15 octubre 2008

Antes estábamos mal.

Poco después de que se publicó el primer periódico y desde que algún cagatintas cobró unas monedas por escribir en él (o encontró algún pago para su ego), existe el libelo. No digo que fueran contemporáneos, digo que son casi como los hongos y las algas que se nutren y se protegen mutuamente. Por supuesto, como no todo es diatriba malintencionada y hay denuncias serias que son casi indistinguibles de aquélla, todo termina siendo un ejercicio para el lector, al que también se lo puede ayudar a tomar partido con otros cuantos artículos malintencionados. O no. De este pastiche sale algo tan reputado como "la opinión pública".

No cualquiera podía ejercer el pasquinazgo en aquellos años: hacía falta un poco de ingenio., valor para enfrentar las trompadas y, sobre todo, saber leer (para descifrar el manual de falacias, sobre todo). Ni siquiera había que ser veraz, con un termómetro para detectar la temperatura de la calentura de la masa y unas cuantas visitas al bar y la peluquería se estaba listo. Hasta ayer (literalmente), en una capital de provincia de la que prefiero no acordarme, las cosas eran todavía exactamente así.

Armas para el pueblo, ya.

Con la llegada de Internet la cosa cambió un poco. Ahora estamos informados, sobreinformados. Sin embargo -caracho- estamos nuevamente desinformados. Esas paradojas de la vida moderna, tan asimilable a la redistribución de riqueza entre los que no hacen más que recibir, por ejemplo.
Se hace difícil separar la paja del trigo: todo es material de opinión, hasta la opinión misma. Hay periodistas muy graciosos que en pleno siglo XXI todavía dicen excusarse de hacer "periodismo de periodistas", cuando es evidente que llenan sus agendas con los mismos temas que sus competid... colegas.
Todos tienen algo que informar, que decir. Todos se quejan -también-. Todos acusan: el escritor de blogs (vendría a ser yo) encuentra la oportunidad de mofarse del filósofo que despotrica, babeándose enojado, contra los blogs; porque el filósofo será filósofo pero atrasa y es un lammer y confunde blogs con foros y, acertando desde el error (feísimo lugar para un filósofo, diré, para agregarle más pimienta al tema), dispara al bulto con un flecha torcida. Pero, claro está, da en el blanco, qué importa. La frase "cualquier pelotudo tiene bloc" hace historia. Y el debate se hace infinito.
Cualquier tema termina como en la película de Kurosawa (Rashomón): todos tienen algo que decir sobre el asesinato, desde el que no vio nada hasta el asesino.

Me gustan tus ojos y tu pensamiento leninista.

Es una nueva cadena alimentaria, el otrora pasivo herbívoro se come al conejo y al hipopótamo con la misma falta de apetito. Es una degeneración, dicen desde los medios tradicionales.
Antes leías a La Nación y pensabas como La Nación. Ahora ¿quién sos? Yo leo con más atención Nación Apache, La Barbarie y La Contrarreforma, al Abuelo Económico o Homoeconómicus que a los medios tradicionales, llenos de bajadas de línea escondida entre manuales de estilo y propaganda de Cargill, La Cámpora, Marsans y Monsanto. No coincido casi nunca con los columnistas (aunque a veces sí) pero no dejan de ser útiles a la hora de elaborar una opinión. Y lo mejor de todo, si deliran siempre tengo a mano una piedra. Como toda herramienta, los blogs a veces te seccionan un dedo, pero en general te dan alegrías.

La clase obrera es lo mejor. Burgueses, atrás, atrás.

Basta con leer los comentarios de las noticias de Crítica Digital para darse cuenta que los que se toman el trabajo de comentar no comulgan siempre con las posturas del medio. Más bien, todo lo contrario. De repente, la pesadilla se vuelve realidad y ya no es la fijación de la opinión del medio sobre el lector sino que el medio toma real conciencia de que la masividad implica, también, agradarle a los pelotudos. O no.
Dicen que a Bret Easton Ellis le dio un ataque cuando conoció la calaña del fan promedio de sus libros (algunos afirman que su sorpresa era fingida, yo creo que la neurosis le daba esperanzas). A algunos editores de medios también les debe pasar algo similar.
Es uno de los argumentos que se toman los sesudos defensores del periodismo tradicional para descalificar Internet. Para mí es un buen argumento para descalificar a la raza humana, pero eso se pudo hacer antes de que Hearst, Murdoch y Noble consolidaran su poder y sus millones, dejémonos de joder.

Socialismo, Espacial y Popular

Igual, no todo lo nuevo es bueno (y viceversa). Muchos bloggers se ponen como locos cuando, llegada una relativa fama, son alcanzados por esos mismos dardos, pero los tipos están más cancheros. Si puede, sacar los comentarios del blog. Cuando los visitantes se cuentan por cientos o miles -y vuelven- lo mejor es llevarse por las estadísticas ¿Para qué lidiar con la chusma? Sin embargo, hay algunos que, vaya a saber por qué, tienen comentarios. Hay un catálogo de cosas para decir o hacer para cuando eso ocurre:
  • Decir ¿a quién le ganaste?,
  • Poner cara de ocupado y protestar: No sé quién sos,
  • Hacer la gran Moría y gri-tar co-mo lo-ca: ¡Soltate de mis tetas!
  • Denunciar desde un anónimo o pedirle a un amigo que reclame: Dejá de venir a buscar visitas acá.
  • Contestar para la galería, esperando que alguna espada de la tribuna o que la jauría de perros se encargue del díscolo: Che ¿y Esteban que hace acá? Me lo atienden por favor.
  • Quejarse como nena por los comentaristas (como hace, algo graciosamente, Podeti), por malinterpretarlo.
  • Mandar un mail escueto y enfático pidiendo explicaciones, diciendo todo lo anterior (excepto, claro, las exclamaciones tribuneras), para después ningunearlas.
En fin, no hemos mejorado mucho, me temo. Ése es el triste colofón de esta modesta columna.

Citas extraídas de Bombita Rodríguez, el palito ortega montonero.

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Update: Casi simultáneamente (je, yo no tengo hora de cierre) Sietecase se queja de parte de este fenómeno en Crítica. Que pueda hablar de quienes lo bardean se le escapa, cuando es casi la parte más jugosa de la cosa.