier caso siempre perdemos nosotros.

---------------------------------------------------------------
Días antes de que todos nos rasgáramos las vestiduras por las declaraciones de la descerebrada, pasaba esto: la pena de muerte existe, pero casi no hace ruido en los medios. Infinitas gracias a Cassandra Cross, que me lo hizo notar.