23 enero 2009

So let's do it like they do on the Discovery Channel.



(La música es un intento de amenizar esta cagada que sigue; por favor, si están de bajón, vayan a por Liniers y saltéense lo que sigue)

Sin investigar demasiado, haciendo apenas un poco de memoria sobre cuatro programas vistos en el Canal Encuentro, releyendo un poco el Antiguo Testamento y googleando otro poco en Wikipedia pude sacar miles de conclusiones sobre la estupidez humana, su pobreza de espíritu y llegar a la conclusión de que es posible hacer lo que se quiera, sólo hacen falta excusas, extraordinarias tal vez, pero medianamente convincentes para la pocas explicaciones que se nos pedirán. Acá van:

Dostoievski puso buena parte de su obra de un lado o del otro de la sutil barrera entre lo socialmente (y legalmente) aceptable y la caída en desgracia, por acción, opción o por condena del destino, de sus personajes. Su espíritu cristiano se concentraba en el atormentado ser que, inevitablemente, vivía una merecida condena en vida. Pero en el mundo real, más de un siglo después, no es así. Ahora podemos hacer cualquier bestialidad, enfrentar un juez (a veces ni eso) con el mayor de los cinismos, y pretender -con algo de suerte, dinero y ciencia notarial- zafar. Dos de sus obras hablan de eso: un tipo mata a una vieja y se atormenta; otro convence a un simplón de que "todo está permitido", pues Dios no existe. Resultado: el simplón mata pensando que no va a sentir remordimiento, pero pronto muere de tormento moral. Y el primero, el ateo, se vuelve loco y termina teologizando con el diablo. Encantador, así debiera ser el mundo. Pero no es.

Hablemos de esta mierda encarnada llamada "hombre": desde que se bajó de los árboles en donde lo puso Darwin y dejó de ser un muerto de hambre, miedo y frío, pasó por un etapa de nómade que no abandonó del todo todavía. Sin embargo, en cuanto consiguió perderle el cagazo a algunos animales, consiguió que le dieran de comer y lo abrigaran, y cuando encontró la manera de reproducir una prodigalidad que la naturaleza reproducía bastante bien sin su torpe intervención, se volvió un ser avaro y calculador.

Mientras su linaje fue escaso y la tierra fértil y abundante, cada nuevo grupo familiar movía el culo un poco más al norte, al sur, al este o al oeste e intentaba ser Adán de nuevo. En cuanto la tierra buena se volvió escasa, empezaron los problemas y Adán se convirtió en Caín y Abel. Casi siempre, había más Abeles que Caínes, por lo que la tierra empezó a ser del más fuerte; esto es, del que pudiera mandar más giles a pelear con el vecino y robarle todo lo que tenía sin arriesgar mucho el cogote. Cuando no se podía hacer la guerra con los vecinos, la lucha por la tierra pasaba a la familia, vástagos contra el padre, hermanos entre sí.

Bueno, eso. Todavía hay lugares de este planeta que no se pasó del enfrentamiento tribal, de la lucha por la tierra escasa, de hacer la guerra por dones. Piratas de la tierra. No cambiamos nada: pondremos el tótem, la pureza racial o el "ahogo territorial" como excusa, pero en el fondo no se puede disimular que vivimos, con otra tecnología, la misma pelea por tierras fértiles, de donde mane leche y miel. No importa si en ella viven palestinos, indios pieles rojas o araucanos. No importa si el oeste es de otros. No importa si todos somos iguales, ante Dios, Alá o Darwin.

Al final, el único problema de Hitler fue no encontrar una excusa duradera. Le iba bastante bien con la anexión de Austria o la invasión a Polonia. Era lógico: sus armas más importantes hasta entonces fueron la dialéctica torcida, la propaganda maliciosa y contar con el olvido sistemático de la humanidad por los holocaustos. 
La excusa perfecta es la defensa propia. En el fondo, Hitler hizo sentir a sus compatriotas víctimas: del desarme posterior a la primera guerra, de la judería prestamista, de la humillación de no ser la nación más fuerte de Europa, siendo como eran, los únicos puros y preparados para el dominio. Unos pobres tipos, bah. Y por un rato convencieron al mundo, incluso a Estados Unidos, totalmente filonazi antes del '39.

Hoy, el único holocausto que recordamos es el judío. Y es la excusa perfecta: todo les está permitido. Armenios, serbios, bosnios, indios americanos y aborígenes polinesios, millones de personas han muerto ya por su color de piel, su raza, su religión, por no saber defenderse o no tener una excusa para atacar a tiempo al que pronto los atacará. Pero Israel puede hacer lo que quiera, todo le está permitido.
No, no hablo de que acá haya un pueblo culpable. Así somos, no hace falta tener un poco menos de piel en el pene o turbante o los ojos rasgados. Es la humanidad la que está enferma: la que hace y la que deja hacer, la que se cree las excusas con un encogimiento de hombros.

La propaganda maliciosa no termina, nunca.

Simplemente, cada día, ruego que la guerra se termine. Que le den una oportunidad a la paz.