13 enero 2009

Números que se resisten a morir, caracho.

El 11 de noviembre escribí sobre esto. Y después actualicé con esto. Unos días después, me llegó un mail similar, con unos cálculos que tomaban nota de que la crisis le costaría 115 millones per cápita al mundo. Alguien, recuerdo, me hizo una observación sobre mi artículo, asumiendo que el equivocado había sido yo (no era ilógico pensarlo) y me lo hizo saber. Volví a mi excel y confirmé cuántos ceros debía tener la sencilla división y confirmé mi número. Me olvidé de todo.

El 12 de enero salió publicado en El País, un artículo de la española Almúdena Grandes sobre este mismo tema, tomando el mail como base del cálculo, sin citarlo y copiando el error en la cantidad de ceros de los trillones. En España todavía se están mofando de esta escritora que parece que últimamente tiene algunas salidas un tanto provocativas, pero a mí no me molesta que se equivoque en las cantidades. Un Nelson diciendo "a-ha" o un ÑAÑAÑAÑA entregado por Podeti y listo.

Lo realmente irritante es que ella confirme lo que siempre decimos desde acá (y en tantos blogs amigos): la pauperización del periodismo. Que Almúdena Grandes curre con un artículo con información afanada y sin confirmar y que lo haga haciéndose eco de una cadena de mail anónima, es bastante grave. Lo es porque desnuda a un medio como El País, que no tiene gente con dos dedos de frente para filtrar estos errores ni la vocación por tenerla. Su calidad informativa está al nivel de una cadena de mail anónima. Por cierto que confirman las sospechas de que el único filtro de un medio son los propios intereses del medio y su línea editorial, que suelen estar muy bien afinados.
Como ya dije, una redacción terminará siendo un jefe con un látigo, cuatro periodistas viejos con contactos (y el negocio armado) y una caterva de redactores-pasantes sin ninguna otra característica que soportar un pago ridículo y manejar Google.

Y se quejan de los blogs.