12 marzo 2009

Impresiones sobre Castillo.

Fui a verlo, nomás, a Abelardo Castillo. Estoy tan de acuerdo con él en casi todo lo que dijo que en un momento hasta creí que me anticipaba a sus respuestas. Que haya dicho que quien no leyó Los Hermanos Karamazov no puede pretender asistir a sus talleres me puso en guardia: debe ser el libro, después de la Biblia, que más he releído. Que haya aclarado que su prólogo a La Joven Guardia (una antología sobre autores de menos de treinta y tantos) fue con la intención de acompañar nuevos escritores; aclarando que ni siquiera leyó los cuentos por temor a espantarse, como de hecho le ocurrió cuando lo hizo (leer y espantarse, las dos cosas), me explicó mejor su supuesta relación con los jóvenesguardios, tan cacareada. Que de ese grupo de autores haya elegido a Schweblin como la más relevante (mencionó a otros dos) me confirmó que hay, al menos, una ganadora y sólo por eso vale la experiencia (aunque como pasa con PageRank de Google, algunos vivan del prestigio de otros). Que haya pedido paciencia a los nuevos autores, ansiosos con las lecturas de sus trabajos -siguiendo a Borges- habiendo tanto por leer. Que nos haya aclarado su cita "los malos escritores son como los malos mentirosos" diciendo que los que se la pasan mentando aperos y pelajes equinos jamás vieron un gaucho (hizo referencia a Hernández y su Martín Fierro, tan transparente con el mundo gaucho, tan conocido, y tan puntilloso con el del indio, del que no tenía conocimiento cabal). Que haya desmentido la zoncera ésa de que los jóvenes no leen a los adultos (como pasa con Hesse o Nietzche) porque no hablan cool (bueno, él no lo dijo así, pero en la reseña de Hablando del Asunto hay algunas citas literales), echando por tierra la corriente de la industria editorial que se dedica al coolismo. Por último, que sea un cabrón simpático, como debe ser cualquier escritor que se precie (aunque tan mal le salga a algunos).

No, no es que me sienta un par de Castillo ni que ambos formemos parte de un colectivo al que yo asciendo repentinamente. Será que ambos estamos viejos (yo un poco menos), supongo.

Y que, aunque me salga mal, también soy medio cabrón.