26 noviembre 2008

La lógica del menesteroso

¿Cuántas veces hemos visto a los tipos a cargo sonriéndose de costado cuando alguien les hace una sugerencia lógica ante un problema para el que ellos no tienen solución?.
Cuando algún ingenuo damnificado propone una salida (muchas veces hasta estúpida de tan evidente) ante un problema viejo y que tiene cansado a todo el mundo, el tipo dice "No, no es así, no es tan fácil...".
Todo muy lindo, pero ellos no hacen nada, ni lo que no es tan fácil. Ante la espera de una solución perfecta, se cruzan de brazos y esperan su oportunidad.

Ejemplo es la villa 31. Un bocado gigante codiciado por los leones inmobiliarios, vecino a los coquetos Barrio Norte y Recoleta. Una imagen que nadie ve, debajo de la autopista, salvo cuando una antena satelital provoca el consabido "Tan mal no están ¿ehé?". Después de ese pensamiento profundo todo es posible: sacarlos de ahí porque no conocen otra cosa mejor -por supuesto, llevarlos lejos-, que las construcciones son precarias, que hay hacinamiento. Excusas sobran, y es raro que todavía nadie se haya animado, con tantas razones que se ponen para hacerlo, a demolerla.
Claro, eso es difícil. Pero también sirven, esas razones, para no hacer nada y no correr el riesgo de que se queden allí para siempre, más cómodos y al menos un poco más felices.

El otro ejemplo es el tren bala de Cristina. Esperando la solución que una progresista con aspiraciones se merece (la solución que ella se merece, entienda, no el problema ferroviario argentino ¿quién habla de eso?) no se hace un carajo con los trenes. Se sostienen entre el casi colapso del sistema y la pueblada. Gendarmería y Pino Solanas vigilado.

Obviamente, detrás de todos estos brazos cruzados están jugando poderosos intereses que no se quedan de brazos cruzados y que son el real motivo de los brazos cruzados de los pequeños y mezquinos tipos a cargo que se sonríen de costado -mientras se cruzan de brazos- cuando el tipo que viaja todos los días colgado -o el vecino de la villa que no tiene agua potable- dice que sí, que bárbaro, ¡qué bien!, está buenísimo que tengan pensado un megaplán para cuando las condiciones sean propicias, pero que por favor -mientras tanto- hagan algo.

Y no estamos hablando de cambiar algo para que nada cambie. No, hablamos de hacer eso que les cuesta tanto a los tipos a cargo y que es, precisamente, hacerse cargo de los problemas.

Como, por ejemplo, poner la doble indemnización urgente, mientras haya gente a la que salvarle el empleo. Y sí, después si querés, les das a la UIA todos los paquetes de fomento de empleo (que ellos quieran).


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No faltará quien diga que no, que no es tan fácil, que las empresas, con la doble indemnización, van a la quiebra. Mentira: la Argentina es un país de empresas eternamente menesterosas, pobres, paupérrimas (no, no hay que creer en la publicidad, sino mirá las del CitiGroup) pero con empresarios millonarios. Sin embargo, nadie las suelta. Miren el ejemplo de Alpargatas (acá también).