31 diciembre 2008

La religión del Año Nuevo.

Si bien ya dejé constancia de lo mal que me cae la Navidad, no dije nada del Año Nuevo. Por supuesto, no sería el iconoclasta que se me acusa de ser si no pensara que el Año Nuevo es otra cosa que esa fecha molesta en la que se confeccionan tramposos balances personales, dudosos autoexámenes que, seamos sinceros, qué sentido tienen: casi siempre encontraremos algún Hado Distraído al que responsabilizamos por no cumplir con las exageradas metas que nos fijamos hace un año y al que también miraremos con algún resentimiento por los hechos fortuitos que no terminaron en desastre pero que tampoco son "oh, que felicidad".

Quien no hizo un "plan de carrera" para el año que termina y no tiene una lista vacía de cosas a medio hacer, mira atrás sopesando bienestares y padeceres, u otras cosas similares que tienen más que ver con un improbable Espíritu Burgués (y dale con los espíritus, ahora nadie me va a creer que soy agnóstico) que con aquél Hado Irresponsable, pero del que se espera igual, paciente y pasivamente, que haga su trabajo en favor nuestro.

O sea, somos unos malditos inconsistentes: trivializamos la Navidad, la convertimos en una gran Feria del Plato presidida por un Gordo chantajista de niños, y volvemos un hecho administrativo en uno tan religioso como cualquier procesión de la Virgen. ¿Quién nos entiende?.

Si, es así: El Año Nuevo se volvió una fiesta tan o más religiosa que la Navidad. Claro, más pagana todavía, pero que no le anda lejos: es el mito del renacimiento, el Nilo que vuelve a crecer, Cristo y Osiris resucitados. Es la renovación, que implica el dejar atrás todo eso que nos hizo daño, que salió mal. Renovamos la fe en las cosechas, por un año de abundancias y sin pestes ni plagas. No sólo nos volvemos religiosos de golpe, incluso los ateos, sino que lo hacemos con lo más primitivo de nuestra cultura. Los sacrificios humanos aparentemente están prohibidos, pero siempre encontraremos la forma de volver a hacerlos.

Por eso celebrar el Año Nuevo es más un acto de fe que el creer que un niño pobre nació en un establo hace dos mil años para redimirnos a todos. Es creer en la variante laica pero no menos confesional de la Divina Providencia, El Azar.
Ya nos olvidamos bien pronto del niñito Dios, el pastorcito pobre que nació en un pesebre. Hacemos un parate hasta Reyes, otra ocasión de correr detrás de lo que no pudimos regalar en Navidad porque no cobramos el aguinaldo. Ya sabemos cómo es si hablamos de Azar: Dios no juega a los dados, su Divina Providencia siempre tiene un Plan(*).

El Hito Administrativo, el cambio de unidad en el año en que vivimos, es un hecho que pretendemos olvidar, no es importante mientras seamos jóvenes (bueno, no tanto en mi caso). Son pocos los que toman conciencia de ello, los viejos casi exclusivamente. Ellos saben que cada año que pasa es uno menos en el carretel y que están más solos. La muerte no les dio oportunidad a los que se llevó, y los que quedan empiezan a sentir que el precio que pagan por renovar la esperanza es no compartirla con quienes aman. Sin embargo, no quedarse cada vez más solo parece ser un trabajo indelegable y que nunca termina. Amigos, hijos, sobrinos, nietos, cuñados, se agregan cada año.

La muerte, como todo, nos descubre lo injusto y lo perverso de este mundo. El Azar, el premio de la Providencia es permanecer vivos. No hay muerto que se vaya de rumba. Nacer en Gaza, en Bosnia, en Armenia o en la Alemania Nazi no fue más que azar puro. Ni hablar de seguir vivo.

Por eso, demos gracias de estar vivos. Y demos gracias por los que están a nuestro lado. Lo demás es irrelevante.

Ojalá el 2010 los encuentre vivos y acompañados. Live long and prosper.

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(*) Pensándolo mejor, creo que sería hasta preferible, la religión se basaría en algo mucho más consistente que en el capricho de una Deidad con el mismo nivel de atención por las cosas importantes que el de un adolescente jugando a la PlayStation. Uh, mirá cómo le doy la razón a Einstein: ahora sabemos por qué Dios no juega a los dados: está matando alienígenas en la Play.

Enlace: Guerra Eterna