27 febrero 2009

Philip José Farmer (1918-2009)

El 25 de febrero murió Philip José Farmer, uno de los más imaginativos escritores de ciencia ficción del siglo pasado y uno de los últimos sobrevivientes del grupo de Campbell que quedaba vivo.

Farmer rompió el tabú sexual en las novelas del género e hizo abuso de la intertextualidad en sus obras, ahora tan de moda entre los snobs literarios . Acusado de pornógrafo, violento y blasfemo, borró a los mojigatos de la ciencia ficción y los enterró para siempre. Gracias a él, una teta fue una teta y no un "níveo seno".

Usó el seudónimo de Kilgore Trout, quien era un personaje de ficción de Kurt Vonnegut Jr., a su vez basado en el escritor de ciencia ficción Theodore Sturgeon. No es extraña la relación, pues tanto Sturgeon como Farmer fueron considerados escandalosos, libertinos y libidinosos por sus mismos pares, ni hablar de quienes los odiaban.

La primera novela que leí de él fue "Los amantes", en la cual me encontré identificado para toda la vida: allí el protagonista, Hal Yarrow, es un Aton (Aprendiz de Todo, Oficial de Nada). En el mundo que habita Hal, la especialización científica ha llegado a un grado de dispersión tal que el avance científico se encuentra limitado porque nadie tiene tiempo de relacionar los descubrimientos de áreas tan dispares como la genética, la robótica o la informática. Un Atón es una persona que se encarga de no saber mucho de nada en especial, pero capaz de relacionar esos descubrimientos e impedir que alguien invente dos veces -o más- la rueda.
Sí, ya sé: no tendré ninguna importancia en el avance de la ciencia, pero no importa, siempre me sentí como Hal, despreciado por los especialistas.

Hal lleva adelante su trabajo, cómo no, pero también se enreda con una mujer llamada Jeanette, que termina siendo algo muy distinto de lo que pensaba. Y, como en algunas novelas o cuentos de Farmer, hay constantes guiños a Oz.

La noticia de su muerte (como la de Asimov, en 1992) pasó desapercibida, sobre todo ahora con InterWeb, diría House. De los blogs literarios que sigo, en algunos de los cuales se rasgan las vestiduras cada vez que a un francés que escribe novelitas ñoñas le da un resfrío, ninguno hizo referencia al deceso o a la obra del autor. Supongo que será que la ciencia ficción ranquea por debajo de las historietas del Mono Relojero para el chapeau intelectual de cierta gente.

Acá no. Acá somos lo que somos y le decimos adiós al buen Philip, lamentando que ya no haya más historias del Mundo del Río.