23 agosto 2008

Todo alrededor.

¡Hay tanto imperdonable gritando inocencia delante de las cámaras! Chabán, Bussi, los represores de Neuquén, Grassi, los Callejeros, tantos.
Los miro en televisión y me desespero. Oírlos gritar inocencia me da terror, para empezar. Aparentemente la justicia ha cometido con ellos graves errores. ¿Y si los comete conmigo?. Como si no alcanzara con el cagazo que le tengo a los fachos, siempre al acecho del poder (o por lo menos eso dicen estos otros que también me dan miedito), la moral pública o qué debemos hacer o dejar de hacer con el cuerpo, los actos privados y demases amenazas al orden público (¡no sé cómo hago, siempre estoy a contramano!).
Encima casi todos afirman confiar en la justicia (aunque Grassi nos recuerde que, como su ministerio, está ejercida por hombres falibles), olvidándose que es un cuerpo manejado por abogados. ¡Abogados!. Sólo los médicos me dan más miedo.
Ahora que lo pienso mejor, los abogados son la llave tanto para el Poder Judicial como para cualquier carrera política. Está lleno de dotores, me cache. Entiendo un poco mejor, pero no estoy más tranquilo, al revés. Si hasta me da pena el pobre Cobos, apenas ingeniero. Como Macri. No, entonces, no.
Nadie se pone de pie y dice: "señor Juez, maté a tropecientos perejiles porque me mandaron a matar zurdos en armas, pero la mayoría de éstos se escondía demasiado bien. Por eso matamos apenas treinta mil. Me hago cargo de mi cuota, con orgullo. Torturé, robé criaturas y me enriquecí", o "¿qué quiere que haga, de tanto masturbarme me aburrí, y andar con mujeres es complicado. Mejor un pendejo, qué quiere que le diga. Lamento lo que hice, pero estaba en llamas", o "en el rock and roll todo es chapa; si llenás Ferro presionás una cosa, si llenás River presionás otra. Y todos hacen su negocio, desde el tipo que pone una media sombra en vez de un material ignífugo con la complicidad del inspector, hasta yo que le pedí a mi familia que entrara bengalas para los pibes que me vendían las entradas. Me equivoqué y se murieron doscientos pibes, o más, ya perdí la cuenta. Ojalá en los años que me merezco de cárcel sirvan como escarmiento para los que están esperando que todo esto se olvide para hacerlo de nuevo".
No, nadie tiene huevos. Los que hacen las cosas bien, tal vez.

En la Argentina hacen falta huevos.