12 diciembre 2008

Pegame que me gusta.

Como no encuentro una manera elegante o al menos justificable lo voy a decir rápido: me gusta el boxeo. No voy a decir que soy un aficionado, porque no sería cierto. Apenas retengo nombres de grandes púgiles y si bien las pocas veces que fui a una velada la pasé bárbaro, no tengo una pasión tan intensa como para que me suscriba a cuanta pelea se anuncie. Sí, alguna vez, me calcé los guantes el tiempo apenas necesario para darme cuenta que eso no era para mí (y para aumentar mi admiración por quienes se los dejan). Creo que mucho de mi gusto por el pugilismo viene de ahí. Como Hemingway, que adoraba a los toros porque había comprendido lo duro del oficio haciendo novillos. También Hem fue boxeador aficionado y escribió cuentos magistrales sobre el "deporte de los puños".

Tuve la suerte de haber vivido la época culminante del Box, el cénit de la actividad. He visto la "Pelea del Siglo" (no, no la de Firpo-Dempsey, mal pensado): Hagler-Robinson. Vi las últimas peleas de Mohamed Alí, a Tommy Hearns, el regreso de Foreman, a Mano de Piedra Durán, a la bestia Tyson y hasta al último gran boxeador, el Golden Boy De la Hoya.
Si bien de los boxeadores argentinos pude ver a Monzón, Galíndez y al refucilo Laciar, me perdí al mejor -para mi gusto- el gran Nicolino Locche, pero tampocó llegué a Pascual Pérez y apenas si recuerdo la noticia de la muerte de Bonavena.

Ahora, las justificaciones: el box casi que no es un deporte. Es una tragedia, un barbarismo que se ha ido colando en la civilización. Todo es drama, hasta el triunfo, que casi siempre es pírrico. Las metáforas que se extraen de él son muchísimas: el campeón olvidado, el triunfo meteórico y fugaz, la tozudez del que ha perdido todas las oportunidades, los amigos del campeón, el sino amargo del que eligió ganarse la vida como "paquete". Hubo tantas películas de boxeadores (casi todas buenas, hasta Rocky I) que se entiende mejor lo que digo si las tenemos en cuenta.
Tanto éxito, en los setenta y hasta casi mediados de los ochenta, fue también la antesala de su muerte. Hoy no es lo que era y hay casi una imposibilidad remanente en que pueda volver al lustre de otrora. Habrá quienes sepan cuáles han sido las causas de esta caída, pero me imagino que la aparición de tipos como Don King no es un tema menor.

Mi viejo era un tipo bastante seco para el cholulismo. Sin embargo, un día nos cruzamos al azar con Nicolino Locche en una calle perdida de la ciudad de Mendoza y fue una de las pocas veces que lo vi realmente emocionado con un famoso. Lo paró y le dio la mano con admiración, algo bastante inusual en él.
La otra vez que se emocionó por conocer a un famoso fue una mañana de 1978, cuando en plena Dictadura intentábamos salir del país y andábamos en una serie interminable de esperas y antesalas para conseguir pasaportes y conocimos a Don Atahualpa Yupanqui.
Atahualpa, que debutó en la transmisión trucha de Radio Sud América de la pelea de 1923 entre Jack Dempsey y Luis Firpo (y bueh, de alguna manera había que cerrar redondo este post, al que no le voy a poner ningún link porque será de balde).

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Update: Rapote me hizo caer en la cuenta que se me mezclaron los Ray Sugar, está bien como dice en los comentarios, es Ray Sugar Leonard. Robinson fue el original "Sugar", pero no lo corrijo porque prefiero quedar como un estúpido (de última, algo cínico) a dejar mal el comentario de Rapote, quién es toda una autoridad sobre el tema.