02 febrero 2009

La Trigonometría del Amor.

"Cuidado, Julieta, cuando el amor inventa laberintos,
alguien se tiene que perder."
La ventana sin cancel, Litto Nebbia.

Mucho se ha dicho de los polígonos amorosos y parece ser que la vida sentimental del ser humano se explica mejor con densos teoremas trigonométricos que con torpes análisis sociológicos, pero como somos audaces y tenemos el lomo duro, acá vamos:

"Es sólo cuestión de tiempo"

Esto es lo primero que uno dice cuando está en una relación multitudinaria. Bueno, no. No suele ser lo primero. Primero uno dice "qué bueno/a que está fulano/a" y cuanto más bueno esté eso que evaluamos (ya sabemos, la escala depende de muchas cosas subjetivas, como frecuencia de uso, experiencia anterior, hora de la noche, cantidad de bebidas espirituosas ingeridas, etc.), menos nos importará que haya problemas de jurisdicción. No somos celosos, bah. Entonces -definamos- la frase que uno dice realmente es: "Ma'sí".

Claro, si queremos repetir viene el problema. Como una Ley de Kerensky amorosa, sólo es cuestión de tiempo. Demosle a una relación eventual el tiempo suficiente y enseguida aparecerá el problema geométrico. Y a veces ni siquiera hace falta que sea eventual (ése es un corolario, qué duda cabe: dada una relación no eventual, es sólo cuestión de tiempo para que se convierta en un triángulo). Pero, aunque no lo crean, no me interesa tanto que haya un triángulo, un trapecio o un octaedro. La cosa es que alguien, inevitablemente, querrá salirse de la figura compleja, dándole salida a los terceros en discordia, primero; o siendo él mismo tal tercero. Y tan compleja es la figura que nadie puede resolverla enseguida: todos necesitan tiempo. De hecho, la cuestión no se presentaría de otra manera. Uno está donde no debe y donde no lo esperan; no sólo fuera de lugar, también a destiempo.

"Un poco más de tiempo"

Marie, la amiga de Sally que está enredada con un tipo casado en "When Harry met Sally" (espero que no se enoje Fodor), es la típica persona en esa situación: atada a una relación en la que ella sólo recibe promesas. "Nunca la dejará, ¿no?", afirma cada vez que se escucha planeando el futuro.
En algunas oportunidades me tocó estar ahí. No es un orgullo, precisamente, que haya sido más de una. Pasó y tenía que pasar, cada vez. Puedo justificarme, lo he hecho a lo largo de toda mi vida, pero también puedo recordar cada mentira que dije, me dijeron o imaginarme las que dijeron por mi causa. La principal mentira es tiempo. Cuando todas las excusas fallan, lo único que se puede hacer es ganar tiempo. 
La principal afrenta, la peor de todas, no es el engaño o el tomar por estúpido a otro: es hacerle perder el único recurso no renovable, que es su tiempo. Si te engañaron fiero pero saliste rápido de la trampa, ponete contento. Pero si desperdiciás un montón de años detrás de una buena intención que al final sólo fue una excusa timorata, pusilánime y mezquina, amargarse no es mala idea.
Es notable como buena gente, llena de buenas intenciones y felices expectativas puede convertirse en asesinos del tiempo de otros. Del propio, que se hagan cargo.

"Tiempo al tiempo".

Mi viejo decía eso, mi hermano me lo recordó hoy. Algo que dice también el Eclesiastés, el mejor y más conveniente manual para la vida que se haya escrito. 
Hay que ser generoso: el tiempo es para todos. Si te doy tiempo, lo justo es que me lo des a mí también. De alguna manera hay que desarmar la geometría, trazar una paralela y separarse hasta que la otra persona sea convergente por su propia voluntad. O cumplir el mandato de las paralelas, no cruzarse nunca jamás.
En una interpretación llana, tu ruta y volvé cuando tus problemas se hayan resuelto. Y si no, que te garúe finito. ¡Qué fácil que es!.
¿El amor? ¿Qué es el amor? ¿Uno puede enamorarse cuando tiene dos o más puntos de fuga? Eso también es fácil, porque siempre habrá un Montaner o un Sabina que le den la razón a cuanto/a paparulo/a enamoradizo/a haya por ahí. Pero: 
"La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes 
los amores cobardes no llegan a amores 
ni a historias, se quedan ahí, 
ni el recuerdo los puede salvar, 
ni el mejor orador conjugar."
(¡Gracias, gracias Silvio Rodríguez, poeta vengador del la cursilería latina!)

"Time to say goodbye".

Entonces, qué aprendimos hoy, ¿eh, saltamontes?: 
  • Si entrás en una relación de geometría compleja (estamos hablando de que no seas el que tiene que agachar la cabeza cuando pasa por la puerta), lo único importante es salir rápido, por tu propia cuenta o porque te saquen.
  • Cuando alguien se coge hombres, digo hombros, digo SE ENCOGE DE HOMBROS, ante un planteo de simplificación de geometría amatoria y te dice "si te gusta el durazno, bancate la pelusa", es porque esa persona no te quiere mucho. 
  • Cuando te dicen "dame un poco de tiempo", te están diciendo "si te gusta el durazno, bancate la pelusa", pero no se animan. Mientras, ven si al otro en cuestión sigue siendo un mal parido o mejora. O sea, podés tener alguna vaga esperanza de que ese otro encuentre otro, se harte de esperar o algo así. Y está claro que a esa persona le molesta muy poco la pelusa o le gusta mucho el durazno.
  • Cuando te piden más tiempo, porque el que ya diste no alcanzó, está claro no sólo que te estás bancando bien la pelusa, sino que te gusta mucho el durazno. Si todo se resuelve, no hay causalidad, es por pura casualidad.
  • No caigas en la tentación de la invocación amorosa. El amor es uno solo, es valiente y no anda pidiendo más tiempo como un endeudado patético a un prestamista. Odia con toda tu alma a Sabina, Arjona, Montaner y todos los filósofos del amor cursi.
Y ya que estamos con lo éxitos del recuerdo, (y con la conjura de los necios latinos) no podía faltar esto, como despedida: